Matemos a Delmira



Por Matías Rótulo (publicado en Voces 436)

“En el silencio siento pasar hora tras hora
como un cortejo lento, acompasado y frío…”

Delmira Agustini


¿Quién quiere un conjunto de poemas anacrónicos y exquisitos, de una sensualidad sin cuerpos fotografiados y detalles de lujosa lujuria? Esos poemas ni siquiera sirven como los fragmentos de palabras adjudicadas a Cortázar, Borges, o Benedetti utilizados como pancartas de declaración de política barata en Facebook. Su poesía no es políticamente correcta, porque se impuso ante la civilizada sociedad del novecientos con poemas escandalosos pero admirados internacionalmente. No son poemas efectivos en estos tiempos de sencillez, porque el canto que Delmira hizo al amor se elevó al Dios Eros, la muerte no se lloró más que en metáforas sobre la frialdad de los cortejos, y el sexo son llaves entrando en cerraduras (“Amor, la noche estaba trágica y sollozante/ cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura”. Poema “El Intruso”).
¿Quién quiere leer del sexo de los ángeles, teniendo el sexo de ángeles pornográficos a un solo “enter” de distancia?

La poeta Delmira Agustini sufre cada día varias muertes nuevas. La primera sucedió el 6 de julio de 1914. Se cumplen 103 años.
La segunda muerte ocurrió cuando los diarios del 7 de julio (uruguayos y argentinos) buscaron explicaciones instantáneas y ligeras (si, la prensa ya hacía eso hace cien años) hurgando por aquella personalidad reflejada en una poesía erótica y fúnebre en las posibles causas del asesino. Se le buscó amantes, se habló de su “locura” y se justificó así su asesinato. Delmira fue asesinada por su esposo. Delmira fue asesinada por la prensa. ¡No dejemos morir la historia de esa mujer asesinada como tantas otras!
La tercera muerte se dio hace poco, cuando el periodista Diego Fischer nos dijo a toda voz en los medios de comunicación que su libro Serás mía o de nadie contenía una nueva teoría: la del pacto suicida de Delmira y su asesino. En el afán de vender, ya no solo se volvió a matar a Delmira sino que se permitió que una teoría nada nueva se presentara como novedosa. Omar Prego Gadea, antes que Fischer, hizo su propia novela histórica sobre Delmira (Delmira, Santillana, 2006). Allí el narrador se pregunta: ¿“Hubo un pacto suicida como sugirieron algunos?” refiriéndose a las serias investigaciones realizadas anteriormente por Luisa Luisi, Emir Rodríguez Monegal, Madeleine Simonet, Ofelia Machado, entre otros. Vender con la muerte de Delmira ¿No es un asesinato brutal?

Reviviendo a Delmira
Delmira muere cada día –como tantos otros escritores y sus obras-, cuando casi no es mencionado salvo anécdotas lejanas en artículos de prensa casi nunca referidos a su obra sino a su muerte. En los diarios y semanarios de Montevideo, de circulación nacional desde el año 2009 a 2013, Delmira aparece en más de 180 artículos. Sólo en cuatro se habla de su poesía como tema central. Aparece indirectamente su vida y su obra gracias a la entrega del premio “Delmira Agustini”, en diversos homenajes realizados por otros artistas, o en relación a otros escritores.
Ella, el personaje histórico y su poesía, reviven en las clases de los liceos públicos y privados, eternizada en el programa de literatura de tercer año. Los adolescentes se encuentran frente a un espejo expresivo distinto al suyo. Con Delmira amplían el lenguaje fragmentado y limitado de “me gusta”, “no me gusta”, “si” y “no”. Descubren una nueva forma de expresar sentimientos humanos generados por el amor, el erotismo y la muerte: “Yo muero extrañamente...  No me mata la Vida. No me mata la Muerte, no me mata el Amor” (Lo inefable).   

Hoy lea un poema de Delmira, hágala vivir.