ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS



“Chichita” recibe a un hombre que dice ser “psicólogo”. Ella le explica que está preocupada por un sobrino suyo que tiene actitudes “de nena”: juega con muñecas, pide ropa de niña, etc. Luego el psicólogo le asegura que atenderá el problema del niño ya que es "muy grave". Al final, el hombre saca una muñeca, su voz masculina cambia a una afeminada, y se va.


Por Matías Rótulo


El chiste estaba en que el psicólogo también era homosexual. Chichita, una vez terminado el acto de humor, dijo “están en todos lados, abrimos un placar y salen, nos invaden”. De fondo se escuchan las risotadas cómplices, ya no del chiste sino del comentario. Comentario que se debería perdonar, pues es en nombre del humor, hecho por un hombre vestido de mujer (¡Vaya ironía la de la ficción!). En nombre del humor se permite casi todo. Francois Rabelais (autor de “Gargantúa y Pantagruel”), no escatima en “malas” palabras (si es que existen las buenas y malas palabras) en plena Edad Media. Aristófanes en la antigüedad se rió de los grandes maestros del teatro antiguo, con algún que otro desliz. Alberto Olmedo con su "Mano Santa" se adelantó a los espacios contratados por religiones de dudosa reputación en canales de televisión. Verlos o leerlos, no escapa a nuestra propia necesidad de reírnos. El teórico soviético Mijail Bajtin describía tres grandes categorías de la cultura medieval en relación a la fiesta o al humor:

1) Formas y rituales del espectáculo (festejos carnavalescos, obras cómicas representadas en las plazas públicas, etc.);

2) Obras cómicas verbales (incluso las parodias) de diversa naturaleza: orales y escritas, en latín o en lengua vulgar;

3) Diversas formas y tipos del vocabulario familiar y grosero (insultos, juramentos, lemas populares, etc.). De acuerdo a Bajtin ¿Habrá cambiado algo desde la Edad Media hasta ahora?


Discriminación y humor

Últimamente, cuando hay que hacer reír parece necesario la discriminación tenga un lugarcito preferencial. Ni Chichita, ni Carballo, ni Rial, ni Canosa, ni Tinelli, ni en los informativos hacen chistes de aquellos que nos sirva para reflexionar después de la carcajada, sobre el asunto que nos hace reír. Cabe aclarar que nombré no solo a aquellos que tienen como cometido hacer humor o "hacernos pasar un buen momento", sino a los que hacen bromas para "descontracturar", por ejemplo Fernando Vilar en sus contactos con el periodista Marcelo Irachet en los móviles de "Telenoche". Todos ellos hacen chistes de "mariquitas", o de "fútbol" de igual manera, acusándose unos a otros de tal cosa, pero sin ningún otro objetivo más que el de "dejar en evidencia" a alguien. Si bien Canal 12 no tolera que dos periodistas (Fernanda Cabrera y María Noel Marrone), hagan un chiste sobre un equipo de fútbol (en realidad no toleran las presiones que llegaron desde el equipo de fútbol y por eso la directiva del Canal cedió y suspendió a las periodistas), pero si toleran la amplia gama de chistes que discriminan al prójimo, al gay, a la lesbiana, al pobre, al rico, al diferente, al anónimo. No les importa que en "Telemental" la discriminación sea parte del programa en nombre del humor, o en "Día Perfecto" los propios conductores no dejen de agredirse. Los chistes de doble sentido, tanto los de tinte homofóbico como aquellos machistas y feministas en una guerra que comienza muy temprano en los programas matinales generalmente son internos. Esta especialidad es cultivada particularmente por Luis Alberto Carballo, que aparentemente en nombre no del humor sino de darse a sí mismo un poco de importancia, rompe con esa estructura que vendría a ocuparse en el punto "uno" descrito por Bajtin más arriba, es decir el festejo carnavalero representado no en una plaza (tal como aplica el teórico), sino en un estudio de televisión. Carballo se para frente a la cámara y le dice a alguien (porque sólo Carballo y los suyos deben saberlo), que es un "boludo". Entonces se escuchan risotadas y comentarios.

Decirle "boludo" a alguien, donde sólo ese alguien se debe sentir identificado, lo ubica a Carballo en un plano de superioridad absoluta pero sin perder el "humor".

No sé si hay "humor inteligente" o "no inteligente"" o "vulgar". Tal vez lo que exista es la inteligencia aplicada en el humor, como podría existir la inteligencia aplicada a lavar un piso. Un chiste de judíos o de negros, o de blancos, o de gordos o de flacos, o de chinos, no deja de ser un chiste que al decir de otro teórico del discurso Teun Van Dikj, es una forma de "modificar algo en alguien", hacer que el receptor del chiste se ría. Este teórico agrega que al referirse a alguna persona como "bolita" o como "paragua", a pesar de ser con un tono de cierta "inocencia", no deja de ser un acto de discriminación, pues lo dice alguien desde la superioridad, al ser "diferente" o "superior".

Landriscina, o Darwin Desbocati nos presentan desde el humor la realidad de la miseria de nuestro mundo. Uno nos cuenta historias comunes de gente común, y el otro nos habla de las noticias de cada día. Leo Masliah nos plantea desde el humor la problemática del propio lenguaje. Los tres chiflados nos muestran cómo los locos no tienen un lugar en el mundo. Chaplín nos hablaba del cariño, pero sin dejar de hacer humor. El "Chavo del 8" nos mostraba que existían realidades complejas en la sociedad, tales como la pobreza y la soledad. Pero no nos dejamos de reír. Rabelais a pesar de decir "malas palabras", en su época hacía una dura crítica contra el predominio de la escolástica y el saber enciclopédico. Chichita, con comentarios como los del domingo, desafortunado tal vez, tan sólo nos muestra que nos reímos de un chiste de homosexuales, y que después debemos condenarlos "por estar en todos lados". Carballo nos invita a reírnos de un insulto a otra persona, ya que él es intolerante ante las críticas que le hacen, y en vez de contestarlas desde el humor, o la seriedad, pero aprovechando con inteligencia que tiene un medio de comunicación a su disposición y el derecho a réplica amparada por ley, nos dice "graciosamente" que es mejor insultar al otro, reírse de alguien destacando algún rasgo físico de quien lo critica (como "gordo" o "viejo"), para después seguir "haciendo humor".


Publicado en el Semanario Voces el 4 de noviembre de 2010