lunes, 13 de mayo de 2013

La cultura es importante, pero no tanto como el descuento del 20%


PAPELES SALVAJES


La Feria del Libro de Buenos Aires es intransitable, enorme, monstruosa, y envidiable. La cultura es como dijo un gran filósofo… Dijo algo. No sé qué dijo pero algo dijo sobre la cultura. Lo importante es que uno puede comprar, comprar y comprar y no gastar tanto porque el cambio nos favorece. El “cero kilo” no corre en este caso, a pesar de que varios uruguayos traen valijas llenas de novedades editoriales, clásicos, Ludovica, Pilar Sordo, historia, filosofía, Dante, Baudelaire, Alfonsina, Mistral, y Cervantes.


Por Matías Rótulo (publicado en Voces el 9.5.13)


Y Dostoievski, Borges, Bucay, Osho, Quiroga, Víctor Hugo, Víctor Hugo, el primero brutalmente denunciado por Haberkorn y  el segundo es el otro, el que escribía mejor de lo que relata fútbol Víctor Hugo, Cortázar, Saramago y Vargas Llosa. Todos ellos en ofertas insuperables. La Feria del Libro de Buenos Aires realizada en el predio de la Asociación Rural, aquella que en la Dictadura argentina hubiera preferido quemar todos los libros antes de que fueran leídos por las clases populares, que si leían tal vez fuera por su orientación “rojita”, es como nuestra Feria del Libro multiplicada por quince.
En el predio hay cinco galpones llenos de libros. Si estuvieran llenos de telas sería una feria de telas. Pero no, son libros, por lo tanto es una feria del libro (esas explicaciones las aprendí de tanto leer libros y de tanto usar ropa de tela). Para ingresar hay que hacer una fila de cien metros sólo para pagar la entrada. Al llegar a la boletería, un señor que luce la chaqueta con el logo de la Feria y la palabra “control” te dice amablemente: “chicos, chicas, pasen por acá, no sean boludos/boludas (yo agrego el femenino para que sea equitativo con el género), y no se amontonen en un mismo lugar”. Entonces, uno entra y lo primero que percibe es el colorido, los libros por todos lados, las promociones, y la multitud.
En las mesas de libros con descuentos, aquellos que dicen “3 x 50” (siempre en pesos argentinos y de cambio muy favorable para los uruguayos), algunos compradores compulsivos van agarrando de todo un poco sin mirar qué agarran. Seguro, algún “boludo o boluda” sacaron al azar  un libro repetido.  En una misma mesa estaban las ediciones de Alfaguara de Vargas Llosa al lado de un libro que se titula Horóscopo Chino 2010 con la foto de una señora vestida de rey mago en la tapa. En esa misma mesa de ofertas había libros usados de la editorial Sudamericana, y otros mezclados de Cortázar (Todos los fuegos, el fuego, Rayuela y otros títulos en libros mal editados por una editorial desconocidos).
Más allá, en la librería del Fondo de Cultura Económica, la gente entraba a elegir un libro y para pagarlo tenía que salir veinte metros del stand para hacer la fila. Uno podría pensar ¿Por qué de paso no nos llevamos el libro? Primero porque estamos hablando de cultura y en la cultura no se afana, salvo que sea el editor del libro de la mujer vestida de rey mago que puso a la venta la quinta edición del Horóscopo 2013. Segundo, que los libros eran tan baratos que no valía la pena robarlos. Tercero que no está bien robar o hacer apología del hurto en un medio de comunicación: para eso están los que defienden a los del horóscopo.

Escritores y compradores
Los visitantes en la feria del libro caminan, se amontonan, y luchan por las ofertas. Muestran los colmillos, no se detienen a reflexionar sobre lo que comprar,  pero compran. Aquellos que quieren leer la contratapa de un libro para enterarse de qué se trata corren el riesgo de ser aplastados. Hay, además, un alto tráfico de tickets de descuentos (a cada persona con la entrada le daban tres cupones de descuento de 7 pesos argentinos) que van y vienen entre vendedores y compradores. Pero si la compra es mayor a los 400 pesos argentinos, conviene pedirles a los vendedores un descuentito más (no me den las gracias por el consejo que les doy, lo hago de solidario que soy). El 20% de descuento hacía que aquellos que no utilizaban los cupones de 7 pesos dejaran arriba de las mesas de descuento sus cupones no utilizados que agarraban otros compradores para aumentar sus posibilidades de compras. Eso es porque la cultura es solidaria, se comparte con el otro el conocimiento. Si fuera un bar que entrega tickets, tal vez uno se bebería hasta la última gota con tal de gastar el beneficio.
Otros que aprovechan su momento son los fanáticos de los escritores de moda, o sicólogos devenidos en escritores de moda, o escritores de moda devenidos en estrellas del jet set. Entonces, las filas de personas esperando por un autógrafo se extiende a treinta metros de largo y el amontonamiento se convierte en insoportable. En uno de los stand, había una escritora que al no ser famosa, se conformaba con leer un folleto de otro libro esperando que alguien se dignara a comprarle el libro para que ella lo firmase. Dio lástima verla solita. Escribió una novela sobre el amor entre dos hermanos que lucharon por la independencia… no importa, al lado había una mesa de ofertas por lo que no le presté atención a la señora (no está permitido hacer apología del hurto pero sí es bien visto hacer apología de la compra compulsiva).
Pero ya dije que hay otros escritores que tuvieron mejor suerte. Una de las filas se extendía por más de cincuenta metros. ¿Quién era la que firmaba autógrafos y vendía libros como tortas fritas en la puerta de la Facultad de Derecho? Era la astróloga del libro de 2010 con ella en la tapa vestida de rey mago, que ahora publicó el Horóscopo 2013 y que la vuelve a tener a ella en la tapa vestida de rey mago. Ella fue a la feria del libro a firmar autógrafos vestida de rey mago. Confirmado: los reyes magos son los astrólogos.
En uno de los escenarios ubicado en el interior del uno de los galpones comenzó a sonar una banda de blues (porque es cultura, chabón), pero como al lado había un stand de la provincia de Mendoza, y más atrás uno de una editorial infantil donde los niños gritaban, el blues era confuso, ruidoso y molesto. Lo mismo con la decena de escritores que daban charlas sobre su obra pero que por el tumulto, el ruido, y la mala amplificación impedía que se escuchara adecuadamente.

Comprar, comprar
Muchas luces, avisos de empresas, editoriales, y dinero ganado a paladas gracias a los compradores y más compradores que encuentran ofertas y ofertas y son motivados, a veces por el interés cultural y otras por sus ansias de gastar.
La cultura no está ajena al mercado, y el mercado no lo está de la cultura. Los stands de libros taquilleros, los de Best Seller estuvieron siempre repletos. Los que ofrecían textos  o escritores no tan conocidos, o aquellos producidos desde la academia (por ejemplo los stands universitarios), son lugar de siesta constante para los encargados. La gran pregunta que me hago es ¿Será la cultura, el interés por la lectura lo que mueve a los cientos de miles de visitantes de la monstruosa feria del libro porteña? ¿Será la ambición de comprar y comprar por el simple hecho de acumular? ¿Hay un poco de ambas cosas? Deberíamos cuestionarnos ese tipo de asuntos, cuestiones esenciales para el hombre. Lo dice alguien que se trajo una valija llena de libros, que aprovechó los descuentos, que compró sin querer dos libros iguales por agarrar como un desenfrenado las ofertas de una mesa de ofertas (el otro se lo regalé a una amiga que se entera ahora que no pensé en ella al comprarlo y que me salió regalado). No veo la hora que se haga una feria de telas en Buenos Aires, ya que ahora con el cambio a nuestro favor nos convendrá y mucho ir a probar suerte. De última, la tela es tejido y “texto” proviene de la palabra tejido (tejido de letras). El anterior fue un aporte a la cultura, el único de esta columna.