El Quijote para haraganes en ciento tres páginas

PAPELES SALVAJES

Esta nota no será muy larga, de hecho, esta introducción tampoco lo será. No lo será.

Por Matías Rótulo (publicado el 4/04/13 en el Semanario Voces)


Viajé a Buenos Aires. No tengo nada más para aportar del viaje. Sí, si tengo: resulta que entré a una de esas lindas y (por ahora para nosotros) baratas librerías de la calle Florida. Entonces lo vi. Delgado como su personaje principal. De costadito como esperando que alguien acaricie con la vista sus ciento tres páginas. Era El Quijote. Un Quijote de ciento tres páginas. En la tapa decía “El Quijote” quitándole toda solemnidad al resto del título, porque el título original es muy largo: “El  Ingenioso…” no, de tan largo que es prefiero no escribirlo.
Estaba en un mostrador, un mostrador pequeño, no eran muchos libros los que reposaban encima. Había un cartel que rezaba: “libros de bolsillo”. Y ahí lo vi. Al lado de las ciento veinte páginas de la Divina Comedia (en este caso el editor no escatimó en el título y utilizaron el más largo de los dos conocidos). ¿Es más larga La Divina Comedia que El Quijote? La primera en verso, la segunda en prosa. Aunque la primera, en la versión que vi en Buenos Aires, creo que era la traducción de Jorge Luis Borges en prosa. La versión de Borges pero reducida. Tenía el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Los tres, claro está a la mitad. Obvio, son libros de bolsillo. Son para que entren en el bolsillo y en la cartera de la dama. Para que uno los lleve como una monedita, o un pañuelo, o un preservativo, un chicle, un teléfono celular, una lapicera, una llave. Para que los lea como quien paga un centavo en la feria, se suena los mocos, se pone un preservativo, mastica un chicle, o llama por teléfono: así de ligerito para que no se pase el momento.

Haraganes
No lean más esta nota. Es más, no lean las casi diez páginas de la pregunta de la semana de hoy en Voces sobre la candidatura de Tabaré. Sepan que la entrevista a Peirano es muy larga y aunque interesante, son muchas letras juntas, amontonadas aunque por suerte están las fotos para alivianar el asunto. Si van a seguir leyendo el semanario, les informo que la crítica de  teatro de Flamia es extensa porque las obras de teatro lo son, lamentablemente lo son. En un tiempo de inmediatez, de rapidez, y donde lo que no “embola” es más llamativo. Las obras literarias extensas como El Quijote, La Odisea, La Divina Comedia y Las Puertas de la Misericordia de Tomas de Mattos (esa obra sí que el larga y roza el “embole”), son demasiado pedir para un público ansioso de beber la sangre del fin.
Por eso ahora nos dan todo digerido (y vomitado). Tenemos la ensalada pronta en el supermercado y a un precio disparatado. Antes queríamos vivir mucho, ahora queremos vivir mucho pero haciendo también más cosas que antes. Las parejas duran poco, los hijos crecen rápido, la canción de moda pasa de moda en pocas semanas. Dentro de poco, El Quijote será así: “En un lugar de la mancha un hombre leía mucho y se volvió loco y al final se murió. Fin de El Quijote”. La Divina Comedia: “En el medio de su vida, Dante fue al infierno, vio cosas feas, pasó por el purgatorio, tuvo esperanza, y en el paraíso… en el paraíso la cosa fue aburrida pero es el paraíso. Fin de la obra”.
Ahora les contaré otra obra difícil de leer: Edipo, Rey: “Edipo mató al padre y no lo sabía y se acostó con la madre y tuvo hijos (no sabía que era la madre) y descubrió que era hijo de su padre, y había un ciego que le dijo de su destino, y…” no la voy a seguir porque se hizo muy complicada.
La Comedia Nacional presentó el año pasado tres horas de La Orestiada. ¿Cómo hizo para que el público resistiera? La rapidez del mundo actual, es de una velocidad que nos enlentece. Corremos, vamos  haciendo mil cosas a la vez y en el medio nos suicidamos en el tránsito, comiendo parados la comida rápida que nos engorda y nos provoca infartos, fumando en los cinco minutos que nos da el Estado como un derecho, fuera de nuestros trabajos para no matar al resto de la gente, pero asegurándonos un cáncer futuro ¿Cómo haremos para leer un libro de seiscientas páginas y terminarlo sin suicidarnos antes por el tedio? ¿Cómo vamos a hacer para disfrutarlo, entenderlo, y dialogar con él? Es fácil, compren esos libros resumidos que yo vi en Buenos Aires y que en Uruguay también se venden. O lean los resúmenes de Internet. Ahí será más inmediato todavía. Si se aburren del resumen, cambian de página, o prendan la televisión: a fin de cuentas, la televisión nos resume nuestras vidas. No lea más, Carballo lo espera.