martes, 8 de julio de 2014

Graffitis y fútbol: clima de guerra en los muros de la ciudad


PAPELES SALVAJES


En la madrugada de un fin de semana de diciembre se encontraron cuatro muchachos. Dos eran hinchas de Peñarol y dos eran hinchas de Nacional. Estaban en Bulevar Artigas y Agraciada. Los de Nacional pintaron “Bolso decano” y los de Peñarol fueron atrás, minutos después, y pintaron encima de “decano”, la palabra “puto”. A los de Nacional se les ocurrió dar la vuelta y ahí comenzó la pelea.

Por Matías Rótulo (publicado el 7/3/13 en Voces)

Los muros de la ciudad son la carta de presentación para el visitante turista (amigo, según lo que propone el gobierno). Se los ve por el Prado y la rambla arriba de un ómnibus de dos pisos, de colores chillones que todavía es una novedad en la gris Montevideo. No se bajan, miran las fachadas de casas y edificios, dan algunas vueltas, los guías de turismo les dicen lo hermoso que es este lugar y los visitantes pagan chucherías que tienen plasmado en algún lugar la palabra “Uruguay”. En el camino ven estos adinerados amigos, en esas paredes que contienen nuestras pasiones vidas adentro, el testimonio de una guerra inútil a la vista de todos. Los graffitis, que en una época denunciaron abusos con ingenio y oportunidad, hoy se han convertido en una pelea más entre hinchas de fútbol. Una pelea violenta y simbólica 
En Capurro, las letras de los Redonditos de Ricota son atribuidas en relación tanto a Peñarol, Nacional como al Fénix. También al Club Atlético Capurro cuyos hinchas también se dividen entre algunos fanáticos de Peñarol y otros de Nacional.
“La Banda del Parque” que ha dominado las paredes con las siglas de su agrupación tricolor “LBDP” generó, sin quererlo, ideas a los “Vagabundos” de Wanderers, y a los tuertos violetas. Que conste que algunos hinchas de Wanderers ni siquiera saben escribir el nombre de su club y se lee “Wanders” y hasta “Woanders”.
Así, la ciudad comenzó a ser el cuaderno de quejas e insultos de los hinchas de fútbol. Se ven los escritos encima de los escritos. Donde decía “manya campeón” se lee encima de campeón “policía”, entonces vinieron los de Cerro y pintaron “manya” y escribieron después de “policía” “son los del bolso y los del manya”. Atrás vinieron los de Danubio y agregaron “como los tuertos” (pared de Colonia y Ejido).
Las paredes, las paradas, los carteles de las calles, las veredas, los muros de centros educativos e iglesias parecen papiros de la pasión o testigos de la falta de imaginación de los hinchas de fútbol.

La pelea inútil
Al principio de esta nota comencé detallando una pelea en Agraciada y Bulevar ocurrida hace pocas semanas. En las calles, de madrugada, se ven “brigadas” de hinchas de fútbol buscando paredes. ¿Quiénes financian estas prácticas? Van con mochilas llenas de pomos de spray y a cara casi cubierta hacen su trabajo. Si van a cara cubierta es que es una tarea peligrosa ¿Qué ganan los hinchas de fútbol en la guerra de las paredes? ¿Qué logran ellos y sus equipos pintando encima de lo que pintaron otros? Más aún ¿Cuál es el beneficio del equipo de fútbol que debe ganar el partido, única lucha que es realmente necesaria al final de cuentas?
Montevideo parece masacrado por los escritos, insultos y rayones que carecen de originalidad. Escribir “puto”, “policía”,  “cagón”, y “gallina”, se lee como una sumatoria de insultos repetidos por todos los hinchas de todos los clubes, y al final de cuentas, se da un simple intercambio donde todos quedan empatados.
Quizás, lo que se dicen en los muros pueda o no tener una repercusión en la cancha, o en los ajustes de cuentas entre hinchadas, no lo sé. Lo que sí sé es que en la carta de presentación de Montevideo, mostramos que el fútbol es la pasión de multitudes, pero que también los hinchas de fútbol no se toman el trabajo de pensar en cómo sería la mejor forma de defender a su equipo y que poco les importa la ciudad donde viven. Mucho menos les importa el clima de violencia en el que se mueven a menudo, y lo replican simbólica y textualmente en una ciudad que ya venía arrastrando mucha violencia desde antes.