lunes, 10 de junio de 2013

El orgullo del montevideano



Solo un montevideano puede estar orgulloso de chistarle al guarda.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso de escuchar la canción de Rada que dice “chistarle al guarda” y llorar.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso de chistarle al guarda aunque hay botones de aviso.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso de contarle a un gurí que no sabe lo que es chistarle al guarda que antes “se chistaba a
l guarda”, mostrando una sonrisa de “mira que adulto que soy”.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso de pararse en un 526 detrás de una colegiala y acercarse a la pollerita tableadita.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso de subirse al ómnibus lleno hasta la puerta y no pagarle el boleto al guarda.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso, si nota que demora poco el ómnibus que espera.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso al darle el asiento a una embarazada, discapacitado, anciano, niño, o rubia tetona.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso de si mismo al llevar su mate, termo sin quemar a nadie, cuando no se puede tomar mate en un ómnibus.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso, de llegar a tiempo a casa en un ómnibus lento, destartalado, sucio, y con la cumbia a todo lo que da.
Sólo un montevideano puede estar orgulloso de escribir una columna en su blog sobre cosas que pasan en los ómnibus.

Por Matías Rótulo