domingo, 19 de abril de 2015

Paulo Coelho no tiene la culpa

Por Matías Rótulo



Paulo Coelho no es un mal escritor. Lo digo sin vergüenza y me someto a cualquier jurado, y debato con cualquiera, empezando por Mercedes Vigil. 
El problema lo tienen quienes lo leen. No entienden que su simpleza, criticada injustamente, obedece a que el mundo es estúpido, perdón, la gente lo es, y que por lo tanto merecemos una literatura así. También merecemos el fútbol, los juegos de azar, la televisión, el fin de semana del patrimonio, las carreras 4k, 5k, 6k 182k que se hacen todas las semanas, haciendo que la gente pague para correr sabiendo que no va a ganar nunca el primer lugar. Que pague sabiendo que se puede correr libremente, sin apuro y sin controles en la hermosa Montevideo. Que pague al igual que pagan por los libros de Coelho siendo que tienen la explicación y análisis de la obra en Rincondelvago con sólo buscar información sobre alguna obra de Shakespeare, Calderón, o inclusive Auster, dado que Coelho vive rindiéndole homenaje a lo ya escrito por otros y lo repite pero no les copia, no hace plagio, les rinde homenajes. 

No es culpa de Coelho que las chicas y los chicos anden en los ómnibus de las ciudades del mundo mostrando la tapa de alguno de sus libros, que luce su cara (como la de la foto de este artículo), como un trofeo de guerra a quienes no se animan a admitir que lo han leído. Esos son los que no tienen pudor. Se abren la chaqueta y muestran sus genitales al público, de manera simbólica. 

Es que aquellos que lo critican -repito que Coelho no tiene la culpa-, lo envidian porque el azar ha hecho que esté él mismo en la tapa de todos sus libros (en algunas ediciones no está), y no una ilustración de algunos personajes de ese libro, o algún dibujo u obra simbólica que tenga o no que ver con la literatura que se encontrará el lector adentro. Él no tiene ninguna culpa de que su nombre sea más grande que el mismo título de la obra. ¿Qué hizo Coelho para ser castigado siendo que él es más importante de lo que él mismo escribe? 

La culpa no es de Coelho, la culpa es que los mismos lectores que lo disfrutan y que son los que en un recital de música, por ejemplo rock, se emocionan sólo cuando hacen la canción esa que Radio Cero, Concierto FM, Del Sol u Océano (radios top, top, top de Uruguay) repiten todo el tiempo. Repiten la canción tal como Coelho lo hace con los motivos de sus obras. Por ejemplo: un músico X viene a Uruguay y hace una de esas canciones que nunca hace y que son verdaderas joyas ocultas (vaya a saber uno por qué) de los aparatos de venta. La gente se aburre, habla, se saca los mocos, bosteza, se besan los novios, piden una cerveza. Pero después el músico interpreta otra que fue un poco famosa, aunque bastante simplona y ahí todos suspiran en la primera nota reconocible (suele demorar el público en reconocer las notas de esa canción) y dicen: aaaaaaaaaaaaaaaa (sin "h" que no suena), y mueven la cabecita al ritmo de la reconocida melodía que ha superado los controles de calidad de emisión radial y televisiva que se maneja por lo general a partir de la repetición con repercusión económica. Lo mismo sucede con los lectores de Coelho, que lo ayudan a pasar las exigentes e injustas pruebas del mercado cuando hablan de sus libros, cuando lo mencionan  o los compran. ¿Lo único que escribió fue El Farmacéutico

Siempre hay un fiel lector de Coelho, ese que se va a enojar conmigo porque me equivoqué en el nombre del libro que mencioné en el enunciado anterior. Siempre hay un leal lector, de esos que siempre dicen "yo sí, claro que leo. Ahora estoy con Coelho". Son los mismo que siempre nombran a Galeano, y dicen escuchar a Arjona, Drexler, Buitres, Trotsky Vengarán, Justicia Infinita y Segunda Pelota. ACLARACIÓN: el primero es el reconocido escritor militante uruguayo. El segundo es uno que ganó un Oscar y es orgullo nacional no por eso, sino porque cantó un fragmento de una canción espantosa que hizo para una película, en la entrega de los Oscar, cuando no se la permitieron cantar previamente. Los uruguayos hacemos guerra en cualquier lado y nos sentimos orgullosos. Con la paz también nos sentimos orgullosos. Nos sentimos orgullosos cuando pasan cosas malas en el exterior y andaba metido algún uruguayo. Los otros son dos bandas de "rock" que siempre hacen lo mismo, se sienten eternos adolescentes aunque en el caso de Trotski..., ahora nos promete un disco "maduro" (en la promoción radial del disco), tras un montón de años de carrera de estos padres de familia gritones. que proponen salir a la esquina con amigo, perdiendo el tiempo...  Los últimos son dos reconocidos programas de radio (en Océano FM), también hecho por padres de familia gritones que proponen una revolución así súper adolescente, y que dicen que odian a Coelho, aunque también son fanáticos del  tenis (y de Trotski...), de tan pero tan revolucionarios que son. ACLARACIÓN 2: No hace falta que aclare quién es Arjona. Tiene una canción muy buena sobre la corrupción de los políticos en uno de sus primeros discos. He dicho. 

La culpa no es de Cohelo. Hace poco dijo que Ulises de James Joyce le había hecho mal a la literatura. Se nota, porque a partir de ahí aparecieron escritores como Coelho, Isabel Allende, Galeano, y yo mismo (que no escribo novelas pero escribo artículos periodísticos). Se nota que Joyce arruinó las bellas letras ya que por estos días en Uruguay, cualquier personaje (periodista, cocinero-a, músico-a, relator de fútbol, ex político-a, murguista) escribe sus pensamientos o autobiografía o recopilación de sus escritos en blogs, diarios, entrevistas, o entrevistan a personajes que son elevados a la categoría de héroes nacionales por sus vicios y locuras y todo va a un libro. Les hacen entrevistas en televisión, y salvo algunos casos, la literatura uruguaya se basa en eso: biografías del Presidente, biografías de alguien más, y demás. 

Eso es culpa de Joyce, que en Ulises nos mostró lo que piensa un tipo. El personaje mostraba desde su monólogo interior lo que pensaba y descubrimos cómo defecaba, cómo se desesperaba: es decir, nos muestra la vida de un hombre simple y algo estúpido llamado señor Bloom. Nos la muestra tal como si fuera nuestra vida. Eso es una locura, dado que odiamos ver nuestra propia vida, vernos y mostrarnos tal como hizo Bloom. Por eso es el fracaso mundial de Facebook, Twitter, videos pornográficos grabados de manera cacera y subidos a Internet, etc. Nadie usa nada de eso. 

La culpa no es de Coelho, la culpa es de Joyce que hizo que Borges, Bioy Casares, Milan Kundera, o Eco lo leyeran de una forma, y que mentes superiores como la de Coelho la leyeran de otra, y descubrieran que la obra de Joyce es una porquería. Tal vez comparta conmigo lo que dije antes de los programas de radio y músicos mencionados. No sé. 

La culpa no es de Coelho, la culpa es de todos aquellos que nunca leyeron a Coelho y que opinan de Coelho, porque en realidad son producto de las obras de Coelho, ya que estas gozan (y acá está lo mágico de sus obras) de una sencillez predeterminada, que basta con que alguien le cuente a alguien de qué trata para que ahí se termine el asunto. Lo genial de Coelho es que no hay que leer sus obras. Es como el stand up, ya que no hay que ir para saber que siempre se trata de un actor que interpreta a un gil fracasado que intenta reflejar en su frustración, la frustración de la gente y que repite los mismos chistes aburridos que ya se hicieron en las obras de Moliere o películas de Woody Allen. Por cierto, si le habrá hecho mal a la literatura la novela de Joyce que hasta en el teatro cualquier recién llegado se sube a las tablas y hacen además giras por bares. Son los mismos que hacen programas de radio. 

Pues las obras de Cohelo (brillantemente), logran que la gente no se complique con características complicadas en la psicología de los personajes, con vueltas de tuerca que nos hacen palpitar finales abiertos y profundos, etc. La psicología ha muerto. Sino basta ver cómo todos hacemos de sicólogos, gracias al simple acto de haber ido tres años a terapia, lo cual nos da derecho a decirle a un amigo lo que le pasa en su cabeza, sus angustias edípicas y demás. 

Coelho vive, y todos podemos ser Coelho (basta con leer los intentos rebuscados de hacer algo novedoso de algunos periodistas que imprimen una poética barroca, pastosa a sus entrevistas en los diarios y revistas del Uruguay. Entonces detallan la sala donde se entrevistó, que el sol entraba con pena por la ventana, que el perfume escondía un seductor muy asexuado, que las flores imitaban un paraíso donde el té se servía como en una fuente, y bla, bla, bla.). Eso así, sólo lo puede hacer Coelho o Allende (en el caso de esta última basta con leer las primeras dos páginas de Paula para desear ser Paula. 

La culpa no es de Coelho. La culpa es de los críticos literarios que no han hecho más que ensuciar al escritor nacido en Brasil. Los críticos: esa manga de soberbios que cuando dan una conferencia la tienen preparada para que la entiendan sólo ellos y sus amigos, porque utilizan un idioma indescifrable para el resto del público (aunque el resto de los del público sean críticos y estudiosos y hasta más críticos y estudiosos que ellos). Los críticos: esa gran cumbre parnasiana elevada al máximo del… te digo esto para ganarte en lo que vos no sabés. Los críticos: una raza en peligro de extinción gracias a que obras como las de Paulo Coelho no son tomadas por ellos (y por eso tienen culpa de que Coelho sea subestimado), y que no son tomadas porque ha tenido la rapidez mental de escribir sus libros para que ningún crítico se ocupe de ella, pues les arruinó el juego del pensamiento a esos todo pensantes. Los libros de Coelho no nos dejan pensar. ¿Para qué? Si el que piensa es Coelho y gana el dinero en consecuencia. 

Coelho no tiene la culpa. Él es el Mefistófeles de la literatura. Nos vino a buscar a nosotros, apostando con nuestros sufrimientos, nosotros somos Faustos que soñamos con casarnos con alguno de sus personajes mitológicos, del mundo creado por Coelho, todo-poderoso.

Coelho no tiene culpa de nada. No tiene culpa de que las editoriales lo busquen, le impriman sus libros. 

No tiene culpa. 

Insisto. 

No tiene culpa de ser Paulo Cohelo (este es otro Paulo, uno que de noche hace de pastor en la televisión).

No tiene culpa de ser Paulo Coelho (este sí es el nuestro). 

No critiquen más a Coelho. Si quieren lean a Rulfo, o ¿es que no oyes ladrar los perros?