viernes, 28 de febrero de 2014

Lector in lector


Ella inspeccionó los ojos de él. Él se sintió intimidado ante su belleza. Ella insistió, adelantando el mentón, como queriendo introducir sus ojos en los ojos de él. Como los gestos no alcanzaban, ella le preguntó finalmente qué tenía que decir él de la obra de ella. De la foto. “¿De la foto?” preguntó él con los ojos en el relato. “¿De la foto y el relato”? respondió ella fastidiada.  Ella, ante los ojos de él fue perdiendo la belleza. Volvió a mirar la foto, volvió a mirar las letras del relato pero a una velocidad en la cual apenas podía captar algunas letras, distinguir un par de palabras.


Ella en silencio lo miró, alejando su cara de la de él para permitirle el espacio de reflexión.
Él le dijo que le gustaba. “Me gusta” pareció esbozar de sus labios de hombre, secos de dudas. Ella, Cecilia, le gritó ganándole al sonido un espacio que su belleza olvidaba como un despojo de furia en fuga. Le gritó “no quiero que me digas que te gusta”. Pero después sonrió y su hermosura humedeció los labios de él. “Entonces te digo que no me gusta”, mordió él –Mauro-, como una acusación desconsolada. “No quiero que me digas ni que te gusta, ni que no te gusta”. Ella quería que él mirara la foto, leyera la historia que la acompañaba y que le contara el resto de la historia que él se hacía en la mente. “No sé –comenzó a decir Mauro  aunque se contuvo una fracción de segundo por el cambio repentino de Cecilia que de hermosa, se volvía lentamente cruel, con sus ojos más pequeños, la sangre que le brotaba casi imperceptible por sus suaves mejillas. Luego prosiguió-, vos sos la artista”. Ella le regaló una sonrisita cómplice. Le explicó con delicadeza que si bien ella era la autora de la foto y del relato, quería que él completara los vacíos con su opinión. Que el lector, que el observador se genera una imagen en la mente, se ubica en el espacio del hombre o mujer de la foto, se imagina que hay alrededor, en ese mundo que la foto no logró captar. Que cuando se nombra al personaje del relato no se dice nada de su nacimiento, de sus hijos, de su muerte. Que el lector, que el observador completan esos espacios que la obra no expone.  
-        Que quiero que completes mi obra, que me cuentes lo que yo no capté con la cámara, lo que yo no escribí.
-        Está bien. Tu personaje está a punto de recibir un balazo, la bala no se ve en la foto. En el relato omitís contar que se murió al segundo.
-        No pasó nada de eso con mi personaje, con la persona que fotografié.
-        Yo quiero imaginármelo así.
-        Mi personaje se fue a jugar con su hija. No hubo bala.
-        Ahora el artista soy yo. Soy el que crea mi versión de los hechos. Ahora quiero que completes mi obra, que me cuentes lo que yo no capté al mirar tu foto, al leer tu relato.


Cecilia lo pensó y lo besó, esa fue su forma de completar el relato de Mauro, porque notó que Mauro esperaba eso de Cecilia. Porque su reacción desafiante así lo requería. Se desnudaron en un hotel. Tuvieron hijos. Murieron juntos en un accidente de tránsito en el cuento de alguien. El lector de ese cuento fue interrogado por el autor que le inspeccionaba los ojos al lector. El lector se intimidó.