Bandera de Uruguay Año VII Blog el inaugurado el 15 de diciembre de 2008. Desde Montevideo, República Oriental del Uruguay - 2014.

No a la baja

No a la baja

jueves, 28 de agosto de 2014

sábado, 23 de agosto de 2014

Yo me llamo un concurso de imitadores que imita otros concursos

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS




¿Cuál es la gracia del programa “Yo me llamo”? No, no es el conductor. Aunque dicen en todos lados que es muy gracioso, pero no, no es él.

Por Matías Rótulo (Publicado en Voces 442) 

“Yo me llamo es” un concurso de imitadores de cantantes en un
formato traído desde el exterior y hecho a la uruguaya. No diré nada sobre los participantes porque para ridiculizarlos está el jurado que los evalúa. Los del jurado ponen cara de asco o alegría mientras están cantando los participantes, y después les devuelven conceptos que todos ya sabemos de tanto ver concursos de canto en televisión: tenés un buen color de voz pero desafinaste dos veces, debés trabajar la afinación, contás con un timbre de voz que te ayuda… ¡Qué fácil es imitar al jurado!
Antes de seguir, debemos destacar al imitador de Maxi de la Cruz. Porque si bien habla como Maxi cuando Maxi era adolescente y conducía “Maxianimados”, arrastrando letras entre el babeo y el uso vulgar (“vamo pal otro lado”, “estamo acá”), acomodando su rostro como el de un humorista en ascenso, todavía le falta mucho a ese imitador para llegar a ser tan grande como el más grande de los uruguayos en el mundo después de Suárez. Porque si hay algo que nos dicen en la televisión todo el tiempo, es que Maxi ha logrado un nivel de excelencia artística y humorística que ese imitador en la conducción de “Yo me llamo” no ha logrado demostrar más allá de sus esfuerzos.
¿Cuál es la gracia del programa? ¿Ana Laura Romano entrevistando a los concursantes? ¿Ana Laura tratándolos como tratan los padres a los niños en el preescolar, tras la fiesta de fin de año cuando hacen de pollitos pero en realidad les sale un perrito? “Qué lindo mi amor… quisiste hacer un pollito, ladraste, no hiciste “pio pio”, pero fue un ladrido parecido al “pio pio” de un pollito, te voy a comprar un helado y te olvidás”.

Entonces ¿Cuál es la gracia de “Yo me llamo”? Es un programa de imitación, que a su vez en sí mismo  se dedica a imitar a otros concursos: ponen a un jurado que parodia  a los parodiables jurados de concursos que llenan la televisión. Hay jurados en lo de Tinelli, hay jurados en el concurso de jóvenes talentos en “Agitando una más”, hay jurados en “Yo me llamo”, está el panel de “Buscadores” que es otro jurado, ya no de talentos, pero sí de todo hecho social o político que surja…
¿Qué hace Roberto Musso evaluando la forma de cantar de los participantes? Roberto ¿No escuchaste “Otra Navidad en las Trincheras” y “Barranca Abajo”*? Escuchalos y enterate qué es cantar mal.
¿Qué es lo que hace “Yo me llamo” de un programa interesante? En cada concurso de “talentos” que hay en Uruguay, siempre se afirma que de ahí “surgirá una estrella”. ¿Cuántas estrellas nacieron en programas de concursos realizados acá? Desde el “Cante y Gane” de Cacho de la Cruz se nos prometen estrellas y miren: la única estrella que nació de algo que hizo Cacho fue su propio hijo.
Entonces ¿Cuál es la gracia del programa? La gracia es el cachivache: la solemnidad del jurado, la risa exagerada de Ana Laura Romano, el imitador de Maxi, y las interpretaciones de los concursantes.
¿Ya no teníamos un concurso de talentos e imitadores a gran escala que se llama “Carnaval”?

Nota: Yo me llamo Matías, soy el imitador del columnista original, así que a él no le digan nada sobre esta nota.


(*) Discos de su banda El Cuarteto de Nos.

No discrimino, tengo un amigo gaucho



Por Matías Rótulo (publicado el 26/6/12 en Voces)

El canto VII del Martín Fierro cuenta una historia donde “el otro” se enfrenta a “el otro”. El primer “otro” es el gaucho, el segundo “otro” es “El negro”, y hay una tercera “otra”, la mujer de “El Negro”. Fue en un baile de campaña donde ocurrió la pelea.

De “decir” se trata la cosa. El gaucho fue desplazado, utilizado para las guerras (1), desplazado nuevamente (en el proceso de civilización) aunque integrado a la sociedad “culta”, canonizado, idealizado (hasta hoy). El gaucho dijo en la poesía gauchesca lo que el ciudadano culto quiso que dijera y cómo él quiso hacerlo decir (2). Lo hicieron decir. Uno de esos casos es “Martín Fierro” de José Hernández. Hernández, quien no gustaba de la música (3) realizó un poema (musicalmente perfecto) sobre un gaucho al cual le dio voz para cantar, una guitarra para acompañar, y una historia para sufrir.
Darle voz a alguien, es permitirle hablar, y “permite” quien tiene poder para permitirlo. Es establecer una relación de poder, según Josefina Ludmer, entre dos (o más).
En el canto séptimo de la primera parte, ese gaucho al cuál se le permite hablar intentándose imitar su forma de decir, el gaucho Martín Fierro, se va a un baile de campaña, y allí se encuentra con una “morena” o “negra” y con la pareja de esta: El Negro.

viernes, 22 de agosto de 2014

La directora que se acomodó

Durante seis años, desde 2006 a 2012 fui el periodista encargado de la página de educación en el diario La República. En todo ese tiempo trabajé duramente para que La República sea la referencia periodística en dicha área. A veces lo conseguía, otras veces no. 
Un tarde se me acercó un jefe de redacción y me pidió que revisara la entrevista que le habían hecho a la directora de un liceo que reclamaba ciertas cosas del sistema y sobre un concurso con "trampa". 

Le expliqué a mi jefe que prefería no hablar con esa persona, ya que cada vez que la llamaba, ella me decía lo mismo que le decía a los otros diarios, pero que en la lista de reclamos se incluía uno personal: "por favor decí (publicá) que yo perdí el concurso porque acomodaron a otros". 

Todo había empezado tiempo antes, cuando llamé a esa directora y me planteó lo del concurso que ella no había logrado, y de inmediato llamé a una autoridad de Secundaria que me confirmó que conocían la denuncia de la directora. Como no me quedaban las cosas muy claras porque la información era confusa, preferí esperar a publicar alguna noticia hasta confirmar una información que me iban a dar desde el Codicen y para volver a hablar con mis fuentes. 

Resulta que cuando llamé a la directora algunos días después, ella me recriminó que yo no había publicado ni los reclamos sobre el sistema educativo que ella me había manifestado días antes, y que tampoco había publicado lo de su reclamo personal. 
Le indiqué que la decisión había sido mía ya, que yo tenía dudas sobre la información que tenía en mi poder, y que la llamaba para que me aclarase algunas cosas.
Me respondió a modo de pregunta, pregunta algo pícara: "¿Y qué dice Fasano?" A lo que le contesté que Fasano (Federico Fasano, propietario por entonces de La República) no estaba enterado de esto, y aunque lo estuviera, yo tenía la autonomía suficiente para decidir qué publicaba y qué no, ante las dudas que tenía sobre la información. 

La respuesta fue "entonces le paso la información a El País" siendo que en El País la señora salía casi todos los días dando  su voz. Le respondí que sobre lo que hacía El País, era problema de ese medio, al igual que lo que se publicaba en La República era tema de La República. 
Le pregunté de nuevo sobre cuál era su intención a la hora de hablar conmigo, y la directora, preocupada por el futuro de la educación, me tiró todos sus reclamos individuales sobre cierto concurso y nada más. 

Obviamente, ignoré los reclamos de la señora, dado que me pareció que me quería utilizar a mí y a mi medio como parte de su estrategia personal para sacar algún rédito personal, y que lo del discurso "pro educación" era una fachada para conquistar algún espacio de poder personal en Secundaria. 

Hoy, quería contar esto, dado que estoy en plan de dar a conocer anécdotas de mi vida como periodista. 
Si alguien se da por aludido...

MATÍAS RÓTULO 

viernes, 15 de agosto de 2014

Lectores en el Tejado

Los estudiantes de los Liceos 47 y 66 se muestran como lectores y como creadores. El sitio web que llevo adelante junto a mis estudiantes de tercer año de ambas instituciones públicas pretende mostrar la producción intelectual de adolescentes entre 14 y 17 años. 
M.R.

Ante posibles presiones a los medios de comunicación en año electoral


Montevideo, 14 de agosto de 2014.
El Consejo Directivo Central (CDC) de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) exhorta a todos los actores políticos participantes de la presente campaña electoral a mantener y promover el mejor clima de relacionamiento posible, para no afectar el derecho a la información de la sociedad y al desempeño adecuado de sus funciones de todos los trabajadores de los medios de comunicación del país.
El CDC de la APU quiere señalar que está alerta ante la posibilidad de que se generen situaciones de presión sobre los compañeros trabajadores y denunciará públicamente todos los casos de acciones indebidas, provengan de donde provengan.
El CDC de la APU reclama que la tensión y el estrés que naturalmente se producen en los actores políticos durante las campañas electorales no se trasladen al trabajo de los compañeros de los medios de comunicación.
Del mismo modo, el CDC de la APU exhorta a los jerarcas de los medios de comunicación a no ceder ante eventuales presiones del poder político que pretendan afectar el derecho a la información de la sociedad y el derecho al trabajo de nuestros compañeros.
El CDC de la APU también recuerda a todos los trabajadores de los medios de comunicación del país que las puertas del sindicato están abiertas para presentar cualquier denuncia que estimen conveniente.
CONSEJO DIRECTIVO CENTRAL
ASOCIACIÓN DE LA PRENSA URUGUAYA

viernes, 8 de agosto de 2014

La columna de la gente

ESA CAJA BOBA QUE NOS TRATA COMO IDIOTAS


La mejor justificación para la existencia de “La columna de la gente” es que el fin de semana último pasado llegaron a los cien mil amigos en la red. Eso confirmó algo: es el programa que “la gente” quiere mirar. Entonces no se puede discutir más. El público es sagrado.

Por Matías Rótulo - Publicado en Voces 441

La televisión es diversión, negocio, y lo que queremos ver. Esas son las razones más cómodas y convenientes de muchos de los que hacen televisión. Inclusive, algunos periodistas justifican publicaciones  de noticias que lastiman a otras personas, gracias a un aparato invisible pero efectivo que mide aquello que el lector quiere leer en los diarios, y que lamentablemente en Voces todavía no tenemos. ¡Por eso nos sale lo que nos sale!
Que la gente no quiere preocuparse, que la gente no quiera ponerse a pensar tanto, que la gente nos mira cada vez más,  y por lo tanto eso demuestra que piden lo que les damos, que la gente es una especie de conglomerado sin rostro, cerebro ni lengua… Esa misma gente es la que lee este artículo y este artículo es lo que la usted quiere leer.

En “La columna de la gente” (el nombre lo dice todo) se argumenta que se le da al televidente lo que él quiere, y yo puedo argumentar lo mismo en cada una de mis notas. Por lo tanto, si llego a escribir aquí que “La columna de la gente” es un programa desechable, y a usted le gusta ese programa, habría un choque de intereses. No se chocan mis intereses, ni de quienes hacen “La columna de la gente”. El choque de intereses es de la gente, -por eso-, arréglese usted como pueda.
“La columna de la gente” nos ofrece un resumen divertido de lo que personas comunes y corrientes con afán de mostrar sus habilidades (o la falta de ellas) publican en Internet. Algunos de mis contactos en Facebook suben fragmentos de “La columna de la gente”, fragmentos que muestran esos videos subidos a Youtube. ¿No es un círculo interminable?
El programa nació como un espacio en “Día Perfecto”, ese programa matinal que se basa en la agresión disfrazada de buena onda e información de poca relevancia, pero los conductores me dicen que es fundamental para mi aburrida existencia. ¡Hace que mi día sea perfecto!

De a poco, “La columna de la gente” se ganó un lugar y obtuvo un espacio propio con videos de efecto: niños haciendo de animales, animales haciendo de niños, monos haciendo monerías, conductores haciendo lo mismo que hacen los monos pero con menos gracia e imágenes de personas golpeándose en la cabeza en accidentes. ¿Cuál es el contenido? El mismo que cualquiera de nosotros puede ver en Internet, pero la facilidad que da el programa es la de hacernos una selección,  cosa de que no nos compliquemos la vida.
Yo no sé si eso es lo que la gente quiere ver. Pero como un individuo que forma parte de eso llamado “gente”, ese monstruo sin rostro y sin lengua, me parece, cada vez que lo miro, que hemos llegado punto máximo de subestima al espectador. ¿Eso es lo que yo quiero ver? Si no tengo otra opción (no tengo cable) y si las otras tres opciones a esa misma hora no me entusiasman, puede ser que me quede con “La columna de la gente”.
Me dicen que no quiero pensar, que me quiero divertir, y que tengo que entender que la televisión es un negocio. Resulta que la parte del “negocio” no lo termino de entender porque para mí no es un buen negocio, pues la televisión me invita todo el tiempo a gastar dinero en productos innecesarios. Surge entonces que la televisión es diversión y “La columna de la gente” no me divierte, porque para mirar a un tipo bailando ridículamente, prefiero buscar en Internet un video de Monty Phyton. Y no, tal vez no quiero pensar, pero programas como este me hace pensar más de la cuenta y por eso empiezo a escribir este artículo.