Bandera de Uruguay Año VII Blog el inaugurado el 15 de diciembre de 2008. Desde Montevideo, República Oriental del Uruguay - 2014.

No a la baja

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lunes, 28 de julio de 2014

Lágrimas de cocodrilo


Por Matías Rótulo (publicado el 19 de julio de 2012 en el Semanario Voces)

El cuento de Felisberto Hernández es un llamado al arte. El personaje es un músico, concertista de piano que tiene la facilidad de ponerse a llorar, así sin más. Ese es su arte. El arte de la música, y el arte de llorar. Con la música genera algo  ¿Qué genera? Una impresión. Con el llanto provoca (es provocativo) pero además provoca en el otro (en quien lo ve llorar) una impresión, una idea, y logra una venta. Eso es arte.

Entonces me subo al 76 en Garibaldi y 8 de Octubre. Después comienza su actuación el vendedor ambulante y ofrece la estampita. Cuenta la historia como si fuera el recitado de un escolar. No… como si fuera el libreto de un relator comercial en partidos de fútbol. Carece del tono extasiado por los gritos de la tribuna, el temperamento del relator, la alegría del deporte, el frenesí del encuentro. Sin éxtasis, con dolor (cito textual) dice: “tengo tres hijos y me he visto en la necesidad de subir a este ómnibus porque estoy totalmente desocupado” (Montevideo, junio de 2012). El alma de los viajantes se moviliza.
Sin éxtasis y con dolor, en el 102 rumbo a Gruta de Lourdes, otro sujeto dice (cito textual): “tengo tres hijos y me he visto en la necesidad de subir a este ómnibus porque estoy totalmente desocupado” (Montevideo, junio de 2012). Eso es arte. Mi arte. El arte que poseo de encontrar en una ciudad a dos tipos con tres hijos y que piensen exactamente lo mismo, y que dicen exactamente lo mismo porque sufren las mismas penas.

Dicen que la literatura se adelanta a los hechos sociales, o los narra, o los desvía, o los matiza, o los oculta. Dicen muchas cosas. Pero en el caso del cuento de Felisberto, al leerlo no queda más que situarse como receptor en un hoy que tiene a muchos vendedores de medias, artistas y llorones, leyendo algo de ayer, de más de medio siglo, que nos muestra cómo algunas cosas no han cambiado. También se puede pensar que las técnicas de venta y lástima se han perfeccionado.
El personaje de “El Cocodrilo” (publicado por primera vez en Marcha en 1949), cuento de Felisberto Hernández (1902 – 1964) trata de un vendedor de medias, pero que a su vez es músico. “… Alcancé a entrar es una gran casa de medias para mujer. Había pensado que las medias eran más necesarias que los conciertos y que sería más fácil de colocarlas”. El valor del arte, y el valor de la vida, el valor de “vivir de algo” se cruza en el pensamiento moderno del personaje. ¿A quién le importa el arte? ¿A quiénes les importante las medias de mujer? Uno tiene una utilidad, el otro no. ¿Cuál es el que tiene alguna utilidad?
El cuento es una obra de arte sobre el arte. ¿Cuál es el cuento? El del vendedor de medias que logra venderlas porque tiene la facilidad de llorar. El vendedor del ómnibus actual, que debe hacer de alguna forma su trabajo, no llora, pero hace el intento, no vende arte, pero actúa. El personaje de Felisberto era un músico que encontraba que su actuación como vendedor de medias le era más redituable que sus conciertos de piano.

Una media ilusión
El cuento se llama “El Cocodrilo” como el apodo recibido por el personaje, al descubrir que tiene la facilidad de llorar. De la misma forma, Felisberto hace que en el cuento “El acomodador” el personaje tenga la facilidad de ver en la oscuridad. Son dos cosas innatas, que surgen espontáneamente pero que ambas son utilizadas para un fin concreto. En el caso de El Cocodrilo, el fin es vender las medias. En ambas, los personajes llegan a sufrir en el goce.
El personaje tiene la facilidad de llorar, pero también es ingenioso, quizás por su condición de artista. Ganó un concurso en el cual le puso “eslogan” a las medias que vendía, que eran de nombre “Ilusión”. El “eslogan” fue “Quien no acaricia hoy, una media Ilusión”.
En la novela de Vladimir Nabokov Rey, dama, vallet (Anagrama 2010), el personaje es incentivado a vender corbatas, y Dreyer, su tío adiestrador, le enseña el “arte de venderlas”. La ventaja de El Cocodrilo de Felisberto es que ya tiene no uno, sino dos talentos. El de llorar, y el de artista. “Aquel nuevo año yo empecé a llorar por el oeste y llegué a una ciudad”. La gira del músico está al mismo nivel que la gira del vendedor de medias. Al punto que alguien se acercó a El Cocodrilo después de un concierto y el músico vio que la persona tenía una media en la mano: “… quisiera que me firmara una media” le solicitó el curioso al artista, al vendedor de medias Ilusión. El marketing, el comercio, la necesidad y el arte son tema del cuento del Felisberto. El vendedor de medias sabe cómo vender apelando a la sensibilidad del otro, al igual que el músico. Al igual que los vendedores de estampitas en los ómnibus del Montevideo actual: artistas, necesitados, cocodrilos. 

M.R.

Que me trague un cocodrilo



Por Matías Rótulo (Publicado el 13/7/2012 en el Semanario Voces)

Como la consigna actual es tener éxito, quiero que me trague un cocodrilo. Así ocurrió aquel 13 de enero de 1865 cuando a las doce y media en punto Iván Matvieyich, “sintió la comezón súbita de ver el cocodrilo que exhibían…” pero fue comido vivo, y pasó a ser la estrella del momento.

El cuento “El Cocodrilo” del ruso Fiodor Dostoievski (1821-1881), a pesar de la distancia histórica y geográfica plantea el debate sobre el individualismo, el capitalismo, la sociedad del entretenimiento y hoy agregaríamos el por entonces desconocido posmodernismo (o por lo menos sirve como aporte al estudio de estos fenómenos o modelos vigentes en la actualidad).
El capitalista, es decir el dueño del cocodrilo, no quiere que maten al animal para que se salve un hombre que fue literalmente tragado por la bestia. El hombre, desde adentro del cocodrilo insiste que si el espectáculo de ver a un cocodrilo con un hombre adentro (el hombre no se ve desde afuera), genera ganancias, no debe desperdiciarse dichas ganancias salvándolo de su “incómoda situación”. Es un acto individualista que además fomenta el individualista acto del voyerismo: la excitación de ver.
El personaje Iván Matvieyich adopta el discurso dominante, siendo un dominado. Dominado por su sociedad, su jefe, pero ahora también encerrado en un cocodrilo, un monedero viviente que se come a un ser humano, y ambos pasan a ser generadores de monedas.  

Privilegia la ganancia para el capitalista, o para sí mismo (aunque en menor grado), antes que su propia salud. Él mismo se pone en el lugar de producto. Algo así como cuando los periodistas adoptamos el discurso de que “tenemos que vender” antes del que “tenemos que informar”. También se pueden dar ejemplos en otras áreas muy lucrativas pero indispensables, como por ejemplo el derecho o la medicina.

El hacer y no hacer
“Iván no tenía nada que hacer precisamente ese día, pues acababa de obtener una licencia” dice el narrador del cuento. El pobre Iván tiene cierto parecido a los que hoy llamaríamos un consumista, no solo de productos de compra y venta sino de actividades. Puede ser cualquiera de nosotros. Es un trabajador que consigue un salario, y que está motivado por la idea de ocupar su tiempo en algo, ya que el ocio es sinónimo de vagancia. Por otro lado, no hacer nada de lo establecido como correcto (por la sociedad, por los que dicen qué es correcto) en los momentos de ocio, sería un pecado. Iván es conducido a las tripas del cocodrilo por una sociedad donde el “hacer” debe tener como premio “el comprar”. El tiempo libre no es algo adquirido por el trabajo, según se lee en el cuento. No es visto como un derecho (diríamos hoy) a la recreación, al descanso y al ocio. Es por eso que a Iván se le ocurrió ir a ver la exposición del cocodrilo: “…se  quedó embobado ante la magnificencia del establecimiento, y, llegado al sitio en que se exhibía el monstruo, manifestó su intención de pagarme las veinticinco copecas que costaba el billete, cosa inaudita en él”. El mensaje del cuento, la primera señal es la de la sociedad del entretenimiento a costa del sometimiento. ¿Qué sometimiento? En primer lugar del cocodrilo, y demás animales pero después del pobre Iván que es tragado vivo por el cocodrilo, pero logra vivir allí por un tiempo. El sometimiento público marca la presencia actual del entretenimiento. Pensemos en los informativos y sus mensajes de sometimiento de víctimas de delitos, el sometimiento del pobre tipo tirado en la calle después de darse de frente en su moto contra un taxi. Todos se paran del ómnibus para ver. Aunque se ve tanto, todo el tiempo, que el espectáculo pasa a ser común, sencillo y genera desencanto.
 En el cuento de Dostoievski se lee “¡Y eso es un cocodrilo!... —dijo Elena Ivanovna con tono de desencanto—, yo me lo había figurado de otro modo”. Ya la bestia no es interesante, sino que es algo común. ¿Cuándo pasa a ser interesante? En primer lugar, cuando se come a Iván, pero desde antes, cuando el cocodrilo comenzó a ser molestado por el hombre. Dice el narrador con respecto a Iván que “levantó la rejilla de alambre y se puso a hostigar al cocodrilo con una varilla. Para dar señales de vida, el pérfido monstruo movió ligeramente las patas y la cola, levantó el hocico y lanzó una suerte de prolongado resuello”. En la sociedad del entretenimiento, todos tenemos que ser estrellas. No solo el cantante del ómnibus sino aquel que lo acompaña en el asiento, el pasajero que minutos antes apagó su celular que hacía rechinar una música fiestera y que ahora se sabe la canción de “Los Nocheros”. Pero también en el cine, o en el teatro. Paso a detallar a algunos ejemplos de protagonistas que realizan su propio acto como Iván, pero que si les ponen un cocodrilo en frente no serían tan arriesgados: los que no apagan el celular y lo dejan sonar en las obras teatrales, quienes se ríen en momentos de alta tensión dramática, quienes murmuran la letra de las obras canónicas, quienes se levantan dos o tres veces para ir al baño o comprar un refresco, quienes se dejan comer por un cocodrilo. Hoy, todos somos tragados por un cocodrilo que es monedero y genera monedas. No para nosotros, que no somos el dueño del monedero sino quien se acomoda en las tripas para ser mostrado en exhibición. 


domingo, 27 de julio de 2014

ENTREVISTA A VÍCTOR LICANDRO: “Hubo una manipulación psicológica por parte de los militares que juzgaban”

Publico la entrevista que tuve el gusto de realizar al General Víctor Licandro en abril de 2008. A pocos días de su fallecimiento es mi recuerdo a un gran hombre, político, militar y pensador. La entrevista fue realizada para el libro que junto a José Luis Martínez publicamos en 2008 "Los Soldados del General" (Ed. Arca). Además Licandro tuvo la gentileza de prestarnos su gorro y bastón militar para ilustrar la tapa de nuestro libro.


VICTOR LICANDRO 1918 - 2011 (Foto: www.larepublica.com.uy)

Por Matías Rótulo y José Luis Martínez

- El fallo del Tribunal de Honor que el Ejército le realizó a usted data del 23 de Diciembre de 1975. ¿Cuánto tiempo duró el proceso?
- Yo fui detenido el 9 de julio de 1973 a causa de la manifestación en la avenida 18 de Julio. Desde mi arresto, estuve incomunicado hasta el mes de diciembre de ese mismo año. Recién en ese momento mi familia supo dónde me tenían arrestado. Las Fuerzas Armadas autorizaron a mis familiares una visita de una hora por semana. Dos años después, recién en el año 1975, actuó el juez ante mi causa. En realidad, yo no estuve sujeto a juez alguno, y tampoco a ningún tribunal. Es decir que estuve encerrado y punto. Casi enseguida de la actuación del juez, actuó el Tribunal de Honor. En definitiva el tribunal de honor que es un organismo que actúa en un área tan sensible como el “honor”, no actuó justamente con honor. Primero, se acomodaron ellos. Después comenzaron con las actuaciones. El poder ejecutivo de la época homologó el fallo del Tribunal de Honor del ejército del 23 de diciembre de 1975, y cumple con la disposición allí dispuesta y da el paso a reforma. Para ese entonces estábamos transitando en el año 1976. Al pasar a reforma, yo que había permanecido detenido en el cuartel de Minas, en el departamento de Lavalleja, fui trasladado al departamento de Montevideo, a la Escuela de Armas y Servicios. Luego fui trasladado a la Cárcel Central de la Policía hasta el año 1983 de forma continuada.
- ¿La causa de su arresto fue la manifestación del 9 de Julio de 1973, o siente que fue una serie de acciones políticas conjuntas que fueron engrosando la causa?
- En el correr del proceso del juzgamiento en los tribunales militares de honor, hay una serie de adjudicaciones y acusaciones que van a engrosar la causa que teníamos cada uno de nosotros (se refiere también a Zufriategui y a Seregni). Luego, en el proceso de la justicia militar se van ampliando las causas. En un principio los procesos se inician por nuestra detención, luego de la manifestación del 9 de Julio.
- ¿Tenían antecedentes en su contra dentro de las propias Fuerzas Armadas...?
- ...Mire, es bueno que yo contextualice los hechos. En el año 1971, al fundarse el Frente Amplio se inicia un enfrentamiento dentro de las propias Fuerzas Armadas que se materializa con un pedido hecho por la comisión directiva del Centro Militar, y eso consta en actas. Se le llamó al general Líber Seregni para que explicara la situación de pertenecer a una coalición política que integraba al Partido Comunista en sus filas. Cabe recordar que para el convencimiento de las Fuerzas Armadas el movimiento internacional Comunista era considerado “el enemigo”. Entonces comienza allí un proceso, donde Seregni rechaza la intromisión del Centro Militar en la actividad política. Esa acción llevó a un duro enfrentamiento entre Seregni y el General Rivas quien apartó a Seregni del Centro Militar, lo que culminó en el duelo entre ambos, llevado adelante gracias a las leyes de la época. Yo, al mismo tiempo, renuncié al Centro Militar. Pero otro hecho marca la época. Durante la campaña electoral de aquel año, Seregni es atacado en la ciudad de San Carlos en el departamento de Rocha. Nosotros integrábamos el comité de base de los militares retirados. Motivados por el hecho del ataque a Seregni, sacamos una declaración de repudio contra aquel atentado. Por la nota de repudio, también fuimos llamados al Tribunal de Honor ya que según ellos “firmamos una declaración política”, con el tenor que esta tenía. Entonces la situación del enfrentamiento interno entre las propias Fuerzas Armadas, se prolonga a partir de ese hecho. Por supuesto que no hay lugar a dudas, que el acto del 9 de julio de 1973, fue el motivante principal del accionar del Tribunal de Honor.
- ¿Entonces hubo una clara persecución?
- Si, no hay ninguna duda. Fíjese que el tema de la persecución lo declara y admite a posteriori el Poder Ejecutivo desde 1985 en adelante. El gobierno admite que todo lo que pasó en aquella época, obedeció a causas políticas e ideológicas. Así que lo decimos nosotros pero lo reconocen los gobiernos de la democracia desde 1985.
- Si bien Seregni, Zufriategui y usted fueron arrestados en la misma circunstancia, no todos los juzgados lo fueron por el acto del 9 de Julio, ni por la vinculación con el Frente Amplio. Además las causas de los tres –según las actas–, son diferentes.
- Seregni, Zufriategui y yo, fuimos arrestados en el mismo momento pero con elementos diferentes. Hay un orden de comportamiento de cada uno. Líber Seregni era el Presidente del Frente Amplio, Zufriategui era el Secretario, pero yo no era nada de eso, entonces a los tres se nos juzgó de acuerdo a nuestra condición.
- ¿Y los otros militares juzgados?
- Los otros militares juzgados no están vinculados en la causa con nosotros, pero sí en un sistema, en un comportamiento de la política nacional y el comportamiento de las Fuerza Armadas con respecto a la sociedad. Aún antes de la dictadura estaba el régimen del Presidente Jorge Pacheco Areco el cual fue prolongado –el régimen-, por el gobierno del Presidente Juan María Bordaberry. Esos gobiernos actuaban alejados de la Constitución de la República, y además eran arbitrarios y represivos. Pero todo comienza a darse cuando en el batallón de Treinta y Tres matan a Batalla. Las Fuerzas Armadas desde entonces afirman que en los batallones no se torturaba, y en el caso –por ejemplo- de Edison Arrarte, que fue juzgado por denunciar malos tratos a un ciudadano, su discrepancia lo llevó a un Tribunal de Honor.

TAPA DEL LIBRO ILUSTRADO
CON EL BASTÓN Y SOMBRERO
DE VÍCTOR LICANDRO
- Los militares, ¿cómo actuaron con los miembros del Ejército, para prevenir “traiciones”, o para saber quiénes estaban con el Frente Amplio?
- Cuando en febrero de año 1973 se da el movimiento militar, trascendió públicamente que los mandos militares llamaban a los jefes y oficiales personalmente para saber si apoyaban o no la posición que tenían las Fuerzas Armadas. Allí como usted verá, se da un primer marcado sobre quiénes estarían o no, asociados al golpe de Estado que se materializaría en el mes de Junio. Entonces hay antecedentes de que hubo un cernidor y un contralor sobre las ideas de los militares. Algunos militares abiertamente admitieron que no estaban de acuerdo, otros no dijeron nada y ese fue el proceso de “estás conmigo o no estás conmigo”. Con el correr del tiempo empezó a establecerse que algunos militares no estaban de acuerdo con algunos aspectos del régimen o que no lo acompañaban abiertamente y por eso sufrieron persecuciones.
- ¿Cómo actuó el Frente Amplio en respuesta a la persecución de los militares, siendo que su cúpula estaba conformada por militares de alto rango?
- Hubo un enfrentamiento abierto desde el Frente Amplio con el gobierno de Jorge Pacheco Areco, donde como ya dije, fue un gobierno inconstitucional, represivo, arbitrario y alguno dijo que era hasta “sanguinario”. El Frente Amplio lo recogió en los discursos del propio Seregni, y allí se tiene el pensamiento de la fuerza política con respecto al gobierno. Los que éramos militares en retiro o en función seguíamos teniendo estado militar como lo marca la ley, entonces tenemos obligaciones y derechos. Es por eso, que hubo prisiones, torturas, Tribunales de Honor y la represión contra los militares y civiles que estábamos en el Frente Amplio. Los Tribunales de Honor en mi caso, van a mostrar cómo me ven a mí dentro del Frente Amplio, desde el Ejército. A su vez detalla cómo se ve el movimiento Comunista internacional desde 1918 que como dije “era el enemigo”. El fiscal de Corte Bayardo Bengoa dijo que un ciudadano civil puede ser comunista, pero no un militar. Cuando se establece el fallo en mi contra, yo señalé que el tribunal “se excedió en sus competencias” porque señalaron actuaciones que ya habían sido juzgadas y que anteriormente fueron catalogados como “legítimas”. Pero el comportamiento excesivo fue normal durante la dictadura.

sábado, 26 de julio de 2014

De haber entrevistado a García Márquez




Por Matías Rótulo


No tendría nada para preguntarle a Gabriel García Márquez. Soy un pésimo periodista. Sin estilo, desprolijo, desencantado, sin ninguna idea genial que sea traducida a una pregunta para el mismísimo Gabriel García Márquez.

Simplemente le pediría que me hablara de Sófocles, Aristófanes y la sensación que le provocó ver su primer artículo periodístico publicado en un diario. En realidad quisiera escucharlo decir algo sobre Dostoievski y su obra. Cosas insignificantes para el público lector de la entrevista. Cuestiones que me interesan a mí y sólo a mí. Cualquier editor de diario me gritaría por mi inoperante charla, rompería mi artículo en pedazos, la redacción se llenaría de ese silencio que rodea a las redacciones de los diarios cuando un jefe le grita a su escriba por algún error imperdonable, por haber tirado a la basura una entrevista a Gabo.

viernes, 25 de julio de 2014

¿A dónde van las 800 mil toneladas de basura que tiramos?


La Intendencia intenta que no existan más recicladores en carritos, y que la gente separe su propia basura según el tipo de producción posterior. De nuestros desechos se generará gas, y actualmente se hace fertilizante, pero podrían hacerse más subproductos energéticos y productivos.


Por Matías Rótulo (publicado el 9 de junio de 2012 en La República)

En 1985 llegaban al vertedero municipal unas 200 mil toneladas de basura por año, y en 2011 llegaron 800 mil toneladas. Pero, ¿qué ruta hace nuestra basura? El proceso de la basura no termina cuando la tiramos en nuestra casa, sino que recién ahí es cuando empieza una larga cadena que desemboca en un tratamiento específico según su origen. Los residuos industriales, hospitalarios y los hogareños, generarían un caos ambiental de no ser tratados adecuadamente. En el mundo, la basura es motivo de competencia. Competencia económica por la generación de energía, y por los subproductos que de ella se pueden obtener. El reciclaje puede ser a nivel del hogar, pero también desde los municipios y el propio Estado se podría lograr obtener beneficios económicos, energía, y cuidar el medio ambiente.

jueves, 24 de julio de 2014

Puglia invita: un milagro de paladar fino


ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS

Hunde el pancito en la salsa, y el tenedor se eleva con la gracia de un cohete espacial en órbita que viaja del plato a la boca. El labio inferior se divorcia del superior, dejando pista libre para que el metálico dientón aterrice en la lengua humedecida de Sergio. El exquisito manjar se mezcla con las gotitas de vino blanco que accionan una serie de recuerdos en la memoria gastronómica del conductor. Se percibe una mueca de alegría simple en la comisura de los labios, alegría que limpia con una inmaculada servilleta de tela suave y algodonada, blanca y perfumada de almidón.

Por Matías Rótulo (Publicado en Voces 439)

Todo pasa mientras alguno de los invitados explica su posición sobre la baja de la edad de imputabilidad, o sobre la obra de teatro que está representando. ¿Qué es lo raro? Que alguien hable en televisión mientras almuerza no es nada nuevo. ¿Que exista un programa que permita que durante una hora y media estén en la pantalla las mismas personas sin obligarlas a hacer ninguna payasada ante la gran audiencia? Lo raro, lo diferente, es que esos invitados tengan la oportunidad de hablar sin risas forzadas de fondo ni peleas. El menú de temas lo pone en la mesa Puglia: educación, cultura, sociedad, religión, medios de comunicación, y una buena dosis de pasada por el lomo al conductor del programa y su extensa carrera. Bueno, ¡Encima que los invita a comer!
Hace algunos años escribí en esta misma columna una crítica poco apetitosa sobre uno de los programas de Sergio (si es que me permite llamarlo así, por su nombre). Hoy no reafirmo nada de lo dicho por entonces. Al contrario, reivindico a “Puglia Invita” y su utópico pero –a las pruebas me remito-, realizable sueño de que la televisión alguna vez se acuerde más del teatro, y los actores, de los artistas y los bien pensantes. En “Puglia Invita” el televidente no descubrirá ninguna revelación filosófica profunda, no solucionará ningún problema personal, y mucho menos lo hablado le servirá a un estudiante como fuente para un examen de ninguna materia universitaria.

 Pero “Puglia Invita” es un verdadero milagro de la cocina mundial. Sobrevive en el inmenso horno de vanidades que es la televisión uruguaya, en la cual se cocinan a fuego lento las más simples y perdurables ideas. Esas ideas se llevan adelante con recetas repetidas, de ingredientes fáciles de cocinar, pensando siempre en comensales más hambrientos que exigentes. Sergio Puglia es la sopa de la televisión, aquello que dicen que nadie quiere, pero que en definitiva, cuando la probamos queremos terminarnos el tazón.
 “Puglia Invita” es un fenómeno a estudiar, ya que en tiempos en los cuales es más fácil conectarse con alguien por Internet en eso que ahora llaman “establecer una red social” a miles de kilómetros de distancia (aunque a veces esté a dos cuadras, pero es más fácil chatear que olerle el aliento al otro), Sergio sienta en su mesa a cuatro personas, con cuatro cámaras de televisión encima,  a masticar mientras hablan y comen.
Es la versión oriental y menos derechista de Almorzando con Mirtha Legrand, y menos graciosa que Almorzando con Chichita. No es un programa que indigeste. Tampoco tiene la receta secreta del manjar televisivo. Sergio pretende llenarnos la panza o el alma ignorante de nosotros hambrientos. No es divertido como comer un helado de tres gustos, pero alimenta en algo a la desnutrida pantalla oriental.

Algún día espero que Sergio me invite a almorzar. Prometo no comer postre.



Lea Voces


Tapa de esta semana