Bandera de Uruguay Año VI Blog el inaugurado el 15 de diciembre de 2008. Desde Montevideo, República Oriental del Uruguay - 2014.

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sábado, 15 de noviembre de 2014

Fernando Vallejo y Hannah Arendt: apátridas judíos, apátridas colombianos (I)

Hum Bral                                  INTERTEXTUALIDADES

Fernando Vallejo
Uno de los productos del régimen Nazi fue la generación de un “sujeto apátrida” según Hannah Arendt que en una entrevista[i] para televisión dijo que, si bien era alemana, cuando descubrió de adolescente que era judía dejó de sentirse alemana, entre otras cosas porque descubrió que tenía rasgos judíos y porque además, “¿Qué pertenencia podía tener yo a un lugar que nos expulsaba?”

Por Matías Rótulo (publicado en Humbral el 7-12-13

Explica Berstein[ii] sobre lo que opina Arendt:

 “ella aborda el tema de la superfluidad en La caída del Estado Nación y el fin de los Derechos del Hombre. Nos dice que la condición de apátrida es el más reciente fenómeno de masas en la historia contemporánea, y la existencia de una nueva y creciente población compuesta de personas apátridas, el grupo más sintomático de la política contemporánea”.


Hannah Arendt

Muchas décadas después, un autor colombiano, Fernando Vallejo hace aparecer a Colombia como el mal instalado en un mismo territorio a partir de su estructura política y social en un marco histórico complejo. Este contexto expulsó al personaje (alter-ego de Vallejo escritor) que recorre todos sus libros y que en ellos condena a morir a su personaje, condenando también a todos los colombianos, tal como expresa en La Rambla Paralela[iii]. Esta problemática, -la de la muerte de una sociedad, una nación, etc.-  está presente desde los inicio de la obra literaria de Vallejo (autor) a la vez que comienza la vida de Fernando Vallejo (personaje), por ejemplo en Los días azules de 1985[iv], hasta llegar a la extinción del personaje en La Rambla Paralela. Fernando Vallejo (personaje) es justamente un muerto que vive y viaja a una feria de literatura en España a representar a Colombia. La paradoja es que un muerto representa a Colombia, un escritor muerto, un viejo que ni siquiera sabe que está muerto.

Cito un diálogo de La Rambla Paralela:

“(…) No hay conversación de colombianos que no desemboque ahí, en el corazón de ese país que arde. —A Colombia lo que le falta es una ley que prohíba la proliferación de leyes —diagnosticó el viejo—. Y otra que prohíba la proliferación de gente. Y una vieja verraca como el verraco'e[v] Guaca que las haga cumplir. ¿Sabe usted quién es o fue el verraco'e Guaca? ¡Qué va a saber! Ya no queda ni uno en este mundo que lo sepa. Los que sabían se murieron y la expresión desapareció”. (LRP, 19).

Este es el efecto de Colombia: la verbalización de los colombianos, aunque se evidencia una primera muerte: la de la lengua, con la pérdida de un término no por desuso, sino por la muerte de los hablantes. La muerte no es solamente la de la lengua que va perdiendo su tradición frente a la penetración cultural, la muerte del hablante, el desuso, o los cambios lingüísticos[vi]. Estamos frente a la muerte deseada también del Estado, según el narrador que argumenta que la proliferación de leyes, lo reproductivo de las leyes está asociado a un Estado que es “una puta”. ¿Cómo negar la proliferación de leyes en una nación, siendo que las leyes son parte de la necesaria organización Política de un Estado, sea cual sea su sistema de gobierno? En el intento que propone como solución para mejorar la situación de “ese país que arde” es despoblarlo de su orden y el motivo de su orden: la ley y la población. La la “proliferación de leyes” tal vez refiere a las leyes como poco efectivas (desde un punto de vista pragmático) o como negativas para la sociedad (desde un punto de vista político y teniendo en cuenta el largo historial de corrupción que bañó de sangre a Colombia). Además la “reproducción” en el entendido de la especie humana y en relación de la pobreza, o todo tipo de reproducción es condenada por el personaje, por lo que la condena recae también en la reproducción legal antes referida.
Pero no solo el orden jurídico es cuestionado ya que al mismo nivel de organización negada se ubica a la Iglesia:

“La Iglesia, güevón, no es una colectividad religiosa sino un ´ente´ económico-político, con bancos, barcos, aviones y todo tipo de intereses terrenales. Lo único que le falta hoy al Vaticano es montar una cadena de burdeles con Monaguillos” (LRP 44).

¿Pero esto es Colombia? Es momento de citar el epígrafe que Hannah Arendt elije para su libro Eichmann en Jerusalén: “¡Oh, Alemania! Quien solo oiga los discursos que de ti nos llegan, se reirá. Pero quien vea lo que haces, echará mano al cuchillo”. La cita pertenece a Bertolt Brecht.
Sabemos lo que piensa el personaje creado por Vallejo, pero ¿Por qué lo piensa? Arendt plantea que el pensamiento mismo surge de la actualidad de los incidentes, y los incidentes de la experiencia vivida (cit. Berstein). La Rambla Paralela posiciona a un personaje en dos situaciones de enfrentamiento a su realidad: en primer lugar en enfrentamiento a su pasado, en la búsqueda misma de su pasado, su casa de la infancia. Se podría hacer así un rastreo  desde el mismo inicio de la obra que pone en cuestión una nueva dicotomía: lo bueno del pasado contra lo maligno del presente, aquello que el personaje rescató cuando apareció en el primer libro de Vallejo, a este último donde está muerto (aunque vivo). Ahí entra Colombia como el lugar donde todo se destruye  o se construye para destruir, un país que determina su segundo enfrentamiento, el literal, desde la muerte a la “vida”:

“—¿Estoy llamando al setenta y cinco ciento veintitrés?
—Sí pero no.
—¡Cómo! No le entiendo. ¿Ésa no es la finca Santa Anita?
—Aquí era pero ya no es: la tumbaron.
—¡Cómo la van a haber tumbado!
—¿Y por qué no? Todo lo tumban, todo pasa, todo se acaba. Y no sólo tumbaron la casa, sabe? ¡Hasta la barranca donde se alzaba! La volaron con dinamita y únicamente dejaron el hueco. Un hueco vacío lleno de aire.
—Señor, por favor, no se burle que le estoy hablando de larga distancia.
—Ya sé, me di cuenta por el tónico. Lo oigo como desde muy lejos.
— ¿Pero sí estoy hablando a la finca Santa Anita, la que está entre Envigado y Sabanera, saliendo de Medellín, Colombia?
—A la misma. Al aire que quedó.
—Y que es de Raquel Pizano.
—Era: de misiá Raquelita. ¡Cuánto hace que se murió!
—¡Cómo se va a haber muerto, si es mi abuela!
—Ah, ¿y porque es su abuela usté cree que no se va a morir? Todos nos tenemos que morir, hombre, no sea bobito. Es más: ahí donde está usté, en esa cama, también ya está muerto. Vaya mírese en el espejo y verá. ¡Levántese!” (LRP, 4).
   
El personaje está muerto (literal y simbólicamente muerto), no existe más allá de sí mismo, aunque cabe preguntarnos, no desde un cuestionamiento a la verosimilitud sino desde un análisis crítico: ¿quién está más muerto? ¿La voz del otro lado del teléfono en Colombia, país representado por un muerto (El Viejo, Fernando Vallejo, el persona) en la feria literaria o “El Viejo” que en realidad está muerto? Para el viejo, lo no existente podría ser lo muerto que revive en la nostalgia del pasado que se presenta como una idealización de un presente que no existe. De hecho, la representación de Colombia es la de un “hueco”, un vacío se hace a la vez que se considera el hueco de la mujer, su vagina, como algo procreador, reproductor y fundamentalmente asqueroso. Ambos son –expresa el personaje- huecos como reproductores del mal: Colombia y la vagina de la mujer como metáforas ya no de un alumbramiento sino de la oscuridad, una tumba construida en los cimientos de una nación en la cual proliferan otras tumbas, tumbas en las cuales parecen los hombres programados para ocupar, al igual que están programados para procrear nuevos ocupantes[vii]:

El hombre no es más que una máquina programada para eyacular, y lo demás son cuentos. Que eyacularan, pues, si querían, y si querían en el interior de una vagina; pero eso sí, que la dueña de la vagina se lavara, no fuera a ser tan de malas que la preñaran y nueve meses después le saliera, por el mismo hueco ciego por donde entró la babaza blanca, el hijo negro del Chamuco, de Nuestro Señor Satanás que en los infiernos reina, con cola y cuernos y una gran vara” (LRP, 41).

Colombia es simbolizada por la mujer pecadora, el hombre es el reproductor al cual se le perdona la culpa al ser solamente “una máquina programada para eyacular” por una manifestación divina (que más abajo veremos que se intenta anular): la reproducción del macho sin más, sumido en su sí, esperando la muerte, aceptándola y cavando su propia tumba.

Colombia es el país presentado por oposición a otros países o ciudades en La Rambla Paralela, porque de hecho, lo paralelo siempre está presente en la narración:

“Por fortuna en Barcelona no había niños. Ni perros abandonados, ni putas embarazadas. Putas sí, y muchas, pero no embarazadas. Una ciudad civilizada, en fin, donde él podía vivir” (LRP, 24).

Vale la pena citar este extenso pasaje que define la raíz de este pensamiento:

“—El hombre no es más que una máquina programada para eyacular, y lo demás son cuentos. Que eyacularan, pues, si querían, y si querían en el interior de una vagina; pero eso sí, que la dueña de la vagina se lavara, no fuera a ser tan de malas que la preñaran y nueve meses después le saliera, por el mismo hueco ciego por donde entró la babaza blanca, el hijo negro del Chamuco, de Nuestro Señor Satanás que en los infiernos reina, con cola y cuernos y una gran vara. (…) Los terneros correteaban por los pasillos como endemoniados, y a sus ´putas´ madres o ´putas ´vacas les leía en sus ´putas´ testas las intenciones de parir más. Lo que se necesitaba no era un Herodes. Eran Atila y Gengis Khan. Que volvieran y arrasaran ´hasta con el nido de la perra´ como decía la abuela”. (LRP, 41)

El personaje condena a los futuros nacidos a un mundo dividido entre el bien y el mal donde ser hijo de prostituta es una condena, al igual que ser hijo de Colombia, o hijo del mundo. Se pone en juego la idea de “herencia”. Lo mismo es aquello que los Nazi buscaban de los judíos: sus genes para condenarlo. El narrador anuncia categóricamente la perdición, ya no de un “enemigo” sino de un contexto. Nacer en Colombia no sería ningún beneficio: de la misma forma en sus anteriores obras, se manifiesta el recuerdo latente de los personajes por una infancia, por ejemplo en La Virgen de los sicarios.
Nacer –en el concepto vallejiano-, es salir de un huevo y meterse en otro hueco. Los huecos (la vagina, lo que queda de su casa, lo que queda de los incendios, las tumbas), supongo, podrían ser símbolos de aquello que queda del pasado, pero lo mismo que persiste en un análisis del presente donde todo es inflamable:

“Qué más da, ¡se me olvidó! Todo pasa, todo se olvida: teatros, barrios, hoteles, ciudades, perros, gatos, gente... Del incendio del teatro no quedaron sino ruinas y cenizas; y cuando descombraron las ruinas y el viento se llevó las cenizas quedó el hueco”. (LRP, 5)

El hueco es visto como lo negativo del producto de lo malo, lo que produce la maldad nunca identificada. El personaje habla de Colombia pero nunca explica qué es Colombia, como si bastara con mencionarla para crearnos un universo de sentido autónomo. Lo mismo intuimos de los hombres cuando nos nombran a algunos personajes: Hitler, o los campos de concentración y los huecos abiertos en ellos.  
El personaje idealiza al conflictivo (tanto o más que Colombia) México y también a Barcelona, lo cual si bien rompe con la verosimilitud, le imprime un alto grado de crítica a Colombia, frente a lo que el lector conoce de la realidad mexicana.

El personaje es apátrida en tanto exiliado. Pero además de estar apartado de su lugar, de su casa,  de su mundo, aplica una constante destrucción simbólica de esa patria. La destrucción simbólica de la patria, el desconocimiento de esta y la no pertenencia identifican a los personajes vallejianos en su conjunto bibliográfico. Son colombianos que por lo general no respetan las leyes, critican a su propio país y hasta se burlan de él. “Se llama Medalla” dice Alexis en la película La Virgen de los Sicarios[viii] y Fernando contesta después de sorprenderse por cómo las cosas han cambiado: “Medellín, ya era un nombre antiguo” y luego dice Fernando “es un hueco horrible”.
Explica Berstein sobre Arendt que:

 “ella aborda el tema de la superfluidad en La caída del Estado Nación y el fin de los Derechos del Hombre. Nos dice que la condición de apátrida es el más reciente fenómeno de masas en la historia contemporánea, y la existencia de una nueva y creciente población compuesta de personas apátridas, el grupo más sintomático de la política contemporánea”.

La pérdida de patria en La Rambla Paralela genera un personaje que además de perder su patria, es rechazado por apátrida, o por pertenencia a su patria, reviviéndose entonces la intención clasificatoria del régimen Nazi, aunque más no sea por el pasaporte que identifica a ese lugar fácilmente reconocido: Colombia, América del Sur, o cualquier otro lugar considerados “peligrosos”. Lo que ha logrado Colombia en el personaje, y también los países que visita se acerca a la dominación total del hombre que indica Arendt que consiste en el  proyecto de “asesinar a la persona jurídica en el hombre” (cit. Berstein) y que “empezó mucho antes de que los nazis establecieran los campos de la muerte”. Arendt –explica Berstein- se está refiriendo a las restricciones legales que privaron a los judíos (y a otros grupos como los homosexuales y los gitanos) de sus derechos jurídicos:

“El objetivo de un sistema arbitrario es destrozar los derechos civiles de toda la población, que en última instancia se sitúa tan fuera de la ley en su propio país como los apátridas o quienes carecen de casa. La destrucción de los derechos del hombre, el asesinato de la persona jurídica en él, es un prerrequisito para dominarlo completamente”.

Ejemplificando con La Rambla Paralela, leemos al respecto:

 “En el Paseo de Gracia está el consulado francés: allá fue el viejo a pedir visa para poder regresar a México por Francia, no le volvieran a hacer los de Inmigración la de la venida, impedirle pasar de una sala a otra en el aeropuerto.
— ¿Cuánto piensa quedarse en Francia? —le preguntó el vicecónsul que lo atendió.
—Lo que tarde en cambiar de avión —le contestó el viejo—. Pero le solicito visa por dos días por si Air France se retrasa y no llego a París a tiempo de hacer la conexión.
—Air France no se retrasa —replicó el comemierda con arrogancia y le estampó el sello: por un día.
— ¿Y si pierdo el avión a México qué hago? ¿Me esfumo en el aire, o qué?
—Es cosa suya. ¡El siguiente!” (LRP, 54)


El colombiano es expulsado de su país, pero también del mundo, o poco tolerado al cargar la herencia de lo que es su país:

“En París, en el Charles de Gaulle, por confusiones ya no de los verbos sino de las que arman los funcionarios de inmigración, al viejo iluso y tonto acabado de desembarcar de México no lo dejaron pasar de una sala a otra del aeropuerto a tomar el avión a Barcelona.
— ¿Por qué? —preguntó. —Por colombiano —le contestaron—. O sea por ladrón, atracador, secuestrador, narcotraficante y asesino”. (LRP, 5)

Es decir: por tener una patria o por haberla perdido al nacer en ella. Esa es la herencia del siglo XX.









[i] Entrevista de Günter Gaus, a Hannah Arendt en 1964, disponible en http://www.youtube.com/watch?v=DEvmtzg8JE0. Internet. Visto el 10 de setiembre de 2013.
[ii]Bernstein, Richard “¿Son todavía relevantes las reflexiones de Arendt sobre el mal?”. Visto en http://textos.pucp.edu.pe/pdf/1650.pdf el 25 de octubre de 2013. Internet.
[iii] Vallejo, Fernando. La Rambla Paralela. Alfaguara: Buenos Aires, 2002. Impreso.
[iv] Vallejo, Fernando. Los días azules. Santillana: México DF, 1985. Impreso.
[v]Cerdo macho (según la RAE), o caracterizado como cerdo “semental” en Colombia pero más que nada “grande” o “excelente”.
[vi] Vale recordar que el autor es un destacado lingüista y en sus obras se refleja la preocupación por el uso de la lengua.
[vii] Cito a Hannah Arendt en Eichmann en Jerusalén (Pp. 13) “El contraste entre el heroísmo de Israel y la abyecta obediencia con que los judíos iban a la muerte —llegaban puntualmente a los puntos de embarque, por su propio pie, iban a los lugares en que debían ser ejecutados, cavaban sus propias tumbas, se desnudaban y dejaban ordenadamente apiladas sus ropas, y se tendían en el suelo uno al lado del otro para ser fusilados”.
[viii] Schroeder, Babert. La virgen de los Sicarios. RBC, y otros, Bogotá París, 200. Filme. 

Paro nacional de Secundaria, lunes 17/12 por 24 horas




Comunicado a la opinión pública:

                                               Los trabajadores del Liceo Barros Blancos Nº1 nos movilizamos exigiendo a las autoridades de la educación y al Ministerio del Interior  que asuman su responsabilidad y tomen medidas sobre los lamentables hechos de violencia que se viven en nuestra Institución.

En el día de ayer, viernes 14 de noviembre de 2014, al finalizar el turno vespertino se suscitó un hecho de violencia entre dos alumnas en la puerta del Liceo Barros Blancos Nº1, que escaló en agresión física  y amenazas por parte de adultos ajenos a la Institución  a una de estas estudiantes, a una adscripta y la subdirectora de la Institución. Estas últimas intervinieron en el pleito queriendo salvaguardar la integridad física de las estudiantes. A pesar de las denuncias realizadas en la Seccional 25,  hasta el momento los adultos agresores están libres bajo apercibimiento judicial. Cabe resaltar, que  estos mismos agresores ya tenían antecedentes de amenazas de grave tenor a los alumnos y  al cuerpo docente y directivo de la Institución. Pese a las denuncias realizadas no se han tomado medidas cautelares y preventivas para los funcionarios de la Institución.
                                                
Este lamentable hecho se enmarca en un contexto de aumento paulatino de violencia a nivel social que tiene foco en los docentes  y la comunidad educativa toda (primaria, secundaria y UTU).
Debemos reflexionar y tener clara conciencia que estos hechos son repudiables y no podemos permitir que se naturalicen y se repitan.
Como funcionarios de la Institución  reclamamos y exigimos una pronta resolución judicial y del CES que proteja la  integridad física tanto de los alumnos como de trabajadores.



Trabajadores del Liceo Barros Blancos Nº1

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Comunicado de Fenapes


 Ante la situación suscitada en Barros Blancos en el día de ayer 14 de noviembre de 2014 donde dos compañeras fueran agredidas física y verbalmente con amenazas posteriores, el Comité Ejecutivo de FENAPES resuelve amparado en las facultades estatutarias la realización de un Paro Nacional de 24 hrs. el día Lunes 17 de Noviembre dando cumplimiento a la resolución de la Asamblea General de Delegados relativa a las situaciones de violencia contra trabajadores docentes.
    Ha sido reiterado en los últimos tiempos la agresión a docentes por parte  de personas ajenas a las instituciones educativas. Esto no puede desmarcarse de la violencia imperante en la sociedad así como tampoco de la forma  en que desde los medios masivos de comunicación y desde el sistema político se desprestigia a los trabajadores de la educación. Situaciones como éstas generan que pocos quieran ingresar o permanecer como trabajadores de la educación.
    Ningún trabajador debe ver en riesgo su integridad física por cumplir con su trabajo. Y debe ser reflexión de la sociedad toda, cómo superar situaciones como ésta y potenciar el respeto por todos y cada uno de los individuos sin distinción. Los trabajadores de la educación apostamos, trabajamos todos los días construyendo una democracia mejor.
 


             



                       

jueves, 13 de noviembre de 2014

Periodista: deus ex machina




Los periodistas desde la máquina (Deus ex machina) son creadores. Crean como Dios cuando llamó a los  hombres “hombres” y los hizo a su imagen y semejanza soplándole la nariz. Dios dijo y señaló, y al hacerlo fue grande, hermoso, victorioso… Nosotros le soplamos la nariz a la gente, y lo hacemos a nuestra perturbada imagen. ¿Quién es el que relata lo que hizo Dios en ese diario llamado La Biblia? Un cronista, ese tal hombre llamado Samuel. Desde ahí, somos grandes. Todo lo vemos pero poco advertimos.

Por Matías Rótulo


Los periodistas tenemos poder, ya no sólo social o político. Lo tenemos ante otros periodistas desde la máquina. El medio televisivo es potente, pero cuando leen en televisión mi nota escrita desde mi máquina en la redacción de un diario: ¡Eso sí es poder! Ellos le ponen cara y voz a lo que creo en mi cueva. Los periodistas desde la máquina son creadores, y los de la radio y televisión (perdón por la generalización, no se olviden que soy un periodista desde la máquina), que también son periodistas desde la máquina y en la máquina, repiten la palabra del señor como si fueran los testigos de mis hazañas. Obedecen a lo dicho, reiteran frases exactas, no citan la fuente, y por eso legitiman a esos dioses. Si me leen y tantos otros me escuchan, por algo será.

La cobertura del asesinato de una joven en Maldonado no debe ser lo cuestionado, tal como surge en algunos medios y en mi mismo sindicato, la Asociación de la Prensa Uruguaya mediante un comunicado emitido hoy. Lo que tiene que estar en debate son las consciencias, dar un debate de consciencia es romper con la estructura utilitaria con la que periodistas, dueños de medios y hasta consumidores, ven esta rama de la actividad.
El problema es informar y a la vez vulnerar a personas indefensas. El problema no es informar y vulnerar a la familia de una víctima. El problema es además una cobardía de los dioses: difamar a alguien muerto, a alguien que no se puede defender.
Pero a los periodistas nos gusta afirmar cosas tales como “todos lo hacen y yo obedezco órdenes”, o “yo tengo que laburar y esto me da de comer”, o “yo no hago filosofía, hago periodismo”. Sobre la primera, los dioses demuestran que son en definitiva las ovejas que obedecen a otro ser superior que sabe que en la repetición del producto con mejoras sutiles hay una buena competencia: el empresario.
En cuanto a la segunda, se marca que la indignidad va de la mano con el trabajador. El examen de consciencia en ese caso es imposible.
Por último, la afirmación de no hacer filosofía y si periodismo es omitir que esa misma afirmación tiene un dejo de filosofía berreta.

Somos dioses creadores
Un jefe, editor de un diario montevideano donde yo trabajaba, me pidió hace algunos años que armara un perfil sicológico de una asesina. Como buen sicólogo que no soy, me negué a hacerlo. Fui un Dios negador. Tras un momento de tensión (porque entre dioses en la máquina la lucha es homérica), él mismo decidió hacerlo. De su perfil de Facebook descubrió algunos de sus gustos, que la mujer se había divorciado y que amaba  de música lenta: el periodista detectó en eso una depresión que se relejaba en esas melodías melancólicas. Al otro día se publicó el perfil de la asesina. El deus ex machina hizo funcionar los resortes de las rotativas con la tinta que chorreaba sangre. ¿Vendió más diarios? La amenaza utilitaria sobre el sueldo, el trabajo que yo podría perder, no le ganó a mi batalla de consciencia. Pero en definitiva, el victorioso fue él, y el fracasado fui yo. Mi consciencia no se impuso a su utilidad. Porque se impuso la jerarquía, algo que los periodistas no hemos sabido afrontar últimamente.
Sabemos que hay otros dioses desde la máquina que están por encima de nosotros y nos piden vender diarios y dar primicias. Los periodistas de diarios y semanarios somos bastante ineficientes, pues por más intentos que hagamos, cada vez se venden menos diarios. Yo mismo, que trabajo en la cocina de un Semanario no logro que mi medio venda más de lo que vendía, haga lo que haga, ponga en la tapa lo que sea.

La utilidad es todo
Hace pocos días un político les pidió a los periodistas que entrevisten a otro político. Ningún periodista se quejó de tal atrevimiento. Es más, fueron corriendo a obedecer.
El ser utilitario del Dios es máquina, el periodista desde la máquina nos lleva a que todo tiene que tener un por qué. Abundan las notas tituladas con “¿Por qué?” Un ejemplo “¿Por qué las bananas adoptan la forma alargada”? Que es igual a “¿Por qué los sindicatos hacen paro esta tarde?” (Los ejemplos son del Dios desde la máquina autor de esta nota). Entonces corremos los periodistas atrás de un por qué. Hace algunos años, un artículo de prensa detallaba la vestimenta de una adolescente violada en Montevideo. Su ropaje liceal, y que en vez de ir a su casa decidió ir a la Rambla. Dios nos persuade a imaginarnos situaciones. La noticia fue tal, no por el abuso, sino por la provocación de la abusada. El Periodista desde la máquina, el deus ex machina, detesta la lujuria y la tentación y nos hace saber eso. Al decirnos que la culpa fue de la víctima, perdona los pecados del victimario.
En Argentina, Clarín (al igual que en el caso de Maldonado) también hizo hace pocas semanas un perfil de una chica desaparecida: nos contó de sus amistades, de su abandono al liceo, de sus gustos personales. Luego, la chica apareció muerta. Dios escribidor hizo su trabajo: desvío la atención a favor del asesino.  

Somos dioses
¿Qué nos lleva a los periodistas a hacer este tipo de notas? El caso de la joven de Maldonado asesinada hace pocos días sigue demostrando nuestro ser deus ex machina. Tenemos el poder para tomar decisiones en cuestión de horas. Las redacciones son nuestra nube de humo desde la cual todo lo vemos, todo lo sabemos, todo lo sentimos. “Es lo que la gente quiere leer” decimos los dioses del periodismo tras sacar las narices puertas afuera de nuestra redacción contaminada de olor a papel y tinta, para descubrir lo que la gente desea. Olemos y decidimos. El tema del día es el asesinato de una muchacha. La gente quiere saber por qué. La gente cree que fue porque ella estaba en cualquiera. Informemos por ahí.
La gente quería leer, ver y escuchar (para algo los dioses desde las máquinas les dimos orejas y narices a nuestra criatura: el espectador) no sobre lo que ocurrió, sino sobre lo que queremos que se piense que ocurrió. En un programa de televisión se llegó a preguntar sobre el asesinato y las casusas a los panelistas, como si los panelistas fueran detectives. Porque Dios es creador de su propia esencial, su propia materia fecal.
¿Y qué es dar primicias? Mi primicia dura menos que la sensación de satisfacción de un orgasmo. Doy la primicia, digo la novedad, y hoy en día esa novedad se diluye en la repetición. Luego del orgasmo abro un libro.
Pero saciamos nuestro poder siendo máquinas y haciéndolas funcionar a nuestro modo. La chica no estudiaba. La chica era joven. La chica fue invitada a prostituirse.  Ese es el perfil perfecto para que el lector obediente al dios de la máquina interprete que la chica es la culpable, y como ella, todas aquellas que desde la vulnerabilidad y el desamparo no estudian, son jóvenes y son invitadas a prostituirse (“invitada” es un eufemismo de mal gusto ya que eso se llama ser explotada, abusada, y es un delito que antes de esconderse debería denunciarse).
  
Con quién se juntaba no importa. Yo me junto con periodistas que son dioses desde la máquina y que se hacen los sicólogos y eso no me hace un amoral.
Los periodistas dioses desde la máquina cierran la nota, la entregan y se van a dormir. Llegan a casa y se tiran en el sillón a revolverse el ombligo, expedir gases y tomar cerveza. Son todos iguales. ¿Vieron que feo es sentirse en un grupo humano tras una generalización absurda? De la misma forma se generaliza como posibles culpables a todas las adolescentes y los adolescentes (que son muchos, pero como dioses que somos no les hablamos al ser inferiores), que están en la misma situación.
Pero si bien ahora el Dios todopoderosoyperiodista se siente agredido, cuando vaya  a una reunión, alguien le preguntará: “che, vos que sos periodista, ¿Qué sabés sobre la supuesta homosexualidad del candidato?”. Se nos inflará el pecho. Que dependan de nosotros nos hace dioses útiles. Entonces, aunque no sepamos, contaremos la historia que nos dicta nuestro divino entendimiento. Porque si podemos reconstruir un crimen basándonos en dos o tres datos, bien podemos detallar también la bombacha que oculta alguien con poder en su bolso de tenis.

Somos dioses y con eso basta. Somos necios y con eso basta. Deus ex machina.


Hagamos una revisión de nuestra consciencia. Bajemos del cielo. Un día nos puede tocar a nosotros ser la noticia. Y ahí rezaremos para que Dios no nos condene. 


PD.: tal como me acota una diosa desde la máquina llamada Florencia: a los dioses no se los cuestiona. Si, tenemos ese poder. Lamentablemente. 




BDU

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS



Esta columna se caracteriza por ser ácida y molesta como el hipoclorito después de lavar el baño. Estuve pensando en qué puedo decir sobre “Buen Día Uruguay” (BDU). Empecemos con que lo conduce un murguista, un periodista deportivo y una ex modelo. Han mejorado: antes lo conducía dos actores y una señora gritona.

Por Matías Rótulo (publicado en Voces 455 del 13-11-14)

Escribo en nombre de todos los escribas de Voces: nos gusta por unanimidad BDU ya que hay que ver cómo en la primera media hora, los conductores se pasan por la entrepierna que trabajan en el canal de Romay y han instalado una suerte de base de izquierda sindical in situ, con comentarios que ameritarían que Unidad Popular reclame la presencia de un representante en el estudio.
Ser murguista, ex modelo y periodista deportivo a priori podría ser una amenaza pública por la mezcla extraña de personalidades. Pero he estado viendo este programa de televisión con cierta alegría: se puede ver más de la mitad sin sentirse incómodo, o estúpido. Eso podría ser porque el programa es bueno. O porque lo demás (lo de los otros canales) son menos agradables que el olor al baño antes de lavarlo con hipoclorito.
El murguista (a esta altura también periodista, escritor, crítico, conductor, intelectual y abonado a la conducción de matutinos televisivos), la ex modelo (locutora, conductora, etc.), y el periodista deportivo (hombre orquesta en “Telebuendía”) hacen lo que no hacen muchos periodistas “serios” que trabajan en televisión: informar con responsabilidad. ¿Qué es informar con responsabilidad? Contrastar fuentes, poner en debates aquellos temas de actualidad que preocupan, llevar diversidad al televidente, y procurar que el programa no pierda dinamismo. Si, también tienen el espacio de la cocina divertida, la movilera de apellido ilustre, las risitas, los chistes internos, los tarotistas, astrólogos, videntes, místicos y supersticiosos que contratan espacios y el meteorólogo que con su método científico le erra más que los tarotistas, astrólogos, videntes, místicos y supersticiosos juntos. Perdón Núbel, está de moda pegarle a los meteorólogos.
Mientras en otros canales, mejor dicho, mientras en Canal 12 todo transita en la perfección imperfecta de la banalidad y la estupidez transformada en “buena onda”; Mientras en Canal 10 se arma una kermesse sin tiros de pelotas de tenis al patito; Mientras ocurre todo eso, en Canal 4 se ponen en debate diversos temas de interés general, sin abusar de la idea generalizada que para hacernos amenas la mañana se deben hacer payasadas tales como vestirse de Chapulín, maltratar a los compañeros, reírse estruendosamente, y tirar papelitos al aire festejando chistes de los otros.
En BDU se terminó el programa de chusmerío berreta del pasado y para convertirse en un espacio de bien público, donde el que consigue más ganancias igual sigue siendo el medio de comunicación. BDU Rompe con la solemnidad de los periodísticos de TNU, pero también con el conventillo de su competencia privada. Es un programa donde no se hace nada original. Por cierto, hacen “La Tertulia”, idea ya impuesta por Emiliano Cotelo en El Espectador, que en algún lugar leyó algo de historia griega y descubrió que daba resultado eso de parlamentar sobre cosas de interés.
No se van a ganar un premio por la idea más innovadora en comunicación del año. Ellos se conforman con un Iris. Simplemente ponen un límite entre la estupidez y la información priorizando la segunda. En una televisión tan pobre como la nuestra, un programa tan básico como BDU debe ser elogiado. La semana que viene destacaré a Daniel Alejandro como el periodista mejor informado del Uruguay.



Pronunciamiento sobre caso en Maldonado



Teniendo en cuenta el pronunciamiento de la Asamblea General Extraordinaria de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) del 12 de abril de 2013, el Tribunal Arbitral del sindicato –asistido por una comisión especial- desea realizar un llamado de atención a determinadas coberturas periodísticas, a la luz del Código de Ética.
En las últimas horas, el caso de una adolescente de 15 años que fue hallada decapitada en el departamento de Maldonado ha provocado conmoción y una amplia presencia en los medios de comunicación, así como su amplificación a través de medios electrónicos y de las redes sociales.
En algunas coberturas no se protege la identidad de la víctima y de su familia: el barrio, datos del hogar, de familiares, de vecinos, y finalmente el nombre y apellido de la adolescente fallecida quedan expuestos al público, violando el artículo 11 del Código de la Niñez y Adolescencia, que establece que “todo niño y adolescente tiene derecho a que se respete la privacidad de su vida. Tiene derecho a que no se utilice su imagen en forma lesiva, ni se publique ninguna información que lo perjudique y pueda dar lugar a la individualización de su persona.”
Este tribunal recuerda que el artículo 38 del Código de Ética Periodística señala que “quienes cumplen funciones periodísticas deben conocer los convenios, acuerdos internacionales y leyes nacionales que promueven los derechos de niños, niñas y adolescentes, cuando aborden temas vinculados a ellos.”
Algunas notas divulgadas no ahorran detalles escabrosos sobre cómo y con qué se dio muerte a la joven, así como el efecto del paso de los días en su cuerpo.
El artículo 20 del Código establece que: “La ética profesional exige tratar con respeto todos los temas y a todas las personas, sean o no públicas. Se recomienda evitar coberturas que impacten de manera emotiva al público por sobredimensionamiento de algunos factores (sensacionalismo) al informar sobre accidentes, desastres o hechos delictivos. El sensacionalismo se considera una forma inadecuada de tratar los hechos informativos (…)”
A su vez, se brindan detalles sobre el barrio, contexto social y presuntos comportamientos de la adolescente, planteando una forma de “justificación” o “explicación” de la violencia hacia ella. Por ejemplo, en este encabezado textual: “Había abandonado el liceo el año pasado. El contexto social en el que se movía. Su amistad con “Los Chispitas”. La invitación a prostituirse” o éstos: “no tenía horas de llegar” y “fumaba marihuana”.
El artículo 37 del Código de ética, en el capítulo referido a Género y discriminación, indica que “Los periodistas no deben atribuir a personas o comunidades valores o funciones sociales inferiores, ni usar figuras estereotipadas para valorar el desempeño de la mujer en cualquier ámbito (comportamiento, actitudes, vestuario).”
Como se señala en la “Guía: Periodismo de calidad para la cobertura y promoción de los derechos de niños, niñas y adolescentes”, las palabras “no son inocuas, construyen ideas, imágenes y conceptos”.
Por lo expuesto recomendamos a los colegas ser lo más cuidadosos posible en el tratamiento de este tipo de casos, sensibles para las familias involucradas y para el público en general, así como recordar el rol social fundamental que cumplen los medios de comunicación y por ello respetar y promover las buenas prácticas periodísticas.

Tomado del sitio web de la APU. 




miércoles, 12 de noviembre de 2014

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Tapa de esta semana, número 455, jueves 12/11/14




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lunes, 10 de noviembre de 2014

Monitoreo sobre amenazas a la libertad de expresión



La Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) anuncia que desde este mes se suma a la iniciativa del Centro de Archivos y Acceso a la Información Pública (CAinfo) de realizar un monitoreo sobre amenazas a la libertad de expresión en Uruguay.
Como señala la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) “el ejercicio periodístico solo puede ejecutarse libremente cuando las personas que lo realizan no son víctimas de amenazas ni de agresiones físicas, psíquicas o morales, u otros actos de hostigamiento”.
Uruguay ha incorporado una serie de instrumentos internacionales en materia de libertad de expresión y aprobado normas en el país que la garanticen, como por ejemplo la despenalización de los llamados “delitos de comunicación”, la Ley de Acceso a la Información Pública y el Proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (a estudio en el Parlamento).
En este marco, Cainfo puso en marcha un proyecto para analizar, documentar y poner en línea toda la información disponible sobre las amenazas al ejercicio de la libertad de expresión.
Uno de los principios que rige a la APU es “la defensa de las libertades de prensa, expresión y pensamiento frente al control, las presiones o las influencias de todo tipo; la lucha por el derecho al libre acceso a las fuentes informativas y por el respeto al secreto profesional, así como por el fuero y el estatuto del periodista; la defensa del derecho de los periodistas a no ser obligados a opinar, en los medios de comunicación social donde trabajan, en contra de su propio pensamiento”.
Es por eso que la APU apoya esta iniciativa de realizar el monitoreo y sumará su esfuerzo y los recursos que estén a su alcance para llevarlo adelante.

Tomado de www.apu.org.uy