martes, 17 de enero de 2017

Kamikaze






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2 de abril de 1982. En la calle Montevideo y 9 de Julio, el vendedor de diarios ponía la tapa de Clarín. Eran las 6 de la mañana. La capital despertaba tranquila.

Lejos de ahí, la muerte.

Inminente recuperación de Malvinas. La prensa favorita de la Dictadura se tiraba como un kamikaze en contra de la credibilidad. Todo eso ocurría cuando Spinetta editaba su L.P. recopilando temas viejos.

El disco, Kamikaze, de Luis Alberto Spinetta es una aventura en solitario, con banda sí, con oyentes también, pero en la más perturbadora soledad.

La portada misma, es una explosión roja, de letras desgastadas que anuncian la obra en una picada vertiginosa, hacía lo más profundo del arte. Es una explosión de sangre, de fuego, de manchas alternadas con la lógica de la letra empuñada en formas punteagudas. 


Desde la portada hay una idea de desastre, pero el disco en sí es un ordenado detalle de causas, consignas, y narraciones constantes y esperanzadoras, más allá de las tragedias.
Si en la canción "Kamikaze" el homenaje resulta perturbador, en "Barro tal vez" lo perturbador es la existencia en sí. La perturbadora existencia es aquella a la cual nos enfrentamos al sabernos conscientes de nuestra vida, y por ende, nuestra muerte. 


La canción

"Kamikaze" abre el disco al cual le da nombre. Rompiendo el silencio existente, sin más introducción que la nada, la canción empieza como un estruendo que lastima los oídos, con esa dulzura propia de la voz de Spinetta: 

"Cayó por fin el noble kamikaze"


La primera persona -cuando la mencionamos en el relato-, marca la territorialidad como un anuncio de los tiempos que corren. Nos inmolamos desnudando nuestras más pobres licencias personales; el artista es un ser personal que entrega su intimidad al otro. Hoy, el yo es la selfie, el anuncio por Facebook de la insignificante realidad que vivimos, el "yo pienso que..." sin que me importe lo que piense el otro. El Kamikaze no puede contar lo historia en primera persona, pues uno es kamikaze en la medida que se inmola. Para eso está el artista. El yo lírico que narra es el que recoge la historia, la hace canción. 
La nobleza del otro, de aquel héroe de guerra que es el personaje lírico de esta obra, es destacada con un simple adjetivo que se antepone al sustantivo. ¿Aquellos eran nobles? 
El "Por fin..."  establece la espera como propia. El yo lírico no es para nada ajeno de aquello. Es parte interesada, sea del bando del kamikaze o no. 

Ya no hay nobleza en nuestro espíritu, sino torpeza. El Kamikaze tenía una causa. El asesino de hoy, el que se encierra en la cabina del avión y lo estrella en Los Alpes, no es más que el producto de nuestro egocentrismo llevado al extremo. Muero por mí y conmigo voy arrastro a tantos yo como sea posible. 
Spinetta  no le cantaría -supongo- a ese Kamikaze, al asesino de pasajeros inocentes que hoy son gritos en una esperada grabación de audio por difundir, por emitir, por recuperar vaya a saber uno para qué. Ese asesino que la prensa actual insiste en llamar "suicida" cuando es suicida pero también asesino, más asesino que suicida. El Kamikaze justificó su caída con la bandera, con la sangre del otro. La historia los condena y los premia. 

Aquellos Kamikazes, los que Spinetta narró en líricas canciones, también fueron los adolescentes argentinos y los guerreros ingleses que cruzaron la frontera del patriotismo para conquistar una isla, en un país rodeado por aguas tenebrosas: la dictadura. Fueron los asiáticos que cruzaron el cielo rumbo a su objetivo, porque había una causa. ¿Se puede justificar la causa? Si, aunque no sea compartida. Kamikazes somos todos aquellos que salimos a una causa, "los locos Kamikazes" los presente etopéyicamente el yo lírico. 

Canta Spinetta:

"su piel ardió 
quemando al enemigo 

al ser tocado 

cambió de rumbo 

y apuntó hacia el fin 

así le dio razón 

a su sangre"

En la razón está la sangre, como si la sangre pensara en algo. Como si la razón considerara a la sangre como algo importante. Pues la sangre es la herencia. ¿Cuántas veces escuchamos por estos tiempos lo de la "herencia" para justificar crímenes ligados a contiendas religiosas? 



De guerras


Como una broma del futuro, después de la Segunda Guerra venía el oxímoron de la historia, algo llamado Guerra Fría. Si algo ridículo tuvo el siglo XX fue aquello, como si poco bastara todo lo ridículo que fue asesinando a la humanidad desde 1914. 

Mientras héroes de traje y corbata se disputaban armas, el Kamikaze quemó su piel para quemar al enemigo. El victorioso era el kamikaze muerto, la víctima era el enemigo muerto. Uno ganaba. 



"Cayó por fin 
el loco kamikaze 

creyó ubicar, 

su propio sol naciente 

luego en su reino 
el kamikaze comprendió su error 
al fin 
morir así 
es en vano"


Cuando el disco fue editado, la guerra en 1982 estaba cada vez más presente. El personaje lírico mencionado es el kamikaze japonés de la segunda Guerra Mundial. Morir así no era en vano para aquellos que dejaron su error al fin. En el disco también está el Águila de fuego Tupac Amarú, y Barro Tal Vez. Todos tienen el desafío del entendimiento de la soledad siniestrada. 
Ante la pregunta "¿El kamikaze es el que se la juega solo por la suya?" Spinetta responde en entrevista: "Y se juega por la pasión de lo suyo. Muere por esa pasión: el rockero con su viola y el médico con su bisturí. No quiero no sentir pasión por lo que estoy haciendo, o hacerlo por un simple y determinado compromiso con la gente. Ese es el gran error. Acá, en la guerra de las Malvinas, sé de posta que hubo kamikazes. Pero dejá de lado el plano bélico y ponelo como energía de polenta, aplicalo a la creación, a luchar contra la mediocridad y contra la destrucción del mundo”. (Vida, edición de diciembre 1982".

Kamikaze es aquel que quema al enemigo, un enemigo que no conoce, que se pone en pie de guerra contra aquel. En la guerra nada se pierde al perder la vida, Spinetta con el arte sabe que cada vida es belleza.

¿Qué es ser un Kamikaze? Así lo explica Spinetta: