martes, 3 de enero de 2017

La poesía es una "Hiedra al sol

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Charles Dickens, Lord Byron, Mario Benedetti, Antonio Machado, Luis Alberto Spinetta... todos le cantaron a la hiedra. Esa planta trepadora, embellecedora de fachadas de casas, que se adueñan rápidamente del lugar y parecen tener vida gracias a la brisa es honor de perseguidos en la Biblia


"ya no había derecho para celebrar el sábado, observar las fiestas de nuestros padres y ni siquiera para confesar que uno era judío/ Cada cual estaba obligado por una dura necesidad a participar cada mes en la comida ritual, el día del nacimiento del rey, y cuando llegaban las fiestas de Dionisio, había que acompañar el cortejo de la divinidad llevando coronas de hiedra" (A.T. Segundo libro de los Macabeos).
Spinetta arroja en la poesía (en su canción "Hiedra al Sol") otro mito bíblico, el del Jardín del Edén donde el hombre (y la mujer) fue (fueron) alguna vez feliz (felices) hasta que la duda lo (los) corrompió. En "Hiedra al Sol" es la misma duda la que interpela al vegetal, al objeto poético:


"Dime quién eres 

o quizás no estés aquí, 
qué dulzor regresa a mí 
desde el Edén, hiedra al sol..."



La hiedra trepa, quiere ascender al sol, envuelve a su presa pero necesita estar protegida. ¿La naturaleza no es tan sabia entonces, que es capaz de construir a un ser con la facultad de elevarse, pero a su vez es su perdición?  Es un objeto poético que a la vez que poderoso por aferrarse y elevarse (recordemos que la elevación es una virtud y un deseo religioso), se debilita ante la máxima expresión de la naturaleza: el Sol. 

El yo lírico en la canción de Spinetta intenta protegerla, pero como todo lo que se eleva, es inalcanzable. La brisa es el aire que se le da al agonizante, una agonizante hiedra que además es dotada por alma y por lo tanto por conciencia y sentimiento:



"Oh, mi amor... 

dime cuando queme el sol 
con mis manos haré brisa 
para que no... 



(...)



Dime ¿qué impide ayudarte? 

sólo dime que te cuesta sentir 
que en tu alma también hay amor" 


¿No seremos nosotros esa hiedra? Dotados por Dios y la naturaleza de un alma grande pero destruyéndonos a la vez, queriendo alcanzar la cima y llegar hasta el sol, hasta Dios, el calor y el color de lo extenso.



El movimiento y el color tienen que ver con la vida pero también con la muerte. Cuando más asciende más se acerca al Sol, cual mito de Ícaro (otro hombre que fue ambicioso) queriendo alcanzar al astro. De la misma forma, en el poema de Mario Benedetti "como una hiedra", la voz poética se manifiesta inválido, débil, aferrado como una hiedra a la vida, pero a la vez indefenso;



"Como una hiedra sigo trepando
por el muro que existe de nuevo
y el sol perpetuo me reconoce
y por un rato soy la vida".





Al contrario del poema de Spinetta, donde el vegetal adquiere una existencia de personaje místico al ser dotado de alma, en el de Benedetti es la voz poética la que va perdiendo su esencia vital:


"Ahora es preciso que me encuentre indefenso
a solas con la vida de mi muerte
como recién nacido
como recién asido
a la posibilidad de mi no-ser"



La muerte, el "no ser", es la expresión de la eternidad máxima, entendida desde la consciencia de la vida. 


"Oh! tal vez tal vez 

yo te abrace donde estés 
sin encuentro la armonía no tiene pie..." (Spinetta, "
Hiedra al Sol")

Spinetta le imprime un tono fúnebre manifestado no solo desde la guitarra solitaria, la voz apacible, y la melodía melancólica. La misma letra se convierte en idea de vida y muerte. La hiedra aferrada pero marchitándose, tal como el olmo seco de Antonio Machado, donde de todas formas siempre surge la esperanza:


  "Al olmo viejo, hendido por el rayo 
y en su mitad podrido, 
con las lluvias de abril y el sol de mayo 
algunas hojas verdes le han salido"




Antonio Machado le da el mismo tono fúnebre expresa:


"Fue una clara tarde, triste y soñolienta 

tarde de verano. La hiedra asomaba 
al muro del parque, negra y polvorienta... 
           La fuente sonaba" (Machado en "Fue una clara tarde"). 




La poesía



La brisa es lo que le da vida a la verde trepadora, como a nosotros Dios (según el "Génesis") nos dio con un soplido el aire para respirar. La hiedra parece moverse con los vientos. El romántico Lord Byron le imprimió un alma en movimiento tanto porque le otorgó la faculta de de trepar, personificando al vegetal, pero también vida otorgada por la brisa:


"La verde hiedra trepando inquieta
...
mueve el aire sus vástagos oscuros".

Se trata de la "Última lamentación" (XLVI) de Lord Byron, el poeta romántico de la segunda generación inglesa, donde se manifiesta el lamentar de la vida mediante la belleza de la poesía.

La hiedra de todos los poetas sostiene su vida por sí misma, aunque, como ya se expresó más arriba, debe contar con cierta protección. Si para Spinetta es la brisa aquella capaz de salvarla, para Dickens es el mismo muro que la sostiene y que le abre el camino para elevarse al Sol:


"Es planta delicada la dulce verde hiedra
que se arrastra solemne en la antiguas ruinas.
De lo que engulle escoge, por su mejor banquete,
—me supongo—, su celda por solitaria y fría.
La pared se derrumba, la piedra se deshace
satisfecha su hambre, su delicado antojo
es el polvo enmohecido que los años deshoja:
es su alegre sustento, su comida feliz" (Dickens "La Hiedra").



El no estar también es posibilidad abierta en el poema de Spinetta: 

"Todos los espejos 

se han disuelto bajo el mar 

todos los espejos sin volver... 



Dime quién eres 

o quizás no estés aquí..."



Con el mar se completa el macromundo spinetteano: el arriba y el abajo, la creación divina. La poesía le da vida a la hiedra, con ella se salva del olvido, aunque muriendo como todo ser vivo, pero convirtiéndose en eterno. Es la misma poesía la que se entrelaza: de Dickens a Machado, de Machado a Benedetti y de él a Byron, pasando por Spinetta. Toda la poesía trepa el muro de la literatura y el arte, el sueño, como una hiedra al sol. Toda la poesía es juego tal como reza, como llora la canción de Spinetta:


"dime si podré jugar 

sin los sueños 

la armonía no tiene lugar". 








Hiedra al Sol es una canción del disco Un Mañana de Luis Alberto Spinetta. Universal, 2008.