martes, 11 de agosto de 2015

Parentela, un programa para otro país

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS

Por Matías Rótulo
En Semanario Voces 482 



Si fuera más lento. Si no tuviera una presentación al estilo de show nocturno norteamericano. Si se abusara de lo chabacano. Si se subiera a un tablado en febrero. Si todo terminara en una serie de parodias a otros programas. Si todo fuera un montón de risas amontonadas y fingidas alrededor de personajes mediáticos que dicen chotadas. Si se apelara a la improvisación y nada más. Si se hicieran más bromas internas que aquellas  que entiende el público que los mira. Si las actuaciones fueran perezosas, con tentadas de risas constantes al mejor estilo de parodistas o humoristas (o Carballo conduciendo su programa) intentando convencerse de que lo suyo es humor bueno e irresistible hasta para ellos mismos. Si pasara todo lo anterior, el programa estaría a la par de nuestra televisión.

No nos merecemos un programa como “Parentela”. Los mismos que ovacionamos una cantidad de pasto seco pintado con colorante verde, somos los mismos que vemos “Parentela”. ¿Nos puede gustar “Show Match” y “Parentela” a la vez?
Pero al ver “Parentela” descubrimos que ahí hay algo de calidad. Cuando se resalta un programa de televisión, todo pasa por la buena conducción o idea. Pero no podemos desconocer los componentes que hacen al todo: iluminación, escenografía, libretos, música, conducción, etc. “Parentela” cumple con la generalidad de las cosas bien hechas. Si lo hace reír o no, hay dos opciones: o no entiende los chistes o los chistes son malos. Puede haber de ambos en “Parentela”, pero aquel humorista que esté libre de carcajadas que tire la primera piedra.

Que el primer programa fue algo torpe y vertiginoso, es cierto. Que con el segundo programas las cosas se organizaron, también es cierto. El programa gira alrededor de la construcción de la familia como aquello que se hereda a pesar de todo. En el programa se cruzan las fronteras del hogar para mirar otros tipos de familias: las siamesas reporteras que son las delicias de mi Tía Yeya que desde Palmitas me pidió que nombrara a estos simpáticos personajes,  y la interna política del Mercosur por ejemplo, siendo un  reflejo de la “Familia Rodelú” popularizada en “Decalegrón”. Por momentos se abusa de lo auto referencial, algo que está mal, definitivamente mal, tal como me dice siempre la Yeya.
La abusadora es Manuela Da Silveira, hija de la generación de hijos de famosos que se hacen famosos. Es hermana de aquellos que hacen culto de la introspección colectiva, del stand up, y de las confesiones íntimas. Estamos hablando de alguien que hizo un libro porque le gusta la pasta frola. Yo voy a hacer uno porque me gusta el dulce de leche.

Pero los puntos altos del programa está en mirar una nueva forma de la artística del humor. A todo programa de televisión que se precie de tal, no le puede faltar de la entrevista al famoso para que, en este caso, hable de su parentela. Este es el momento más bajo del programa, porque “Parentela” bien se podría sostener con su propio ser. Otro punto a atender es que Manuela no debería explicarnos los chistes, aunque su papel quedaría reducido a casi nada y este, parece ser su propio programa. Es como el nene que tiene su auto nuevo por haber cumplido 18 años.
La apuesta mayor es la de hacer un programa en vivo con varios escenarios en movimiento dinámico. Las televisiones de avanzada lo vienen haciendo desde hace mucho tiempo. ¿Qué es “la televisión de avanzada”? No sé, pero quedaba bien decirlo para destacar a “Parentela”. De última, en Uruguay no hay ninguna de esas ya que somos bastante atrasaditos al respecto. Nuestra televisión abusa de los paneles de opinadores, del video tape y de una cámara paralítica que no se mueve de su lugar. Parentela apuesta a la superposición de escenarios, el movimiento en vivo en cada uno de ellos, manteniendo una línea estética única. Va por el lado de la innovación, la creación y aunque con detalles que son conocidos de otros programas de televisión, se va formando en su propia esencia.