EducaSIón: El Codicen de las contradicciones

 

La idea del Consejo Directivo Central (Codicen) de la ANEP (Administración Nacional de Educación Pública) de habilitar un mecanismo excepcional para titular docentes en ejercicio con más de ocho años de experiencia y la mitad de la carrera de Formación Docente representa una de las mayores contradicciones de la política educativa actual.

Por Matías Rótulo

Publicado en Voces, 2 de julio de 2026

En un contexto de pujas políticas internas en el seno del gobierno educativo, en el que la ANEP ni siquiera solicitó todo el presupuesto reclamado por los distintos subsistemas para la Rendición de Cuentas, aparece una nueva incoherencia porque se pretende otorgar títulos a docentes por experiencia acreditada. Esto ya cuenta con rechazos desde colectivos docentes. La idea sería reconocer “experiencias en el aula”, tal como se lee en una nota de la diaria del 27 de junio. ¿De qué experiencias en el aula hablamos? porque, por ejemplo, para Secundaria, eso no es importante a la hora del ascenso escalafonario. La decisión choca con los propios principios que la ANEP dice defender (y mucho no defiende). La primera duda surge frente al proyecto de creación de una Universidad de la Educación (Uned) que la propia ANEP impulsa. ¿Dónde queda la formación rigurosa, basada en una trayectoria que impulsa la investigación y reafirma los valores históricos de la formación docente? Según informó la diaria días atrás, el programa está dirigido a docentes con al menos ocho años de experiencia, formación disciplinar previa y un trayecto académico complementario que culminará con la obtención del título de profesor. La resolución de octubre de 2025 no establece formalmente que el título se otorgue únicamente por experiencia, sino que incorpora la experiencia como un componente acreditable junto con la formación previa y nuevas unidades curriculares. Habilita el reconocimiento de hasta 90 créditos por experiencia docente dentro de una carrera de 370 créditos, otorgándole un valor académico que hasta ahora no tenía. 

Esto demuestra que a la ANEP -la de hoy y la de siempre- poco le interesa la formación profesional. Basta ver el caso del ascenso escalafonario de los docentes: realizar una maestría o un doctorado no incide en el ascenso dentro de la carrera docente. Un docente avanza por los años de servicio, no por sus logros académicos. ¡Que les den un honoris causa a los docentes grado 7 con posgrados!

Caggiani y su doble discurso

El 11 de mayo de 2026, Pablo Caggiani (presidente de la ANEP) dijo públicamente que "la formación es clave para trabajar mejor en el sistema educativo". Apenas un mes después, la ANEP propone un mecanismo que relativiza el papel de esa misma formación. Nadie discute el valor de la experiencia, pero el problema es si la experiencia puede sustituir el recorrido académico que históricamente dio sentido al título docente. Un título no certifica únicamente que alguien enseñó durante muchos años. Certifica que transitó un plan de estudios, aprobó asignaturas, realizó prácticas, fue evaluado y culminó una formación específica. 

Contradicción política

Durante el gobierno anterior se criticó el reconocimiento de licenciaturas para docentes ya titulados porque, según se dijo, desvalorizaba los títulos universitarios. Sin embargo, aquellos docentes que debían rendir una prueba, ya habían cursado una carrera completa, un dato que, al menos, jugaba a su favor. Hoy ya no se debate la equivalencia entre dos títulos, sino el otorgamiento del propio título docente mediante un procedimiento excepcional. Si ayer se consideraba inadmisible reconocer una licenciatura a quien ya era profesor, ¿por qué hoy habría de considerarse riguroso otorgar el título de profesor a quienes no completaron la formación docente correspondiente?

Contradicción histórica

La historia de la formación docente, que tanto nombran con orgullo Caggiani y el presidente del Consejo de Formación en Educación, Walter Fernández Val, recorrió exactamente el camino inverso al que hoy proponen. José Pedro Varela impulsó la profesionalización del magisterio mediante la formación específica. Enriqueta Compte y Riqué consolidó esa concepción y Antonio Grompone creó el Instituto de Profesores Artigas sobre una idea transformadora. Como recordó recientemente la Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay (APLU) en un comunicado, Grompone sostenía en sus Conferencias pedagógicas que "la especialización en la asignatura presenta dos aspectos esenciales: uno, el del conocimiento de la disciplina elegida; el otro, el de conocer el modo de desarrollar o de aplicar esos conocimientos a la enseñanza media". Esa concepción dio origen al IPA y a la centralidad de las didácticas específicas. El título docente nunca fue concebido como una certificación de experiencia, sino como la culminación de una formación disciplinar, pedagógica y práctica. No alcanzaba con dominar una disciplina; había que formar profesores y maestros. 

Resulta paradójico, entonces, que mientras esas figuras son invocadas para defender la creación de una Universidad de la Educación, se impulse una medida que relativiza el valor de la formación. 


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