McCartney el día después

Por Matías Rótulo (Publicado el 17 de abril de 2012 en La República)


Tras el impecable recital de Paul McCartney llegaron los comentarios, las vivencias, y cómo cada uno construyó en diferentes lugares su idea del recital. 

Esta crónica fue construida en parte, en base al relato de personas conocidas que estuvieron y no estuvieron, sintiendo (en lo más extensivo del término) a McCartney en el Centenario. También de una vivencia personal, como espectador del recital más importante que hubo en Uruguay.
Silbando “Let it be”, un chofer de ómnibus recibe a los pasajeros a las 10.00 de la mañana. En una panadería de la zona del Palacio Legislativo se escucha “dicen en el informativo que la rompió”, mientras que le despachan a una señora tres flautas. A los que fuimos al recital, la pregunta más reiterada fue ¿cómo estuvo? Y estuvo como tenía que estar, porque el que estuvo ahí fue Paul McCartney. Tras un frenesí de varias semanas, por fin tocó el ex beatle, o el eterno beatle, ya que se avizora un futuro lleno de canciones de los cuatro de Liverpool.
Pero tras el recital, cada uno de nosotros tuvo su momento. Quienes lo vieron en el Estadio, o tuvieron la paciencia de quedarse afuera, escuchando, los que abrieron sus ventanas en el Parque Batlle para sentirlo, o los que fueron en Maldonado, Rivera y 18 de Julio, acá en la capital a verlo por pantalla gigante, cuentan su historia de manera diferente.
Algunos aprovecharon para hacer su abril, vendiendo mercaderías relacionadas al músico inglés y a The Beatles, para otros, la historia los tendrá de testigos.
“¿Alguna vez sentiste que te podés morir tranquilo? No te querés morir porque tenés hijos, madre, una familia. Pero lo sentís?” Pablo llegó a las 2.00 de la mañana a su casa, y a las 6.00 de la mañana de ayer estaba despierto. “Es que nunca dormí, seguía cantando” dijo el herrero de 48 años, de La Paz, que a las 9.00 estuvo en Tres Cruces, como cada día para abrir la herrería en la cual es encargado.
Andrea fue a la casa de sus padres, cerca del estadio y escuchó a The Beatles, porque en realidad no le interesaba lo que se armó alrededor de Paul. Andrea discrepó con la “paulmanía” siendo que “hasta hace un mes nadie se acordaba de él.
El ayer
Pero para algunos, el sentimiento pasó por otro lado. “Fue el recital más impresionante que vi en mi vida”, dijo la locutora de una radio FM en la noche del recital, que por ese día comenzó su programa de música latina un poco más tarde. Después sonó “Yesterday” en la radio, y en el 163 rumbo a Paso de la Arena, todos siguieron su viaje. Quienes habíamos estado en el estadio minutos antes, pensábamos que todos allí estaban sintiendo lo mismo que nosotros. Aunque en realidad la mayoría dormía, y otros simplemente observaban a la ciudad mientras era recorrida por el colectivo.
Paul e Internet
“Cuando prendí el informativo y vi que Paul dijo ‘Hola Montevideo’ y empezó a tocar un tema de The Beatles, se me puso la piel de gallina”. Esas palabras fueron tomadas de un comentario en Facebook de Mónica. Como este, los comentarios en Internet no se hicieron esperar. Desde aprobaciones sobrias como “qué buen show” a “lo mejor que me pasó en la vida” se leyó en los portales. Las redes sociales saludaban al ídolo, y su paso por Uruguay.
También comenzaron a verse las imágenes no oficiales del show. Son tiempos de impersonalidad, individualismos y socialización. A pesar de la triple contradicción, el público que el domingo fue al Centenario llevó sus celulares, bajó los videos y los subió a la red.
Durante el recital, en el Estadio, se veían luces flotando en las tribunas. La locura por filmar hizo que ayer a Paul se lo viera reflejado en los miles de videos que fueron subidos a Internet. Desde todas las tribunas, al músico y su banda se lo vio con movimientos de cámara abruptos, mal sonido, gritos, cantos de público, desde lejos y desde cerca.
Un inglés practica su español
Una de las frases más festejadas de Paul fue “tres conejos en un árbol tocando el tambor, que sí que no que así lo he visto yo”. Explicó que ese enunciado fue parte de su educación escolar, cuando le enseñaban el idioma. Pero si algo sabe hacer un “showman” (además de músico e ídolo fue un gran espectáculo él con sus bailes y movimientos) es atraer a su público con lo que su público conoce. Paul habló en español. Leía lo que decía. El guitarrista de su banda dio vuelta su guitarra y mostró un “gracias” pegado en la parte de atrás de su guitarra. Cuando saludó dijo “Hola Montevideo” aunque la mayoría del tiempo habló en inglés. “Voy a hablar en español, pero más en inglés”, prometió y cumplió.
Un hola, un adiós.
Un recital frenético, tuvo un listado de temas ordenado, contundente e histórico. “Hello Goodbye” (hola, adiós) lo tuvo a Paul saludando constantemente. Fue la bienvenida de un músico. Fue la despedida también. Quien llega se va, y muchos de los presentes sabíamos en ese preciso momento, en esos primeros cuatro minutos que sería el principio del fin. Luego llegaron “Juniors Farm”, rockera, veloz, con Paul desafiando con falsetes a quienes dicen que ya no canta, cantando como si tuviera el cerquillo de los sesenta. “All my loving” vino después coreada al igual que “Jet” puños al viento de los músicos, y del público en el golpe de la voz cuando canta “Jet”. Más tarde llegaron “Got to get you into my life”, “Sing the changes”, “Nigth before”, “Let me roll it”, y “Paperback writer”.
El recital iba transitando por la emoción y la nostalgia, la ternura de un músico que no esperó hacerse querer por los uruguayos, sino que la predisposición del público, y su simpatía, buen humor y buen español lo provocaban.
No faltaron “Eleonor Rigby” y “Something”, en honor a George Harrison con el ukelele. El cambio de instrumentos fue una constante del show. Piano, guitarra, y su clásico bajo. En “All my loving” la guitarra que usó el inglés fue la original que en los años sesenta lo ayudó a componer sus mejores canciones. El cierre estuvo con “Yesterday”, el clásico más esperado por las 50 mil personas, y posteriormente “Helter Skelter”, “Golden slumbers”, “Carry that weight” para decir “Goodbye” (adiós) aunque siempre estaremos dispuestos a decirle “hello”.