lunes, 21 de julio de 2014

Murgas en dictadura: silenciados y silenciosos en un mismo Carnaval



Un estudio realizado por dos investigadores de la Universidad de la República (UdelaR), demuestra que durante la dictadura cívico-militar, el Carnaval, entre los años 1971y 1974 tuvo textos de rechazo hacia el régimen.

Por Matías Rótulo  (Publicado el 25.2.12 en La república)
Algunas murgas hacían silencio, soportaban la censura, y otras endurecían su discurso. La dictadura hacía desaparecer uruguayos, pero también identidades culturales, entra ellas la del Carnaval con la censura en las letras, y hasta en los nombres (de “La Soberana” por ejemplo). Las murgas y la dictadura, la relación entre el lenguaje (en este caso literario), de las murgas durante esos años oscuros, fue motivo de un profundo estudio realizado por Federico Graña Viñoly, Nairí Aharonián Paraskevaídis, ambos del Instituto de Ciencias Históricas de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República.
El teórico de la literatura, el ruso Mijail Bajtin (1895-1975) se basó en una famosa obra literaria de François Rabelais (1494-1553) llamada “Gargantúa y Pantagruel” para su estudio sobre el lenguaje carnavalesco. Pues el Carnaval -resumiendo algunas de las ideas de Bajtin-, forma parte del lenguaje popular (aunque él separa estrictamente a la literatura carnavalesca). Lo carnavalesco utiliza el lenguaje, lo grotesco, el chiste y demás, para representar una nueva idea que se genera a partir de un reflejo de la realidad. Por ejemplo, en “Gargantúa y Pantagruel” se transforma a los eruditos medievales en personajes inentendibles a partir de lo grotesco, para criticar el saber enciclopédico.
Una investigación exhaustiva
Viniendo a nuestro largo Carnaval, en el estudio denominado “Murgas en dictadura. Uruguay 1971-1974”, se da cuenta del exhaustivo proceso de investigación que incluyó la consulta a los libretos de las murgas durante dicho período conservados en la Asociación General de Autores del Uruguay (Agadu). A su vez se hicieron entrevistas a letristas para complementar la información, según explicaron los autores. En el avance del informe final de la investigación se explica “la murga no es expresión única de los sectores populares, y cada conjunto tiene características distintas, pero se encuentran los mismos libretistas para murgas con propuestas bien diferenciadas, de modo que puede aventurarse que los pocos conjuntos que rechazan claramente el golpe de Estado son aquellos vinculados con orgánicas partidarias, mientras que el resto o no tiene posición, o cambia a lo largo del breve período o lo celebra”.
El estudio se basa en consultar letras y retomar otros estudios académicos al respecto. Se refleja por un lado la falta de apoyo de los intelectuales, y citando a Leo Maslíah se lee en la investigación que “en lo que respecta específicamente al ámbito del Carnaval, la censura ‘operaba como una verdadera caza de brujas entre las palabras, muchas veces más allá de la función que algunas de éstas cumplieran en los textos’”.
Mirando hacia otro lado
Según los investigadores “(de) un total de trece murgas relevadas, cinco siquiera mencionan el golpe de Estado, ni nada relativo a la escalada represiva ni a la disolución de las cámaras legislativas: Nos Obligan a Salir, Los Saltimbanquis, La Milonga Nacional, La Colombina, La Castigada. Estas murgas hablan del acontecer del año, pero no mencionan aspectos políticos ni sociales en sus letras de esos años.
Aguante la Tacada parece posicionarse a favor del golpe de Estado, si bien en algún verso se queja de la censura.
En Diablos Verdes se observa un discurso lleno de metáforas, que habla de nuevos amaneceres y de nuevos hombres que serán forjados por la lucha del pueblo: así el coro cantaba “la esperanza de lograr, la realidad de sus sueños, que luchando con empeño por el bienestar social, que logre la humanidad, que las rejas tan oscuras sean templos de cultura, cantando a la libertad, que la opresión y el terror sean dejados de lado y que el mundo iluminado con los rayos del valor sepa enterrar el cañón en la entraña de la tierra, habrá eterna primavera llena de paz y de amor, por eso los Diablos alzan en un canto de esperanza”.
La Soberana -citan los Graña y Aharonian-, “es mucho más dura (en su discurso) con su opinión acerca de los votantes de los partidos tradicionales, llegando incluso a tratarlos despectivamente”. Se puede observar en la cita que recogen cómo se refleja este aspecto: (“Cuplé de las Elecciones”, La Soberana, 1972) “siempre es el mismo este mecanismo / Qué infantilismo con el fetichismo / El magnetismo del gran dogmatismo / Es un modismo del mercantilismo. Urna: con tanto ismo el humanismo / Se va al abismo / El patriotismo del pueblerismo / Es un espejismo / Si hay mutismo y hay entreguismo / No hay artiguismo”.
Otro aspecto que recalcan los autores de la investigación es “que sólo en los textos de La Soberana se observa un discurso que apoya la actividad guerrillera del MLN. Ejemplo claro es la presentación de la murga para el Carnaval de 1972, que muestra metafóricamente a la sociedad como una jungla: se nombran varios animales describiendo personajes del quehacer uruguayo y se hace referencia específica a un animal en particular”. Es el caso de (citan letra de La Soberana) el topo. “Del topo se halagan sus trabajos de ingeniería, sus túneles”, aludiendo a la fuga de Punta Carretas y “La fauna es tan infinita / si manejamos aquello / de que abundan las chanchitas / y los oscuros camellos”.
Según concluyen los investigadores “cuanto más avanzaba el autoritarismo, los textos de estas murgas fueron permeados por el discurso hegemónico”. Sostienen que “muchos conjuntos se referían a los tupamaros como malhechores, ladrones o asesinos”. Además “a las fuerzas de izquierda como aquellas que intentaban implantar ‘ideas foráneas’, utilizando el mismo término que el propio gobierno”. En ese tono “se referirán Patos Cabreros en 1972 al Frente Amplio, en su despedida dedicada a Pepino, fundador y director desde 1917 de esa murga: ‘Y llenos de orgullo gritarle al mundo: Viva mi Uruguay, bendita tierra, cuna de amor y paz. Esto es mi Uruguay, ya no podrán cambiarlo por miles de años. Fuera los que acá ideas
foráneas quiérannos implantar. Esta libertad nuestros mayores la legaron y en nuestras venas está. Hoy no hay vencidos ni vencedor. De la lucha la llama perdió su ardor. Orientales: unámonos. Nuestro sudor sólo el trabajo da frutos de amor.”
Concluyen los investigadores que esta murga, era la misma que planteaba el fin de la censura ese 1971 y que sin el contexto de la presentación, ese texto podía hasta ser interpretado como irónico, pero definitivamente no lo es”.
Quiénes ejercían la censura
Los investigadores dan cuenta también de que varios eran los organismos encargados de controlar el contenido de las letras de las murgas, y por ende de censurarlas. “Varias eran las dependencias estatales vinculadas a la organización y control del Carnaval: el Servicio de Actos, Festejos y Espectáculos Públicos de la División Turismo del Departamento de Hoteles, Casinos y Turismo de la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), la Dirección de Cultura de la IMM y la dependencia del Ministerio del Interior encargada de publicar y hacer cumplir el Edicto del Carnaval, la Oficina de Espectáculos Públicos y el Instituto Nacional del Menor (del Ministerio de Educación y Cultura) y, por último, la llamada Comisión de Control -o Comisión de Censura-, que supo contar entre sus miembros con oficiales de las Fuerzas Armadas. A su vez, la vigilancia de los espectáculos estaba a cargo de la policía, sus ‘informantes y agentes de particular que trabajaban para el Servicio de Inteligencia’”, según Gustavo Remedi en un estudio publicado en 1996 y citado en el trabajo.
También se demuestra -además de la censura-, la existencia de multas para aquellas que no cumplían con lo dispuesto por los militares. Dos murgas multadas por no respetar la normativa en cuanto al contenido de las letras fueron “La Soberana” y “La Celeste”, según lo que citan de la explicación que brinda Xosé de Enríquez, hoy jurado del rubro letras en el Concurso Oficial de Agrupaciones Carnavalescas.
Murgas como Los Patos Cabreros, Aguante la Tacada (en 1974) se quejaron en sus actuaciones de la censura. Otro ejemplo es que “en 1972, el libreto de la murga La Soberana fue censurado en dos ocasiones: antes de empezar el Carnaval y durante el desarrollo del concurso, ‘cuando la murga fue detenida y obligada a modificar los textos’”, explica De Enríquez. Agrega que “su despedida estaba dedicada al ‘Chueco’ Maciel, y los censores obligaron a José Alanís a modificar la letra de la retirada y a cambiar Chueco por hombre, eliminando toda referencia directa al personaje”.
“Catusa” Silva (director de Araca la Cana), citado en una investigación de De Enríquez, explica “a nosotros nos sacaron ‘La cadena de las fuerzas conjuntas’” en 1973. Parte del cuplé en el que la murga decía: ‘A partir de este momento la murga se integra a la cadena oficial del Rey Momo. Fueron puestas a disposición de la Justicia las siguientes personas…’, pero lo hacíamos igual en los tablados”, indicó el director de la histórica murga.