"Un educador debe empeñarse en desmentir profecías de fracaso escolar"

GRACIELA FRIGERIO. LA ESPECIALISTA ARGENTINA DIJO QUE EL MAESTRO TIENE QUE CONFIAR EN EL NIÑO


La profesora Graciela Frigerio, experta en educación, dijo a LA REPUBLICA que los educadores son aquellos que se "empeñan por desmentir la profecía del fracaso escolar" y que tratan de "acercarle el mundo al niño". Dijo que hay que cambiar los formatos escolares y no buscar culpables de la violencia que vive la sociedad.

Por Matías Rótulo |

Evolución. "Hay que cambiar los formatos escolares".
Evolución. "Hay que cambiar los formatos escolares".
Roles. "No es verdad que los niños pueden crecer en ausencia de los grandes".
Roles. "No es verdad que los niños pueden crecer en ausencia de los grandes".

La profesora Graciela Frigerio, investigadora y docente argentina destacada por su trabajo en el campo de la educación, visitó nuestro país.

Egresada de la Universidad de Buenos Aires en 1975, en la licenciatura en Ciencias de la Educación, y con posgrados en Francia en Psicología y Pedagogía, se ha destacado por trabajos de investigación que son referencia en la formación y estudios superiores de maestros y profesores en nuestro país.

En entrevista con LA REPUBLICA, Frigerio dialogó sobre la situación actual de la educación, el papel del docente tanto en el ámbito educativo como en la sociedad y el lugar que ocupa el niño en el entramado social.

Hoy está planteado el debate sobre el rol del docente. ¿Qué papel debe cumplir el docente en la educación y desde allí como actor social?

Habría que hacer una seguidilla de reflexiones sobre diferentes cuestiones. Por ejemplo ¿qué entendemos por educación? Educación en su sentido más amplio, ya que a veces se confunde educación con "escuela". Cuando pensamos en la escuela (en su sentido amplio), es un organización en un contexto de acción específico que surge en un momento determinado de la historia, en relación con ciertas necesidades de la sociedad, y a lo mejor hemos quedado atrapados en un formato escolar que es de otra época. Esto no invalida la escuela, esto cuestiona el formato escolar.

Yo defiendo la escuela y digo que la escuela, como única institución obligatoria que los estados modernos han puesto para el pasaje de todos los ciudadanos en formación, debe ser sostenida, apoyada, y por esto hay que poder repensar las formas que se dan en su accionar cotidiano. Una vez que localicemos todo esto, también será necesario reconsiderar la noción de educador.

Uno escucha que los docentes hacen de madre sustituta por un rato, de psicólogo improvisado (o no improvisado), por otro rato, de enfermero... entonces, ¿yo qué soy como docente? En estos tiempos del mundo, forma parte de una necesidad social que exige que el educador tome todo esto a su cargo. Ni la escuela, ni el educador pueden desentenderse del modo en que ciertas políticas económicas han producido exclusión. Eso implica pensar nuestro oficio desde otra escala, otra dimensión. El educador es fundamentalmente aquel que está dispuesto a hace un manojo de cosas. No es fácil, pero es sumamente apasionante y gratificante cuando uno puede ir por ese camino.

Un educador es aquel que se empeña en desmentir las profecías del fracaso asociada a los niños de los sectores populares. Un educador puede decir "este niño no va a llegar porque tiene la familia que tiene, porque es vulnerable", pero también puede pensar "yo estoy dispuesto a tener confianza en este pibe, y en mí mismo como docente, y voy a tratar de volver accesible para ese niño el mundo entero". De esa forma el docente puede y debe desmentir la profecía de fracaso escolar. Un educador es un ofertador de rasgos de identidad y además debe abrir el mundo interno del querer saber, lo cual es propio de todo chiquilín.

Si hablamos de esto es porque actualmente se vive una especie de desconcierto sobre la labor del docente. Se plantea muchas veces que realiza muchas tareas administrativas (llenar libretas, formas, etcétera) y que se ocupa cada vez menos del trabajo de aula. ¿Se perdieron espacios de reflexión, investigación y enseñanza?

Es que vivimos en momentos rígidos, donde se han perdido instancias para pensar, no solamente para los educadores, sino que en todas las profesiones. Aún así, hay que diferenciar el discurso que surge de las grandes ciudades con el que surge en las pequeñas regiones, o sectores sociales de pueblos, o en las escuelas apartadas de los caminos asfaltados. Tenemos que ver cómo hacemos para pensar mientras hacemos lo que hacemos, sin decirle al niño que deje de ir a la escuela porque debemos ponernos a pensar sobre nuestro trabajo. Yo sobre esto hablo con entusiasmo porque he trabajado en escuelas reales con experiencias y sujetos reales y sí se puede hacer. Es cierto que hay muchos adultos desorientados. Un adulto que no quiere crecer, que no sabe qué es ser un adulto hoy, que tiene problemas con el paso del tiempo, que no quiere envejecer, que prefiere mimetizarse con el niño. Y esto complica mucho la tarea educativa, porque la educación trabaja en ver cómo distintas generaciones pueden hacer algo en el marco de una generosidad intergeneracional. Pero si borramos lo intergeneraciones borramos aquello que hace la cuestión, pues los niños necesitan de los grandes para crecer. No es verdad que los niños puedan crecer en ausencia de los grandes, y los grandes deben pensarse a sí mismos para poder ayudar en ese crecimiento.

¿Qué lugar ocupan los estudiantes actualmente?

Hay muchos pibes que nos plantean que los consideremos en una simultaneidad: adolescente y estudiantes a la vez. No significa esto someterse al otro, hacer lo que un adolescente quiera, porque eso es también negarlo al otro. Creo que hay que recuperar un lugar de asimetría intergeneracional respetuosa, sin estar sometido a las modas del otro, como tampoco el adolescentes debe estar sometido a las modas de los adultos.

¿Cómo se para en el contexto actual, planteándose una mirada de los posmodernidad, una escuela que repite los modelos de la modernidad?

Estamos presos del formato escolar, como si se nos hubiera caído la imaginación (disciplinas, recreos, etcétera). Debemos pensar en el edificio escolar, no en el edificio de material sino en el simbólico, nuevas relaciones con el conocimiento, entre nosotros... No movemos las variables que la modernidad impuso. Variables de lugares y de tiempos, de caja curricular, de cómo acercarse al saber.

¿Las nuevas tecnologías no ayudan a repensar los espacios? En Uruguay hemos dejado de lado los bancos modernos de Varela y cumplimos con el objetivo de una mesa más colectiva porque así lo requiere el Plan Ceibal. Por otro lado se plantea esa suerte de conexión en red pero cada vez menos la conexión personal.

Ahí metés el dedo en la llaga. No se trata de ignorar y despreciar aquello que el hombre ha producido, pero tampoco convertir lo que el hombre produjo en un emperador; no convertir a la computadora en una emperatriz. Uno podría decir que en los bancos varelianos se formó mucha gente que tuvo mucha capacidad de mejorar situaciones injustas. Los bancos eran varelianos pero no impidieron que tuvieran pensamientos revolucionarios. No es el banco en sí, sino lo simbólico que se fue construyendo sobre la idea del banco. Como dicen algunos filósofos, cuando vemos por televisión nos muestran una operación a corazón abierto y nos explican cómo se hace, ¿sabrá el de la televisión que acaba de matar esa metáfora de "corazón abierto"? Tenemos computadora, teléfonos, etcétera. Pero si bien ahí se crean con estos elementos nuevas subjetividades, la cosa es ver cuánta libertad y emancipación y qué tipo de conexión con el otro proponen.

¿Qué lugar ocupa hoy la educación no formal en el sistema educativo?

Usted hace una distinción que creo que debemos repensar. La educación no formal es tan formal como la otra. La educación "no formal", como la llaman, es "no formal" con respecto a la formal, pero cumple con las reglas de la institucionalidad. Forma parte del sistema y es muy potente. Para mí la educación llamada "no formal" es un subsistema más que surge en simultáneo con aquello que la escuela considera que ya no alberga. El desafío que se nos plantea es no dividir un adolescente de un estudiante.

En muchos países, inclusive Argentina y Uruguay, se plantea el debate sobre el endurecimiento de penas a adolescentes. Se habla de "rehabilitación" pero no de educación. ¿Es una salida posible para dar respuesta sin endurecer penas a los adolescentes infractores a la ley?

Estas sociedades, no hablo de ninguna en particular, están produciendo una violencia muy arcaica. Como un desenfreno de la pulsión de muerte desentendida de la pulsión de vida. Esto plantea un problema muy serio para el lazo social y el vínculo social. Yo creo que no sería fructífero encontrar un depositario de culpas, identificar y castigar cuanto antes. Estamos entrando en un terreno muy complejo donde algunos podrían sentirse más tranquilos pensando que este tipo de acciones va a terminar con la violencia cotidiana.

Los países ­a modo de ejemplo- que tienen la pena de muerte no han disminuido la cantidad de asesinatos. Pero yo me pregunto, ¿qué les evita a los adultos como esfuerzo encerrar a los niños antes? Hay que darles de vivir en el mundo y que el mundo se aproxime a la vida de ellos. El concepto de rehabilitación estaba inscripto en las leyes anteriores a la instauración de derechos que utilizaban los organismos de beneficencia.

¿Es posible una nueva reforma educativa?

La palabra "reforma" se nos desgastó. Hay que cambiar los formatos escolares. Hay mucha gente que trabaja dentro de las escuelas que está dispuesta a acercarles el mundo a los pibes, y de trabajar por una sociedad más igualitaria. Siempre estamos a tiempo de que los adultos y los niños tengan ganas de trabajar para lograrlo.


Publicado en La República del 27 de abril de 2011.