lunes, 9 de abril de 2012

Las mujeres ven al embarazo como una enfermedad

Por Matías Rótulo (Publicado el domingo 8 de abril de 2010 en La República)




Las mujeres uruguayas ven al embarazo más cercano a una enfermedad que a un proceso de la vida de las mujeres. Además, persisten creencias ya desmentidas por la ciencia sobre el embarazo, el sexo del bebé y el parto. Esto lo revela un estudio realizado por la Facultad de Medicina.
Embarazo¿Cómo viven las uruguayas su embarazo? ¿Qué creencias rodean esta etapa de la vida? El proyecto “Creencias y prácticas populares en torno al embarazo y parto: un enfoque sobre el proceso salud-enfermedad” a cargo de las doctoras Graciela Castellano y Jimena Heinzen y la socióloga Soledad Nión reveló cómo la sociedad ve el proceso de embarazo de la mujer.
La investigación relaciona el ámbito social con la salud y destaca la importancia de la consideración de las creencias populares a la hora de comprender los complejos procesos relacionados con la concepción de la salud y la enfermedad. Explican las investigadoras que con la investigación se buscó “abordar… la información relativa a las creencias y prácticas populares ligadas a la concepción de la salud durante el embarazo y el parto”. Para la investigación se realizaron 28 entrevistas a mujeres embarazadas usuarias de policlínicas de ASSE, BPS y del Hospital de la Mujer Paulina Luisi (Centro Hospitalario Pereira Rossell) y es decir, no se ha contado con financiación para la ejecución del proyecto.
Sostienen que existe una “medicalización de la sociedad” y “las mujeres relatan una asistencia inmediata al control médico, una vez se presume un embarazo o se constata por métodos rápidos (examen de orina de venta libre)”. Agregan que “el embarazo es percibido en nuestra sociedad, por la mayoría de las mujeres como una situación más cercana a la enfermedad que como una etapa vital del ciclo de vida de la mujer”. Las investigadoras, de acuerdo al marco teórico manejado para su trabajo, explican que “para algunos individuos el embarazo es visto como una situación de vulnerabilidad y ‘amenaza’ en relación a la salud de la mujer, que le impone límites y moderaciones para atender esa situación de ‘riesgo’”. Empero “en otras sociedades y grupos, el embarazo es visto como un evento natural en la vida de la mujer”.
De acuerdo a los resultados de la investigación “los hábitos que aparecen en las entrevistas como importantes en tanto motivo de interés y preocupación, vinculados al cuidado de la salud, son sobre todo los relativos a la alimentación, el control de los esfuerzos físicos, así como también la importancia del control de las emociones para transitar por un embarazo sano y dar a luz un bebé sano. Este último parece ser un aspecto poco abordado por parte del sistema de salud”.
Uno de los testimonios recogidos revela que en algunos casos, el conocimiento general de la sociedad es visto al mismo nivel que el conocimiento del médico.
Prevención
Las mujeres entrevistadas “parecen tener muy presente la importancia de una alimentación balanceada, pero sus hábitos alimentarios serían bastante diferentes a los propuestos desde la medicina” señalan las investigadoras.
“En las entrevistas también se hace mención a cambios de hábitos recomendados desde los equipos de salud y socialmente aceptados como parte del conjunto de prácticas saludables y de cuidado a la salud”. Según uno de los testimonios “un poquito, de a poquito, no me pidan milagros, no, no, ya dejé de fumar hace poquito”. Sostiene el informe que “las actitudes con respecto a la adopción de determinadas conductas en salud, cambios de hábitos y acciones de prevención dependen de las percepciones que se tengan de amenaza con respecto a una situación concreta”. Una entrevistada explicó “ya no puedo hacer algunas cosas, ya no puedo jugar a la pelota, o cargar cosas”, y otra “a sí, bailar sí, ir a bailar y tomar, si ya no voy más”.
En otro caso una mujer embarazada dijo: “todo, dejar de hacer todo, porque yo trabajo en el campo, tenés que cuidarte más que un embarazo común” y en otro caso “mis amigas, me decían, no andes en moto, que le hace mal”. Pero el informe destaca que “algunas encuentran dificultades para seguir estas recomendaciones, en algunos casos porque se les resta importancia en cuanto a la percepción de riesgo que conllevan, y en otros simplemente por la imposibilidad o resistencia de cambiar dichos hábitos “no puedo hacer fuerza, me tengo que cuidar, pero hago lo contrario, si ya me conocen como soy, que hago lo contrario de lo que me pide”.
La creencias populares
“Entre las creencias populares que se sostienen y persisten están las ligadas a la indagación del sexo del bebé, éstas adoptan múltiples formas, desde las pruebas externas con objetos, hasta la observación de la forma del abdomen, o ligadas a determinadas conductas maternas”. Agregan que “la experiencia en torno al parto, centraliza las expectativas relativas al embarazo, sobre todo en embarazadas primíparas adolescentes, pero que se observa de todos modos en multíparas adultas, pues cada situación renueva la incertidumbre y pone a prueba la capacidad de la mujer de lidiar con el miedo, el dolor, y la posibilidad de lo imprevisible”. Por otro lado “el miedo al parto está presente más allá de las experiencias previas de las mujeres y en ocasiones, incluso, condicionado por las mismas o experiencias de mujeres cercanas”. Con relación a los consejos que recibe una embarazada, las investigadas destacan que siguen teniendo importancia los que recibe la mujer de las mujeres de su entorno inmediato: “Sí, mi hermana, mi hermana la única que me dice que es un dolor más fuerte que el de una muela pero es el dolor más lindo que vas a sentir en tu vida, después nada…”.