Hace muchos años leí El evangelio según Jesucristo, del portugués José Saramago. Me impresionó la descripción que hacía de los personajes, primero de María Magdalena y después de María, madre de Jesús:
"[...] María Magdalena, si ella es, ampara, y parece que va a besar, con un gesto de compasión intraducible en palabras, la mano de otra mujer, ésta sí, caída en tierra, como desamparada de fuerzas o herida de muerte. Su nombre es también María, segunda en el orden de presentación, pero, sin duda, primerísima en importancia, si algo significa el lugar central que ocupa en la región inferior de la composición".
El día que lo leí, estuve tarareando el riff principal de "Post Crucifixión", de Pescado Rabioso, que años después (quizás hace unos meses) aprendí, sin mucho éxito, a hacer en el bajo que originalmente tocó Osvaldo Frascino. Supongo que Spinetta, Amaya y Cutaia (los autores) pensaron en la furia que se manifiesta con la música desde un momento, tal vez el más furioso que pueda sentir un ser humano: la muerte de su hijo.
El yo lírico (la voz que habla) le habla a un tú lírico presente desde un discurso personal, que no necesariamente tiene por qué ser la voz de Jesús. De hecho, si el Jesús literario (todos los Jesús) paga por el pecado universal, podría ser que la voz sea —también— una voz universal:
"Abrázame
Madre del dolor
Nunca estuve tan lejos
De mi cuerpo"
Nos imaginamos un susurro desde la soledad y la tristeza agonizante del sujeto, pero con la furia de una canción que se posiciona desde un sonido estridente, asentado en el blues rock. Ese "abrázame" es un imperativo que funciona como una súplica en el momento del dolor. Como en la imagen de más arriba, La Pietà (1498-1499), una escultura en mármol de Michelangelo Buonarroti donde se representa a María sosteniendo a Jesús después de su crucifixión.
La imagen de la madre en la canción es la imagen de una madre "del dolor", no como culpable de ese sufrimiento, sino como la madre del cuerpo de Jesús que paga por el dolor universal:
"Porque Dios amó tanto al mundo que entregó a su Hijo unigénito para que nadie que demuestre tener fe en él sea destruido, sino que tenga vida eterna" (Juan 3:16).
Esa madre que sostiene en La Pietà el cuerpo de su hijo contempla un cuerpo fragmentado, alejado de su materia:
"Nunca estuve tan lejos
De mi cuerpo"
En estos versos, el abrazo es sobre el cuerpo, pero, más que nada, sobre un espíritu que parece mirar el panorama de su propia muerte. Más adelante, el alejamiento ya no está solamente en el cuerpo: está alejado del mundo. La voz lírica se va alejando mientras pide acercamiento; pide la cercanía del cuerpo de la madre mientras ve que él mismo se aleja del cuerpo y del mundo.
En La Pietà Rondanini, escultura en mármol de Michelangelo Buonarroti realizada en 1564, quizás una de sus últimas obras, se concreta de manera difusa esa unión entre madre e hijo. No hay una perfección anatómica: ambos cuerpos parecen fundirse en uno. En la canción de Pescado Rabioso se refleja, de algún modo, esta imagen:
"Abrázame
Que amanece, y hay resignación"
La resignación no es solamente un mecanismo de defensa ante el dolor, la muerte o la soledad; es también una forma de aceptación que ejercemos frente al sufrimiento. Esa madre se resigna, como el resto del mundo, a la muerte del mejor de los nuestros: Jesús.
La muerte, más allá de la resurrección, es inevitable y nos da aviso sobre lo que prosperará tras ese hecho:
"Y en esta quietud
Que ronda a mi muerte
Tengo presagios de lo que vendrá".
En La lamentación (1618-1620), de Anton van Dyck, María parece estar alejada del cuerpo, tomando sus manos en señal de respeto amoroso. Detrás aparece una figura vestida de rojo, casi maligna. Lo mismo que presagia la canción de Pescado Rabioso cuando plantea: "Y en esta quietud... tengo presagios de lo que vendrá", a partir de su propia muerte.
"Post Crucifixión" fue relacionada con una profecía de época, donde la historia reciente iba a tener, algunos años después (la canción es de 1973), a madres del dolor que, junto a sus familias, reclamarían por hijos desaparecidos en las dictaduras de América Latina. Un reclamo que, en muchos casos, continúa hasta el día de hoy.
Autor: Matías Rótulo