Bandera de Uruguay Año VIII Blog el inaugurado el 15 de diciembre de 2008. Desde Montevideo, República Oriental del Uruguay - 2016.

lunes, 30 de mayo de 2016

Déjenme solo

No me dejen salir.
No me pidan perdón, tampoco comprendan mis motivos,
si se asustan.. buuu,
alármense,
desalámbrense
pero no me dejen salir.

No me dejen mentir
No se crean mi historia del poeta.
No pudran más la manzana, que la manzana está intacta,
pues no hay manzana alguna, les dije, les pedí que no me dejaran mentir.
No me dejen mentir, pues la verdad es la única esperanza
y la verdad es mentira.

No me dejen aquí,
Váyanse todos.
No me hagan venir.


No me dejen morir. Mátenme. Pero no me dejen morir.
Si muero en la guerra, que sea de espaldas,
corriendo de miedo, gritando a mis enemigos que no me dejen morir,
pues no me dejen morir.

No me dejen, no por favor, no me dejen besarla.
Que sus besos me desarman,
que no hay ojos verdes más infames
que no me dejen  besarla
que no quiero besarla
pero mi boca apunta a su boca
pero no me dejen, no me dejen mentir.

Que no me dejen besarla
pero no me dejen salir.
Que no puedo salir.
Que de risa se mueren lo serios.
No me dejen salir.

Que no puedo besarla.
Que el beso es amargura,
y lo amargo es tu beso,
pues tu beso no quiero besar
no me dejen besarla.

Déjenme subir
subir al bondi
que me lleve al trabajo
pues no puedo subir
no me dejen salir.

No me dejen cantar
pues desafino
no me dejen cantar.

No me dejen salvarme.
No me den esa chance.
No me dejen salir, mentir,
entonces quiero besarla.

M.R. 2006

domingo, 22 de mayo de 2016

La ventaja de los ahorcados

FOTO AFP - BALAL A PUNTO DE SER EJECUTADO
EN IRÁN Y LA MADRE DE ABDOLLAH
Los ahorcados son la decoración del mundo. En los cielos, invisibles, goteando sangre de la punta del pies, los ahorcados se mueven al ritmo del viento, mientras desde abajo les miramos los huecos de los ojos, picoteados por aves que se chocan contra ellos en el vuelo crepuscular. 
Si Jesús hubiera sido ahorcado, en cada Iglesia habría una cuerda para besar. Porque los ahorcados son distintos a los ahogados, a los degollados. Los ahorcados tienen la ventaja de la altura, mientras los ahogados se hunden y los degollados dejan salir de su garganta un poco de espesa sangre. 
Los estrangulados pierden la libertad momentos antes de morir. Pero los ahorcados tienen panorama, miran por encima. Vuelan un poco antes de conocer el punto final de su salto al vacío. 

Balal se perdió esa oportunidad cuando la madre de Abdollah llegó minutos antes de su ejecución pública. Llegó para perdonarlo. Esa noticia fue motivo de debate en todo Irán. "¿Cómo lo va a perdonar?" "Balal mató a su hijo con un cuchillo". "Esa mujer no amaba a su hijo". Los comentarios iban y venían entre dilemas éticos y desafortunadas consideraciones. 
Pero Balal fue perdonado en la oscuridad. No veía el panorama, solamente escuchó un grito a lo lejos. La madre de Abdollah le dio la bofetada salvadora. Si, una cachetada significa el perdón. 

Los no ahorcados son la crueldad el mundo. En los cielos, invisibles, goteando el miedo que les quedó, los no ahorcados se mueven al ritmo de una tormenta, mientras desde arriba les miramos espantados los huecos de los ojos que ya nunca más mirarán como antes. 
Si Jesús hubiera sido un no crucificado, no tendríamos iglesias. Los no ahorcados tienen la ventaja de tener los pies en el piso. No volaron ni siquiera un poco. Se quedaron acá, atrapados. 
Perdonados por una madre que perdió un hijo, pero ganó una vida, la vida de un hombre que igual estará por siempre ahorcado. 


Matías Rótulo, 22 de mayo de 2016


Fuente de la noticia http://www.elpais.com.uy/mundo/salvo-horca-asesino-hijo-iran.html en base a AFP. 

jueves, 19 de mayo de 2016

Lea Voces

tapa del jueves 19 de mayo de 2016 





El orgasmo del fútbol


PAPELES SALVAJES

Eduardo Galeano en el cuento “El gol” (del libro El fútbol a sol y sombra) intenta explicar qué es un gol. Dice “el gol es el orgasmo del fútbol. Como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna. Hace medio siglo, era raro que un partido terminara sin goles: 0 a 0, dos bocas abiertas, dos bostezos”.

Por Matías Rótulo (publicado en Voces el 21/03/13)

Si el gol es el orgasmo del fútbol, el bostezo del que habla el narrador del cuento de Galeano es la ruptura próxima de una pareja que está en crisis. Dos bocas abiertas que se besan, que cruzan saliva pero sin pasarse pasión alguna.
El fútbol es como la relación de los novios famosos cuyas intimidades son contadas por Jorge Rial en la televisión. Hay periodistas deportivos que se ocupan de eso, de las intimidades, de los pormenores noticiosos, del chusmerío detrás de la pelota. Pero del fútbol, de la moña, la chilena, y el penal ¿se ocupan?

martes, 3 de mayo de 2016

Delmira sin letras

Foto de Matías  Rótulo (marzo de 2012)

 La niña de las bellas letras uruguaya, Delmira Agustini tiene una piedra en homenaje al lado de la Rosaleda en el Prado montevideano, ahí en la avenida que lleva el nombre de la poeta. Pero hay un detalle, justo el nombre de la escritora, no tiene letras. Se lee "D l  i Agustini". Quién iba a decir que a Delmira le faltarían letras.

viernes, 22 de abril de 2016

Osvaldo Lamborghini y Fito Páez: el relato de la violación de un niño estropeado

INTERTEXTUALIDADES





Fito Páez (Rosario, Arg. 1963) publicó en el año 2000 el disco Rey Sol (Warner Music). La canción más cruda, dura, pesada, densa, la más difícil de escuchar del disco se llama “Acerca del niño proletario”. En el librillo del disco se lee como aclaración que se trata de una adaptación del cuento de Osvaldo Lamborghini (Buenos Aires - 1940,  Barcelona – 1985) denominado “El niño proletario” publicado en el libro Sebregondi retrocede de 1973. Ambos se apoyan en el relato (aunque Páez le agrega la música estridente) para narrar una historia que denuncia el predominio de una clase por encima de otra, la condena de los menos privilegiados, condenados por los contemporáneos, pero por también por los anteriores.



Por Matías Rótulo (Publicado el 21/12/13 en Humbral)




Lamborghini escoge cuidadosamente sus palabras, aunque sea acusado injustamente de “demasiado directo”. Si la muerte nos estuviera rondando, arrinconados en nuestro miedo, seguramente no pensemos en nada, mucho menos en buenos modales antes de putear, carajear, insultar… o si lo quiere de un modo educado: antes de mandar todo al diablo, con el riesgo de que sea el diablo nuestro verdugo en el más allá. Pues en sus cuentos, la muerte ronda, no a él, pero sí sobre todos nosotros, porque es de nuestras propias muertes que él nos escribe y describe. En “El niño proletario” lo que atemoriza es la suerte del no condenado, aquel que frente a un libro no se siente protagonista de la historia, pero tal vez no se reconforte al pensar en su buena suerte de no serlo. 
Pero si algo le faltaba al cuento de Lamborghini era la música y adaptación de Páez. El resumen, que por ser tal resulta de cierta liviandad frente al texto original, no esconde la dureza del relato:

“El niño ausente, el proletario 
traía en la sangre mil generaciones del peor alcohol 
entre los fierros, entre los sapos 
entre el calor casi demente del arroyo seco, arróyalo 
lo convencimos, lo enamoramos 
y le juramos que jamás se olvidaría de nosotros 
y así le hicimos comer el barro 
tragar la mugre misma con la que se había alimentado 
y así le hicimos beber espanto 
3 chicos ricos empresarios, lo más parecido a un santo 
y nos reímos, nos animamos 
pateando el culo de un chiquito hambriento, triste y solitario” (Fito Páez).

Los textos dialogan entre sí, pues nacieron juntos, pese a que fueron tiempos diferentes, y que el de Páez es hijo del de Lamborghini. Nacieron de la idea del que nació entre las ruinas del sistema económico de este mundo inmediato, extremadamente divertido, autómata, frívolo y donde está mal ser aburrido. De un mundo que vivió la muerte como un hecho lejano y aislado, aunque cercano y concreto. De esa misma fosa común, surge el hedor de los restos del niño proletario, el niño ausente. Lamborghini lo presenta así:

“Desde que empieza a dar sus primeros pasos en la vida, el niño proletario sufre las consecuencias de pertenecer a la clase explotada. Nace en una pieza que se cae a pedazos, generalmente con una inmensa herencia alcohólica en la sangre. Mientras la autora de sus días lo echa al mundo, asistida por una curandera vieja y reviciosa, el padre, el autor, entre vómitos que apagan los gemidos lícitos de la parturienta, se emborracha con un vino más denso que la mugre de su miseria”.





Cercanos ambos a Roberto Arlt, uno por la admiración que le profesa (Páez), el otro por su estilo rompiendo con los esquemas de la literatura ordenada, dentro de los  parámetros de lo deseable, “El Niño proletario” (título del cuento) y “Acerca del niño proletario” (título de la canción), no son solamente la narración del abuso sexual de un niño pobre por parte de un grupo de jóvenes ricos, católicos y bien considerados. Ambos denuncian la intromisión en la vida privada de un proyecto social que supera a la lucha de clases, proclamando a una de ellas como vencedora: la clase alta.
Los de abajo heredan sus mugres, su bilis, su sangre y los de arriba se consagran como el Diablo atrapado en lo más profundo del Infierno, congelado, reducido pero libre a la vez, contenido por una sociedad que despedaza al malo en caso de ser atrapado, no sin antes despedazar al bueno de manera simpaticona y vulgar: Páez lo retrata así:

“Tengo 20000 años, soy un loco enjaulado 
tengo 20000 años, soy el niño proletario 
tengo 20000 años, y estoy en el aire

Y Lambarghini agrega sobre la clase proletaria en términos economicistas, porque la economía domina también el arte y las desviaciones del lenguaje: “Con el correr de los años el niño proletario se convierte en hombre proletario y vale menos que una cosa”.

El niño proletario se llama Stroppani, que suena ha estropeado o estropajo…:

“era su nombre, pero la maestra de inferior se lo había cambiado por el de ¡Estropeado! A rodillazos llevaba a la Dirección a ¡Estropeado! cada vez que, filtrado por el hambre, ¡Estropeado! no acertaba a entender sus explicaciones. Nosotros nos divertíamos en grande” (Lambarghini).

Páez no llega tan lejos en la presentación del niño, quizás por la síntesis requerida en los pocos minutos de la canción, pero sí se detuvo en el acto crucial: el abuso sexual. Ambos autores lograron de distinta forma llegar a lo mismo: el relato de un abuso que es anecdótico frente a todo lo demás. El abuso sexual es el símbolo del horror materializado, un horror que se va conquistando a sí mismo y babeando su rabia contra el mundo hasta que un día aparece un niño proletario.
 ¿Cuántas veces vimos la infamia del relato de este tipo de acciones en los medios de comunicación? Los periodistas bien conocemos de estos actos de barbarie comunicativa desde los mismos partes judiciales o policiales que no censuran el terror. Pero después todo se olvida con otras noticias.
Se narra en el cuento de Lamborghini:
“Los despojos de ¡Estropeado! ya no daban para más. Mi mano los palpaba mientras él me lamía el falo. Con los ojos entrecerrados y a punto de gozar yo comprobaba, con una sola recorrida de mi mano, que todo estaba herido ya con exhaustiva precisión. Se ocultaba el sol, le negaba sus rayos a todo un hemisferio y la tarde moría. Descargué mi puño martillo sobre la cabeza achatada de animal de ¡Estropeado!”.

Narra Páez:
“y le di duro entre los dientes 
ya no tenía voz el chico para pedir por favor 
que lo matemos, lo antes posible 
andá a cantarle a Gardel, andá a cantarle a Perón


El único momento en el cual el niño proletario tiene voz es para suplicar su propia muerte. Ahí está presente la anulación definitiva del sujeto: el pedido de muerte. Si antes había sido humillado, ahora la humillación es del mundo.
El narrador en primera persona del cuento original confiesa:

“La muerte plana, aplanada, que me dejaba vacío y crispado. Yo soy aquel que ayer nomás decía y eso es lo que digo. La exasperación no me abandonó nunca y mi estilo lo confirma letra por letra.
    Desde este ángulo de agonía la muerte de un niño proletario es un hecho perfectamente lógico y natural. Es un hecho perfecto”.







viernes, 8 de abril de 2016

Estados de suspensión


Los hombres y mujeres que alguna vez supieron vivir la infancia, saben bien que el final de su niñez tiene un día y una hora. Para la sicología, el proceso evolutivo es determinante. Para el derecho, hay algún año en particular sobre obligaciones que el ciudadano debe respetar desde los 18 años. Para la biología, debe existir una hormona, un momento calculable del desarrollo del organismo. Pero para los hombres y mujeres que supimos vivir la infancia, todo tiene un día y una hora, porque no hay ciencia que supere lo que siente la sensible alma humana.
Se trata del momento preciso en el que le dijimos adiós a nuestra última maestra de escuela. A partir de ahí se abre una brecha, un punto en suspensión en algún lugar de nuestra mente, una suspensión parecida a la que se dio en el momento previo a la creación universal.
En 1994, aquel último día en la Escuela 120 Manuel Belgrano de Montevideo, varios niños pasaron a la adultez, quedando atrapados en ese estado de suspensión que les brotó en la mente, en el momento preciso de decirse adiós. El estado de suspensión es como un paréntesis (dentro del paréntesis queda todo lo que se quiere agregar o aclarar) que figura como un punto neutro,. Nuestra mente queda atrapada en el cronómetro del pasado, y para protegernos de la tristeza, reformulamos los recuerdos para que no nos persigan en lo que continuamos viviendo.
No voy a decir mi nombre y tampoco les contaré si en ese año 1994 fui varón o nena (en la evolución y vida en sociedad después somos hombres o mujeres, o en los últimos años lo que elijamos ser). Esa tarde algo ocurrió. La Escuela tenía dos pisos (planta baja  y primer piso) ambos unidos por una escalera de dos niveles con reja de hierro. En el descanso, estirando un poco el cuello, se podía ver el primer nivel y la planta baja a la vez. Mi visión se volvió borrosa en el tercer escalón del segundo tramo. Bajaba corriendo Federico, agitado, sonriente con un papel en la mano me abrazó eufórico
-¡Te elegimos. Te elegimos! – lanzó con alegría, dándome el papel con los votos, tachonado y con lápiz negro-.
-¿Para qué me eligieron? -pregunté sorprendido-.
-Para que contaras el momento de la suspensión. Yo no voy a recordar nada de esto, por eso es tu responsabilidad contarlo en algunos años.
Supe de inmediato la carga máxima que el destino me dejó. Subí las escaleras viendo cómo Federico saltaba los último tres escalones y recibía un rezongo de una maestra que gritó su nombre recordándole lo peligroso que era correr en los pasillos.
Llegué al salón. Era un salón iluminado, en un pasillo lateral que compartía puertas con el otro sexto año. En aquel otro sexto  ya había comenzado la suspensión. 
-Lo único lamentable es que no vas a aparecer en la foto –me dijo desde la puerta Pablo-. Ya sabés que quien se ocupe de recordar nuestra historia no aparece en la foto de fin de año.
Para mí eso era un gran dolor. Yo me había colocado al lado al lado de Pablo en la foto. Quedaba un poco encima de la cabeza de ese prócer que nunca supe si era Artigas o Belgrano. Hoy miro la foto y sólo yo me veo ahí, con la mano encima del hombro de Pablo. Sonrío. ¡No sé por qué perdí esa sonrisa con los años! Ellos no me recuerdan, pero yo los recuerdo a ellos.
En todos esos años nunca sentí tantas miradas juntas al ingresar al salón. En cuanto entré, los ojos de Lorena sonreían  y su sonrisa me abrazaba desde la distancia. Ella me recordó que yo tenía que recordarla. “Recordame siempre feliz, y si un día estoy lejos, cuando escribas tu historia, deciles a todos que yo soy feliz y que ya nos vamos a ver”.
De pronto la suspensión empezó en su efecto, en su causa más misteriosa. La maestra Olga pidió silencio, se quitó los lentes y se secó una lágrima invisible y eterna: “chiquilines, antes de seguir, hay dos compañeros que se tienen que ir antes”. Por el pecho de Nicolás pasó una flecha en forma de ráfaga helada. Matías cambió su sonrisa por una seriedad que retumbó en la boca de Ignacio. Valeria abandonó su alegría y todos juntos vieron cómo Carlos y Carla se paraban sin dejar nunca de mostrar su alegría. Guardaron sus cuadernos. La moña de María Noel fue estrujada por sus manos mientras le miraba los ojos a Valeria y le mostraba que nada será como es. Verónica hizo un comentario sobre aquello de alejarse que sólo Patricia pudo escuchar. Se fueron despacio, ambos giraron a la vez y nos hicieron una seña con la mano. La suspensión estaba entre nosotros, y las despedidas nos empañaba la visión.


El aire paró los relojes, la luz parecía moverse al ritmo de una bandera que agonizaba patria. Al segundo, todos parecían haber olvidado que lloraron. Y la maestra nos recordó que era su último año de trabajo, que a pesar de las dificultades de aquel 1994, se iba con un bu de en recuerdo. Sobre las mesas giraba la foto del grupo  ya sin mi rostro. Me abrazó Jimena. Me despedí también de ella.


Aquel día hubo fiesta, bailes y montones de “siempre te voy a recordar”, otros “vamos a ser amigos por siempre”, algunos  “este verano venite con nosotros”, varios “te quiero”, muchos “nos peleamos pero igual sos un amigo” y aquellos que fueron novios, se dijeron sin decirse nada, con esas miradas que te atrapan toda la vida un “pudiste haber sido mi futuro en la vida” pero "quedarás siempre en mi pasado". A los ojos de todos, lentamente se fueron apagando las luces de aquel día. Andrés y Virginia le propusieron al resto la posibilidad de volver a juntarse y todos gritaron un “sí” largo, fuerte y al unísono.


Yo tomaba nota con atención, aunque mi trabajo era relatar los hechos y no apuntar sentimientos personales, porque esos nunca se olvidan, más allá del estado de suspensión que se experimente. Todo pasó muy de golpe. Mi padre entendió que yo ya no estaba ahí en el momento de que me dieron el carnet. Porque en algún momento de la vida de todo adulto que fue niño, se presenta el pasado con un cronista que cuenta los hechos del último día de clases. Y aunque existe un pacto de silencio generalizado, al contarle a mi padre, él lo entendió de inmediato, me palmeó la espalda y se puso a ver conmigo. Vimos la moña desatada de Joana, y que Daniel, Nicolás y Sebastián se abrazaban como gritando un gol. Es que habían hecho el gol del año, habían completado la parte más importante de la vida de todo niño: la Escuela. Dejaron la niñez y entraron en un olvido que hoy, veintidós años y cuatro meses después, solamente ellos pueden volver a recordar suspendiendo la suspensión, retomando la niñez en el punto exacto, con la moña en el pecho atando el nudo que se me hace en la garganta al recordar.
Recuerdo a mis compañeros de sexto año, quisiera estar con ellos pero he desaparecido. Los tiempos y los hombres y las mujeres se van esfumando. Yo también estaré lejos el 9 de abril, como otros que no están por distintas razones, pero no hay suspensión que dure por los tiempos de los tiempos, las vidas de las vidas, las ausencias de las ausencias. Estaré, suspendido en el aire.


Matías Rótulo, 8 de abril de 2016. 
En memoria de Carla y Carlos.

lunes, 7 de marzo de 2016

Comunicado de APU ante declaración del Frente Amplio

Una de las tareas fundamentales del periodismo es informar sobre aquello que se quiere ocultar. Y en esa premisa se incluye lo que sucede con las personas e instituciones públicas. Informar a la población, por tanto, tiene un valor fundamental para tener una democracia plena.

La Asociación de la Prensa Uruguaya (APU), el sindicato de trabajadores de la comunicación social, tiene entre sus más elevados principios “la defensa de las libertades de prensa expresión y pensamiento frente al control, las presiones o las influencias de todo tipo; la lucha por el derecho al libre acceso a las fuentes informativas y por el respeto al secreto profesional, así como por el fuero y el estatuto del periodista”.
Es por esto, que la APU entiende necesario expresar su rechazo a una declaración emitida el sábado 5 de marzo por uno de los principales órganos de conducción del Frente Amplio, el Plenario Nacional.
En esa declaración, el partido que está hoy en el gobierno afirma que hay una “campaña” en la que “diferentes medios de comunicación” junto a la oposición, tienen como fin último “debilitar la institucionalidad democrática del país”.
La declaración viene a raíz de las repercusiones que tuvo una investigación periodística llevada adelante por el diario “El Observador” sobre la veracidad del título de “licenciado” con el que se ha identificado al vicepresidente de la República, Raúl Sendic.
La reacción de la mayoría de dirigentes del Frente Amplio reunida en el Plenario Nacional, ha sido cuestionar a los medios, al periodismo, y lanzar una grave e infundada acusación: que se busca “debilitar la institucionalidad democrática”. Un planteo que la APU, reiteramos, rechaza.
Quienes ocupan cargos públicos están sometidos a un análisis de sus actos por parte del periodismo. Y el periodismo puede ser objeto de quejas cuando se observa un error, pero se debe tener especial cuidado en no desembocar en cuestionamientos que se transformen en acusaciones que tengan por objetivo acallar voces.
Una sociedad plural, en la que se puedan escuchar varias voces, es clave para tener una mejor democracia.
Y a eso apunta en su tarea diaria este sindicato. Como dice nuestro Código de Ética Periodística: buscamos fortalecer el “ejercicio de un periodismo de calidad, desde la búsqueda y difusión de información, la cobertura de hechos, el rigor informativo”, al tiempo que promovemos el respeto a la privacidad y dignidad de las personas, “sin perjuicio del derecho de los periodistas a investigar y difundir información de interés público o que refiera a funcionarios o personas públicas”.

sábado, 5 de marzo de 2016

Soy de derecha



"Hay una campaña desde la derecha"
Excusa frecuente del gobierno cuando las papas queman.  


Escribir un artículo crítico sobre el gobierno me hace de derecha.Nos hemos  construido en una nación con más de 150 años gobernada por colorados y blancos (en ese orden). Somos batllistas que esperamos sentados el sentido de la ley que nos solucione los problemas. Somos wilsonistas que ponemos el grito en el cielo. Somos un poco pachequistas en nuestra intención segregadora. Somos riveristas y oribistas. Berristas y latorristas. Leemos El País y extrañamos a El Día.

Pero fundamentalmente, somos de derecha desde el momento en el que criticamos al Frente Amplio. 
Hay un complot pensado en un lugar oscuro y con banderas coloradas, blancas, y de cualquier color que no sea el azul, rojo y blanco mezclados. Se esconden los sujetos, se mandan mensajes cifrados, fuman porque fumar es ir en contra del Presidente, tienen un mapa con puntos estratégicos orquestando una operación ultra secreta a corto plazo, en asentamientos donde no entra la policía. Son espías que tienen fotos de Rafael Michellini, Astori, Nin, Marina, Daniel Martínez y Yamandú Orsi, cada uno con una cruz en la frente. Son la derecha del complot que ataca al gobierno.

El Frente Amplio, -el gobierno todo-, cuando no tiene razones de peso para defender sus ideas mal... (iba a escribir algo que me dejaría en evidencia como de ultra derecha). Cuando se le discuten sus contradicciones mal venidas, responde con una denuncia a un ente efímero, invisible y conocido: LA TEMIDA DERECHA. Afirma que hay una campaña despiadada contra ciertos personajes o contra todo el proyecto de Seregni, que de un día para el otro, pasó también a ser olvidado, porque ahora -se animan a decir algunos-, es (fue) de la derecha. Lo fue cuando traicionó a su gente, a su partido, porque tuvo la idea, -mala idea-, de criticar.
Antes era Estados Unidos, Inglaterra o Francia, pero desde que son (somos) amigos, ya no decimos nada al respecto.

Ahora es: LA DERECHA.
 Es un ente misterioso y lejano. No tiene nombres y apellidos que lo representen. Ayer, en el ómnibus, vi y escuché a un señor algo alterado en su razón que le echaba la culpa de todo a seres extraterrestres. Lo mismo hace el Frente Amplio pero con terrestres, derechistas y abstractos.

Soy de derecha por criticar. Como Petinatti, como Luis Lacalle Pou, como Valenti, como Bordaberry, como usted. Todos hermanos de la derecha. ¡Qué ironía!
Criticar me transforma automáticamente como parte de una operación de la derecha contra el proyecto de la izquierda uruguaya e ingreso en un espiral sin salida, me siento identificado en cuanto comunicado se comunique acusándonos de ser los malos, los anti patriotas.
 
Me pregunto yo, a qué derecha respondo ¿A la colorada y batllista? ¿A la blanca? ¿A la derecha de la ultra izquierda Asambleísta y popular? ¿A la anarquía? ¿A la derecha que opera desde adentro de la fuerza que se auto adjudica ser  "la izquierda", es decir a los grupos que se han manifestado dentro del Frente Amplio contra algunas acciones de este santo partido?
¿Soy de una derecha fascista? ¿Soy de una derecha liberal, neoliberal, republicana, neorepublicana?


Obviamente, soy de derecha por ser periodista. Porque los medios atentan contra la hegemonía del poder progresista. Cuando una periodista denuncia el error de un vicepresidente al adjudicarse un título que no tiene, es parte de la derecha que ataca a la izquierda. El Observador es de derecha por ser del opus, El País lo es por ser blanco, Brecha lo es por ser de una izquierda que critica, es decir: es derechista.
Ser de derecha hace que cuando el ministro de economía admite que la barrera del 10% de inflación es superada, pero que el asunto no es el bolsillo sino que surge una "cuestión sicológica", si se lo critica es porque anda la derecha rondando. Mi monedero tiene afectado su ello, mi inconsistente me remonta a etapas de mi pasado cuando noto que el pan es más caro, y revivo todas mis angustias y temores. Es pura sicología. Y la sicología es una ciencia que bien maneja la derecha.
De derecha es el que dice que fue robado, derecha es aquella que se queja de los tropas de paz en zonas donde no hay paz, derecha fue la que conquistó a Bengoa, la que le levantó la mano a Chifflet, la que domina en Adeom y Fenapes.
Los ómnibus son la peor cueva de la derecha. Transportan de un lado al otro a nosotros, los derechistas que desde hoy pagamos más caro el boleto sin explicación alguna. Somos una derecha acumulada y peligrosa que comenta la barbaridad, con la intención de desestabilizar a la izquierda. Como somos de derecha, y la derecha es rica según la izquierda, esos dos  pesos son una excusa para gritar ¡abajo la izquierda!
La derecha es el PIT CNT, formado por traidores al comunismo y al socialismo que se animan a reivindicar que los trabajadores derechistas de este país tengan un aumento de sueldo que pueda equiparar el aumento de las tarifas públicas.

De derecha son las encuestadoras que afirman que bajó la imagen del Presidente.

De derecha somos cuando reclamamos una educación mejor, operando tras reunirnos con vaya a saber qué líder de la derecha que nos orquesta una manifestación para después criticarnos, todo como una forma de pantalla, para que nadie se avive de nuestra campaña.
Las murgas que critican al gobierno son de derecha, la Falta y Resto que se ríe de la auto censura de la izquierda es bien de derecha, pero los Diablos Verdes... eso es izquierda. 
Soy de una derecha invisible y presente. Una derecha que nunca va a tener al Frente Amplio de mi lado. El Frente Amplio tiene una declaración pronta para defender a un vicepresidente de dudosas explicaciones y licenciaturas, pero no para defender a los tres millones de derechistas (vamos a restarle a todos los izquierdistas que forman parte del gobierno) que se quejan por una cosa o por otra de los aumentos, la educación y la seguridad...

La izquierda son los empresarios amigos del gobernante. 
La izquierda es el Ministro que ampara a los torturadores.
La izquierda es el gobierno que no acepta críticas. 
La izquierda es la derecha del pasado. 
La actual derecha, es la izquierda que no se olvidó de lo que fue este país.
La izquierda es compuesta por esos que están orgullosos del proyecto, ciegamente orgullosos, y que cada vez son menos, aunque los pocos que quedan, son los que tienen algún cargo o banca parlamentaria.

Soy de derecha. Me declaro de derecha. Porque no quiero formar parte de una izquierda que se escapa por la forma más simplista de hacer la izquierda. 



matías rótulo

jueves, 3 de marzo de 2016

“Uruguay se conformó como nación a partir del deporte a falta de eventos épicos históricos”




por matías rótulo, en Voces 507
 

Frenteamplista, deportista y obsesivo en su trabajo, Daniel Daners ha participado desde 2008 en las políticas de Estado en cuanto al deporte nacional. Es optimista sobre la realización del mundial 2030 aunque afirma que la única forma de hacerlo es junto a Argentina. 



¿Cuál es tu nombre y apellido completo?
Daniel Federico Daners Chao.

¿De qué barrio sos?
De Pocitos.

¿Siempre viviste ahí?
Por un par de años me mudé al Buceo, pero como el estudio de mi viejo donde yo trabajaba estaba en Pocitos seguía yendo al barrio.

¿Estás con la paranoia del Dengue?
No suelo ser demasiado paranoico con los temas de salud.

¿Qué función desempeñás en la Secretaría Nacional del Deporte?
Fui a lo que era la Dirección Nacional de Deporte en el año 2008 como asesor de infraestructura. En ese momento estábamos recibiendo un importante aporte impositivo y Fernando Cáceres (director por ese entonces) me pidió que lo ayudara en el plan de obras al cual se iba a destinar dicho dinero. En el período pasado fui director de infraestructura y en este gobierno se volvieron a equivocar y me volvieron a llamar (risas). Hoy me ocupo de toda el área de soporte administrativo de la Secretaría Nacional del Deportes y aporto mi experiencia de los anteriores dos períodos al ser el único que se mantiene.

¿Cuáles son las tres “ideas fuerza” en cuanto a las políticas de deporte de este gobierno?
Hay una continuidad en las políticas macro deportivas a lo largo de cada uno de los tres períodos y eso es un diferencial con respecto a otros gobiernos porque se ha jerarquizado al deporte como política de Estado. No me animo a decirlo terminantemente, pero creo que Tabaré es el primer presidente en la historia del Uruguay que en su discurso de asunción mencionó al deporte.
Eso se refleja en la jerarquización de la Secretaría, creándola y separándola del Ministerio de Turismo, que si bien tienen puntos en común con esta secretaría de Estado, son muy diferentes en sus cometidos. Esta separación se vio reflejada en una mejor articulación con todo el Estado y en una mayor descentralización como lo hemos visto en 2005 cuando apostamos a la gestión de los gobiernos locales de las plazas de deportes.

¿Fumás?
No.

¿Las medidas contra el tabaco repercutieron en la mejora de la calidad de vida de los uruguayos?
Creo que sí. Pienso que a los fumadores lo habrá ayudado, pero particularmente ayudó a los no fumadores. Era muy molesto estar en un lugar donde todos fumabas y vos no.

¿Habría que promover restricciones a las bebidas alcohólicas? Se planteó desde diferentes ámbitos la separación de las bebidas alcohólicas de los eventos deportivos...
Yo no soy amigo de las restricciones. Prefiero plantear el tema desde la construcción y la acumulación y no desde la restricción y la negación. Lo que hay que privilegiar son los mensajes, los patrocinios, la presencia comercial que propongan hábitos saludables. En nuestras actividades, las que organizamos nosotros, no están presentes las bebidas alcohólicas o el tabaco, pero no por un tema de restricción sino por acciones concretas de acuerdo a las construcciones de una cultura de vida saludable.

¿Qué papel ocupa el deporte en tu vida?
No me recuerdo sin hacer deporte. Empecé a nadar de muy chico en el Club Banco República pero también hice todos los deportes que había. Comencé a competir de muy chico y sin mucho suceso en tenis, paleta, atletismo, tenis de mesa, fútbol de salón... era menos malo en la natación y fue lo que practiqué en serio. En 1980, a iniciativa de mi padre que era dirigente del Club Banco República, se volvió a jugar después de algunos años al waterpolo y en 1981 comencé a jugarlo y a ese deporte fue al cual me dediqué posteriormente. Cuando dejé de jugar waterpolo, trabajé en las formativas de Biguá y posteriormente dirigí primera y las juveniles en el Club Banco República. Fui seleccionador de juveniles y asistente de dirección en primera. Uruguay necesitaba tener un árbitro internacional y me inicié en el arbitraje, le tomé el gusto y desde hace seis años soy árbitro internacional.

¿Qué te parece la asignación del nuevo presidente de FIFA? ¿Uruguay saldrá favorecido?
No sé si se puede decir que un candidato u otro lo favorece a Uruguay. No soy muy afecto a los pensamientos conspirativos. No vivo adentro de un termo y sé que hay intereses muy fuertes vinculados al deporte pero no me he puesto analizar fríamente el tema.

¿Logrará Uruguay organizar el Mundial 2030?

No tengo ninguna duda que sí. El tema es encontrar el armado del negocio. El deporte es un negocio en todo el mundo desde hace treinta años. La ecuación para organizar este tipo de evento no pasa por las posibilidades del país, sino en conformar las ecuaciones del negocio. Los últimos grandes eventos internacionales, con grandes inversiones de dinero, no son de recursos propios de los países. Las últimas cuatro o cinco villas olímpicas se pensaron para el día, para poder ser reutilizadas. En Londres se fabricaron estructuras efímeras que se desarmaron al terminar. Uruguay está en condiciones para plantearse este tema como desafío. Fue el primer organizador de un Mundial y creo que es posible hacerlo.

Y hay un buen socio como lo es Argentina.
Sí, es un país que genera interés internacional. Lo que no veo viable es que Uruguay lo haga solo. En el 2030 algo va a pasar, porque son los cien años del Mundial y Uruguay es parte de todo eso. Nosotros somos optimistas de que se arme el esquema de negocios. En 1980, la FIFA hizo el Mundialito sabiendo que eran los cincuenta años del primer Mundial, más allá de los intentos de lavar la imagen política del país. Uruguay se conformó como nación a partir del deporte a falta de eventos épicos-históricos. El Mundial encolumnaria al país, nos marcaría como nación.

¿Hay apoyo a los deportes menores?
El Frente Amplio multiplicó por diez el apoyo a los deportes federados. Se les aporta desde la Secretaría pero también desde los entes públicos con los sponsor, se aporta desde las exoneraciones impositivas, en la formación estatal de los profesores de educación física entre otros. Desde el Estado los apoyos al deporte son infinitos y es muchos más de lo que se percibe. Desde acá se multiplicó por diez el apoyo pero también decimos que es menos de lo que se necesita. El nivel de apoyo directo a las federaciones y selecciones se suma el apoyo en las plazas de deportes que sirven como espacio para los entrenamientos de selecciones. Hay sesenta federaciones en todo el país y sólo en el ciclo olímpico hay treinta y dos federaciones. Si apoyáramos a las federaciones que salen de viaje, sin contarla preparación y campeonatos locales, deberíamos invertir unos 7 millones de dólares por año. Para darles apoyo se hizo un trabajo muy serio sobre qué federación apoyar, teniendo en cuenta algunos puntos: la tradición histórica, la cobertura nacional, proyectos de desarrollo, participación de la mujer... Hemos decidido apoyar diez federaciones. Esto no es un compartimiento estanco, alguna de las diez puede dejar de ser estratégica y entrar otra.

¿Y vos quién sos?
Yo me reconozco como un deportista, un militante social y una persona que trata de aplicar criterios de planificación muy estudiados para realizar mi tarea. Para mí es central el rendir cuentas y dar explicaciones de lo que hacemos con el dinero de la gente. Soy bastante obsesivo en el análisis de cada una de las decisiones que tomamos en la Secretaría. Además soy un uruguayo típico, apegado a mi familia, las tradiciones del Uruguay (carnaval, mate, deportes, etc.) y orgulloso del país que estamos construyendo.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Por suerte, el año lectivo comienza con conflictos

por matías rótulo

En estos días, la palabra "conflicto" volvió a ser noticia por la ausencia de él. Nos contentamos porque el año lectivo en la educación pública y privada comienza "sin conflictos". No habrá paros, y con eso alcanza para algunos actores que se refieren a la educación teniendo en cuenta un sólo conflicto, cuando la educación es en sí el conflicto llevado a la máxima expresión.

El año pasado una estudiante me esperó a la salida de clase. Le vi la cara de angustia, sus manos estrujaban un pobre cuadernito que parecía el ahorcado culpable de un pecado mortal.


Ella me vino a plantear que no entendía un tema que había dado minutos antes en mi clase. Me lo planteó con temor a un posible enojo de ese profesor que tantas veces buscó en el conflicto, una forma de debate intelectual. "Estuve en su clase pero no entendí". Le expliqué que el hecho de haberse preocupado por no entender indicaba que hizo el esfuerzo intelectual por entender y tomé su queja con alegría, además de asumir parte de la culpa. Le conté que yo me preocupaba mucho en algunas clases en las que estuve como estudiante, porque le había perdido interés a lo que decía el profesor. No hacía el esfuerzo por entender. Dibujaba cosas en mi cuadernos: autitos, árboles, mandalas, etc.

Ella me confirmó que no era su caso: "me interesa su clase pero no entiendo" Y agregó "usted me hace pensar en mí porque nos pelea". A ese conflicto me refiero, al de hacer ver al otro que es parte de un todo conflictivo.

Sería muy arrogante de mi parte que mi estudiante entendiera todo lo que digo en una clase, siendo que nada mejor que un conflicto con el otro, un conflicto intelectual que posibilite el diálogo. El no entender al interlocutor, abre la posibilidad de cuestionarlo.

Según la Real Academia Española, la palabra conflicto significa:

1. m. Combate, lucha, pelea. U. t. en sent. fig.
2. m. Enfrentamiento armado.
3. m. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
4. m. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia, de jurisdicción.
5. m. Psicol. Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
6. m. desus. Momento en que la batalla es más dura y violenta.

Cuando nos referimos a "conflicto" en la educación ¿A qué tipo de conflicto nos referimos? Algunos consideran que la educación es un motín de guerra, donde las armas es dejar como rehenes de guerra a unos u otros para después pasarlo al paredón de la muerte. El año pasado nos decían: hacen paros y los estudiantes no aprenden. Tan simplista es esa afirmación como "sino hacemos paro, los estudiantes aprenderán mal".

Otros piensan que se trata de un combate, una lucha o pelea, o la coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo. Pero los que celebran que "no hay conflicto" se quedan con el significado sexto: "Momento en que la batalla es más dura y violenta", uso en desuso (tal como lo aclara la RAE) pero muy utilizado en la jerga periodística. 

Quienes estamos inmersos en el mundo de la educación vivimos en constante conflicto. Me refiero al conflicto que no le importa al que titula el diario, o al político que se pone desde su batallar conflictuando lo conflictuado.

Hay otros conflictos, los internos de los individuos. Esos conflictos son necesarios para que la educación transcurra en un andar de idas y vueltas, de regresos y partidas.
Los conflictos individuales se cruzan con los conflictos colectivos porque andan en un ir y venir elemental y cerrado. 

El conflicto lo viven los estudiantes cuando ingresan a una nueva institución, o a una institución conocida pero a un nivel diferente. Se los ve ansiosos, construyendo el conflicto personal de la decisión y la incertidumbre. Entrar a primer año de liceo genera pasar administrativamente al mundo de la adolescencia, como si uno de diciembre a marzo creciera en algún punto desconocido e invisible a ese dolor y conflicto constante llamado "adolescencia".
Quienes fueron estudiantes de tercero hasta diciembre, en marzo dejan el uniforme, entran a la libertad controlada, pero más libre que en el ciclo básico, tienen que decidir en pocos meses la orientación a seguir en quinto, pasan de liceos pequeños a edificios monumentales... De diciembre a marzo pasaron de ser adolescentes niños, a adolescentes casi adultos. ¿Cómo fue ese proceso? Vaya a saber uno cómo fue.¡Qué conflicto hermoso! Es el conflicto del crecimiento.

Conocer la escuela o estar a punto de irse de ella es un conflicto único e irrepetible  si es que uno lo mira desde afuera. Los estudiantes de sexto, tercero de liceo y sexto de liceo saben que se viene el cambio. Algunos, por ejemplo los de tercero y sexto tendrán que decidir su futuro ¿Eso no genera un conflicto interno e íntimo? 

El conflicto también los vivimos los docentes y los no docentes. ¿Usted sabe el trabajo que pasaron las personas que desde principios de enero arman los horarios de decenas de profesores? Esos horarios fueron elegidos en condiciones de precariedad absoluta y los secretarios tuvieron que hacer que no se choquen con los horarios de otros liceos. Algunos horarios no se sabían a la hora de ser elegidos, los profesores y maestros, -profesionales de la educación- pasaron horas y horas parados en lugares sin asientos, asentándose en el fatigoso calor veraniego. Mi conflicto a la hora de elegir horas fue ¿Por que no me habré dedicado a otra cosa donde el buscar trabajo no implique una larga tortura?

A mí me tocó elegir horas en el liceo Miranda donde las personas agobiadas y ante las pocas horas ofrecidas en algunas materias, preferían irse abandonando la posibilidad de comenzar el año lectivo. En ese momento, el trabajador estuvo en conflicto consigo mismo, intentando no desesperarse y en el conflicto de irse sin tener trabajo. El conflicto debería ser cuál es el mejor lugar para trabajar de acuerdo a mis deseos y proyectos, dónde seré más útil, pero no, el conflicto es si tendremos trabajo para alimentar a nuestras familias.

Quienes conseguimos trabajo entramos en un nuevo conflicto: los que queríamos quedarnos en el liceo donde trabajamos, de un día para el otro vino otro compañero con todo el derecho del mundo a elegir las horas que queríamos, y que por estar encima en el escalafón se quedó con lo que añorábamos. Eso no le ocurrió a los grados altos (4,5,6 y 7) sino a los que estamos más abajo en el escalafón y los que queremos trabajar en los barrios donde muchos colegas ya no quieren ni asomarse. Porque los conflictos también consisten en dejar de aportar lo que uno sabe a los que más lo necesitan, ya que el conflicto reside en un sistema conflictivo.

Pero vamos a hacer de cuenta -como en mi caso-, que tengo mis horas, mis grupos y mis liceos tomados. Mi conflicto ahora es la planificación del año, previo diagnóstico al grupo. ¿Quiénes serán mis estudiantes? Créame que estoy tan ansioso que no dejo de imaginarme distintos escenarios. ¿Serán estudiosos? ¿Serán poco estudiosos?  ¿Me entenderá? ¿Comprenderán los conflictos que se plantearán?

El conflicto está en el choque cultural, en las ideas que tienen estudiantes y docentes y que encerrados en un salón de clase se proyectan unas sobre otras. Se da el conflicto en las ideologías que se cruzan, en los deseos, gustos, amores y desamores que todos sentimos dentro de una salón de clase. Se da cuanto me pregunto a quién le enseño, por qué le enseño, para qué enseño, quién soy cuando enseño. 

El más hermoso de los conflictos ocurre cuando a pesar de pensar en dichos conflictos, sabemos que estamos vivos, y solamente porque estamos vivos podemos combatir de manera consciente el peor de los conflictos que padecemos: las ideas de un futuro aterrador. ¡Rubén Darío, me planteaste el conflicto!

Amar el conflicto es amar la educación. Ir a clases sin declararse en conflicto con su alma, es cumplir una papel meramente mecánico. Nos declaramos en conflicto cuando vemos que nuestros estudiantes carecen de pautas de comportamiento básico, cuando no logran sostener un lenguaje acorde a su edad, cuando llegan a clase desabrigados y hambrientos, o cuando son nuestros colegas los que generan un conflicto extra educativo.
Entonces el conflicto se transforma en acción, en una respuesta que surge desde el alma del profesor y que nadie se ocupa en titular en un diario. Pues esos conflictos son menores, aunque en el corazón de quienes estamos en los centros educativos, son verdaderas tragedias, cada vez más persistentes y masivas.





jueves, 25 de febrero de 2016

CARTA ABIERTA: SEÑOR RAÚL SENDIC ¡NO RENUNCIE! SIMPLEMENTE CÁLLESE LA BOCA

Sr. vicepresidente de la República Oriental del Uruguay Raúl Sendic.

Le suplico que no les haga caso, que no renuncie. Yo sé que no lo hará, porque usted ha mencionado que hay una suerte de "persecución" a su persona, pero al no mencionar quién lo persigue, mientras aparecen los culpables virtuales, su defensa es perfecta: no explicar nada es igual a la inexistente presencia física de quienes encabezan la campaña, una campaña sobre ese individuo multiplicado en la persona "nosotros" cuando el asunto es contra él y nada más que él (Sendic se dirige a sí mismo en tercera persona constantemente). Además, hablando de palabras, usted se ha caracterizado por silenciar al resto que lo acusa desde su silencio. Entonces no creo que responda a dicho pedido. ¡Me quedo tranquilo!

He visto con dolor, ese que nos da cuando vemos tambalear lo que construimos con esfuerzo ciudadano, que algunos políticos le han pedido su renuncia. ¡Qué gran herramienta la de la palabra! La oposición le "pide", utiliza el verbo y hace que se replique ese pedido en la población. Porque los políticos saben decir las cosas de tal manera que convencen. Convencer es el hacer del político. Algunos saben decir tanto, que se mostraron muy cautos, porque entienden que lo expresado puede ser a su vez expresión de las masas y ahí entramos en un terreno baldío. Una cosa es decir o pedir y otra cosa es afrontar las consecuencias si lo pedido se cumple. ¿Qué pasará si usted renuncia? Llegado ese momento veremos qué decimos (y qué hacemos).

Estoy de acuerdo con eso de ser "un perseguido", lo persiguen porque no lo entienden. ¡Qué doloroso debe ser para un político no ser entendido! La política como tal, desde la filosofía de Platón está fundada en el decir. Hay distintas formas de decir: el decir poético, el decir vulgar, el decir académico, pero el decir político es una de los centros de la vida social, económica, educativa, cultural, etc. de cualquier nación. Lo que se diga de más o de menos, lo mal dicho en política, puede causar catástrofes históricas y de hecho las han causado.

A usted lo persiguen, porque ha ejercido el oficio político desde la contradicción. Lo que usted dice es contradictorio, no como una estrategia política sino porque no ha logrado cultivar el arte de la palabra política.

Nuestro sistema democrático es semi representativo y el Poder Legislativo es el que representa al pueblo y su voz. ¡Qué paradójico! Diría que es hasta irónico. El hombre encargado de presidir la Asamblea General del Poder Legislativo, el recinto parla-mentario, el recinto del decir la ley, del decir la justificación de la ley, del decir las irregularidades en el cumplimiento de la ley, no puede -justamente- decir correctamente las cosas. ¡Cómo no quiere que lo persigan!

Pensaba ayer en su padre y en lo que logró con la palabra. No hizo escuchar a los cañeros un nuevo discurso que superaba las palabras de represión que se lanzaban por parte de la patronal. Su padre no les llevó el mensaje revolucionario en una pancarta bien pintada y luego se fue. Su padre se hizo entender y fundó en el sentimiento del trabajador la semilla de la rebeldía y eso se logra con el sentido de lo hablado, si es que lo dicho está bien dicho.

Con todo respeto, cuando usted habla (sí, habla) de lo que su padre le legó, lamentablemente el tiempo ha traicionado ese legado. Usted no logra convencer al pueblo. Pudo, creo que a fuerza de palabras dichas a su alrededor, conquistar un lugar privilegiado con su lista, la 711. Reconozco en muchos militantes la voz de las ideas. Pero escucharlo en un discurso de la Lista 711, sus dudas y titubeos, me ponen en el lugar de congraciarme con usted, de tratar de tenderle la mano.

Pero que usted no desarrolle el poder de la palabra no impidió que la población lo votara a pesar de lo dicho, lo no dicho y lo mal dicho. Un grupo de expertos del decir son los publicistas y se ve que en este país los hay muy buenos.

Desde que es vicepresidente ha perdido poder por culpa de su mal decir y fue maldecido. A veces creo que escupe un montón de ideas tartamudas -que supongo- en algún lugar tendrán un trasfondo político y sincero, lleno de buenas intenciones. Pero la idea se pierde en el código y las buenas intenciones se esfuman en el éter.

En los silencios, usted mató la posibilidad de decir palabra alguna sobre aquellos temas que  -tal como usted y su partido afirman-, fueron impuestos por la derecha y los medios para bajarlo de la Presidencia en 2019. Si con palabras se construye el mal que usted sufre ¿Por qué no las combate con las palabras? Vuelvo a su padre, porque antes de la lucha vino el verbo, mostró el camino del entendimiento y después tuvo como socios a los cañeros y con ellos el poder de la palabra histórica construida a su alrededor. Así nació aquella lucha. Usted está -le advierto- construyendo la historia pero como una simple mención de datos sobre los destinos del país, sin luchas más que las internas y poco importantes para el Uruguay.
Me di cuenta de su palabra torpe (se lo digo con el mayor de los respetos), lenta y entreverada en el mismo momento del festejo en la victoria de noviembre de 2014. En plena celebración contó una anécdota que en sí misma se pudo adivinar en su resolución en los primeros momentos. Usted -contó- se sentó junto a un hombre en un sillón en la sede del Frente Amplio y ese hombre era Tabaré Vázquez. No quiero reproducirla porque en el medio de su discurso opté por pensar en el discurso en sí, en su forma y no en su fondo.  Y si al que escucha le pasa eso, lo que prima es la distracción.
Para contar dicha anécdota con final feliz dio tantas vueltas que el clima de festejo en plena avenida 18 de Julio se apagó del todo. La gente se puso impaciente y usted desaprovechó el momento histórico del tercer gobierno de una fuerza política relativamente nueva, de izquierda y que lo tenía a usted, ni más ni menos que en el lugar de vicepresidente.

Después vinieron los silencios sobre temas sensibles: Ancap, y las aventuras del pensamiento sonoro en México cuando reelaboró las ideas de Altussher sobre los aparatos ideológicos del Estado pero a su modo de entender (lo cual está bien) y a su modo de decir (lo cual fue muy desafortunado). Usted dijo que los medios de comunicación eran peligrosos, algo que también mencionó sobre el narco tráfico. Que hay medios que operan para la derecha. ¿No le parece extraño que usted es hijo no solamente de su madre y su respetado padre, sino de la construcción que hicieron de su persona los medios de comunicación? Usted los criticó, y en parte tiene razón. Pero el combate debería ser más frontal y no tan complaciente como el gobierno que usted representa con esos mismos medios que criticó. El combate debería ser mejor dicho y sincero.

Paralelamente surgió la noticia de algo dicho -injustamente- sobre usted en un sitio de Internet. A usted le preocupa lo dicho, siempre y cuando eso que se dice es contra usted y su persona. Pero me resulta llamativo que ha dejado decir cualquier cosa sobre su gestión en Ancap y se ha llamado a silencio. Cuando un periodista le preguntó sobre su sexualidad respondió sin más: entró en el discurso mediático con gusto.
En uno de sus largos silencios (manejar los silencios en música es todo un arte, y en la poesía a veces los silencios dicen más que la palabra, pero en política por momentos resulta dudoso), se fue a Cuba a discursar en -permítame que me agarre de los pelos-, la Feria del libro, difusora de la buena palabra.

No decir, es decir algo que se oculta. Pero el último hecho fue también por culpa de lo dicho. Primero dijo en programas de televisión que tenía una licenciatura con premios incluidos, luego le dijo a El Observador que no tenía esa licenciatura, y por último afirmó que sí la tenía. Usted y los suyos apuntaron a la información, a la periodista, y al medio que lo publicó. Cada vez que usted dice que hay una operación política desde los medios, se olvida que hay periodistas atrás, y lo que usted hace es apuntar contra los periodistas, personajes non santos, pero cuya credibilidad radica en nuestra palabra.

No puedo esperar de alguien que hace de la palabra una duda compleja, que comprenda eso de la credibilidad del periodista.

Algunos discuten sobre su gestión, otros sobre las mentiras o no, Yo entiendo que tenemos un vicepresidente que no puede sostener con la palabra sus propias ideas. El patrimonio del político es su idea y cómo las transmite, tal como dije más arriba. ¿Cómo puede mediar en la lógica discursiva del Parlamento, siendo que usted mismo no puede mediar con su propia voz y su lógica discursiva?

Intentó salir hablar con los docentes en el Palacio Legislativo y no pudo hablar, porque si un gran orador como nuestro Presidente de la República no superó la soberbia de algunos de mis colegas que elevaron la voz para hacerse escuchar cuando lo que tenía que primar era la idea ¿Usted qué pretendía? No dudo de sus buenas intenciones, pero sí dudo de sus verdaderas posibilidades para poder generar algún efecto con su voz, con su decir.

No creo que tenga que renunciar. Tan sólo haga silencio, y con eso nos asegura cierta gobernabilidad. Usted sabe tanto como todos nosotros que su renuncia significaría un corrimiento de ambiciones, esas mismas que lo están apuntando desde su propia fuerza política. Subirían al poder algunos actores que a veces hacen daño con las palabras, y que le han hecho daño a usted, y hacerle daño a usted es dañar la institución. Son personajes que se quieren adueñar de la voz del pueblo, desde allá arriba, donde las palabras de los pobres ya no llegan.

¿Lo estoy censurando? No. Si cumple con su papel administrativo y nada más, podrá no pasar más vergüenza. Comienza la sesión, termina la sesión, tiene la palabra el senador tal, hay un pedido de interrupción de la senadora tal...
Si uno se aprende esas palabras de memoria, le juro que no falla. Pero sé que su papel requiere más. Con paciencia podrá mejorar sus formas, su dichos y contradichos. Mejórelos y vuelva gritando a los cuatro vientos lo que piensa y lo que es.

¿Qué le dijo ayer a la señora Vicepresidenta de Argentina? A mí me da un poco de temor lo que le pudo haber dicho usted, porque no ha dado muestras de seguridad en sus palabras. Pero le doy mi palabra que confío en usted de todos modos.


MATÍAS RÓTULO