lunes, 23 de diciembre de 2013

Rehaciendo a Spinetta


Texto y selección Matías Rótulo


Debo reconocer que no sé tocar la guitarra. Que apenas puedo esbozar cosas escritas, torpes, mal escritas. Reconozco que no me queda otra opción, que debo abandonar cualquier intento de producción artística propia para encerrarme en los literatura y la música siempre ajena.
Por suerte Gisselle Tapia me acompaña desde Estados Unidos en este proyecto de interpretar a nuestro modo a Spinetta. Ella es la que hace casi todo el trabajo: elige la canción, la prepara, ensaya y la graba. Yo simplemente analizo la letra.

En mi recorrida por Youtube.com, he visto cientos de covers de las canciones de Spinetta. Cada una de ellas interpretadas con el respeto de aquel que hizo arte, con el respeto a su arte, pero sin olvidarse que es también parte del arte, la reconstrucción del nuevo autor: quien transforma el molde lo original en un nuevo hecho artístico. Si algo no quedó cerrado nunca con la muerte de Luis Alberto Spinetta, eso es el sepulcro que cobijará eternamente su arte. Porque es arte abierto, libre, volando en el aire desnudo de su presencia, pero que usa los vestidos de su sonido. Arte para ser transformado... Ayer, escuchando "Penumbra" me encontré con una transformación minúscula: era yo mismo el que había cambiado desde la última vez que la escuché, tal vez hace un par de meses o dos días, no sé.

Cada uno hace del arte una materia y de la forma en su interior. Cada uno llena los espacios vacíos en la narración de un cuento, completa el final, le da forma a los personajes, los mata a su manera, los enamora con su amor.

Quienes hacen covers, en particular los de Spinetta, renuevan a Spinetta. Uno puede entrar en consideraciones tales como si va más lento, si arrastra las vocales finales, si no suspiró debidamente, si está mal vestido el cantante y demás... Quién quiera ver una copia de original, que mire el original.

He visto a Rocío Heredia y su versión de "Los libros de la buena memoria". No sé de dónde es, ni cuántos años tiene. Eso no importa, porque lo que sé es que ahí mismo, desde el mismo inicio de su versión es a  Rocío Heredia que se adueña de la canción, toma la materia, la transforma y la hace una nueva forma, tal como alguna vez leí en un tratado de Estética.







Quien quiera Mímesis (imitación), se salteará la versión de Paloma Santos Barceló de Cantata de puentes amarillos. Su guitarra florida se acompaña de la dulzura primaveral de su voz, en una canción de casi diez minutos:








Una de mis favoritas es la de este laburante en un subte porteño:









Sobre Viento, estos dos elementales leches, hacen "Elementales Leches":






Gustavo Spina en el piano y voz desde el living de su casa, echando afuera la superstición con "Superchería":





"Holanda", con ritmo cambiado del original, una hermosa pieza de esta banda argentina.




Para terminar, Gisselle, mi amiga y compañera de viaje en esta aventura spinetteana, hace "Casas marcadas". Ella como los otros, hacen con su música sus propios apuntes spinetteanos. Lo perciben de una forma, lo rehacen, y quienes los escuchamos lo volvemos a percibir. No sé tocar la guitarra, tan sólo sé escuchar, y escuchar es un arte no menor.