martes, 31 de marzo de 2015

Que le vaya mal al verdulero nuevo

INMORAL PARA TELECTUALES
Por Matías Rótulo


En la esquina de mi casa hay una nueva frutería y verdulería. Hoy, de paso por la panadería, escuché la conversación entre dos personas: "vino para complicarle la vida a X". Resulta que el señor X tiene una verdulería y frutería callejera justo al lado de la panadería ubicada en U..., en un barrio popular de Montevideo. 


Desde que vivo en el barrio, el señor X tiene su negocio con relativo buen éxito.
Pero el demonio se instaló en la esquina. El nuevo verdulero no quiere trabajar y ganarse el pan dignamente, sino destruir los logros del más viejo. Eso es al menos lo que interpreté de la charla entre las vecinas. A eso se sumó otro vecino que le auguró al nuevo verdulero un mal destino. 
Cual economista de televisión, o político televisado que sabe de economía lo mismo que yo de partículas de plomo, hizo un rápido cálculo sobre lo que el verdulero, instalado en un local bastante grande y que de a poco se va llenando de productos. Razonó que iba a gasta en alquiler, luz, empleados y productos, siendo que el señor X ya instalado no iba a perder su buena clientela. Comparó sus precios con los ventajosos precios del señor X. Es decir, el vecino que sabe de negocios verduleros, estuvo investigando al nuevo comerciante y sus productos (¿Ya no le habrá comprado?).

Una de las vecinas afirmó que le seguirá comprando al señor X, no por la calidad de su producto, sino por la relación de años que lo une al veterano comerciante. 

El señor X tiene el privilegio de los años, y la desventaja de estar en la calle vendiendo sus productos, frente al nuevo comerciante instalado y en regla (supongo). El nuevo es el terrorista, el que vino a copar al barrio. Flota en el aire del barrio la idea del gran empresario que abarca, y elimina. 
El nuevo verdulero es -no he hablado con él-, por lo que se ve un padre de familia cuyos hijos trabajan con él. 

El uruguayo inmoral pero telectual se preocupa por el vecino, pero sin temor, espera la caída del otro vecino. Desea verlo arrastrándose por el piso. Si el que cae es su favorito, seguramente irá al victimario y le comprará las chauchas y las espinacas. De caer, el señor X será una víctima lejana de la libre competencia, a veces recordado por el vacío que dejará. De caer el nuevo, el señor X, sin culpa alguna, seguirá recibiendo a sus clientes fieles.