sábado, 19 de julio de 2014

Papel de diario en papel de libro





Un artículo, este artículo, cualquier artículo periodístico es un producto ficcional. Que trate o no  de hechos ocurridos, cuando se traslada al artículo de prensa hay una selección, creación, distinción del lenguaje, poetización, etc. Hay artículos periodísticos que sólo existen con la existencia de la obra literaria.





Por Matías Rótulo (publicado en Humbral el 28/12/13)


“Hoy dice el periódico que ha muerto una mujer que conocí. Que ha perdido en su campo el Atletic y que ha amanecido nevando en París”. ¿Reconoce esta poesía? Se trata del inicio de la canción “Eclipse de mar” de Joaquín Sabina. La mención de un periódico, el relato periodístico, un programa de televisión, etc., le da a la obra poética cierta legitimidad: la de la verosimilitud. Es como si la obra poética buscara una rigurosidad en su interior aunque sea citando un periodista, medio, artículo, que jamás existió. De hecho, la construcción es ficcional, tanto la de un diario creado para que el héroe conozca una mala noticia, como que ese mismo héroe pueda salir volando.
Los romances que hoy conocemos como tal nacieron de hechos noticiosos formulados en versos de dieciséis y después ocho sílabas rimadas. Luego la historia los fosilizó en hermosas piezas que hoy estudiamos como poesía. 
Los poetas no salen casi en los diarios, pero los diarios abundan en la poesía. Mario Benedetti le dedicó ríos de tinta al tema del periodismo y de lo que alrededor de él se construye, sino basta con leer El país de la cola de paja que a los periodistas nos define como tales, a los medios como lo que son, y al país como un país con cola de paja que anda atrás de los dos tipos de uruguayos antes mencionados. En un poema, Benedetti cuestiona:

“En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe”

En respuesta a la pregunta de Benedetti podríamos poner a un lector ficcional, un montevideano tal vez que surge de una letra de Jaime Roos:

“Se para frente a un quiosco
Lo distrae un titular
y sigue como siempre
como todo en la ciudad”
(Jaime Roos, “El hombre de la calle”


Si bien tenemos computadoras, los directores de cine prefieren apostar al diario que se deja casualmente sobre una mesa y en la cual alguien se entera de algo que otras personas no querían que se enterase.
Además, los diarios en el mundo, con tanto poder e intereses, también sirven dentro de la obra ficcional como generadores de opinión. En Filosofía del tocador del Marqués de Sade, los diálogos de las sesiones sexuales se transforman en la lectura en voz alta de un panfleto que llama a los franceses a hacer un esfuerzo más por la República. La lectura es de Dolmancé, el maestro que inicia a la joven Eugenia en el mundo libertino y se apoya en el texto para convencer, ya no sólo a los personajes, sino al lector.
Los periódicos han servido históricamente para desviar la atención de un personaje  cuando es espía de otro. El espía se cubre con él el rostro mientras mira en su auto.  También es útil para matar moscas o espantar a los pájaros de Hitchock, para que Moe reciba un golpe de algún otro chiflado o para prender el fuego que luego quemará la casa donde ocurrió el asesinato.
En Pantaleón y las visitadoras Mario Vargas Llosa lleva el asunto más allá  de una simple lectura de diarios, sino que logra transmitir la Voz del Sinchi, el periodista más popular de Iquitos en Perú. El programa de media hora es presentado en el libro con las descripciones musicales, y una suerte de versión taquigráfica de lo dicho en el programa.
Las redacciones de los diarios han sido escenario de películas, series y comics. No olvidemos a Superman que en su otra vida es reportero, al Hombre Araña que es fotógrafo. Tampoco olvidemos que Mr. Bloom transita desde su monólogo interior por la redacción de un diario en el Ulisses.
Sin ir muy lejos, el músico uruguayo Garo Arakelian retoma el titular del diario “La Tribuna Popular” para narrar lo que se dijo sobre la muerte de Delmira Agustini en 1914.
Las noticias siempre son objetos de deseo para los artistas y lectores. Leer sobre la muerte de un torero en clave de poesía garcialorqueana no es lo mismo que leer la crónica, pues ambos son registros distintos, con en objetivos distintos.
Tengo junto a mí el Diario de un escritor de Fiodor Dostoievski, sus críticas periodísticas cargadas de ironía me recuerdan a los artículos de Onetti o de Buscaglia, periodismo con literatura. Recuerdo las crónicas de José Lezama Lima, pero también cómo José Lezama Lima y sus crónicas fueron parte de un libro de un cubano, y ese cubano  que además era periodista mencionado en un libro de Roberto Bolaño. Las publicaciones de novelas completas en los diarios del mundo: Los tres mosqueteros a principios de siglo en El Día.
La literatura se adelanta a los hechos históricos y le dice a la sociedad lo que será de ella. De atrás vienen los diarios para confirmar si eso fue así. A veces la literatura inventa artículos de diarios para nutriste, lo más triste es que a veces los artículos de diarios se inventan como si fueran literatura.