viernes, 21 de agosto de 2009

El impacto de la gripe A en el conjunto de la sociedad



La gripe A ha generado alarma, pero ¿qué ocurre en la sociedad?

Matías Rótulo para el diario La República / 17-08-09

Los principales sitios de información a nivel mundial no dudaron en abrir foros de debate sobre la situación que genera a nivel mundial la pandemia de gripe A H1N1. En Uruguay, así como en el resto de los países afectados, solicitan a los medios que, por un lado, no alarmen a la población. Por otro lado, piden a la población que extreme los cuidados y que "no se alarme". Diariamente, vemos en los periódicos y medios de comunicación electrónicos, que el tema es inevitablemente tratado. Pero el tratamiento de estos temas a nivel informativo no son cosas nuevas.

Daniel Defoe (Londres 1659 1731), autor de Robinson Crusoe, narró con lujo de detalles, en "Diario del año de la peste", las alternativas de la peste que arremetió en Europa y que describió desde una mirada casi periodística. "Fue a principios de 1664 cuando me enteré, al mismo tiempo que mis vecino, que la peste estaba en Holanda". Pero la peste (nombre que hoy dejó de utilizarse de manera identificatoria) figura en los escritos antiguos como uno de los cuatro jinetes apocalípticos. Sin entrar en el temor literario que la idea de "Apocalipsis" produce, los relatos históricos mencionan al año 524 de nuestra era como el de una de las primeras grandes pestes. Es decir que la propia historia y la literatura no desconocen este tipo de temas.

El ya mencionado Daniel Defoe relataba cómo la peste fragmentaba la sociedad que perdió "cien mil almas". Vale aclarar que la peste relatada por Defoe no tiene ni cerca las características médicas, sociales o culturales de la actual gripe A, por lo que no se debe compararlas. La peste que describía Defoe provocaba aislamientos y alejamientos de las ciudades focos de enfermedad, y hasta pleitos. La actual pandemia, calificada así por la propia Organización Mundial de la Salud (OMS), tiene a los propios medios de comunicación como protagonistas de la información, y a una sociedad con instituciones adecuadas para controlar el avance, prevenir y dictar normas. ¿Pero qué sucede cuando llegan estas situaciones a los tiempos de hoy?

EFECTOS

LA REPUBLICA tuvo que llegar hasta Brasil para dialogar con una uruguaya, doctora en sociología de la salud. Myriam Mitjavila es doctora en Sociología por la Universidad de São Paulo (Brasil). A su vez, fue profesora titular y actualmente integrante del cuerpo docente del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar). Desde 2002 reside en Florianópolis (Brasil), actuando como docente e investigadora del cuerpo permanente de la Universidad Federal de Santa Catarina, en el área de sociología de la salud. Su currículum cuenta que ha publicado diversos trabajos de investigación sobre riesgo, biopolítica y prácticas profesionales en el área de la salud. Actualmente es becaria de posdoctorado Senior del Consejo Nacional de Investigaciones científicas y Tecnológicas de Brasil, y se encuentra abocada al estudio de las bases sociales de la evaluación de peligrosidad criminal en el campo de la psiquiatría forense. Pero la entrevistada, si bien aclaró que no estaba trabajando sobre el impacto de la gripe A en la sociedad, se refirió al tema explicando los alcances de este tipo de problemas y los efectos que produce en la sociedad.

LA ALARMA Y LA SALUD

-¿Qué ocurre a nivel social cuando hay situaciones de alarma médica?

-Todas las epidemias suelen tener impactos sociales. El miedo generalizado es uno de los elementos recurrentemente constatados en los estudios sociohistóricos sobre las grandes epidemias. Las reacciones de miedo y de pánico social no guardan, necesariamente, estricta y en ocasiones ninguna correspondencia con la extensión ni con la letalidad de la epidemia. La percepción de amenazas o peligros para la salud siempre tiene un fundamento, aunque se encuentre, por su naturaleza, distante de los argumentos científicos y técnicos que los expertos en medicina, epidemiología y salud pública utilicen al intentar imponer la idea, por ejemplo, de que no hay motivo para sentir pánico.

Cualquier estrategia de administración de situaciones de alarma sanitaria, basada apenas en ese tipo de lógica, está condenada al fracaso. Es preciso, por eso, entender de qué manera participan otros factores en la producción social del miedo, ya sea inhibiendo o teniendo un efecto disparador del pánico. Así, por ejemplo, cuando una determinada epidemia se concibe como siendo de circulación limitada a ciertos grupos sociales, de los cuales los individuos se consideran socialmente distantes, se produce un efecto protector sobre el grado de amenaza por ellos percibido. Esto ocurrió en las etapas iniciales de la epidemia del sida, cuando los principales centros de investigación y autoridades sanitarias internacionales, con la ayuda de los medios de comunicación, se encargaron de divulgar el carácter supuestamente restringido del perfil de los grupos de riesgo, en función de atributos tales como la orientación sexual (homosexuales) o la nacionalidad (haitianos). Ya un elemento comúnmente disparador del miedo sería el reverso de esto que acabo de mencionar: la percepción de que la epidemia no transita senderos socialmente definidos o aún más, de que sigue un curso socialmente descendente, como estaría ocurriendo con la trayectoria de la actual epidemia de gripe A, cuya diseminación inicial comenzó por los sectores de población que, debido al carácter más favorable de su condición social, pueden realizar viajes internacionales para extenderse progresivamente a los restantes sectores.

- ¿Qué papel deberían ocupar los medios de comunicación en estos temas?

- En materia de difusión de informaciones sobre epidemias, la relación entre los medios de comunicación y sus fuentes es compleja y yo, personalmente, no la he estudiado. Las Normas de Comunicación de Brotes Epidémicos de la OMS, de 2006, parecen razonablemente atender los derechos de los ciudadanos a la información en caso de epidemias, y establecen algunas orientaciones para que las autoridades sanitarias de cada país administren la divulgación de datos sirviéndose de los medios masivos de comunicación. Por razones que sería preciso investigar, muchas de las orientaciones contenidas en ese instrumento normativo no son utilizadas por los sistemas de salud de la región. Del lado de los medios, me llama bastante la atención la aparente inexistencia de criterios más o menos rigurosos, en no pocos casos, de selección de las fuentes científicas y técnicas para divulgar orientaciones y cuidados preventivos, pudiendo redundar en mensajes vagos o contradictorios y, consecuentemente, en la posibilidad de una mayor exposición de los individuos a la contaminación por el agente epidémico.

Efectos directos

El ausentismo en los centros educativos no se identifica por "temor" de los padres a enviar a sus hijos, sino que se atribuye a causas reales de salud, indicaron fuentes educativas. La red de búsqueda y contacto de personas por Facebook registra más de diez direcciones que proponen temas tales como "yo le tengo miedo a la gripe A". Las farmacias registran un alto índice de compra, desde el recomendado alcohol en gel, medida de prevención para mantener la higiene, al no tan recomendado "tapaboca". A su vez, se disparó la venta del Tamiflu, que no es un preventivo.

Según el sitio www.elcorrefarmeceútico.com, uno de los principales medios de consulta en la región, "las instituciones políticas, policiales y profesionales advierten de que está creciendo 'exponencialmente' la venta de antivirales a través de Internet y afirman que un 60 por ciento de esos medicamentos son falsificaciones" en varios países.