sábado, 14 de enero de 2017

Spinetta: de militancia y rock and roll




Luis Alberto Spinetta murió pero dejó una causa abierta: la del arte comprometido. El debate sobre el compromiso del arte con la sociedad tiene a marxistas y corrientes posmodernistas en diálogo a pesar de las distancias. Spinetta no salda el debate, pero en su obra deja abierta la posibilidad de que la sensibilidad (tanto del artista como del receptor), se involucren con la sociedad.
Fito Páez cuestionó hace algunos años a los críticos de la música. Dijo -entre otras cosas- que hacen “en el mejor de los casos, escuálidos proyectos domésticos de sociólogos, eso sí, potentes observadores de las conductas de sus mascotas”. Páez declara en contra de lo que se opina sobre su obra cuando se dice que “Fito es muy autobiográfico”, que “Fito se refiere a sí mismo, y demás” (vease las críticas hechas a su obra en medios como Rolling Stone, La Nación y otros).

Este debate lo han tenido por décadas los críticos de la literatura. De hecho Freud (que no fue crítico literario) se animó a ensayar sobre la psicología de Fiodor Dostoievski y sacó brillantes y después desmentidas conclusiones sobre la sexualidad, las enfermedades y la supuesta violencia por parte del padre del ruso hacía el escritor siendo niño.
En la crítica de Páez se trasluce un aspecto esencial que hasta el día de hoy se nota en el análisis de un artista de la música (cuando la música tiene letra): su letra. Tal vez para Páez, la cuestión radique en que la letra no forma parte de la obra de un músico que compone canciones con letra, siendo -aquí lo más paradójico del discurso de Páez-, que sus letras más brillantes marcaron su obra (escúchese las canciones “La casa desaparecida” o “Ámbar violeta”, o “Detrás del muro de los lamentos” como para citar algunos ejemplos).
Es como pretender no estudiar los entornos, los paisajes de las obras de Onetti o sus personajes, por el sólo hecho de que se tenga que analizar la obra como si fuera un combo de una casa de comidas rápidas.
Tester de violencia
Entonces a Spinetta no se lo podría leer sin la lectura que requieren sus letras. Letras que en muchos casos habla de una militancia. Por ejemplo, la melodía de la canción “La bengala perdida” (del disco “Tester de Violencia”), logra una elevación cercana a lo sublime (utilizando un lenguaje tomado de la estética más conservadora cuando pretende mostrar un acercamiento a lo divino). Si sacamos la letra, y en vez de nombrar (los Seres Humanos nombramos para crear y creamos para nombrar), podemos agregarle un simple “la la la” (de hecho, hay una canción que le da nombre al disco que Páez y Spinetta hicieron juntos a mediados de los ochenta y su única letra es “la la la…”) nos quedaríamos con lo sublime y nada despreciable de una melodía hermosa.
Pero la música es abstracta, nos dice algo cuando se acerca a las sensaciones que conocemos o cuando nos genera una nueva. Las letras se acompañan de un significado, de un significante. Si en “La bengala perdida” en vez de decir “un tibio día se precipitó hasta aquí, aquí donde no hay nada que hacer”, justo ahí donde la melodía y la letra se conjugan en una obra de arte de una ternura y tristeza digna de los corazones más sensibles, se deja el vació de la palabra, el sentido de la obra cambiaría.
Nada sería “La bengala perdida” sin su nombre que por casualidad, se asemeja a un hecho que años después marcó años después la historia del rock argentino en una tragedia. Pues la historia de la canción refiere a otra tragedia, una muerte en un estadio. Spinetta es narrador, historiador, y crítico de la violencia en el fútbol. “De las tribunas se puede regresar, tan solo hace falta ser de masa gris” dice la letra y después “por un color, solo por un color…” agrega en uno de sus pasajes.
Rutas argentinas
Es que Spinetta fue un militante. Fito Páez diría que soy otro sociólogo que experimento con Spinetta. Pero ¿quién puede desconocer la militancia de Spinetta? La tragedia automovilista de un grupo de estudiantes argentinos hace pocos años, motivó parte de su lucha promoviendo “El día del estudiante solidario”. La campaña tuvo a otros artistas comprometidos con la causa, y fue para sensibilizar a los automovilistas y peatones sobre los peligros del tránsito.
De la misma forma, en el interior del disco “San Cristóforo”, se indica: “tome la estatuilla y colóquela en su vehículo”. Se refiere a una pequeña estatua de plástico del San Cristóforo que venía dentro del estuche que guarda el fonograma editado en 1998 con “Los socios del desierto” (por cierto, el disco más potente en cuanto al sonido de Spinetta).
En el mismo librito y bajo el título “protección 2” se indican los pasos para poner correctamente un preservativo. Eso es militancia, es enseñanza.
Los niños y el arte
Los niños en Spinetta no solo aparecen cuando le da título al disco “Los niños que escriben en el cielo”. El homenaje a “Coquito y Piluso” en San Cristóforo reflejan una letra didáctica (en forma de homenaje al personaje de Olmedo); “Piluso y Coquito, la leche tomarán, escuchan a su abuela, y cintas de Popeye, han de mirar…”.
En “Todas las hojas son del viento”, pieza que le da una delicada apertura al disco “Artaud”, considerado por los críticos (sociólogos que experimentan), como la mayor obra musical de la música argentina, Spinetta hace un pedido de conciencia: “cuida bien al niño, cuida bien su mente, dale el sol de enero, dale un vientre blanco, dale tibia leche de tu cuerpo” y más adelante “cuídalo de drogas…”
Pero no debemos dejar pasar la letra de “Plegaria para un niño dormido” a la cual no hay nada más para agregar: “plegaria para un niño dormido, quizás tenga flores en su ombligo y además en sus dedos que se vuelven pan barcos de papel sin alta mar…”
Cuando el arte ataque
La militancia social de Spinetta también estaba situada en cierto punto, en el propio arte.
En “Cuando el arte ataque” del disco “La La La” (1986) con Fito Páez se comprometen ambos desde una mirada idealista y combativa con el arte, digna del español Gabriel Celaya (1911 – 1991) donde afirma que la poesía “es un arma cargada de futuro”.
En el texto entregado a los espectadores en el teatro Astral de Buenos Aires en 1973 cuando se lanzó “Artaud” (escrito por Spinetta), se lee: “son tantos los matices que comprenden la actitud creativa de la música local -entendiendo que en esa actitud existe un compromiso con el momento cósmico humano-, son tantos los pasos que sucesivamente deforman los proyectos, incluso los más elementales como ser mostrar una música, reunir mentes libres en un recital, producir en suma algún sonido entre la maraña complaciente y sobremuda que: el que recibe debe comprender definitivamente que los proyectos en materia de rock argentino nacen de un instinto”.
El músico agrega más adelante que “el rock no es solamente una forma determinada de ritmo o melodía. Es el impulso natural de dilucidar a través de una liberación total los conocimientos profundos a los cuales, dada la represión, el hombre cualquiera no tiene acceso”.
El tratado incluia denuncias: “denuncio a ciertas agrupaciones musicales que se alimentan con esas mentalidades no libres, a pesar de contar con el apoyo del público de mente libre. Denuncio a otros grupos musicales por repetitivos y parasitarios, por atentar contra la música amplia y desprejuiciada, estableciendo mitos con imágenes calcadas de otras músicas que son tan importantes como las que ellos no se atreven a crear ni sentir”.
El artista se critica
A Luca Prodan (1953-1987) no le gustaban las letras “rebuscadas de Spinetta”. El músico italiano líder de Sumo en una entrevista* dijo “Spinetta me parece muy rebuscado, todos dicen las letras matan, pero yo no entiendo lo que está diciendo (…) A mí me gustó ese disco “Kamikase”, eran letras más sencillas, más directas”.
¿Habrá alguna respuesta de Spinetta? Spinetta respondía con su propia obra. Después de morir, el canal de televisión argentino Encuentro recordó una entrevista reciente que se le hizo. En la misma el músico explicaba que la letra de “Muchacha ojos de papel” tenía cierto contenido machista. “No hables más muchacha, corazón de tiza”, parafraseando a Spinetta, era visto como una imposición del hombre a la mujer.
Pero no debemos perder de vista una de las premisas del crítico literario Roland Barthes (1915 – 1980), que afirma que en un texto, el autor muere, quedando una voz narrativa: la del narrador. ¿Quién habla en la canción de Spinetta “Nena boba” cuya letra dice: “Nena boba no sabes bailar, nena boba no sabes amar, yo te chisto te quiero seguir y vos me respondes ‘Esto no es para mí’”.
Para los árboles
Fue un militante de la naturaleza. En Uruguay, en un recital dado en el Complejo Plaza en 2006, cuando anunció que iba a cantar “Muchacha ojos de papel dijo “voy a cantar Muchacha ojos de papelera”, e hizo un gesto de negación a la instalación de una fábrica de pasta de celulosa en Río Negro, Uruguay. La naturaleza fue -diría el teórico de la estética, el italiano Benedetto Croce (1866-1952)- el material de Spinetta para elaborar su obra. Utilizó al sol, la luna, las estrellas (el disco “Fuego gris” tal vez es el que más demuestra cómo Spinetta trabajó en base a elementos naturales), y el Durazno sangrando, ocupó título de disco, de canción y la narración que comienza “temprano el durazno del árbol cayó. Su piel era rosa dorada del sol. Y al verse en la suerte de todo frutal, a la orilla de un río su fe lo hizo llegar”.
Dios de la adolescencia
También fueron la vida y la muerte, sus relaciones personales y la poesía, el centro de su atención. Su “Bajo Belgrano”, al igual que el amor trunco de la Muchacha ojos de papel, lo tuvieron como protagonista de su obra. En los días posteriores a su muerte, la televisión argentina se ocupó de repasar la historia y vida en imágenes del músico. En una de las tantas imágenes emitidas, Spinetta se quejaba de la idolatría al músico. “Yo no soy un Dios” decía y recordaba su canción “BolsoDios” de su disco “Pan” (2006). En dicha entrevista explicaba que él era creyente. La religión atravesó su obra. “Rezo por vos” escrita con Charly García, o su voz prestada para “Bello abril” de Fito Páez cuya letra dice “Dios santo que bello abril” (disco “Naturaleza sangre”) y el ya mencionado disco “San Cristóforo”, y la poética “Diosa salvaje” de la banda Spinetta Jade, entre otros son claros ejemplos. Con invisible, el Dios de adolescencia se conjugó con una historia de vida: “Ella solo intenta ser feliz, tropezando está. Nadan hoy sus ojos entre el rímel, su mentira, ya se hundió, en la hiedra”.

(Texto publicado en el diario La República de Montevideo, por Matías Rótulo el 3 de marzo de 2012).