jueves, 27 de septiembre de 2012

PAULA BALEATO, SOCIOLOGA: Nadie sabe qué quieren los adolescentes porque no se les pregunta.




Por Matias Rotulo, Jorge Lauro y Alfredo García / 
Fotos Rodrigo López (Publicado en el Semanario Voces el 20 de setiembre de 2012)

No hay día  en que no haya una noticia sobre algún niño o adolescente en los medios de comunicación, ya sea como víctima o victimario en algún hecho. La problemática de la infancia y la juventud corta transversalmente a la sociedad en temas de educación, droga, seguridad o pobreza y es tema de agenda en la disputa política. Para profundizar en la realidad que les toca vivir a estos segmentos de la población entrevistamos a una especialista que está metida en el tema desde hace más de veinte años. Baleato además, ha investigado y realizado un seguimiento de como los medios cubren las noticias de nuestros niños y jóvenes. 

¿Qué pasa con los gurises en Uruguay?
No les va muy bien.

¿Cuál es nuestro error?
Hay muchos problemas con los adolescentes y los niños en Uruguay. Tenemos una cultura adultocéntrica. Los niños nos importan relativamente poco, parece que para el sistema político la niñez es un tema menor. Son los que concentran los mayores niveles de pobreza desde hace veinte años para acá. Todos los números indican eso: una gran inequidad generacional.                                        La pobreza en los adultos mayores de 65 años es bajísima por suerte, y la pobreza en las personas menores de 18 años es diez veces mayor que en los adultos mayores. Creo que somos uno de los países que tiene la mayor brecha de inequidad intergeneracional. De modo que este es uno de los países en los que a los niños y adolescentes les va peor en términos relativos. Tenemos también problemas de adecuación institucional.







¿Qué significa eso?

El sistema institucional está fundado en la llamada Doctrina de la Situación Irregular, basado en el binomio de la compasión-represión. Incluso con la izquierda, donde ha habido muchos avances en términos de política social y una priorización de la inversión y del gasto público en adolescencia, de todas formas, la conducción y la matriz de las políticas sociales sigue estando sustentada en ese binomio de la compasión-represión.                         El INAU ha hecho un montón de esfuerzos. Este director en particular, creo que tiene buena capacidad de trabajo y voluntad política. El instituto se ha adecuado a la Convención sobre los Derechos del Niño, a poder tener una mirada más centrada en los chiquilines como sujeto de derecho, pero sin embargo, toda la estructura sigue estando pensada para los llamados menores que son los hijos de los pobres. Los sectores medios y altos siguen resolviendo la socialización y el bienestar de sus hijos por medios privados y los sectores pobres a través de los servicios públicos que, es justo decirlo, han mejorado. Hubo una serie de avances desde el 2005 para acá que son bien importantes. Sin embargo, falta mucho.


Con siete años de gobierno de izquierda, sigue habiendo gurises en la calle, en los carritos.

Niños en situación de calle hay pocos. El fenómeno de aquellos chiquilines que desarrollan estrategias de sobrevivencia en la vía pública, los niños en edad escolar, que uno veía mendigando en los semáforos, me parece que ha bajado, que ya no se ve en Montevideo. Lo que se ha generado son otros fenómenos como adolescentes y jóvenes en situaciones de mucho deterioro con problemas fuertes de salud mental, hijos de generaciones de exclusión en las zonas públicas de la ciudad. 


¿No se consideran como niños en situación de calle a los que trabajan en los carritos?

Hay toda una discusión en relación a eso. Esos chiquilines son más bien niños trabajadores. Los niños en situación de calle clásicos son un fenómeno que se ha ido revirtiendo pero el país no tiene una medición específica. Hubo un primer conteo que hizo el MIDES con el Programa Infamilia en el 2008, y este año iba a haber otro para tener alguna base más cuantitativa de qué ha pasado con los gurises. Uno infiere por lo que se ve, que hay un efecto positivo de las políticas públicas, de la reforma de la salud, de las Asignaciones Familiares, de la extensión de las escuelas de tiempo completo.


¿Se está desarrollando una cultura diferente en zonas marginales a la del resto de la sociedad?

Creo que sí, que siempre hubo. El mito del Uruguay integrado realmente no sé en qué época operó efectivamente. Uno puede hacer el paralelo que los llamados “planchas” actuales, eran los “lumpen” de antes.


No era tanta cantidad ni era tan grande la brecha.

Se va consolidando la brecha social y cultural paradójicamente en una sociedad cada vez más hiperconectada por los fenómenos de comunicación, con cada vez mejores niveles de consumo. El descenso de la pobreza es una ecuación matemática, el nivel de pobreza mide los ingresos que el hogar percibe dividido la cantidad de integrantes. En realidad, hay mayores ingresos pero eso no nos dice nada sobre el nivel de integración social, cultural, de habilidades sociales o ciudadanas de esa población. Hoy asistimos a una sociedad cada vez más conectada, pero cada vez más fragmentada, con distancias culturales que son complicadas de rehacer.


¿Cómo obra el Plan Ceibal frente a esa problemática? 

El Plan Ceibal es una buena herramienta. Acorta la brecha tecnológica; no acorta la brecha cultural ni la social. Todos los chiquilines –lo que no es menor-, tienen acceso a las nuevas tecnologías, pero igual, los códigos culturales de unos y de otros son distintos y los horizontes lamentablemente también son distintos.


El Uruguay integrado puede ser un mito, pero ¿cuánto influye que la escuela pública haya dejado de ser el lugar donde confluían todos para que sea menos integrado?

Parte del problema que tiene la educación pública es la segmentación territorial. Es un proceso que tiene muchos años de irse consolidando. El diseño de la ciudad está marcado por el mercado y no por la política, ni por la política de integración. Entonces, hoy tenemos escuelas públicas en barrios pobres, escuelas públicas en zonas integradas y homogeneidad en la población que va a la escuela de un barrio y la que va al otro.            En términos de la calidad educativa, los docentes se forman en el mismo lugar, reciben el mismo tipo de formación.


El tema es la materia prima sobre la cual trabajar, que es diferente. Antes era todo mezclado.

Había una diversidad que hoy por hoy los chiquilines no tienen. Había también una presión por la calidad en los sectores medios en la medida en que utilizaban los servicios públicos que hoy no existe, porque los sectores medios se retiraron de la educación pública. Me parece que los intentos que se han hecho son interesantes: mejorar el equipamiento, extender el horario escolar, son buenas medidas. Pero no nos solucionan el tema de fondo, que los chiquilines puedan interaccionar con distintos modelos, distintas pautas culturales, tener otro tipo de expectativas. 


¿A tu juicio por dónde pasan las soluciones para entrar a desandar ese camino?

Pueden empezar a haber como experiencias piloto en algunas zonas de la ciudad. Empezar a probar algún tipo de integraciones entre poblaciones diversas. Desde mi perspectiva la lógica del PIAI (Programa de Integración de Asentamientos Irregulares) -vamos a un asentamiento de una zona excluida y ahí adentro le metemos el CAIF (Centros de Atención a la Infancia y la Familia), el club de niños, todos los equipamientos-, no es la ruta. Porque lo que hacemos es terminar de confinar territorialmente a los pobres y evitar la circulación social, cultural, etc. No tengo la respuesta, pero me parece que las políticas tienen que apuntar a la diversidad, hay que tener una política de la ciudad en perspectiva de integración que no pasa por llevarles servicios a los pobres, (aunque también hay que llevarle servicios a los pobres), pasa por tener camionetas de transporte escolar para que niños de un barrio marginal vayan a otra escuela… capaz que los costos en términos sociales en perspectiva, no son tan caros.


Es una opción interesante. ¡Imagináte a los del Borro en el British!

El Abrojo tiene distintos proyectos en convenio con el INAU, y eso también lo estamos discutiendo, y proponiendo que los servicios tienen que estar como más orientados a promover la diversidad para que los chiquilines puedan integrarse entre diferentes.


¿Ves alguna salida que no parta desde el sistema político, ni de los adultos sino de los mismos jóvenes?

Este es un país adultocéntrico totalmente y el peso de los partidos políticos es muy fuerte. Cualquier iniciativa que nace por fuera de la estructura de los partidos políticos es muy difícil que se constituya en agenda. No sé si es parte de nuestra idiosincrasia como país, pero es complejo. Si se analizan los movimientos sociales, el más representativo el PIT-CNT, rápidamente hay una lectura política sectorial. Hay movilización ciudadana pero veo medio complicado el tema de la organización juvenil por fuera de los partidos políticos. En este país casi todo se institucionaliza muy rápidamente. Los uruguayos funcionamos en las instituciones o no funcionamos.


¿Sería posible en Uruguay llegar a que voten los jóvenes desde los 16 años? 

Sí, me parece que podría perfectamente ser que votaran desde los 16 años. El tema es que ahora ese debate va a estar teñido, no se puede dar en serio. No sé a cuánta gente le importan efectivamente los adolescentes. Cuando se debate a favor o en contra de la baja de la edad de imputabilidad, realmente no hay una discusión de fondo en relación a nuestros jóvenes, a sus posibilidades de desarrollo. Hay una discusión político-partidaria y el año que viene ya va a ser electoral. La discusión ahora va a ser que si votan a los 16, les bajo la edad de imputabilidad y si me querés bajar la edad de imputabilidad, tienen que tener derecho para todo. En realidad los adolescentes no están en ese debate, son objetos.


¿Por qué en la agenda está más el tema de género y racial y no el tema de los jóvenes?

Y menos aun el de la niñez. No tienen voz propia entonces, no hay capacidad de presión. Las mujeres se pudieron colocar en agenda porque tienen voz. Los niños y los adolescentes no se representan a sí mismos, están mediados en su representación por los adultos y hay un desequilibrio de poder muy grande. No están los sujetos de derecho y están en condiciones muy desiguales desde todo punto de vista para entrar en la arena pública a colocar su voz. Esto sumado a la cultura gerontocrática, hace que públicamente se maneje como un tema menor. 


Siendo un tema mayor.

En realidad, es un tema mayor porque el presente y el futuro de cualquier país le va en cómo trata a sus niños. Se podría decir que un indicador del estado de salud de una sociedad puede ser cómo les va a los niños. A los niños en el Uruguay les va mal porque además son pocos. En nuestro país la niñez es un bien escaso a preservar, no solo porque son los que están peor en la sociedad, sino porque son pocos.


¿Cuál es el rol de los medios de comunicación?

Los periodistas y los medios de comunicación forman parte de la sociedad y acompañan esa cultura adultocéntrica y la reproducen. Lo que se ve en los monitoreos de prensa escrita que nosotros hemos medido de 2007 para acá, es que hay un espacio minoritario en el total de noticias dedicado a los temas de niñez y adolescencia, si bien cada año viene creciendo. Sin embargo, la voz de los niños y adolescentes no aparece. Creo que el periodismo tiene una contribución grande para hacer. Además, la infancia también le sirve al periodismo y es relevante para el periodismo porque los niños son el capital social, cultural base de cualquier sociedad, pero también, porque los niños expresan (capaz que más que cualquier otro sector), los desequilibrios sociales. El periodista investigando el síntoma que se expresa en niños puede aproximarse a las causas de algunos problemas. La infancia es un buen tema que “rinde” al periodista y hay una contribución para hacer.


¿Hay un filtro por parte de los medios o los periodistas? Porque setenta por ciento de las pautas publicitarias son para  la gente joven.

En estos temas no hay una única causa. Personalmente, no creo en lecturas muy deterministas en el sentido de que existe el señor empresario que tiene la ideología A y no le permite al periodista otras cosas. Me parece que hay una combinación de factores. Efectivamente, hay determinadas empresas de comunicación que tienen su línea editorial y su ideología, pero también hay falta de capacitación por parte de los periodistas para abordar con mayor rigurosidad algunos temas.                                                                                                           A pesar que la Convención de los Derechos del Niño tenga veinte años  y se reconoce que el niño es sujeto de derecho, ya no es más un objeto de cuidado. Esas transformaciones tienen que impregnar a la sociedad, se tienen que generar otras formaciones culturales y los medios y los periodistas no son ajenos a eso. Veo que empieza a haber una sensibilización mayor en relación a estos temas. Los adultos están muy desorientados, algunos psicólogos hablan de adolescentización de los adultos, estamos en un lío, en una época en donde hay que volver a reconstruir nuevas certezas. No es un fenómeno uruguayo, es un fenómeno mundial, hay una transformación de los procesos de socialización. Hay teóricos que plantean que la infancia como categoría ya no existe más, y que lo que hay son niños y no infancia, porque todos aquellos atributos de la modernidad que uno asignaba a las personas entre tal edad y tal edad, hoy ya están trastocados.

Los medios de comunicación de alguna manera ¿no juegan un rol creando estereotipos de los jóvenes? ¿Que muestran los monitoreos?

Los temas de niñez y adolescencia son la minoría de lo que trata la prensa escrita. La voz de los niños, de las cincuenta y dos tipos de fuentes distintas en las noticias que nosotros medimos, es la menos escuchada. En 2010 y 2011 no llega a un 2% del total de notas. Hay una focalización en 2010 y 2011 particularmente, un crecimiento de la atención en el tema adolescentes en conflicto con la ley. En el 2007 ese tema era el 1% del total de notas que se concentraban en adolescentes y niñez. En el 2011 subió al 8%. Nosotros eso lo comparamos con la participación de los menores de 18 años en los delitos y no hay nada en la realidad que explique ese incremento de la cobertura.

Vas a los datos del Poder Judicial y la participación de los menores de 18 años en el total de delitos que se cometen en este país, se mantiene constante. Sin embargo, hubo una exposición en la prensa de ese tema que no tiene un fundamento en la realidad. 



¿Quién crea la agenda?

Pienso que la agenda mediática no la construyen únicamente los medios de comunicación y los periodistas, sino que hay un interjuego entre el sistema político, y otros actores de la sociedad civil, etc., pero no hay fuerza tampoco para un proceso de contra agendamiento que pueda plantear con el mismo tono de voz, una visión alternativa. Recuerdo que a mediados del año 2010 es el Ministerio del Interior quien coloca el tema en la agenda  y surge el problema cuando renuncia Rafael Paternain.


¿Está mal la baja de la edad de imputabilidad?

Sí, definitivamente, desde mi perspectiva contraviene toda la legislación internacional. No hay ninguna experiencia en el mundo exitosa en relación a bajar los niveles de delincuencia, que se haya logrado con una reforma legislativa que trate a los adolescentes de 16 años como adultos. Nuestra legislación tiene un sistema de responsabilidad penal juvenil… es mentira que los adolescentes no son imputables o son impunes. En nuestro país hay un Código de la Niñez y hay un sistema que los responsabiliza a partir de los 13 años. Después, a nivel de las llamadas medidas socio-educativas, existe un sistema que realmente es lamentable, porque los centros de privación de libertad de adolescentes son lugares que no reeducan a nadie en las condiciones en las que están.


¿El INAU ha mejorado?

El INAU es muy contradictorio. Es una institución que cambió en todo su nomenclátor, ya no habla más de menores, habla de niños y adolescentes; no tiene más reformatorios pero en su diseño institucional, sigue teniendo una lógica pensada en la compasión-represión. Es una institución muy grande, con procesos administrativos muy largos que realmente trancan cualquier tipo de gestión. Es una institución muy diversa que atiende a setenta mil niños, que tiene toda el área de primera infancia, de los centros CAIF que funcionan bárbaro. Es un monstruo, son esas instituciones totales diseñadas del Código del 34, que son complicadas de cambiar. El INAU por ley es el organismo rector en materia de políticas de niñez y adolescencia, pero a la vez, es el ejecutor. Eso también complica cualquier tipo de gestión.


El instituto de rehabilitación del que tanto se está hablando, ¿sería la solución?

El SIRPA (Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente) hoy está en una crisis, están presentando renuncia 55 directores. Pienso que ese organismo no debería estar dentro del INAU.                Me parece que la solución debería de pasar por reformas de fondo y generar institucionalidades distintas a las que tenemos. Las políticas de parches tienen un límite. Cada directorio que llega, pasa un año para conocer a toda la institución, seis meses más -en el mejor de los casos-, para rediseñar una reestructura, un año para tratar de llevarla a la práctica y después cambia. Creo que son necesarias reformas institucionales de fondo. Son temas que no se arreglan con capacitación.


¿Dónde se están pensando alternativas y soluciones?

A nivel de la sociedad civil hay distintos ámbitos en el marco de colectivos de ONG’s que trabajan y que están preocupadas por estos temas. Se discuten pero falta diálogo con el sistema político. Con el gobierno y con el Estado hay algunos espacios de diálogo institucionalizados. Con el INAU existe una mesa de diálogo.          En definitiva, por el peso que tiene el sistema político en nuestro país, me da la sensación de que faltan vasos comunicantes.           En la izquierda no hay tampoco una reflexión acabada o hay distintas visiones en relación al papel de este tipo de organizaciones.


¿En caso de que gane la derecha, se pueden cerrar esos lugares de diálogo con el Estado?

No. En los espacios de diálogo con la sociedad civil, no ha habido cambios sustanciales entre un gobierno y otro. Sí ha habido cambios sustanciales en el tipo y en la orientación de las políticas. Por ejemplo, el espacio más importante que nosotros tenemos es la mesa de diálogo con el INAU. Esa mesa se instaló en el año 96 o 98 cuando la presidencia de Bonasso en el INAU (entonces INAME). El otro ámbito que es relevante en materia de niñez, es el Consejo Consultivo Honorario de Niñez y Adolescencia que es un espacio interinstitucional creado por el Código de la Niñez y la Adolescencia en el 2004, votado por todos los partidos políticos.


Hay una estrategia nacional de infancia y adolescencia que se trazó para el año 2010-2015. ¿Se está aplicando?

Las orientaciones principales se están aplicando, aunque no tienen la consistencia de un plan nacional. Hay un plan  2010-2015 que hizo el gobierno pero  no tiene un ámbito de seguimiento integral. El INAU tiene su planificación estratégica. Ahora está el programa Uruguay Crece Contigo ubicado en la presidencia con una proyección estratégica para la primera infancia. Lo que percibo actualmente es mucha dispersión en lo que son las políticas de niñez y adolescencia en el país. No falta de esfuerzo, creo que hay avances, inversión de recursos.


Percibís un gobierno desordenado.

Sí, creo que no soy muy original.


La lógica compasión-represión, ¿por qué la sustituirías?

Se dice que ese binomio compasión-represión estaba en el marco de la llamada Doctrina de la Situación Irregular, donde el menor es objeto o propiedad del ámbito privado o de la familia.                        Con la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, se pasó a otorgarles el estatuto de sujeto de derecho a niños que no lo tenían. El abogado Emilio García Méndez, que es un especialista de UNICEF, plantea que la convención es la Revolución Francesa que le llega a los niños doscientos años más tarde. El plantea que se pasa del binomio compasión-represión al binomio protección-promoción y cambia la lógica. No es la represión, sino que es la protección, no es la compasión sino que es la promoción de derechos.



Hay un tema que se toca muy poco, que es el abuso sexual. 

Me parece que en ese tema ha habido algún avance pero igual es insuficiente. Hay pocos servicios especializados. El INAU ahora, hacía una licitación para servicio de atención a víctimas de violencia sexual, y creo que en el país hay ocho servicios con una capacidad para cuarenta situaciones cada uno. Ahí sí es necesaria también la capacitación en las escuelas, en los lugares más masivos en términos de prevención -no solo proteger-, sino en la promoción de estrategias de cuidado en los adultos y de autocuidado en los chiquilines.


¿Cuáles son los temas que a tu juicio están en la agenda de la adolescencia de hoy?

Desde mi punto de vista como adulto, uno de los temas es el de políticas para adolescentes, está el tema del sistema educativo, del sistema laboral, etc. No hay estudios de qué quieren los adolescentes. Nadie sabe qué quieren los adolescentes porque no se les pregunta. Yo hice una sistematización de trabajos que relevaran la opinión de los adolescentes entre el 2003 y el 2007, y me encontré con muy pocos trabajos y muy acotados, -siempre con los recaudos de que no necesariamente son representativos de los adolescentes porque no son un partido político-, pero había una preocupación grande por el sistema educativo, había opinión muy formada sobre el desempeño docente, sobre qué hacer con el abandono escolar. Había preocupación por el sistema educativo, por el trabajo, por los temas de discriminación.


¿Discriminan mucho menos los jóvenes?

No sé, el bullying y el ciberbullying son fenómenos que están entre pares.


De pronto discriminan otras cosas.

Puede ser que haya más aceptación de cierta diversidad, la diversidad sexual, de los temas étnicos raciales… sí. En los temas más sociales o socio-culturales no estoy muy segura; más bien me parece que hay una segmentación más fuerte.

El problema que se dio en el shopping de este chiquilín que balearon, ¿fue bien tratado por los medios?

No, fue hecho un espectáculo. Comparado con lo que fue la cobertura de la golpiza que hubo en Salto de un grupo de jóvenes salteños que atacó a otro grupo de jóvenes montevideanos -y si uno analiza cómo fue esa cobertura-, en realidad fue bastante respetuosa desde mi punto de vista porque no se reveló la identidad en ningún momento de los agresores, se dieron muy pocos datos de identificación.


Será porque la manejaron periodistas salteños.

Quizás por eso y por la extracción social de los jóvenes, de los agresores que eran jóvenes provenientes de sectores acomodados de la sociedad salteña. Eran jugadores de rugby. Me parece que fue buena de todas formas, ese tipo de cobertura en el sentido de que no contribuyó a la estigmatización y que uno después de esa nota pudiera pensar: “entonces, todos los jugadores de rugby son golpeadores”. El mismo tipo de situación que se ha dado en la puerta de otros locales donde la población es de otro origen, las coberturas fueron totalmente distintas. Identificando a los chiquilines, planteando de qué barrio vienen.



El caso del perrito en Nueva Palmira. 

Claro. Me cuesta pensar que el periodista escribe con una mala intención absoluta y que entonces, al redactar se proponen contribuir con la estigmatización de determinados sectores. Tiendo a pensar que hay una reproducción irreflexiva de ciertos valores de discriminación que puede ser social, de género, raciales, etc. Y que eso se hace de manera más o menos irreflexiva porque no se dan en las redacciones los espacios de pensar, de discutir los enfoques, porque no están los tiempos, porque operan con ese proceso de desresponsabilización.



¿Hay que internar compulsivamente a los tienen consumo problemático?

Pienso que no. El proyecto de ley que conozco me parece que es irrealizable. Ahora no sé si el Parlamento lo está trabajando.

La primera versión es irresponsable porque es irrealizable. Además de que personalmente no comparto porque tampoco hay experiencia en el mundo que demuestre que ese es el mecanismo que soluciona el problema. No hay institucionalidad para hacer eso; es inconstitucional lo que ahí está planteado porque estaba presentado como la internación compulsiva para el consumo de estupefacientes en general.



¿Pero desde el momento que el psiquiatra apruebe, deja de ser inconstitucional?

No soy abogada, pero lo que he escuchado por ejemplo de la gente del Instituto de Estudio Legales y Sociales del Uruguay (IELSUR), que es especialista en los temas jurídicos, es que era inconstitucional desde todo punto de vista. El psiquiatra no necesariamente es el que puede ordenar la intervención judicial, tiene que haber un juez. Creo que va contra todas las garantías individuales y se ve que fue redactada por gente que no conoce el problema.  



¿Cómo solucionamos el tema de estos consumos problemáticos?

No soy especialista en el tema, pero de lo que conozco, tiene que haber recursos para tratamientos específicos para los distintos consumos siempre que sean problemáticos socialmente.

Personalmente soy bastante liberal y creo que lo problemático es cuando eso se torna problemático socialmente, si no me parece que cada persona debe ser libre de decidir qué tipo de sustancia consume, siempre que no le haga mal al prójimo.


Hay como dos escuelas, la izquierda misma no sabe qué decir.

Yo me afilio a una perspectiva de política de reducción de riesgos y daños donde el Estado dé garantías. Estamos hablando de sustancias psicoactivas como el alcohol, el tabaco, la marihuana, etc. (legales e ilegales), y el Estado tiene que desarrollar sus políticas específicas para las distintas sustancias, tiene que haber políticas educativas, tiene que haber servicios de apoyo y de tratamiento para los casos que ameritan, donde el consumo se torna problemático para la persona, para su familia o para el entorno. Creo que no es un tema de seguridad. Definitivamente el Ministerio del Interior debería de intervenir en los temas sanitarios lo menos posible. El tema del narcotráfico es un tema policial, es otra cosa. Pero, los temas de consumo son temas sanitarios, son temas sociales educativos donde la rectoría la tiene que tener la política sanitaria, la política educativa, la política social y de manera residual, la política de seguridad o la política represiva. Creo que el país está asistiendo como a una traslación medio complicada de intentar resolver problemas sociales desde la perspectiva de la seguridad en la órbita del Ministerio del Interior, y creo que eso no es bueno para la convivencia. Porque vemos la realidad desde el lugar donde nos paramos, entonces hay algunos problemas que se van a poder ver con los lentes del Ministerio del Interior y se van a poder resolver, pero con esos lentes no voy a poder resolver temas de convivencia, temas de integración. Esto no es nuevo en el país, porque hubo un auge en los 90 con las políticas de seguridad ciudadana, con el desarrollo de la Dirección de Prevención Social del Delito en el Ministerio del Interior, que en ese momento fue muy cuestionada por la izquierda, justamente con este discurso de que el Ministerio del Interior no tenía que hacer prevención social del delito. 


¿Se puede considerar que hay un incremento últimamente en el consumo de alcohol o de otras sustancias en la juventud?

No manejo datos pero hay un estudio que sacó la Junta Nacional de Drogas. De lo que sé es que el consumo de pasta base es mínimo y creo que no se ha incrementado. No manejo los datos en cuanto a alcohol u otras sustancias. Intuitivamente, no me parece que haya crecido, porque por momentos aparece, capaz que a través de los medios, como que ahora, los jóvenes consumen más alcohol que antes. Recuerdo mi adolescencia…


 ¿Tomabas a morir como toman ahora?

Me acuerdo mi adolescencia en las épocas de militancia estudiantil a fines de los 80, los jóvenes que militaban consumían alcohol.


¿Qué recomendaciones les das a tus hijos y qué miedos tenés sobre la vida personal de ellos?

Recomendaciones, que se cuiden, que sean lo más felices que puedan, que trabajen por lo que quieran. Los acompaño, no soy mucho de dar consejos.


¿Estudian?

Están en cuarto, tercero y primero de liceo en el Poveda, yo soy una de las desertoras de la educación pública porque vivo en La Teja. Miedos no tengo. A veces me pongo a pensar en la diferencia de mi adolescencia y la de ellos, sobre todo por el contexto político que me gustaría que tuvieran… ellos tienen un compromiso social, hacen voluntariado. Alrededor del colegio tienen la idea del voluntariado. Trato de transmitirle que sean personas conectadas con el mundo y con lo que pasa en el resto del país con las demás personas. Veo la diferencia en el sentido de la democracia, de la política, etc. Ahora cuando salió el boleto gratuito para los estudiantes, la gente de mi generación festejaba porque era una lucha histórica, se habían quemado ómnibus por este tema, se habían hecho marchas, ocupaciones, etc. Hoy los chiquilines lo viven como parte de lo dado. No es que necesariamente esta generación sea menos politizada por eso, pero bueno, viven un tiempo histórico diferente del cual igual me parece que tienen el desafío de hacerse cargo de su propia vida y ser solidarios con la vida de los demás. Porque vivamos en democracia, porque tengamos ciertos estándares conseguidos, etc, no quiere decir que las utopías no sean posibles, que los cambios no sean posibles y que lo único que quede sea el éxito individual.


 PERFIL:


Nació en Montevideo en 1968. Fue a la escuela Cervantes y a los liceos públicos Varela y Zorrilla. Allí, le tocó el final de la generación del 83, las protestas contra el uniforme, los últimos rastros de la dictadura. Es socióloga, y se ha dedicado a los temas de niñez y adolescencia desde hace veinte años, siempre en el marco de El Abrojo. Es coordinadora de la Agencia de Comunicación para la Infancia y la Adolescencia Voz y Vos. Es madre de tres hijos, un varón de 16 y otro de 13, y una nena de 14.