Bandera de Uruguay Año VI. Blog el inaugurado el 15 de diciembre de 2008. Desde Montevideo, República Oriental del Uruguay - 2014.

domingo, 13 de abril de 2014

Boliches, el corazón del barrio

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS






¿El boliche es el corazón del barrio? También lo es la escuela, la iglesia, (la sinagoga en algunos barrios), el club político, el club social, la plaza… El corazón del barrio se muda de acuerdo a la zona y la persona. Para mi Tía Yeya el corazón del barrio es el baile de Palmitas con canilla libre del único perfume francés del pueblo. Para los parroquianos del Bar El Hacha el corazón del barrio es el Bar El Hacha y para los de Fun Fun es Fun Fun.

Por Matías Rótulo (Publicado el 10/4/14 en Voces) 

Marcelo Fernández conduce “Boliches” (viernes a las 23:00 horas por Canal10). Los periodistas deportivos van a mundiales, Julio Alonso viaja por el mundo, Sergio Gorzy se convierte en Presidente del Comité Israelita ¿Y qué hace Marcelo? Se va de copas.
Por fin el veterano encopado que te dice lo mismo que Larrañaga pero con más convicción, o el muchacho que apenado se apoya en la barra como Constanza el día después de las internas, tienen un lugar en nuestra televisión.

                                             
Hace algunas semanas criticábamos cierto fomento a la payasada a partir del festejo de las acciones de los sujetos alcoholizados (en la columna sobre el programa “Súbete a mi moto”). En el caso de “Boliches” podríamos pensar que:

1. El programa promociona boliches y por lo tanto se fomenta que la gente vaya a este tipo de comercios como punto de encuentro de alcohólicos, por lo tanto enfermos.

2. Se busca establecer una conexión entre una cultura y una identidad popular y por ende local. Ese relacionamiento se da en base a la investigación periodística cuyo resultado es el conjunto de testimonios orales e históricos que construyen un relato educativo, cultural y analítico.

Nos quedamos con la segunda hipótesis (hip, hip). Superada la payasada de la onomatopeya del hipo de un borracho, podemos avanzar en explicar por qué este programa de televisión nos sugiere aquello de lo cultural, aunque para muchos el boliche tenga más de “popular” que de cultura, siendo “lo popular” –en todo caso- también lo cultural. En fin… mozo, traiga una caña.

El boliche es el corazón del barrio en tanto centro de reunión social, pero también como testigo de la historia local. Los boliches forman parte del paisaje y se van a acomodando a él. Sobreviven o no a las crisis económicas, los cambios políticos, y los traspasos de dueños. En el interior de estos recintos hay documentos que “Boliches” recoge en su relato, los presenta al televidente y analiza aquellos cambios que el lugar y su gente experimentaron.

 El programa camina en línea recta (si camina en línea recta es que no ha consumido ninguna bebida alcohólica), hacía la investigación periodística seria. Cuando muchas veces pensamos que los que están en pedo son los que informan cosas más seria en diarios, radios e informativos, resulta que el más sobrio en la investigación es el que se rodea de mamertos para hacer un programa.

El trabajo de producción de “Boliches” es como un güisqui (así escrito) escocés. Las imágenes son dulces como un licor de menta, y la fotografía es delicada como el postre con el café. El menú principal son unos tallarines con tuco. Esto último no tiene nada que ver, simplemente quiero contarles que estoy en un bar céntrico mientras escribo la nota.

En todos los programas hay un relato coherente y sin arrastrar la lengua. Se procura vincular siempre las historias de los protagonistas con la identidad de una sociedad que en buena medida se construyó alrededor del café de la esquina. Por las mesas de los boliches pasaron intelectuales, los no intelectuales, la vida social del Montevideo creado míticamente en las historias de la barra. El programa de Fernández también reúne  a personajes reconocidos del ambiente social y cultural como forma de exponer sus vivencias y confirmar que el boliche y la cultura se unen en una mesa redonda. Benedetti hizo una literatura de eso y forjó una imagen idealizada de la ciudad y el boliche. Recuerdo verlo a Mario sentado junto a la ventana en un boliche de la calle San José. Ahora, la ventana de los boliches es “Boliches” que va por su segunda temporada y pronto se trasladará al interior del país.
Para finalizar le dirijo un mensaje a Marcelo Fernández: recuerde que si toma no debe manejar y sea más vivo, haga la de Julio Alonso, aunque la de Gorzy no está mal.




martes, 8 de abril de 2014

Carta a la profesora Celsa Puente. La angustia de elegir horas en Secundaria

Montevideo, martes 8 de abril de 2014




Señora Presidenta del Consejo de Educación Secundaria, profesora Celsa Puente:


Somos dos profesores de literatura egresados del Instituto de Profesores Artigas (IPA) que nos dirigimos a usted con el mayor de los respetos. Esta carta pública no tiene el fin de señalar culpables. Intentamos aportar comentarios que tal vez puedan ser de utilidad a la gestión contando nuestra experiencia sobre la elección de horas el pasado jueves 3 de abril de 2014.
Esta carta se escribe a sabiendas de la anunciada reforma del sistema de elección de horas de los profesores. Usted, además de ser la máxima jerarquía del Consejo de Educación Secundaria (CES) es nuestra colega, y entenderá lo que aquí narraremos porque seguramente usted también lo ha vivido. Nosotros recién egresamos, y esta es nuestra segunda o tercera elección de horas.
Hemos escuchado muchas cosas al respecto, historias desalentadoras de colegas, de compañeros enojados, tristes, y avasallados. Pero una cosa es escucharlo y otra cosa es vivirlo en primera persona.


Fuimos con muchas expectativas a elegir nuestras horas el día jueves 3 de abril, casi un mes después del comienzo de clases. Esta es una primera desilusión ya que nos habíamos enterado el año pasado, que la elección de horas iba a ser en octubre pero no ocurrió así. ¡Qué angustioso fue pasar un verano sin saber si íbamos a trabajar este año! Muchos de nosotros, inclusive uno de los firmantes, todavía no tenemos trabajo siendo 8 de abril.
Ambos firmantes estamos en la lista categoría IIB de literatura, es decir –como usted bien sabe-, estamos ubicados en  la lista de interinos y suplentes. Ambos egresamos hace poco tiempo, por lo que tenemos pocas elecciones de horas en nuestro haber. Nuestras primeras impresiones en un momento tan crucial como lo es la elección del lugar donde trabajaremos fueron poco agradables.
La elección que se realizó el jueves 3 de abril de 2014 fue una experiencia realmente tortuosa, algo que nos imaginábamos por nuestra experiencia previa al elegir años atrás nuestro grupo de práctica docente.


El problema de la elección de horas no comienza en el momento de dirigirnos al lugar indicado sino que mucho antes de eso, los profesores nos entramos a preocupar por la falta o poca información existente. Cada vez que debemos buscar información de fechas o listas nos encontramos con un sitio web caótico y desorganizado. El día anterior a la elección de horas, es decir el miércoles 2 de abril de 2014, cuando intentamos entrar a ver si había modificaciones en la lista que nos correspondía, nos encontramos que no se podía ingresar a los listados. De hecho, cuando llegamos a la elección de horas descubrimos que la lista que sí estaba publicada el día de la elección en la web no coincidía con la lista que se manejaba en el acto eleccionario. Ese día fueron agregaron nuevos compañeros a la lista y en cierto momento hubo un corrimiento de los que estaban más abajo. Uno de nosotros pasó de estar en el lugar 298 (según la lista publicada el jueves 3 de abril a las 11:00 horas en la web) al lugar 303 de la lista que se manejaba durante la elección de horas. La elección era hasta el lugar 310 ¿Qué pasó con el profesor que en la lista de la web estaba en el lugar 310 cuando de pronto se encontró algunos lugares más abajo? Nadie nos informó si ese compañero o compañera tenía que ir el otro día o si se iba a contemplar el error cometido por el sistema.
Se nos adjudicó el trabajo de ordenar quién pasaba. ¿No sería más adecuado que sean quien realiza el llamado, es decir el CES que ordene la elección?
La funcionaria que el jueves pasado otorgaba las horas, en cierto momento desapareció sin avisar, lo cual generó que los compañeros que debían elegir horas a las 11:30 horas, siendo las 16:30 horas seguían allí sin ser llamados. La trabajadora tiene derecho a salir a almorzar, pero el CES debería procurar que alguien se quede en su lugar. Los compañeros que llegaron muy temprano se fueron a las 16:00 o 17:00 horas, faltaron a otros trabajos, a estudiar y muchos de nosotros nos fuimos con las manos vacías.


Las incomodidades tienen que ver además con que el acto eleccionario se realizó en la oficina de Reguladora (Rincón 712). Ahí estaban los compañeros profesores de Historia y Música que como nosotros querían elegir sus horas. Además ingresaba público para hacer trámites en Reguladora. En un momento hubo más de cincuenta personas, en un espacio aproximado de seis metros por seis metros, sin aire acondicionado, con un solo baño y nueve sillas. En el correr de la tarde, alrededor de las 15:00 horas, un funcionario se llevó casi todas las sillas quedando tan sólo cuatro para todas las personas en el lugar. Muchas de esas personas estaban allí desde las 10:00 de la mañana y nunca pudieron sentarse mientras esperaban. Algunos profesores fueron con sus hijos ya que no tenían dónde dejarlos. Los niños también estaban parados o sentados arriba de una mesa o en el piso.


El CES prevé que elijan unas cincuenta personas cada media hora, lo cual en los hechos es imposible ya que con cada profesor se demora unos quince minutos (el profesor debe fijarse en los horarios de cada grupo, horarios de coordinación, que no lo coincida con otros horarios de trabajo y hacer los trámites en caso de elegir las horas). ¿Se puede pensar que en la elección de cuatro asignaturas a la vez haya sólo cuatro sillas viendo que puede haber cada media hora unas 200 personas?

La angustia vivida en la elección de horas no fue solamente por el calor y las mínimas comodidades.
Sabemos, porque los compañeros de los liceos nos comunican las vacantes, que en varios liceos de Montevideo hay cargos sin profesores de literatura por licencias anuales. Estas licencias fueron pedidas desde días previos al inicio de clases. Estas licencias todavía no han sido volcadas en el sistema para que sean cubiertas. ¿Por qué no se pusieron las horas vacantes del Liceo 66?
Varias de las horas disponibles el jueves 3 de abril, eran suplencias pero no se sabía por cuánto tiempo. En el Liceo 14 estaban disponibles por lo menos cuatro grupos a cubrir por licencia. El CES no tenía la información sobre el tiempo de las licencias pedidas por los titulares. Una funcionaria nos sugirió que llamemos nosotros al liceo. ¿Es un trabajo que tenemos que hacer nosotros?


Una profesora de literatura eligió el jueves 3 de abril un grupo, se le informó en el acto eleccionario que era una licencia anual, y cuando llegó al liceo a realizar los trámites le comunicaron que la licencia era por diez días. Ella volvió a la elección y devolvió las horas. Esa compañera hoy no tiene trabajo. Cuando regresó al local de Reguladora tuvo el apoyo unánime de todos los profesores de literatura presentes para que detuvieran la elección de horas, algo que debía pedir ella ya que la ampara el derecho. Mientras  fue a su liceo a hacer los trámites y volvió a la elección de horas, otros compañeros ya habían tomado las horas que a ella le pudieron servir. La compañera, solidaria con aquellos que ya habían tomado las horas, prefirió no detener elección ni ir atrás con la elección de los compañeros que la seguían en la lista. Pero de haberlo hecho, se perjudicaría no sólo a los compañeros que de buena fe eligieron sus liceos, sino a toda la elección posterior, y a los estudiantes que se iban a quedar sin profesores. Todo por culpa de una mala información.
Lo mismo sabemos que ocurrió en la elección de horas de los compañeros profesores practicantes del IPA. Una estudiante del IPA eligió un grupo que estaba tomado por otro docente, algo que ocurrió idénticamente en la elección de mayo de 2013 (ya que uno de nosotros fue testigo de ese momento) y en tantos otros casos que sabemos de oídas.


Hay que comprender todo lo que significa realizar la práctica docente de cuarto año, ir con muchas ilusiones a su liceo para tomar por primera vez un grupo a su cargo y encontrarse con esa información. Esto se suma a que los practicantes tuvieron que elegir horas con las clases ya comenzadas. ¿Por qué los practicantes no eligen primero siendo que en promedio no son más de veinte personas que sólo pueden elegir un grupo cada uno?
Se hicieron tres llamados a la elección de los practicantes: en el primero quedaban cuatro horas para veinte compañeros. En el segundo la incertidumbre no fue menor y el acto se atrasó por lo menos ocho horas. El tercero, debía haberse hecho antes que a los de la lista que integramos (la IIB), pero cuando se hizo el llamado a nuestra lista se omitió hacer el llamado en el sitio web a los practicantes con déficit. En el sitio web había por lo menos tres informaciones que se contradecían y de apuro en la página se agregó un anuncio casi invisible para que los practicantes con déficit fueran a elegir a las 8:30 del jueves 3, antes de la elección de los IIB.
¿Se imagina la desesperación de los compañeros que no pudieron elegir horas de práctica en el segundo llamado, y ver dos días antes que se llamaba a los profesores de la lista siguiente y no a ellos?


El llamado a los profesores de la lista IIB fue a los profesores de la lista IIB “con déficit”. Nosotros entendimos eso de “con déficit” como una tomadura de pelo. Si todavía no se había realizado el llamado a los de nuestra lista, por lo tanto ninguno de los compañeros de la lista IIB había tomado horas, no es que estamos con déficit de horas, es que directamente no tenemos trabajo.
Los de la lista IIB usted sabe bien que somos los egresados no efectivos, y la lista está integrada por aproximadamente 400 compañeros, de los cuales muchos ya están efectivos pero no fueron sacados de esa lista. No es muy motivante para los recién egresados ver que les toca en lugares tan lejanos, siendo que vemos en el pizarrón de horas que quedan diez o quince grupos. Es más desmotivante aún saber que hay muchos grupos sin profesor que a pesar del tiempo transcurrido, en algunos casos desde febrero, no han sido puestos a disposición de los docentes. Esto perjudica a los trabajadores pero también a los estudiantes y  a la dinámica de las instituciones educativas.
En la elección de horas pasada, salió el Señor Inspector de Literatura profesor Gustavo Iribarne a  informar sobre las horas que quedaban vacantes, dictando la lista de lugares libres. ¿Por qué en épocas donde cada estudiante y cada docente tiene una computadora, el CES no puso a disposición una computadora para que los docentes vayan viendo qué liceos y qué grupos quedaban pendientes?


También nos llama la atención la arbitraria subida y bajada del sitio web de Secundaria de horas docentes los días previos a la elección, así como durante la misma. El Señor Inspector nos comunicó que durante la realización de la elección de horas se estaban subiendo grupos. ¿Por qué los compañeros que eligieron en primer lugar no tuvieron a la vista esos grupos que se fueron subiendo una o dos horas después?
Nosotros entendemos que no debemos buscar culpables y que no solamente criticando se solucionan las cosas. Tampoco señalamos a ninguna persona, a ningún compañero funcionario.
Contamos lo ocurrido el jueves 3 de abril en la elección de horas de literatura para que el relato pueda ser un ejemplo de lo acontecido y que a partir de él se puedan construir propuestas de mejoras.

Nos hemos enterado esta semana por los medios de comunicación que en los próximos días se reunirá una comisión especial a nivel del Codicen para rediseñar la elección de horas de los profesores, lo cual nos alegra y nos estimula. También reconocemos como positivo que usted haya manifestado su intención de corregir el sistema de elección de horas. También valoramos que la máxima autoridad del subsistema reconozca los errores existentes, no para buscar culpables, sino para comenzar a dar pequeños pasos con el fin de cambiar. Este cambio no solamente implica la defensa del derecho de los trabajadores, también es necesario para que los estudiantes puedan comenzar en tiempo y forma los cursos con profesores contentos y estimulados. Es importante que el proceso de elegir un trabajo no sea desgastante y sufrido tal como es en el CES. Que entre el  no trabajar (con toda la angustia que eso significa) y encontrarse con el estudiante en un aula, no se tenga que vivir una experiencia dirigida por Minos, donde el destino de uno se define por la voluntad de algún ser aterrador, invisible, ese llamado “sistema” que en realidad no se distingue quién es, cómo es, dónde está.
De todas formas, y sin espíritu de desalentar este importante avance que usted anunció en los medios, esta no es la primera vez que escuchamos críticas al sistema de elección de horas por parte de jerarcas de la educación, críticas que implican un dudoso, burocrático, injusto y angustiante sistema, pero que con el tiempo descubrimos  que el modelo sigue estático o cada vez peor. Basta con preguntarles a nuestros colegas de mayor experiencia sobre lo que vivieron en cada elección de horas, y los relatos por momentos trágicos abundan.

También vemos con buenos ojos que la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria (Fenapes) ponga este tema en el debate público.
Queremos dar clases, pero que eso no signifique ser tratados mal, en un sistema desorganizado y dudoso.

Quizás hay más historias para contar, nosotros vivimos lo que contamos en esta carta y lo que nos han manifestado algunos practicantes de cuarto año del IPA.

Tenemos la responsabilidad de contar lo que vivimos y de pedir un cambio urgente que contemple que somos trabajadores calificados, responsables y que alrededor de nuestra profesión se construye un discurso donde se nos adjudica responsabilidades a las cuales no escapamos. Somos profesores porque queremos serlo, y no por eso debemos sufrir en un trámite que tratamos de evitar por lo doloroso que es.

Desde ya, poniéndonos a su disposición, la saludamos atentamente:


Prof. José Luis Gadea C.I: 4609131-6

Prof. Matías Rótulo C.I: 4.379.325-2

El oficio de enseñar

DIEZ PROFESORES HABLAN DE SU REALIDAD 


¿Qué ocurre puertas adentro de una clase? ¿Cómo se vive la educación desde la piel de un docente? Son criticados, defendidos, atacados, mal pagos, y para la Presidenta de Secundaria Celsa Puente son los “expertos” que saben de educación. De ellos hablan los sociólogos, psicólogos, sindicalistas, licenciados, doctores, políticos, periodistas, las encuestas, los estudiantes, los padres… Diez profesores hablan de ser profesor.

Por Matías Rótulo (publicado en Voces el 3/4/14)

Se toman su tiempo para responder la primera pregunta. Respiran, miran hacia arriba como para que los recuerdos bajen a la garganta o al corazón y puedan expresarlos.  La pregunta es “¿Por qué eligió ser docente?”
La profesora de literatura Silvia Víquez supo en aquel momento, que la decisión que tomó en el liceo implicaba su futuro. Cuando en sexto año de liceo le planteó a su profesor de literatura lo que decidió la respuesta fue “me alegra tanto como me entristece tu vocación, porque vas a enfrentar un desafío difícil”.
Algunos de los entrevistados ingresaron al IPA (Instituto de Profesores Artigas) por descarte, o por haber fracasado en otras carreras. Ninguno se muestra arrepentido del camino trazado.
A la profesora de Español Rosana Serra se la entrevistó en el mismo lugar que la vio nacer como profesora: el IPA. En la cantina de la institución, casi al inicio del turno nocturno narró que cuando empezó el liceo “ya me interesaba ser profesora y fui cambiando de matemáticas a geografía y de ahí a historia. Cuando llegué a sexto me enamoré de cómo daba clase mi profesora de literatura y ahí decidí entrar al IPA en literatura pero después me decidí por español”.
La historia de amor de Rosana no varía con la que fue contada afuera del liceo 66 de La Teja, con el sonido de fondo de un liceo vivo, por la profesora de biología Nydia Correa: “al principio fue una presión de mi pareja en ese momento. Yo iba a la Facultad de Ciencias. Cuando entré al IPA me enamoré de todo lo que yo había odiado en el liceo de aquellas materias como sociología. Me enamoré de pensar… hoy, cuando entro al salón de clase disfruto de lo que hay ahí adentro, disfruto el bochinche y del silencio cuando lo hay”.
Ivanna Centanino fue la profesora de didáctica (materia teórico-práctica del IPA) de Rosana Serra. Centanino sabe bien que la educación es un camino a recorrer y construir: “en realidad no tengo ni idea por qué entré al IPA. Sé que desde muy chica me gustaba explicar a los demás las cosas que aprendía y hasta que no se lo decía a otro, sentía que no podía aprenderlo yo”. Con los años fue descubriendo la disciplina de la didáctica “que teoriza sobre la propia experiencia docente y sobre la propia disconformidad.  No me imagino que alguien enseñe sin partir de la insatisfacción por cómo están las cosas planteadas… me siento muy cómoda tratando de transmitir mi experiencia”.
La profesora de literatura Alicia Mesa eligió su carrera porque en su entorno familiar había muchos profesores y maestros: “vengo de una familia donde todo el mundo se dedicaba a la docencia y por eso fui construyendo mi personalidad con la idea de que la única forma de era la de corregir… veía todo el tiempo a otras personas corrigiendo”. Luego “entendí que es más que eso, la educación es una militancia social de las tantas que hay, es posibilitar el encuentro con el otro”.
María Borges construyó su carrera desde la incertidumbre: “quería ser arquitecta” relata la profesora de comunicación visual. “Yo sabía dibujar bien y acá si dibujás bien es como que tenés que hacer arquitectura. A los dieciocho años me había integrado en los salesianos, colaborábamos en asentamientos los fines de semana. En mi segundo año de Facultad de Arquitectura sentía que la cosa no iba por ahí”. Un buen día, a María Borges le preguntaron en su casa qué iba a hacer de su vida y alguien le recomendó que ingresara al IPA: “¿Yo al IPA? Era muy tímida para hablar. Estaba entre literatura y filosofía pero elegí la materia donde pensaba que se hablaba menos. Hoy sé que no se habla menos porque una imagen no vale más que mil palabras”.


Un mundo puertas adentro
La opinión pública conoce cuáles son los problemas de la educación porque los medios reflejan (reflejamos) las noticias que surgen del ámbito educativo. Los “malos resultados” revelan además que hay algo que funciona de manera incorrecta, ya que la matemática es exacta. Los políticos, cuyo trabajo es parlamentar o ejecutar (según el Poder donde se desempeñen) opinan sobre los docentes: faltan, enseñan mal.
Los sindicatos advierten sobre los problemas de la infraestructura, los bajos salarios, presiones institucionales, entre otros. La respuesta es que “nos hacemos los vivos, faltamos y demás, pero no se ven las dificultades del sistema, los grupos superpoblados” explica Correa o “tener que corregir  ciento cincuenta pruebas un domingo sin que nadie te pague eso” destaca Serra.
Los teóricos de la pedagogía y didáctica manifiestan que existe una “angustia” del docente.
Pero esos, -los problemas visibles y manifestados teóricamente-, no son los únicos problemas existentes.
Natalia, a punto de egresar en historia lo primero que escuchó cuando ingresó el año pasado a su liceo de práctica en Ciclo Básico fue a la directora (casi a los gritos, acota la entrevistada) diciendo “el año pasado tuvimos problemas con la alimentación de los gurises. Por eso vamos este año a hablar con los padres para que los manden alimentados sino acá se sienten mal. Profesores, se tienen que ocupar”. Natalia consideró que esto “no es un problema que se diga mucho, pero es así. Venían mal alimentados y a las once se sentían mal… ¿Eso culpa de quién es? Nadie puede aprender con hambre, y cuando se citaba a los padres no iban al liceo o se enojaban si se les decía algo”. Además “¿Yo me tengo que ocupar de eso? ¿Empiezo mi práctica y me dicen que pasa eso que es horrible y que yo me tengo que ocupar? Lloré todo el día”.
Rosana Sierra, como profesora de lengua española, nota otro tipo de dificultades: “puede sonar feo, pero uno de los problemas que vemos, y lo he discutido con otros colegas, es el reducido capital cultural de los estudiantes, el reducido capital nos les permite razonar porque la falta de léxico afecta el proceso de razonamiento. Encima, nosotros les venimos con ideas nuevas que no pueden asociar con sus realidades. Hay palabras como ´antecedente´ que ellos no comprenden cuando se las menciona en clase”.
Alicia Mesa sostiene que “es importante relacionar la disciplina a las realidades de los chiquilines” algo con lo que está de acuerdo también Correa: “la biología es algo secundario, si sabe o no la célula importa, pero también importa que puedan relacionar eso con sus vidas” reflexiona Correa.
Para Víquez “si en la casa no hay un soporte familiar que -aunque humildemente- no destaque la importancia del conocimiento, el estudiante está perdido. Es importante poner énfasis en el conocimiento, siendo que el conocimiento ha dejado de ser un valor, los chiquilines compiten por cuántas faltas tienen, les divierte caer en la ignorancia y una cultura ignorante es una cultura sometida porque el que tiene conocimiento tiene la libertad de decidir. Eso siempre se los digo”. 
Ivanna Centanino explicó: “lo que yo veo en las visitas que le hago a mis estudiantes del IPA en los liceos donde realizan su práctica, es que si bien están esas dificultades yo noto también una evolución desde la primera visita a la tercera, o cuarta. Los profesores practicantes de español por ejemplo, logran que se enriquezca el lenguaje, hay una labor del docente que se instala en el alumno y eso que muchas veces deben trabajar en grupos superpoblados”.
La profesora Alicia Mesa ve que una de las dificultades para aprender por parte de los estudiantes es “la falta de tiempo y es lo mismo que noto de la sociedad. La educación no es algo distinto de lo que está pasando en el mundo. Estoy harta de escuchar que la educación es madre y enterradora de una sociedad porque eso es mentira. La escuela ni todo lo puede, ni todo no lo puede. La escuela es una puerta más de una sociedad. Partimos de que a los muchachos les pasa lo que nos pasa a todos: la no optimización del tiempo y eso no es que hago muchas cosas y no tengo tiempo para todo, sino que no tengo tiempo para masticar lo que escuché… Para pensar necesito que corran algunos segundos, lo mismo para leer”.
Correa reconoce que muchas veces los docentes no tienen las herramientas como para atender ciertas dificultades que traen los estudiantes a clase: “en nuestra educación no están pensadas las estrategias para trabajar con los diversos problemas de los chiquilines: problemas sociales, familiares, etc. Hay mucha exigencia desde afuera para atender todo esto, no tenemos las herramientas  y no es el rol de la educación. No se le puede pedir a un profesor o a un maestro que se solucionen cosas que la sociedad no se propone solucionar”.

Víquez destaca al respecto que “el IPA no nos dio herramientas para menejar una multiplicidad de situaciones conflictivas que surgen en el ámbito de clase. Un alumno me planteó hace poco que se sentía mal al hablar en público, lo escuché y pude contemplar su situación, pero el IPA no me preparó para abordar un caso así. Debería haber un equipo multidisciplinario pero no solamente para Ciclo Básico, porque resulta que la persona ya no tiene problemas en bachillerato y no hay este tipo de equipos”.
Para Ivanna Centanino “es importante el trabajo en equipo, el no estar aislados” y para María Borges es imprescindible ver qué es lo que pueden hacer los estudiantes, acompañarlos y buscar estrategias. La pregunta que desliza Víquez al final de la entrevista es: “¿En definitiva, se nos viene a preguntar a los profesores qué se puede hacer, se nos ha preguntado qué nos parecen los programas cuando se están haciendo?”.
Ser o no ser expertos
La directora de Secundaria Celsa Puente manifestó hace pocas semanas en una entrevista a El Espectador que los profesores de Secundaria son los expertos que deberían hablar de educación.
“Nosotros sabemos cómo enseñar, sabemos construir las herramientas para que el alumno aprenda. En Uruguay se forma a los docentes con una práctica supervisada por un docente de didáctica y acompañado por un profesor en la clase, es un fenómeno único en el mundo” indicó Centanino.
Rosana Serra sostuvo que “muchas veces escucho a los sociólogos decirnos las cosas que hacemos mal los docentes. Yo me enfurezco porque pienso que ese sociólogo –sin generalizar-, nunca estuvo adentro de un salón de clases con los gurises de 14, 13 y 12 años. ¿Alguien le va a cuestionar  al médico por qué receta un medicamento?”
La profesora Alicia Mesa no coincide con la mirada del profesor “experto” porque “yo no soy una experta y no creo que existan. Yo soy una persona que vive, que sufre, que se alegra, que estoy a veces en el barro y a veces en las estrellas, no soy una experta. Además los expertos que he leído, no me han ayudado. Estoy de acuerdo con Puente en el sentido de que los que vivimos en la educación sabemos de lo que hablamos. Los profesores no cerramos el conocimiento como lo hacen los expertos, nosotros lo abrimos”.
Correa explica que el concepto de “experto” es muy amplio porque nadie puede ser experto del todo en algo. “Los que saben de educación porque construyen los insumos y la práctica para producir conocimiento somos los profesores y maestros. Un licenciado universitario puede tener un bagaje teórico importante pero sólo con la teoría no llegamos a ningún lado. Pienso que se debe partir de la práctica sistematizándola ya que es un gran insumo, sin ignorar la teoría para mejorar con todo eso nuestras futuras prácticas”. Por otro lado “¿Cómo se gestiona un centro educativo? ¿Qué ocurre en la diaria? Eso no lo sabe un sociólogo. Yo nunca vi dentro de un liceo a un licenciado de nada para conocer qué pasa en la institución, por lo que me permito cuestionarlos desde lo teórico”.

Aprender y trabajar en burocracia
“Yo recién me enfrento a los alumnos” explica Leonardo, un estudiante que está por estos días conociendo a sus primeros alumnos en un liceo de Montevideo donde hace la práctica de cuarto año del IPA. Por primera vez en su vida está sólo frente a casi treinta estudiantes. Leo prefiere no decir la asignatura para no ser identificado, ya que “sé que lo que diga puede ser usado en mi contra” añade en su terminología cuasi judicial. “Es que hay una especie de guerra en esto de dar clases, una lucha con ellos que traen su cultura y yo la mía, o por lo menos esos nos dicen en el IPA”. Pero su primer enfrentamiento fue el mismo que tuvieron que vivir todos los practicantes y que año a año viven también los profesores: la elección de horas. “Estuvimos toda la tarde esperando, varias horas, no quedaban grupos para los practicantes, te tratan mal porque no sos egresado” explicó Natalia, otra estudiante recién egresada en historia que dijo que si bien en el liceo donde hizo su práctica docente el año pasado fue tratada como una profesora “yo no dejaba de ser la practicante”.
Esta semana, el sindicato docente (Fenapes) reclamó por un gran número de horas vacantes y también por una cantidad importante de profesores sin trabajo. En el caso de los practicantes, ellos deben esperar que los profesores de mayor grado elijan grupos y que en las materias con déficit se liberen horas. “En historia nos quedamos con las sobras” sostiene Natalia.
“Uno de los problemas es la burocracia y el otro es la propia organización del sistema educativo compartimentado en cuarenta y cinco minutos” explica María Borges, dando su opinión ya desde su práctica en los liceos públicos.
Rosana Serra manifiesta “la versión popular que los medios de comunicación difunden es una versión culpabilizadora de los docentes: que hacen las cosas mal, que faltamos, que no nos comprometemos... También está la súper población, la trampa de la estructura laboral, que no hay grupos, que muchas veces las instituciones son tierra de nadie…” Actualmente Rosana trabaja en un liceo “que tiene grupos chicos, con muchas carencias de infraestructura pero lo que tiene funciona bien. Pero  no tenemos sala de informática, gimnasio y tampoco sala de profesores. A mi me gustaría llenar la libreta en un lugar tranquilo pero no lo tengo... Sin embargo en los salones hay aire acondicionado y televisores, y eso choca con lo otro. A mí me estresa trabajar veinte horas sólo en un liceo y llegar a mi casa y tener ciento cincuenta pruebas para corregir el fin de semana y  ese tiempo no me lo pagan. Nos pagan horas de coordinación que no tienen mucha utilidad y donde nos obligan a hacer cosas que muchas veces no son ni coherentes con los marcos institucionales. En mi liceo hay dos mil pesos de caja chica por mes, y ahí tienen que administrar cinco grupos por turno con dos mil pesos por mes. Pero bueno, uno tiene un compromiso asumido con esto”.


Ganan poco y trabajan fuera de hora. Piensan su profesión pero pocas veces se les pregunta qué piensan sobre eso. Muchos de ellos eligieron sin saber de qué se trataba la profesión, pero no se arrepienten. “Soy una militante social y ser militante social es caminar, esperar, ver, tratar de unir cosas y la educación es parte de ese camino, uno de los tantos caminos que hay para ser un militante social”, dice Alicia Mesa. “Sí, lo volvería a elegir” sentencia María Borges. “No sé a dónde me meto, pero algo por la vida hay que hacer, y hay otras personas que necesitan mi ayuda, que también deberán ver en un futuro qué hacen con sus vidas” surge del pensamiento de Natalia. “El militante social es el que hace del reencuentro un encuentro, aunque “Secundaria es un sistema un poco esquizofrénico y es muy difícil lograrlo” concluye Alicia Mesa mientras mira hacia arriba, tomándose su tiempo para decirlo. 

domingo, 30 de marzo de 2014

Los avaros y codiciosos en Ahora caigo

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS



Como me han dicho que no puede ser que no me guste nada de la televisión actual, voy a confesar que me río mucho con “Ahora caigo”. Me río por el efecto sorpresa de la caída del participante, por las payasadas del conductor, me pongo nervioso cuando los concursantes están a punto de perder, contesto las preguntas desde la comodidad de mi hogar y la incomodidad de mi sillón y me siento capaz de ir en cualquier momento a España  y ganarme los cien mil euros.


Por Matías Rótulo. Publicado en Voces el 28/03/14.


La belleza del programa español que emite Canal 10 casi todos los días porque hay que rellenar con el rico espacio comercial que tienen los propietarios de Saeta, es su singular forma de castigar a los participantes: los hunde. Los hace desaparecer. Los elimina como la caricatura del jefe malvado que manda a una fosa oculta en el centro de su oficina al mal empleado. Debajo de la fosa del jefe hay tiburones o cocodrilos. En la fosa de “Ahora caigo” suponemos que hay colchonetas esperando al participante que acaba de vivir su mayor humillación: no supo y se lo castigó.
 La España agonizante en una crisis ha visto hundirse a sus españoles, pero desde acá parece como que es todo felicidad. ¿Nunca se ha puesto a ver los informativos de RTVE donde se informa sobre las crisis políticas, los millones de parados (desocupados) e inmediatamente después las millonarias compras del Real Madrid, Valencia y Barcelona? Los españoles han sufrido tanto que pasan de un momento al otro de la angustia a la diversión. Eso es lo que creemos, porque eso es lo que vemos por televisión.
En “Ahora caigo” los participantes son presentados de dos formas: nombre y ocupación. Es interesante observar que en un país en crisis, quienes participan en este tipo de programas son aquellos que tienen carreras terciarias, pero con ocupaciones que en momentos de crisis no son tan esenciales: estilistas, gerentes de marketing, decoradores de ambientes, etc. Casi todos los participantes coinciden en su situación “soy publicista pero estoy parado, por lo que me encargo de conducir un coche de alquiler”.
Esto no quiere decir que el programa de televisión nos revele la situación social del país, para eso hay una Facultad de Ciencias Sociales y Economía. Por cierto, las carreras serían mucho más entretenidas con agujeros en el piso para que los malos estudiantes se caigan por una rampa al infierno.
La idea de “Ahora Caigo” es que el que no sabe se va al inframundo, castigado a la vergüenza eterna y sin un euro. La expresión “ahora caigo” no es más que una expresión de caída a la realidad. Al caerse por el pozo uno se va del espacio de la ficción, del plató o estudio de televisión a hacer algo más efectivo que jugar por un rato frente a las luces de arriba. Cuando uno cae al pozo se vuelve a la realidad del trabajo o de la crisis. Arriba hay luz, está el saber, y abajo hay oscuridad, el que cae no tuvo las luces prendidas para ganar.
Los participantes pueden demostrar su ambición o no, si en cierto momento del juego deciden abandonar con la mitad de lo ganado o avanzan rumbo al premio mayor.  El concursante tiene tres comodines, siempre empieza el retador, y hasta se le da un nuevo comodín en más de la mitad del juego. Sin embargo casi nunca se llega al pozo mayor, al de los cien mil euros.
“Ahora caigo” es otro entretenimiento de verano, un enlatado español cuya diferencia con otros programas de televisión de preguntas y respuestas es la de la caída, la bonita escenografía, una conducción amena, y muchas luces. Un programa que podría ser suplantado por los tantos programas que se producen en España de alto entretenimiento y de buen valor cultural, algo que proponemos aunque sabemos que no tendremos éxito.
Mientras tanto nos reímos y respondemos preguntas tipo ahorcado, y creemos que aprendemos mientras nos divertimos. Nos hundimos en el sillón mientras vemos al pobre desgraciado de la pantalla tratando de rescatar un euro en el medio de su crisis. Si pierde y se cae en esa especie de water gigante pensamos que se lo merece y yo hasta lo visualizo todo manchado de aguas sucias.

Si le revelé en esta columna algo nuevo sobre el programa, usted me podrá decir “ahora caigo” y yo le abriré las compuertas a sus pies para que se vaya al diablo. 


Cuento sin moraleja pero con la voz de Cortázar


LA LETRA QUE SE DICE



Uno de los cuentos de Cortázar, leído por el autor. Sin moraleja.

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