jueves, 10 de mayo de 2012

Que nos quiten lo cantado


Esa caja boba que nos trata como idiotas

Por Matías Rótulo (Publicado el 10 de mayo en el Semanario Voces)

Hoy es un día muy especial para los uruguayos. Nuevamente asumimos un papel protagónico en la región. En el “Palacio Peñarol” se hace el concurso de canto que nos ha cambiado a todos, y a partir de él somos más humanos, buenos, gustadores del arte…en definitiva, nos convirtió en los ratoncitos que siguen al flautista y su músiquita.


La habilidad de Marcelo Tinelli es que él puede tomar formatos ya hechos hasta el cansancio, darlos vuelta y decirnos que nos trae algo novedoso. Pone al frente del programa a un conductor que siempre debe ser peor que él para que deseemos que vuelva Tinelli ya que un producto de Tinelli sin Tinelli es como un programa para niños de Claudia Fernández sin que haga alarde de sus atributos femeninos.

Lo peor de todo es que nosotros nos creemos que Tinelli siempre vuelve a salirse con la suya inventando algo nuevo que casi siempre roza lo más indeseable que cualquier sociedad civilizada debería rechazar como colectivo, pero que al contrario, justificamos a partir del discurso dominante de los alcahuetes de Tinelli que aparecen en la pantalla de televisión tanto acá como en Argentina.

Tinelli tenía concursos de talento que incluían insultos, peleas, personas haciendo el ridículo, partes íntimas y jurados que no sabían nada de lo que juzgaban pero que eran lo más parecido a un montón de viejas chusmas hablando de cualquier cosa (como en el programa nuevo de Álvaro Navia). Cambió todo eso por llantos de concursantes e intentos constantes del conductor (Mariano Iudica) por ponerse a llorar con ellos, para demostrar que es un programa emotivo y que él, a pesar de ser parte del mundo Tinelli, tiene sentimientos. Además hay abrazos, momentos emotivos, y un jurado que sabe algo de música, pero que igual son un grupo de viejas chusmas hablando de cualquier cosa.

¿Qué es lo peor de todo esto? Que en primer lugar los programas de televisión repiten un discurso generado desde la misma secta de Tinelli encabezada por los programas satélites que él mismo produce para que hablen de Tinelli y sus programas de televisión. Es un discurso que plantea que la “televisión cambió”, que “dejó las peleas por la conciencia social”. ¿Por qué la FEUU en vez de organizar una marcha estudiantil no hace un concurso de canto?

La televisión “cambió”, dejó atrás la pelea, esas mismas peleas que fomentaron los programas de Tinelli volviendo el medio televisivo un campo de batalla que solo Tinelli tiene el poder de detener mientras le dice a la cámara con cara de borrego con mamadera “yo no provoco esto, yo soy inocente”.

Además del humor, se adjudica a sí mismo el control de la cultura, la posibilidad de cumplir sueños que no son más que ambiciones de desconocidos, la mayoría pésimos cantantes, para ser algún día, no artistas, no creadores, sino famosos. Eso llevó a que los programas uruguayos imitaran eso de hacer concursos de canto con adolescentes y adultos que no toman como ejemplo ni siquiera a un mal cantante conocido, sino que todos se piensan que son solistas de Momosapiens. 
Entonces, Soñando por Cantar llega hoy a Montevideo para que se realice un concurso de canto en un país donde la gran mayoría de los uruguayos sabemos que en canto existe la voz “A” y la voz “B” y no mucho más. Un país donde hay muchos cantantes, pero que no escucha a los cantantes uruguayos que ya están entre nosotros, con discos editados y todo. Pero tienen que surgir nuevos talentos. Pero no están dispuestos a seguir por el camino difícil, sino que aceptan pasar por hacer el ridículo (no todos) en programas de televisión, para después de aparecer cinco minutos al aire, tener una mínima tarjeta de presentación. Pero no llegan a nada, porque además de ser malos, hay muchos malos como ellos. Pongo como ejemplo el concurso de canto de Agitando una más de Canal 4. Van los adolescentes a cantar tras haberse parado frente a un espejo del baño a imitar a Cristina Aguilera, y después que mami o papi, tras descartar la posibilidad de que el nene o nena juegue al fútbol y sea Forlán, les dijera “mi amor, qué bien que cantás”. 
Pero ahora el asunto es más serio. Viene un programa de Tinelli. Tinelli nos da la oportunidad a nosotros de poder participar en algo grande. Entonces se alborota la ciudad, y por fin volvemos a ser centro de la atención. Aparecen los cantantes, uno tras otro. Todos tienen el mismo sueño, cantar en un programa de Tinelli, pasar al olvido, pero que les quiten lo cantado.