lunes, 21 de mayo de 2012

Los adolescentes opinan sobre la delincuencia juvenil: “Los adultos piden matarlos, nosotros recuperarlos”


Por Matías Rótulo (Publicado el 21 de mayo de 2012 en La República
LA REPÚBLICA entrevistó a cinco adolescentes de diferentes ámbitos de participación. Uno de ellos tuvo recientemente conflictos con la ley. En la mayoría de los casos reflexionaron sobre la necesidad de que la privación de libertad no sea un castigo sino una forma de educación, reinserción social y menos estigmatización.
Federico Charlo
La baja de la edad de imputabilidad, los reclamos de más seguridad, de un mayor castigo, de “más tranquilidad para la sociedad”, son los discursos que predominan en los medios. Casi todos provienen del mundo adulto, político y periodístico. Los adolescentes son vistos desde un ojo totalizador como parte de un problema en el que los adultos son (somos) parte, pero del cual parecemos (o queremos parecer) ajenos a las causas. Ellos, los adolescentes, tienen ideas, soluciones y críticas pero no muchas veces son escuchadas o se difunden.


“Gracias por dejarme hablar”, le dice Jony al periodista. El pantalón deportivo del adolescente de 15 años tiene marcas de barro y los gajos de una pelota que revelan el fuerte impacto en la rodilla. Los championes son nuevos, “me los hice en 8 de Octubre”, explica. Se los hizo al húrtaselos a un estudiante de la UTU de Larravide. Jony explica que los de la UTU “son unos chetos de mierda”. Su último recuerdo educativo fue el de una tarde, hace dos años, escupiéndole la cabeza a una maestra. Nunca más volvió a la escuela. “No voy a estudiar, no sirve para nada”, explica evitando pronunciar las últimas letras de “voy”, “estudiar”, “para” y “nada”.
Pero está sorprendido de que lo dejen hablar y explicar lo que siente. “Si yo hago esto es porque caretean, los políticos, los profesores, los que te miran mal. ¿Por qué te miran mal?”. Jony tiene varias entradas al INAU, la Policía lo maltrata y la droga lo está matando. “Yo sé que me está matando, pero es lo único que tengo”. De chico fue abandonado por su madre, después que su padre murió en un tiroteo. Se quedó con su abuela, pero al tiempo murió. La historia hasta este momento y cómo fue a la escuela, quién lo envió, no la cuenta.
Menores, como mayores
Los adolescentes están en el centro de la mirada social. Una murga, hace un par de años, distinguió a los adolescentes de los menores. Los primeros eran los que estudiaban, los segundos los que delinquían. “Yo digo que soy menor, porque sé que salgo al otro día”, pero te tratan peor, te tiran a matar, indica Jony.
Cuando ocurre un hecho de violencia que involucra a un menor de 18 años, el tema vuelve a ser motivo de debate social, mediático y político. Las redes sociales contribuyen a que se cree una red que con total impunidad, tanta impunidad como la que se señala en los “menores infractores”, se identifique a los menores, cuando esto es ilegal, y se pida desde la pena de muerte a un mayor castigo. Todo con nombre y apellido en Facebook, Twitter o portales de noticias con foros. Luis (adulto él) dijo en Facebook: “Habría que matarlos”. Alicia publicó: “No damos más, habría que dejarlos adentro para siempre, no nos dejan vivir en paz”. Uruguay parece dividirse entre buenos y malos, menores infractores y el resto del mundo. La baja de la edad de imputabilidad, que se pone en debate en un país donde las personas tienen responsabilidad legal por sus actos ilegales desde los 13 años, hace que se eleve el grito de paz, pidiendo, como en el caso de Luis, la muerte del otro. Los adultos piden que los dejen trabajar y que los menores “no salgan por una puerta cuando apenas son arrestados”. Los adultos tal vez ignoran dos siglos de estudios sociológicos sobre el papel que juega la sociedad en su conjunto para educar y socializar a sus niños. El adolescente que mató a un trabajador en una pizzería la semana pasada, dijo: “Hay que tirar para que te respeten”. ¿Quién no respeta? ¿Es la única forma en que los adolescentes pueden hacerse respetar? ¿Hay posibilidades de cambio de esos adolescentes o simplemente deben quedar aislados de por vida? Previo al acto delictivo, ¿alguien se ocupó de ellos?
Opinión de adolescentes
LA REPÚBLICA no habló con adultos sino con los mismos adolescentes, que por momentos parecen tener más respuestas que los grandes. Jony es un uruguayo que está solo en el mundo, sin protección, y que desconoce sus derechos: el derecho a la salud, la educación, una familia, una identidad, etcétera.
Hay otros adolescentes que trabajan a diario para ayudar a otros adolescentes. Francis es una adolescente que trabaja para una organización no gubernamental que opera en el Cerro. Tiene 17 años. Sus hermanos y ella viven la problemática de la droga y desde su misma problemática, con el apoyo de su familia, ayudan a otros jóvenes, como tantas otras organizaciones sociales que crean una red solidaria en zonas muchas veces denominadas “rojas” pero que cada vez crecen más como comunidad. “Estoy contenta de poder ayudar. Nosotros somos pobres y vemos que se puede hacer algo más que llevarlos presos”. Desde la ONG se prefirió no identificar a la adolescente ni a la institución porque “estamos tapados de trabajo”, explicó Francis.
Hay otros adolescentes que trabajan participando, dando ideas y generando espacios de participación. Anaia Betarte, miembro de la Mesa Representativa Nacional de Estudiantes de Secundaria, dijo: “Son siempre buenas las acciones que se determinan desde la educación en la primera edad”. Ella tiene 16 años, es de Rosario (Colonia) y narró que desde la Mesa Permanente “hemos trabajado mucho con este tema”. Consideró necesario que en cada centro educativo haya una equipo que trabaje con los adolescentes y niños vulnerables, pero particularmente cuando existen problemas familiares. Tal vez, casos como los de Jony se pudieron haber evitado. “Yo estoy solo porque nadie me quiere”, dice ya no el menor que hurtó a otro en la Unión, sino un niño indefenso. “Todos los días hay niños huérfanos, solos, y muchos no saben qué hacer”, dice Francis sobre la realidad que ella misma ha visto en el Cerro.
Miradas adolescentes
Los adolescentes no están aislados de la realidad. Muchas veces, su propia realidad los abruma. Viven las problemáticas de su edad, debaten sobre la situación de violencia que no es exclusiva del mundo adolescente y proponen en sus ámbitos de debate soluciones que no siempre son tenidas en cuenta por la opinión pública y el sistema político. Elegimos dos instituciones de participación adolescente. Una de ellas fue la Propia (Programa de Participación de niños y adolescentes del INAU) y la Mesa Permanente de Secundaria, que nuclea a liceales de todo el país. Según Gastón Silva, un adolescente de Artigas que tiene 15 años y es estudiantes de UTU, “todo el año pasado estuvimos trabajando con este tema con el Propia. Llegamos a avanzar bastante”. Dijo que “en lo personal pienso que la familia tiene mucho que ver, porque ahí tiene que recibir afecto, tiene que ser respetado en sus derechos, entre ellos el de la educación”. En esa educación “es importante que se le ponga límites”.
Federico Charlo, de 18 años, participante de Propia, y que además escribió un artículo sobre la propuesta de baja de la edad de imputabilidad, explicó: “No milito por no a la baja” sino que su trabajo es en procura de que “los derechos de niños, niñas y adolescentes sean visto desde una perspectiva integral, en el pleno respeto de todos los derechos: derechos de participación, educación y demás”.
¿Qué hacer después de delinquir?
Para Gastón, de quince años, “no hay que encerrarlos, ni apartarlos de la sociedad, sino tratar de reinsertarlo porque sino los tiran abajo del todo”. Para Federico Charlo “lo ideal sería rehabilitar, ya que una mayor represión implicaría un aumento de los delitos”. Dijo que la educación debe estar enfocada a la socialización”. Reflexionó que “un gurí puede estar encerrado cuando represente un verdadero peligro para la sociedad y para él mismo, aunque hay que tratar de ayudarlo a mejorar”, pero “perfectamente se puede aplicar una experiencia exitosa en otros países, que es la de la atención ambulatoria, dándole herramientas para la vida, para el trabajo y para la integración”.
Ainara (Mesa Permanente de Secundaria) consideró que “es importante que cuando delincan se le haga sentir al joven que se puede involucrar de otra forma en la sociedad”. Dijo que “hay gente que lo hace para obtener recursos”.
Francis fue categórica con lo que reclamó: “Muchos adultos piden matarlos; nosotros, los jóvenes, pedimos rehabilitarlos”.
Baja de edad
Para Gastón la baja de la edad de imputabilidad “no es una solución” pero además los menores “no pueden ir a la cárcel de adultos” aunque “si los jueces determinan que los menores vayan a un hogar del INAU, en la mayoría de los casos estos funcionan igual que las cárceles”. Charlo destacó que “los medios a veces contribuyen a que se genere este tipo de reclamo”. Explicó que no se contribuyó en nada “con la repetición de la imagen del asesinato del empleado de La Pasiva, mostrándolo en cámara lenta, como si fuera un espectáculo”. Indicó que “hay un incremento del 200% de la información de delitos cometidos por menores, pero no hubo un incremento de los delitos”. Concluyó que “ningún país que ha bajado la edad de imputabilidad ha disminuido los delitos”.
Para Ainara, “la gente que pide la pena de muerte, por ejemplo, o la baja de la edad de imputabilidad, lo hace en un momento de rabia, porque te pasan mil veces las imágenes de un asesinato por televisión”. Explicó que “si se baja la edad de imputabilidad a 16 años, los más chicos, los de 13 y 14, van a sentir que son impunes”.
La juventud perdida
“En nuestro país hay un grave problema, muchas personas mueren culpa de él y el sistema político parece no darse cuenta. Día a día las denuncias van creciendo y a corto plazo parece no existir una solución para la violencia doméstica, que año a año se lleva la vida de cientos de mujeres y es en Uruguay la principal causa de denuncias”. Así comienza el artículo que Federico Charlo publicó en el periódico del Sindicato del INAU en junio de 2010. “El pavoroso problema de los menores infractores” fue el título que Charlo le puso a su artículo, que dice que “…hay un problema “reciente”. “Tanto así que en 1910 el escritor uruguayo Washington Beltrán publicó su libro `Cuestiones sociológicas, cuestiones sobre la criminalidad infantil`, donde se hablaba de una preocupación `honda y noble, que desvela a los sociólogos`. `Pavoroso problema es el que presenta ante los ojos de la humanidad asombrada el creciente aumento de la criminalidad infantil`”. Charlo recordó que “de esto hace ciento un años, cuando los adultos de hoy no eran aún nacidos y el problema ya era `El problema” y a los ‘menores infractores’” se les decía `infantojuveniles`”. Agrega que alrededor del mundo se han llevado a cabo diferentes iniciativas para mejorar la situación, algunas con más éxito, otras no tanto. Las medidas que más éxito han tenido, curiosamente, no han sido las que aplican penas más duras o las que bajan la mayoría de edad, porque no creamos que alguien ha descubierto la pólvora…”. Dice más abajo: “Entiendo perfectamente el miedo de la población y no pretendo ocultar el problema, que es tan real como la hipocresía de quienes impulsan la iniciativa de recolección de firmas, pero yo abogo por una solución real y efectiva y considero absolutamente ineficaz y contraproducente la baja de la mayoría de edad penal”.