jueves, 26 de junio de 2014

El campeonato masturbatorio comunicacional colectivo

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS




En Canal 10 comenzó un nuevo programa que se llama “Sobre ruedas”, un ciclo mundialista autorreferencial (masturbatorio comunicacional colectivo). Es un programa que demuestra que la televisión no es puro divertimento, porque de lo contrario, este programa sería algo divertido. Muestra el viaje en casa rodante al Mundial de Brasil, y a Rafael Cotelo lo acompaña un equipo de intrascendentes adultos en actitud adolescente. Rafael Cotelo empezó relatando las increíbles historias de viaje como si fuera un escolar en el momento de declamar en un acto público un libreto sobre la Independencia. Las increíbles historias de viaje son: ver cómo duermen, cómo pasan su tiempo jugando a la pelota, como desperdician comida, cómo se hacen los vivos para pasar sin acreditación, cómo pinchan la rueda de la camioneta, cómo uno de los participantes del programa orina y es mostrado de espalda en la carretera, cómo ese mismo sujeto es abandonado por el auto que se pone en marcha, cómo el muchacho debe correr por la ruta para alcanzar el auto… sí, es muy emocionante verlos en este viaje de egresados tardío.

Los verdaderos protagonistas
Menos mal que Mario Uberti tiene posición de comentarista. Gracias a Dios. La “posición de comentarista” es para Uberti lo que es la desafinación para Natalia Oreiro, la canción “Clara” para No te va gustar, el helado de caja celeste para Conaprole y la baba escupida para Larrañaga. Es algo esencial para la existencia de ese ser poco comprometido, o mejor dicho, un periodista extremadamente neutral que sin  jugársela por nada, logra tener la tan envidada “posición de comentarista”. Al menos se la juega para pedir la acreditación. Es importante que los enviados al mundial como Uberti la pasen bien, sean felices, festejen y salten llorando en cada gol. Si los comentaristas tapan a los relatores mucho mejor. El relator es importante, pero más importante es mostrar que los de alrededor estamos emocionados.
En los programas se anuncia ya no el festejo en 18 de Julio, sino que el movilero “se fue a festejar a 18 de Julio”. En otros casos los enviados a Brasil enseñan sus habitaciones, se muestran paseando, haciendo ejercicio o comiendo.
El Mundial transita entre informaciones que no buscan mostrar a la hinchada, sino cómo el periodista enviado a Brasil queda sumergido en el medio de la gente a punto de ser aplastado.
Mensaje a las hinchadas: ojo con Uberti, ya que si le quiebran un brazo no dirá nada, pero si le pierden la acreditación de su puesto de comentarista, se pone como una fiera.

Relatores
Los relatores en televisión sólo buscan su propio protagonismo: gritar con la voz quebrada el gol final de la victoria y la hazaña. Porque eso los deja como parte del logro colectivo-deportivo a ellos. Figueredo en La Tele, en cada pase que relata tiene tiempo para comer un pan con grasa ya que entre nombre y nombre demora medio minuto. Federico Paz, en Canal 4, se hiperventila. Romano hace su stand up de frases originales y tradicionales. Al otro día, los colegas de cada uno destacan a su compañero de canal como el mejor relator del Mundial. Ese es el momento de tratar al relator como Solé en el cincuenta, o como a Víctor Hugo Morales en el gol histórico de Maradona contra Inglaterra en 1986. Pero ni Romano, Figueredo y Paz son  Víctor Hugo, y nadie ha metido un gol así.

Sin título no vale
En una charla con una periodista con título universitario en comunicación que conduce un programa matinal y cuyo apellido tiene historia (Nahúm), una vez me dijo que los comunicadores deberíamos tener título universitario para trabajar en los medios. Es cierto. Con qué gracia el programa que conduce empieza con ella saltando y revoleando una banderita… Es por eso que al no ser egresado en comunicación no trabajo en televisión y me privo de ese momento de saltar como un desaforado.
Otro griterío orgiástico son los programas post-partidos de Uruguay en Canal 10 en la tarde. No hay gases, no hay eructos, no hay hombres sin remera al lado del fuego en el asado, pero hay periodistas vestidos de traje en actitud de gases, eructos y asado, opinando sobre lo macho que fue aquel jugador, los huevos del otro, etc.: un asado sin asado. El líder del grupo es Alberto Sonsol que grita, se emociona… es el tío pesado que en la fiesta de cumpleaños le invita al adolescente a tomar un vino pa´ hacerse hombrecito.
Me informo muy poco sobre el mundial, pero me quedo tranquilo por Diego González, que está viviendo su momento de gloria, sosteniendo un micrófono gritando y saltando con la hinchada “soy celeste, soy celeste”, en el más hermoso y patriota del acto masturbatorio comunicacional colectivo.