Apuntes Spinetteanos: Viento del azur, ¿un poema simbolista?



Por Matías Rótulo
Junio de 2026

Hay una canción de Spinetta que puede leerse desde la tradición del simbolismo francés: "Viento del azur", que abre el disco A 18' del Sol (1977).

Jean Moréas escribía en el Manifiesto simbolista (1886): "La poesía simbólica busca revestir la Idea con una forma sensible".

De ahí que el símbolo resulte más sugerente (y urgente) que la descripción directa de la cosa, porque permite que cada lector complete el sentido desde su propia subjetividad, más allá de la existencia de códigos y símbolos estudiados, por ejemplo, por la semiótica.

Para comprender mejor esta idea, Mallarmé afirmaba:

"Nombrar un objeto es suprimir las tres cuartas partes del placer del poema; sugerirlo, ese es el ideal".

Como ejemplo de este poeta, podemos citar L'Azur (1864):

"Pues deseo, mi cerebro al fin está vacío
como un tarro de afeites yaciendo al pie del muro,
y no sabe ataviar a la idea sollozante,
lúgubre bostezar hacia la oscura muerte".

Sin dudas, hubiera sido más sencillo decir: el poeta ya no tiene más ideas. Pero justamente el simbolismo evita esa formulación directa y construye una imagen capaz de sugerir el vacío creador.

En la canción de Spinetta, que abre un disco cargado de simbolismos, desde su título hasta el arte de tapa, leemos:

Dulce y hermosa flor de la mañana
Ya tu corola se despertó
Tu perfume se disipó
Abrazado al viento del azur

La flor es un símbolo de lo efímero. Como todo ser vivo, nace y muere, pero también remite al nacimiento, la fecundidad, la primavera y la belleza. Al mismo tiempo, esos significados existen en tensión con la esterilidad, la muerte y las estaciones sin flores. Y ahí está el poeta en la contemplación. Porque lo que se muestra es eso, la belleza de las cosas más simples, la flor, su perfume, su forma, pero también se manifestará el pensamiento de lo éfimero, la soledad el frío y la oscuridad. 

Claramente,en este primer momento de la obra, la flor se encuentra en el inicio de su ciclo vital porque despierta y comienza a abrirse. Es una flor que inaugura el día, saludable y en movimiento. El viento y el propio acto de abrirse parecen darle vida. La escena se desarrolla lentamente ante nuestros ojos, aunque transcurra en apenas unos versos. Nuestros ojos, son los ojos (y el olfato) del poeta que contempla para nosotros la belleza. Nosotros, por ende, contemplaremos la belleza que nos expresa el poeta. 

Antes de ser nombrada, la flor es presentada mediante dos adjetivos: "dulce" y "hermosa". En ellos se conjugan distintos sentidos. La belleza remite a la vista; la dulzura anticipa el perfume. Sin embargo, la escena transcurre con tal rapidez que apenas contemplamos la apertura de la flor cuando su perfume ya "se disipó". Ese verbo sugiere la fugacidad de una experiencia imposible de retener. Podemos imaginar la fragancia, pero ni el artículo ni la propia canción pueden transmitirla plenamente.

En el poema L'Azur, antes citado, Mallarmé escribe: "...la bella indolencia de las flores, abruma". La belleza simboliza algo que trasciende a la flor misma: la plenitud de un instante y, quizás, el propio impulso creador. Tanto en Mallarmé como en Spinetta, la flor deja de ser un objeto para convertirse en una imagen del espíritu poético. 

De hecho, es en el tercer y cuarto verso donde el símbolo adquiere toda su fuerza:

Tu perfume se disipó
Abrazado al viento del azur.

Aparece entonces el azur, palabra de fuerte resonancia en la tradición simbolista. Spinetta no escribe simplemente "azul". Elige un término de mayor densidad poética, que remite a un cielo ideal, a una dimensión espiritual y, al mismo tiempo, aporta una musicalidad particular al verso. La elección de esa palabra no solo embellece la sonoridad de la canción, sino que también la conecta con un universo literario donde el color deja de ser una referencia visual para convertirse en un símbolo.

En la tercera y última estrofa se repite la estructura, pero cambian los dos versos finales:

Dulce y hermosa flor de la mañana
Ya tu corola se despertó
Tu destino cerrado está
o mi pasión o el aire te abrirán

En los versos "Tu destino cerrado está / O mi pasión o el aire te abrirán" se plantea una tensión entre dos fuerzas: la pasión del yo lírico y el aire, entendido como impulso vital. Ambas aparecen como posibilidades de apertura frente a un destino que parece clausurado.

No sabemos si esa apertura llegará efectivamente. La canción deja esa incertidumbre abierta. El símbolo conserva así su ambigüedad: la flor puede representar tanto la inspiración poética como la belleza efímera o incluso la propia posibilidad de creación.

El yo lírico permanece en actitud contemplativa. Observa, espera y acompaña el devenir de la flor sin dominarlo. Del mismo modo, el poeta aguarda la llegada de la inspiración, consciente de que esta no puede imponerse por voluntad propia. Solo la pasión o ese aire que atraviesa toda la canción parecen capaces de abrir nuevamente aquello que el destino mantiene cerrado:

Tu destino cerrado está
O mi pasión o el aire te abrirán.

La flor que en la primera estrofa aparecía naciendo con la mañana se encuentra ahora en el contraste de la madrugada, el frío y la oscuridad. La espera ya no es la del despertar, sino la de una nueva apertura. Entre ambos momentos se construye un recorrido simbólico que va de la luz a la penumbra y del calor al frío.

El verbo "tiritar" incorpora una sensación táctil que se suma a las imágenes visuales presentes en toda la canción. Ya no solo vemos la flor: también podemos imaginar el frío que la atraviesa. El símbolo adquiere así una dimensión sensorial más amplia.

El poeta permanece atento tanto en la noche como en el día. Contempla la flor, espera su apertura y encuentra en el aire y en el azur la posibilidad de que el símbolo revele aquello que no puede decirse de manera directa.

Porque tal como escribió Mallarmé: 

"En huida, y con ojos cerrados, lo percibo, 
con un mirar tan intenso como el remordimiento, 
en mi alma vacía. ¿Huir? ¿Y qué angustiada noche 
–harapos– arrojar contra un desdén atroz?"

La voz lírica creada por Spinetta no se lo cuestiona, revisa lo vivido, por él y por la flor, contempla en un silecion poético que se expresa desde la obra. El viento de azur, es lo que mueve a esa flor, en el frío y en el disipar del perfume. Pero el viento más fuerte, es el del aire que respira el poeta, al ver a la flor, en el azur. 

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