viernes, 15 de mayo de 2015

Perfectos idiotas

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS


Por Matías Rótulo. Publicado en Voces 472 el 14/5/15.


Se terminó Verano perfecto y por el mismo camino va Día perfecto. Acabo de descubrir que la perfección no existe.

“—Quieres divertirte conmigo —dijo para sí—.
Verás qué mal rato te voy a dar”.
Doña Perfecta en la novela homóloga de Benito Pérez Galdós.

Dijo el ex panelista perfecto Fernando Cristino a La República el 19 de enero de 2015: “Me parece que Algo Contigo tiene un buen panel pero considero que Verano Perfecto es más completo. Tiene un programa más fresco, es más juvenil, si tenía que elegir entre los dos, obviamente y sin dudarlo elegía a Verano Perfecto, porque me transmitía eso, más frescura. Además, algo súper importante: los informes me gustan mucho más”. Si le planteo a Cristino la definición de Aristóteles sobre la perfección, seguramente se le dan vuelta los ojos. Utilizando el mismo razonamiento de Cristino, para no complicarla tanto, digo: una caja completa de lechugas frescas y nuevas del Mercado Modelo, es más perfecta que una caja medio vacía de lechugas del día de ayer. Entre Algo Contigo y la lechuga, obviamente me quedo con la lechuga.
Últimamente,  el ser “más fresco”, lo que “me gusta más”, o lo “más juvenil” no son patrimonio exclusivo de la consideración de Cristino, sino que son la construcción más cómoda para atraer clientes que necesitan sentirse frescos, gustados y jóvenes.
El objeto de esas empresas es vender productos de poca o escaza necesidad: refrescos, sitios web que piden que pongamos “me gusta” a cualquier cosa, o proyectos que nos proponen ser más jóvenes porque “lo viejo” es lo rechazado, lo pasado, lo que no queremos ver más. El televidente no es visto en programas como Día perfecto o Verano perfecto como sujetos críticos, sino como consumidores de un programa de televisión, al igual que compradores de un producto, -el mejor de todos-, decorado con lindas caras, adornado con brillantes colores, y con poca o nula utilidad. Nosotros nos creímos el cuento de la perfección y fuimos unos perfectos idiotas. He mirado ambos programas el mismo día, y Día Perfecto no hizo que mi jornada sea más perfecta entre los problemas propios del trabajo y la vida. Verano perfecto no me sacó el frío en julio. Lo perfecto fue algo así como la “oferta perfecta para vos” que se promociona en algunos comerciales, inclusive en los que proponen préstamos económicos a sola firma. Lo perfecto no es el producto ofrecido, sino la rebaja o la facilidad de compra. Día perfecto o Verano perfecto, productos de mala calidad (aunque frescos y completos), se ofertan como préstamos a sola firma, dejándole al espectador una deuda ideológica y cultural.
Lo perfecto
Desde lo profesional y personal, algunos de los integrantes de Verano perfecto se quedaron sin trabajo –algo que lamento profundamente-. Significa que lo que era perfecto, ya no lo es, o por lo menos para los directamente afectados. Seguramente, para los que vieron en este programa un momento de esplendor profesional, ya no podrán considerar “perfecta” su realidad, dada la problemática del otro. En ese caso, el vínculo entre trabajadores sería perfecto en solidaridad.
¿Qué fue lo perfecto de ambos programas? ¿Las pasadas de factura constante en el matinal perfecto, entre compañeros que parecían tenerse un rencor personal? ¿El contenido liviano, los comentarios banales, la repetición de esquemas vergonzosos de una televisión pensada para la neutralización de la idea del “consumidor”? Verano perfecto, ya desde su nombre, pretendía extender la idealización de una estación del año que supuestamente es “perfecta” siempre y cuando el programa en cuestión hiciera su cobertura del mismo: un móvil, las novedades del verano, la playa y fundamentalmente, la gente “linda”.
Esa cobertura fue el desfile de figuras puestos como panelistas, empaquetados en estándares de belleza, que en la autorreferencia constante de sus logros y gustos personales, lucharon por mostrar que pertenecen a una elite “perfecta” a la cual la mayoría de los ciudadanos no estamos en condiciones de pertenecer. Son de cierta clase “alta” que se auto delata como tal para reafirmarse en ella. Mucho club ecuestre, mucho paseo por Punta, mucho mundo cool en la vida privada de los panelistas, mucha vida glamorosa en el contenido del programa.
En la carta de despedida de Andy Vila se lee: “recuerdo el primer móvil desde el Conrad, lugar que usaba como mi casa para cambiarme, maquillarme y sentarme en los sillones siempre que llovía”. Ya que esto es una lucha de experiencias personales, yo que fui mandadero de farmacia durante diez años de mi vida, al no tener al Conrad cerca, me ponía bolsas de basura en los pies a falta de botas para andar en bicicleta.
Sigue la carta: “mi primer invitado fue Gabriel Corrado porque habíamos grabado una serie juntos en BsAs. Y ahora que recuerdo yo me iba a ir a vivir a BsAs y Verano Perfecto decidió…” (los puntos suspensivos son de Vila).  Lo perfecto no radica en el otro, en el televidente, sino en las sensaciones personales que han determinado el programa en su esencia. En épocas de individualismo extremo, cobijado en la idea de “redes sociales” donde cada uno muestra su ser y comenta desde su ser lo que el ser del otro muestra, ambos programas fueron una especie de lugar de terapia para quienes lo hacían. Pero eso no se transportó nunca a los televidentes. Aquello del “medio de comunicación” no fue pensado desde lo social, sino desde lo individual del sujeto que comunica al invisible universo del receptor. Dicho en palabras menos complejas: les importó muy poco el televidente.

Catálogo de lo perfecto:
-        La idealización  de las figuras argentinas de rutinaria exposición de sus fecalidades (sus cacas).
-        El hacer de ambos programas un espejo de las redes sociales construidas por los famosos. Nótese que Día Perfecto, antes de mostrar noticias de interés, presentaba cada mañana al inicio, los mensajes en las redes sociales de las figuritas de la farándula.
-        Comentar como propios los sucesos de la farándula y hechos en general de la argentina.
-        La desvinculación repentina de algunos conductores que no quedaron muy claras, ni para los afectados ni para el público.
-        El desaprovechar cuanto entrevistado tuvieron, muchos de ellos de una gran riqueza, no valorada por entrevistadores desinformados y no formados para tales casos.
-        Aprovechar la muerte de artistas mediáticos (Páez Vilaró, Galeano, China Zorrilla etc.) para acordarse del arte en las necrológicas. Los artistas no mediáticos no tuvieron lugar ya sea vivos, ya sea muertos.
-        Decir “usted quiere ver esto” imponiendo así el gusto, pero sin darle la posibilidad de formar el gusto.