lunes, 24 de noviembre de 2014

El periodismo decapitado y prostituto


PAPELES SALVAJES       
Por Matías Rótulo
Publicado en Voces 456 (20/11/14)


El periodismo oriental está decapitado. No se piensa a sí mismo al estar descabezado. Cualquiera que pida un poco de reflexión crítica es el verdugo de la profesión. ¿Cómo va a pensar un cuerpo decapitado? El periodismo es asfixiado por intereses económicos y políticos. Nos prostituimos en el espectáculo y no priorizamos el interés del “bien informar”.

Elena Rojas (o Idea Vilariño) escribió en la Revista Clinamen número 4 (1947) sobre la poesía: “han de existir causas por las cuales la poesía ha llegado a ser entre nosotros una indigna tarea vergonzante” y  “nuestra poesía, la argentina también, están miserablemente  estancadas, metidas en un pantano del que nadie hace nada por salir. Pobre poesía provinciana (…) nadie sabe cantar, nadie tiene mensaje. Los mayores no nos sirven de nada, los jóvenes se limitan a registrar sus personales 'vivencias mezquinas, insulsas, manidas, literarias. Es exactamente la poesía' correspondiente a este período tibiamente burgués, burocrático y de cultura media…” ¿Por qué lo cito? Porque lo mismo se podría decir de nuestro actual periodismo, pero ella lo dice más lindo. Lo cito también porque es una poetiza hablando de los poetas, algo que en el mundo del periodismo es condenado bajo el mote de “periodista de periodismo”. Se apela, cuando hay que debatir, a la experiencia individual romántica, a que el periodista no debe cambiar el mundo, a que somos simples espejos de la realidad, idea decimonónica y a la vez actual y cómoda.
El enojo en el mundo ínfimo del periodismo uruguayo es porque los periodistas saltan en contra de los periodistas (léaseLa Reflexión Semanal” que se publica esta semana en Voces). Eso no se puede hacer, dicen algunos que prefieren no meterse en ningún tipo de debate sobre la práctica de esta profesión. Los periodistas, sin embargo, opinamos de todos los temas (yo lo hago), pero si opinan de nosotros…
¿Usted vio a alguno de los autores de las notas criticadas por estos días saliendo a defenderse? Me refiero a las notas referidas a la muchacha asesinada en Maldonado, tratada como una cualquiera por el periodismo. No, porque, los que defendieron esas notas fueron los directivos de los medios que los contratan. Esos directivos, o dueños de medios, no lamen las heridas de sus soldados, sino que exaltan la libertad de escribir lo que sea al costo que sea a favor de su negocio.
Vaz Ferreira fue criticado por su Moral para intelectuales, siendo que el intelectual criticaba a la intelectualidad. Mario Benedetti traicionó al periodismo cuando hizo El País de la cola de paja. A Gabriel García Márquez le ocurrió lo mismo cuando criticó su propia disciplina. Idea Vilariño también traicionó a los de su estirpe poética. ¿Quién se mete con el periodismo? A los periodistas nos cuesta, sabiendo que el medio es chico y que decir algo de alguien nos puede condenar al silencio.
Por otro lado existe una angustia diaria, la angustia de sobrevivir. El periodista (algunos, no todos), corren detrás de la primicia y del llenado del espacio exigido por las fábricas de papel impreso. Repiten lo que otros periodistas ya dijeron, pues el apuro del cierre o la multifunción es agobiante. Debemos prostituimos al bajo precio de la necesidad: el salario bajo, el status, la apariencia, y el desgano.
A veces asumimos discursos economicistas: “el periodista tiene que vender” y yo me pregunto ¿Por qué somos tan malos periodistas, ya que no logramos vender un mísero diario más?
El periodista escribe lo que la gente quiere leer, la gente quiere morbo, o sólo les damos morbo, pero donde nos enteremos los periodistas que alguien es morboso, o apenas lo sospechemos, lo condenamos sin más.

Pongamos nuestra cabeza en su lugar.