lunes, 21 de octubre de 2013

Me declaro culpable

Me declaro culpable de haber fotocopiado alguna vez un libro.

También acuso de cómplices a absolutamente todos mis docentes (no los nombraré pero yendo a los archivos de Secundaria, Universidad de la República e Instituto de Profesores Artigas e indagar en mi escolaridad, el Servicio de Inteligencia podrá rastrearlos fácilmente). En mi acusación pública incluyo a los centros de estudiantes, y locales afines, y a las miles y miles de personas que han realizado el mismo acto delictivo. 

También acuso a las autoridades de: El Minisiterio de Educación y Cultura (de ahora y de antes) que permite el fotocopíado de libros en centros privados de educación; A las autoridades de la Administración Nacional de Educación Pública (de ahora y de antes) y así hasta llegar al último funcionario de todos los subsistemas, que permite que funcionen fotocopiadoras dentro de los centros educativos; al Consejo Directivo Central de la Universidad de la República, empezando por el rector y todos los rectores que pasaron por permitir que dentro de los centros se fotocopien libros. A las actuales y anteriores autoridades de la Biblioteca Nacional que permite el fotocopiado de libros enteros. A la Intendencia Municipal de Montevideo que cobija la práctica de la fotocopiada prestando libros en sus bibliotecas municipales. 

Mis razones personales: los precios de los libros atentan contra el acceso de la ciudadanía. En otras épocas, la Biblioteca Nacional consistía en un caos de malos tratos y desinformación que obligaban a no poder ir a dicha institución. 

Por tal motivo, me entrego por esta vía públicamente a la Justicia y reclamo que se dejen de considerar todos los casos tratados ahora para someterme a un juicio que sea ejemplar para el resto de la sociedad. 
Además solicito que todos los mencionados sean sometidos con la misma severidad. Tengo pruebas: las fotocopias que he sacado en toda mi carrera estudiantil. 

Este país, a partir de ahora dará un salto al orden, gracias al arresto de los fotocopiadores.

Gracias Bonomi, muchas gracias. Gracias a la editorial que ha denunciado estos procedimientos ilegales.  


P.D.: Hoy les dejé a mis alumnos de tercer año de un liceo diurno la fotocopia entera de Los siete locos de Roberto Arlt. No voy a decir nada más para que no le caigan a la señora de la fotocopiadora. Merezco el peor de los castigos. 

Por M.R.