jueves, 10 de mayo de 2012

Uno de cada tres reclusos del Comcar quiere estudiar pero el sistema se los impide


Por Matías Rótulo (Publicado el 10 de  mayo de 2012 en La República)

La actual situación carcelaria provocó que el Ministerio del Interior priorizara la seguridad interna y para eso tuvo que limitar algunas actividades, entre ellas la educativa. LA REPÚBLICA dialogó con docentes, presos, y autoridades sobre la problemática en los centros de rehabilitación para que los internos puedan reinsertarse en la sociedad mediante la educación.
Estudios Entre RejasLas cárceles no deben ser para torturar. Así lo expresa la Constitución de la República. El rol educador, socializador y rehabilitador de las cárceles se discute a nivel mundial, dado que en muchos casos las instituciones no presentan condiciones adecuadas para cumplir dicho papel. Uruguay está en la mira de las relatorías internacionales por condiciones de hacinamiento y no acceso a derechos fundamentales como el de la educación. Tras una serie de motines, algunos centros optaron por detener las actividades educativas. En otros casos, la educación depende de la voluntad de los presos, de las autoridades y en muchos casos de los guardiacárceles.
En Uruguay hay 9.000 presos y no es posible cubrir la demanda educativa para todos. En el Comcar hubo 1.300 inscripciones a cursos de Primaria, UTU y Secundaria en 2012, pero solo fue posible aceptar a 500 presos. En promedio, uno de cada tres internos quiere estudiar en el Comcar, ya sea para mejorar su condición personal o para reducir la pena, tal como lo establece la Ley de Humanización del Sistema Carcelario del año 2005. Pero la mitad de los interesados quedan sin posibilidades.
José Pedro Varela en su libro “La Educación del Pueblo” expresó que “la educación previene los vicios de la sociedad”; “a veces la cárcel es una universidad del delito” ya que uno de los factores es que “los presos no estudian ni trabajan” dijo a LA REPÚBLICA el año pasado el ministro del Interior Eduardo Bonomi.
Pero no todos lo entienden así. Uno de los reclusos de la Cárcel de Canelones con el cual dialogó LA REPÚBLICA dijo que “muchas veces, los carceleros te dejan adentro de la celda, no podés salir a clase ni a ningún lado”. Peter, interno del Comcar dijo que “muchas veces es el milico el que no te deja salir”. Un maestro de una de las cárceles confirmó esto. “A veces vamos y nos dicen que se portó mal, pero en realidad hay códigos internos que no sabemos”. Brussa dijo que “esto es una realidad que se da pero que va cambiando gracias a una gestión que busca hacer cumplir la ley, pero también cambiar la visión sobre las cárceles”. Según el coordinador de educación en el área metropolitana del Ministerio del Interior Eduardo Camejo “no se le puede atribuir la culpa de no ir a clase al policía ya que hay otros factores que inciden en eso”. Uno de esos factores “fue la problemática que ocurrió con las cárceles en estos días donde se tuvieron que tomar medidas de seguridad”. El director sectorial de Educación de Jóvenes y Adultos de la ANEP Felipe Machín, dijo que “efectivamente, en estos días se tuvieron que tomar algunas medidas, que obviamente dependen del Ministerio del Interior”. Alberto Brussa, coordinador en el interior del país del Ministerio del Interior explicó que el Comcar por el momento no tiene clase y la semana que viene se volverán a dictar los cursos. Actualmente, en el Comcar hay siete maestros y profesores que brindan educación Primaria, Secundaria y cursos de UTU.
La educación como derecho
Saber más nos da la posibilidad de elegir entre varias opciones y de elegir mejor. Los programas educativos oficiales refieren a una “autonomía” del alumno, a generar ciudadanos “críticos” que vivan en sociedad, pero a veces la educación no da buenos resultados, debido a distintas causas: fallas en el sistema educativo, contextuales, históricos, políticos y demás. Todos estos componentes para algunos se suman y provocan personas que salen de la sociedad y cometen faltas, delitos contra ella. Para otros es una cuestión individual que la sociedad y el Estado brinden las posibilidades para que todos salgan adelante. En las cárceles uruguayas, muchos factores contribuyen para que primer el tiempo de ocio y no el estudio y el trabajo.
“La educación es un derecho, pero se debe conjugar con una cantidad de factores que le son ajenos a la educación” explicó Machín. Camaño por su parte explicó que “por motivos lógicos de seguridad, si hay mucha niebla no pueden salir”. José, un ex interno del Comcar que mediante el Patronato Nacional de Encarcelados y Liberados, institución que colabora con la reinserción social de quienes recuperaron la libertad, realizó cursos de reinserción, recordó que “yo quería estudiar, pero si los guardias tenían pocas ganas no nos llevaban”.
Cambio de vida
En las cárceles uruguayas hubo una “buena evolución educativa, en cuanto a cantidad de interesados, y en particular en el Comcar en Secundaria”. En las cárceles se alfabetiza, se puede terminar Primaria, Secundaria, UTU e inclusive terminar carreras terciarias. “Estamos en 26 cárceles de todo el país”, explicó Machín. Actualmente hay unos 62 maestros dictando clases de Primaria y 215 profesores. Mario, uno de esos profesores explicó que “nos interesa que aprendan matemáticas, literatura y demás, pero más nos interesa que la educación les sirva como experiencia de vida, pero que en particular la educación humanística los ayude a comprender que lo que hicieron lo hicieron mal”. José, egresado ya del Comcar dijo que “yo aprendí a ser un hombre nuevo gracias al estudio, y hoy trabajo gracias a eso”. José, así como tantos otros reclusos puede realizar en las cárceles tareas educativas y laborales remuneradas. Actualmente en el Comcar se brindan cursos de albañilería, se fabrican ladrillos, y hasta hace poco tiempo se encuadernaban libros dañados. En el CNR de mujeres se realizan varios cursos de oficios y lo producido se vende al público.
Según Brussa en el Centro Nacional de Rehabilitación de mujeres, no cortó en este año en ningún momento las clases a pesar de haber ocurrido dos motines. Este centro, al igual que el de Punta de Rieles, es una de las instituciones con mayor éxito educativo. En el CNR de mujeres hay 350 alumnas (de una población de 400 internas), 15 profesores de Secundaria y 3 maestros. En La Tablada hay dos maestros y quince profesores, donde hay un fuerte contingente de educación Secundaria, según Brussa. En San José (en el predio del Penal de Libertad), en lo denominado “Centro 2”, hay 14 privados de libertad estudiando Primaria y 32 estudiando Secundaria. Brussa dijo que “en el 2012 se está modificando” ya que “las direcciones de cárceles están cambiando la visión con respecto a la educación”. Explicó Brussa que “es lógico que se priorice la seguridad” y dijo que “cada cárcel tiene una realidad diferente”.