lunes, 13 de junio de 2016

La educación no se aprende en la casa


Por Matías Rótulo 


El Inmoral pero telectual uruguayo desprende máximas surgidas del discurso televisivo. De hecho voy a desprender algunas máximas obtenidas de la televisión para justificar mi propia columna. 

El telectual e inmoral no escucha a los expertos en algo, no cree en ellos, los desprecia (porque son o somos despreciables, los docentes y periodistas somos los peores). Elige escuchar al hombre o mujer, a los inmorales pero telectuales comunes que son entrevistados en el informativo de la noche. Su discurso no es que no tenga valor por ser de "alguien común". El problema es que el común de esos discursos pierde valor cuando nadie los discute. Si no se discute, el valor es nulo, quedando como una máxima. Pero a la televisión casi no le interesa discutir, sino repetir, porque en la repetición se construye un inmoral pero telectual uruguayo de una manera más efectiva y compradora. 

Últimamente, los padres de mis alumnos, mis alumnos, miembros de mi familia, amigos y una señora que habló ayer de mañana en la televisión, quejándose de un paro de maestros tras una pelea de alumnas y después de sus padres en la puerta de la institución, plantean una nueva máxima pedagógica. Antes de plantear la máxima pedagógica, no se discute el hecho de la pelea, sino que las niñas que se peleaban vieran a sus padres pelear. Recién ahí el problema tomó un tono problemático. Ahora, se dio como natural la pelea de las chicas. 

Vamos con la máxima: es la de "en la escuela aprenden literatura, geografía, biología, y la otra educación, la del respeto a los demás y los valores, está en mi casa". Se cuestiona que los docentes hagan un paro de enseñanza curricular para realizar talleres de reflexión sobre la violencia y respeto.

Alguien que afirme que la Escuela no puede enseñar, además de lo curricular, este tipo de cosas, o no fue a la escuela o no aprendió nada. Cuando el profesor enseña biología requiere orden, respeto, pedir la palabra, tomar decisiones... en fin, algo que es compartido por el ideal de "enseñanza en la casa" de los padres perfectos, inmorales y telectuales. 

La máxima del Inmoral pero telectual es mentira. Un absurdo. Un tontería digna de tontos. ¿Estoy equivocado en decir algo tan grosero sobre el pensamiento ajeno? Sí, porque de hecho en la escuela me hicieron contraponer opiniones, debatirlas y respetarlas pero siempre en un ámbito de debate constructivo para la sociedad que financió mi educación. No. Eso no se aprende en la casa. El debate tolerante, la asociación política, el trabajo en equipo, el respeto por la diferencia del otro, la conformación de un orden político y social se construye desde nuestra más tierna infancia en la escuela. 

¿Desde cuándo un maestro no enseña respeto? Si la educación en respeto se da en la casa, voy a decir de manera absoluta: PADRES URUGUAYOS, SON UN VERDADERO DESASTRE. 

El Inmoral pero telectual que afirma este tipo de máximas construidas de un boca en boca sin fundamento, es el mismo que generalmente se queja de la falta de orden social, de respeto y "valores" (vaya uno a saber qué es un "valor" para el Inmoral telectual).  
En la escuela se aprende a vivir en sociedad, a no llegar tarde, a decir buen día, buenas noches. A ordenarse en el diálogo. También se aprende en su casa. Perdón, el Inmoral pero telectual sabe de primera mano que ni la escuela ni la casa logran esos cometidos, porque el Inmoral pero telectual uruguayo no llega a ser ni moral ni intelectual. 
Afirmar que la educación se aprende en la casa, y no en el centro educativo, es, además de una máxima erronea, una incoherencia absoluta. Si el centro educativo no está para educar, entonces que venda papas fritas. 
Cuando enseño literatura, tengo dos opciones. Enseño la metáfora y listo. O enseño la metáfota y busco una aplicación en la vida corriente para que el estudiante a la larga entienda que tiene otras herramientas para decir lo que piensa. Y al darle estas herramientas le estoy dando la posibilidad de crecer, no en literatura, sino en libertad.