sábado, 21 de abril de 2012

La violencia se desata tras los muros de las escuelas


Por Matías Rótulo (Publicado el 21 de abril en el diario La República)

Un hecho de violencia externa entró a la escuela. La pelea de dos niños, en vez de ser contenida con palabras y educación fue resuelta a golpes y tijeras. Un vecino realizó dos disparos al aire. En el patio escolar, las maestras intentaron contener a los niños, en una pelea diaria que no ocurre solo en los barrios vulnerables.
Los maestros denuncian problemas constantes en las escuelas, que los involucra muchas veces como víctimas. Los profesionales lo naturalizan al punto que dicen que “es común”. Los maestros que trabajan más cerca de las familias viven situaciones de acoso, amenazas, y vivencias que las instituciones intentan contener pero a veces sin éxito. El estrés profesional es denunciado por los sindicatos, y mientras, los niños viven situaciones de violencia como las del jueves. Para las autoridades de Primaria lo ocurrido esta semana fue “un hecho aislado” y “sin precedentes”.
Para entrar al barrio Borro no hay que tener contactos. P. (un guía improvisado y vecino de la zona), afirma que no conoce a buena parte de los habitantes de allí. En un recorrido por las inmediaciones se pueden ver caballos pastando y cargando sus carros vacíos de botellas ya entregadas a los depósitos de plástico, niños con sus ceibalitas en la puerta de la escuela, y personas que miran con curiosidad el auto (poco común en una zona donde abundan ómnibus, motos y bicicletas) en el que nos trasladábamos.
“Acá estudiamos, trabajamos, no es como todos se piensan. Yo sé que da miedo entrar, pero más miedo tendría que dar ver cómo miran a esta gente, cómo la desplazan de la sociedad”, explica P. Nuestra visita ocurrió por un hecho particular: un conflicto en la Escuela Pública, símbolo de la modernidad uruguaya, aquella Escuela que José Pedro Varela pensó para ser integradora, y disminuir las pasiones del gaucho, del hombre, pero pensando en una sociedad moderna de 1870. Pero los tiempos han cambiado y “nosotros a veces no sabemos cómo contener a los niños”, explicó una de las maestras.
En esa Escuela Pública la reflexión tiene un lugar importante. Esta fue la consigna que ayer tuvieron seis centros de Montevideo tras un hecho que, como en la mayoría de los casos ocurre, puede tener distintas interpretaciones: sociales, económicas, históricas y hasta educativas. Más aún cuando el hecho (que no es ajeno a ningún sector ni espacio de la sociedad) ocurre en el lugar donde se enseña a vivir en sociedad con tolerancia.
En las escuelas 178, 319, 320, 321, 248 y en el Jardín de Infantes 222. La resolución adoptada por el CEIP el viernes explicaba que “esta jornada se suspende con el fin de facilitar un tiempo de reflexión serena sobre el necesario clima de respeto que debe acompañar el proceso educativo para preservar los derechos de los niños, los maestros, las familias, el barrio y sus instituciones”. Según el presidente de Primaria Héctor Florit “fue un hecho aislado” y “como lo que ocurrió el jueves no hay precedentes”, dijo.
Una zona que “busca crecer”
La directora de una de las escuelas tiene quince años de antigüedad en la zona. Algunas maestras son vistas por la comunidad como referentes en la zona.
Los hechos que trascendieron se contextualizan en una trama social vulnerable, en una zona estigmatizada, y donde los vecinos viven por un lado intentando erradicar la violencia y la delincuencia que se da tanto fuera como dentro del barrio. “No hay que pensar que esto ocurre todos los días, y dónde ocurrieron los hechos, por lo general hay un fuerte apoyo social, un trabajo en el cual colabora la propia Escuela”, destacó una maestra.
En el barrio Borro, Casavalle y Los Palomares la comunidad se muestra reticente a que su zona sea considerada “zona roja”. Asociaciones civiles, religiosas, laicas, públicas (entre ellas la propia ANEP, Mides e INAU) realizan importantes obras de integración social y educativa. “No nos pueden señalar a todos por igual, ahora pasó esto en la escuela, pero es algo que en primer lugar fue ajeno al centro, en segundo lugar, sí es verdad que estamos en una zona complicada, pero eso no quiere decir que nos estemos matando”, explicó David Soria, quien participa en una de las instituciones sociales que trabaja en la zona. Los vecinos, ayer se mostraron preocupados por la situación y algunos fueron a la Escuela para plantear su apoyo. “Estamos cansados de tanta inseguridad”, dijo Roxana Lemos, una de las vecinas del Borro que tras participar en programas sociales del Mides ahora, explica: “Trabajo en un puesto de frutas y verduras en la feria con mi hermano; acá, la gran mayoría de la gente es trabajadora”, aunque “hay ‘malandros’, pero lamentablemente cuando viene un megaoperativo nos revisan a todos, pero no somos todos los que delinquimos”.
Denuncias
Daysi Iglesias, secretaria general de Ademu Montevideo advirtió que la problemática en los centros es algo que “se venía anunciando” por parte del sindicato. Ademu denunció ante el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social la situación que deben vivir maestros y niños por situaciones de violencia, además de una constante “problemática administrativa que lleva a la sobrecarga del trabajo de directores, que a veces tienen que hacer de sanitarios y limpiadores, pero también por la situación edilicia cuando los maestros en vez de dar clases tienen que levantar la voz para no ser tapados por una máquina en las afueras de su clase”.