sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Quién mató a Fidel?

Hace algunos años, un viejo amigo, viejo comunista uruguayo, más comunista que viejo, me dijo que alguien mataría a Fidel. 

Me lo dijo en la redacción de un diario pro Fidel, pro Cuba, y pro-clive a vender su ideología al precio de la necesidad. Me lo comentó con un pucho apagado en la boca y hediendo a caña. 
El día que Fidel muera -me explicó muy serio-, será porque alguien lo asesinará. 
Le pregunté si él pensaba hacerlo. Hizo una pausa de esas que para la revolución sería como para planear el golpe contra el tirano... no, yo no, pero alguien sí. Fidel va a morir asesinado, ya que la naturaleza no se lo puede llevar.

Me pidió que si él estaba muerto el día que Fidel ya no esté (hoy sabemos que es el sábado 26 de noviembre de 2016), me encargara de escribir un artículo con el título "¿Quién mató a Fidel?" 
Muerto mi amigo comunista, cumplo con la consigna. 

¿Quién fue el brazo ejecutor? ¿Quién lo mató? ¿Fueron los que festejaron anoche en Miami? 
¿No será que Fidel estaba muerto de antes? La Habana estuvo de luto hace algunos años cuando la visité. Sus calles calurosas, sus autos antiguos, su gente curtida por el sol, el trabajo y una extraña alegría, más alegre cuando te quieren vender algún producto típico a escondidas, daba la impresión de un cortejo social rumbo a un cementerio mundial. 

Fidel ha muerto de muerte natural, que es la más asesinas de las muertes. Dejó de existir porque se venció su tiempo. ¿Se habrá vencido el tiempo de Cuba? Aquel Fidel, el del Granma  que lo hacía flotar a la revolución a este Fidel pintado por el Granma, el diario que lo recuerda así:

"Cada generación de cubanos, en los úl­­timos sesenta años, tiene su propia imagen de Fidel y las fotos que lo fijan como recuerdo de familia: en el Moncada, saliendo de la cárcel de la entonces Isla de Pinos, en México, o en el yate Granma, con su fusil en las montañas de la Sierra, saludando al pueblo eufórico durante el trayecto de la Caravana de la Libertad por las calles de Santiago o de La Habana, saltando del tanque durante la batalla de Girón, cortando caña, de recorrido por calles, escuelas y fábricas, bajo la lluvia y los vientos de todos los huracanes, los me­teorológicos y los políticos".(1)

A Fidel lo matamos cada vez que opinamos sobre FIdel desde acá, a favor o en contra. Murió el día que su hermano pactó con Estados Unidos, su hermano, el más temido de los dos. Pero revivió cuando los cubanos de Miami celebraron su muerte con bebidas caras en la calle. Murió asesinado de poder, soberbia y soledad (muy bien acompañado). 

Fidel murió, depende de nosotros no asesinarlo. ¿Quién se anima a matar ahora a Fidel? Viva la Habana. 

(1) Granma, "Fidel es Cuba", 26-11-2016.


M.R.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Vas a iluminar la casa



GABI RUBI: VAS A ILUMINAR LA CASA

Vas a iluminar la casa no es una canción de amor, es una canción cuyo tema es la esperanza. El amor puede ser el objetivo, la esperanza el camino. El amor es parte del asunto. En el poema spinetteano, la poesía se centra en la esperanza inacabada pero dispuesta a concretarse en la voluntad de los sujetos. La esperanza da confianza, pero no certezas. Es una esperanza en el amor, pero más todavía en la propia esperanza.

La esperanza
Lo más privilegiados en el mundo paralelo de La Divina Comedia no son los que viven en el Paraíso, ya con el cielo ganado y cerca de Dios. Ese privilegio lo es como tal, pero nos hace preguntar ¿y después? Después de Dios no hay un después porque Dios lo es todo (desde una mirada Dantesca). Tampoco los habitantes del Infierno son sujetos privilegiados, aunque el privilegio de leer las inteligentes condenas que el enviado Dante nos narró en su poema, nos hace ser privilegiados (y temerosos) a nosotros: los mortales aún sin destino. En el Infierno están los condenados a la eternidad sin esperanza. Eternidad de quien paga en muerte sus vicios en vida (por eso tememos actualmente los vivos). 
Los más privilegiados son aquellos que desde el Purgatorio viven con una esperanza de cruzar al Paraíso. Los condenados a muerte no tienen esperanza. Fiodor Dostoievski, condenado a muerte, en el momento de ser ejecutado, fue perdonado. En realidad nunca había sido condenado a muerte: el zar de turno los castigó con el susto. Él y otros tantos condenados sufrieron las consecuencias de una macabra lección con consecuencias psicológicas, sociales: casi todos los condenados con el escritor ruso terminaron locos o se suicidaron, cuenta su hija Amada en el libro sobre la vida de su padre. Primo Levi ensaya desde su Trilogía de Aushwitz la desesperanza por saberse ejecutado por el régimen nazi. Una desesperanza mayor le provocó haberse salvado fortuitamente. 
Entonces ¿No es la esperanza de vida un tema recurrente en la literatura? 
Spinetta lo enlaza con lo vital: el amor como un elemento vital. 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Vamos a hacer


Sin tocarnos

tocándonos
poniéndonos las manos encima
que nuestras palmas se choquen
acariciándonos
apretándonos la piel
frotándonos
cruzando los dedos
vamos a mirarnos

Guiñándonos
llorando
cerrando los ojos
abriéndolos
pestañeando
pestañeando
pestañeando
suplicándome que te mire
vamos a besarnos

mordiéndonos los labios
saboreando las lenguas
sintiéndote ese sabor a frutilla
respirando
respirando
respirándonos diente a diente
mojando el paladar
murmurando algo
vamos a hablarnos

con voz cariñosa
tartamu
tarta
tartamudeando tu nombre
tiritando de frío
como cantando
queriendo que me salga la voz
te diré qué
vamos a escucharnos
vamos a olernos

dulce, amargo,
lagrimas y alientos
vamos a escucharnos

latiendo
gimiendo
el frote
el roce
la frutilla que te digo que siento
la voz que tirita
los besos que suenan
las manos que crujen
los años que pasan
el pelo blanco
esas arrugas en en la frente
vamos a morirnos
por eso, vamos a vivirnos
porque vamos a morirnos


m.r 2004 (Para Érica)

domingo, 13 de noviembre de 2016

Muñecas rusas


Yo siempre supe

como es el juego

lucha en el barro

con tus amigas”

Indio Solari, “Black Russian”

¿Cómo hace una sociedad que condena ciertos aspectos de su sociedad, para esconder lo que su propia Cultura construyó con el correr de los siglos? ¿Cómo hará Rusia para condenar a sus propios héroes, a su propio pasado cultural y hasta político que toleró (no en todos los tiempos), la homosexualidad?

Por Matías Rótulo

El gobierno ruso (con un alto apoyo de la sociedad de aquel país) enfrenta una demanda internacional, una demanda moral en el marco de las medidas que imponen la prohibición de imágenes o contenidos en medios de comunicación sobre relaciones  “no tradicionales”. Es decir, no se permite emitir publicidad que promuevan las relaciones homosexuales. La medida restrictiva del gobierno  es para que niños y niñas no padezcan las consecuencias, tal como se explica desde Moscú.
Para que tenga una idea, si esto fuera Rusia, el festival Llamale H estaría prohibido, el Movimiento Ovejas Negras estaría perseguido por el lobo, y Dani Umpi sería prejuzgado. De hecho Dani Umpi es prejuzgado acá también.
Pero ¿Qué van a hacer en Rusia con su literatura?

En Internet o libros especializados en literatura de gays, lesbianas, etc. existe un profundo trabajo sobre la literatura rusa con respecto a esta temática. Recomiendo en particular el artículo de Carlos Espinosa Domínguez, llamado Rusia Rosa que hace un importante resumen del tema (1).
El 18 de agosto el diario El País (en base a The New York Times) publicó “si este artículo se publicara en un diario de Rusia podría ser calificado para mayores de 18 años como una película porno y debería tener esta advertencia: ‘Este artículo contiene información inapropiada para lectores de menos de 18 años’". De hecho, este artículo también sería prohibido y este periodista se las vería en apuros, todo por escribir lo que escribirá a continuación: la cultura rusa y en particular su literatura no ha sido ajena a las relaciones entre personas del mismo sexo. 

Es más, el padre de la literatura rusa, Alexander Pushkin se ha enviado cartas con rusos que se movían en ámbitos de homosexuales. Ya sé, usted estará pensando que estoy haciendo algo que no me gustaría que hicieran con Bartolomé Hidalgo, Zorrilla de San Martín, Onetti, Quiroga o Florencio Sánchez: difamarlos. Pensándolo bien se dicen cosas similares de cada uno de estos autores: al primero se le dijo que era un “oscuro montevideano” (lo dijo el Padre Castañeda), al segundo se le dice que es “fascista” (lo dicen muchos académicos y es repetido por estudiantes del letras que no estudiaron qué es el Fascismo), del tercero que se drogaba, del cuarto que estaba loco, del quinto que era homosexual, y tenía sífilis… Claro que, según como uno diga algunas de estas cosas están dirigidas como acusaciones, con una clara intención de desprestigiar al otro. La vida del autor no nos debería importar, sino su obra.

En el caso de Pushkin, las cartas a Phillip Vigel no solamente revelan la relación amistosa de estos dos personajes de la Rusia zarista y decimonónica sino que se manifiesta el aislamiento que los homosexuales vivían en esta época, no tan lejana a la época actual, en un país que en el medio tuvo una revolución comunista desde aquel régimen al prohibitivo de hoy.

¿Qué hará Rusia con la aceptación plena de las entrañas de su cultura, donde la homosexualidad está latente desde la Edad Media? La Leyenda del amor entre Boris y Gleb en el siglo XI forma parte de una cultura que además llegó a pleno período zarista con uno de sus defensores más fieles: Fiodor Dostoievski que en su obra Netoshka cuenta la historia de la hija de un buen violinista pero sin éxito, que es dejada con una familia noble. Las jóvenes entablan una relación de acercamiento íntimo, y sensual. 

En el medio de todo esto se habla de otros escritores, pintores, músicos y demás. ¿Cómo hará la sociedad rusa para olvidarse de este pasado? O ¿Será que lo miran de reojo sin opinar muy fuerte para no ser perseguidos? 



sábado, 12 de noviembre de 2016

Resumen porteño


Todavía recuerdo la impresión que me generó de niño la película La cabina de Antonio Mercero (disponible en Youtube haciendo click aquí). Una noche, allá por los años ochenta la emitió Canal 4 de Montevideo (Uruguay) como un filme de terror. La película, un cortometraje producido por la Televisión Española se emitió España en 1972, mientras la dictadura de Francisco Franco dominaba el encierro de los españoles. De la misma forma era dominado el encierro de ese hombre que sin una razón aparente se quedaba adentro de la cabina telefónica, atrapado, paradójicamente incomunicado, siendo parte del espectáculo público de la gente que miraba cómo se hacía cada vez más imposible verlo salir de su cárcel.
Mientras esa película se filmaba, en América Latina se preparaba un plan siniestro, que iba a hacer conocer a esta parte del mundo, de qué se trataba ese encierro que quería representar Mercero en su película.
Se explica en el libro Buenos Aires y el rock de Adriana Franco, Gabriela Franco y Darío Calderón (1):

viernes, 11 de noviembre de 2016

Hugh Laurie canta el tangou como ningunou



“Beso tus labios y al besarlos centellean,
y una vez más a sus mentiras hoy me entrego.
Ante el peligro de tu llama que me invade,
he de rendirme a tu fatal beso de fuego”.

Por Matías Rótulo (publicado el 1/9/13 en Voces)


Olvídense de Hugh Laurie en Dr. House. No tengan en cuenta su actuación en películas menores previas a Dr. House. Ni siquiera piense en aquellos papeles humorísticos iniciales en programas de televisión de inalcanzable calidad emitidos en Estados Unidos e Inglaterra, que hoy son un fetiche de rareza para los fanáticos de la serie del médico lisiado. Tampoco lo tenga en cuenta como escritor del libro El vendedor de armas, traducido por todo el mundo llegando a ser uno de los libros más vendidos de los últimos tiempos sin apenas una crítica, ni buena ni mala. Siéntalo, a este actor, escritor y fundamentalmente músico inglés, como un cantante de tango que se juega la ropa ante el prejuicio local. Porque ya llegará la crítica patriótica y fanática, la crítica artística, histórica y popular desde el Río de la Plata que condenará al anglosajón de “atrevido” por cantar un tango que no es ya un tango simplemente.
Experimentando con nuestra música local, al borde de hacerla parecer originaria de los negros padres del rock, Laurie ensaya con el blues y el jazz en la cornisa de una casita vieja en los suburbios de La Boca. Lejos de los cien barrios porteños, diseñando sonidos desde alguna gran manzana, el músico arremete con su arte, ese que a veces es más llamativo por ser quien es el artista: un gran actor que fue el rostro visible de una de las series norteamericanas de televisión más exitosas e inteligentes de los últimos cien años, doscientos años.
Didn´t it rain se llama el último disco de Hugh Laurie, el segundo que edita. En la portada aparece él en un parque, en el inicio infinito de un camino de árboles que se pierde en la  nebulosa de otoño, o invierno. Laurie el músico, está sentado frente a un pianito. El pianito es pequeño y él queda muy ridículo al tratar de tocarlo con sus enamores manos. Cuenta el autor en el librillo del disco que en Buenos Aires, tras un recital, le despertó un gran interés aquello del tango, que conocía pero no tan de cerca. Su disco de blues-jazz, o blues a secas (con tinta de tango), incluye así en el track cinco la versión adaptada al inglés de “El choclo” de Ángel Villodo. Antes, ya en la primera canción, parece anunciarnos una melodía reconocible con nuestra carta de identidad rioplatense que permite augurarnos algo familiar.
La historia de aquel malevo –El Choclo-, que Jorge Luis Borges reivindicó alguna vez como al resto de su estirpe, a mediados del siglo XX se convirtió en “Kiss of fire”. Habían pasado cincuenta años desde el nacimiento sonoro en 1903 de la versión sonora de la vida del malevo cuando el tango “Kiss of fire” renacía con una adaptación más apasionada y dolorosa: la del beso que quema, que arde, allá por 1953 bajo la autoría (o re-autoría) de Lester Alien y Robert Hill. Fue el mismo Discépolo el que le agregara su impronta literaria a finales de los cuarenta a la versión original de “El Choclo” antes de la mutación del castellano al inglés. Louis Armstrong en 1955 la volvió a grabar y desde ahí “Besos de fuego” o “Kiss of Fire” es uno de los sonidos del mundo. La obra, producto de reformas abruptas, agregados y por entonces hasta una traducción con nuevo título fue llevada al cine con Jack Palance y Barbara Rush que hicieron ese 1955 Kiss of Fire en la pantalla grande ¿Y del Choclo alguien se acuerda?

Tango que me hiciste mal
El Choclo, personaje que quedó en la memoria de un pueblo, tuvo un tango que fue atravesando el mundo como aquel malevo haciéndose valer en el viejo puerto. "Con este tango que es burlón y compadrito/ se ató dos alas la ambición de mi suburbio" comienza cantando Gaby Moreno en la versión de Laurie. Después, la fusión aquella, inicial,  la aventura de los años, agregados y fusiones se sintetizan en el tango-jazz-blues del británico. Tanto que por momento Laurie canta encimado de Moreno, ella en español y él en inglés. ¿Vanguardia le dicen a eso?
En Internet ya casi no se le atribuye la autoría a Villodo y al contrario, la última versión famosa (la de Armstrong) parece imponerse como la última y definitiva. Esta versión de Laurie, tal vez sin el mismo éxito que las anteriores (el tiempo establecerá lo del éxito), es una canción que propone un retorno al origen de la historia siguiendo una línea de tiempo desde Villodo hasta la última adaptación hasta el momento: la de Laurie y su fusión. Así, un buen  día, la reivindicación del tango “El Choclo” llega de la mano de un británico que no se arriesga en cantar en un español que perderá la esencia del estilo tanguero y lo hará víctima de las críticas del “bien hablado” porteño (porteño montevideano y bonaerense).
Si los japoneses bailan el tango con la exactitud de una foto turística, y lo cantan sin la pasión local pero con el espíritu de un pueblo que lo adoptó como cliché perdurable, ¿Por qué un británico no tan valorado como músico así como actor, no puede hacer el tango bur-lóun y compadritou?

Escuche Kiss of Fire de Hugh Laurie

jueves, 10 de noviembre de 2016

El efecto Marianela

PAPELES SALVAJES


Marianela, personaje del realista español Benito Pérez Galdós (1843 – 1920), sufrió por amor. En realidad sufrió para falta de amor propio. Un mal adolescente del siglo XIX, pero del XXI también.

Por Matías Rótulo (publicado el 2/8/2012 en el Semanario Voces)

Un ciego de nombre Pablo, amo (y amigo) de Marianela, un día recuperó la vista gracias a una operación que en pleno auge científico le permitió conocer el cuerpo de la niña-adolescente. Corría el siglo XIX, positivista y lleno de progresos.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Una historia en dos décadas

PARTE I.
Escrito en 1999

La chica más linda de mi barrio se llama M. No es la más linda, simplemente tiene la sonrisa más clara del Buceo. Ayer la vi llorando. Iba caminando rápido entre las gotas de lluvia que se mojaban con sus lágrimas. Transparentes ambas, las gotas de lluvia no giran en la cara de la gente. Las lágrimas hacen su recorrido escalera abajo hasta lanzarse al vacío desde el mentón al suelo.
Ella, M. iba volcando lágrimas, hiriendo en cada paso el piso que la veía pasar desde abajo. Yo me puse un poco celoso del piso hace un tiempo, porque él la espía por debajo de la pollera. Pero ayer de tarde no pensé en eso. Me parecía hasta sucio imaginarla desnuda, siendo que la podía escuchar y verla gritándose para adentro algo que todos evitábamos escuchar. Lloraba por alguien, tal como supe después. 
M. dobló la esquina de Bustamante, y pasó a mi lado como el viento que trajo aquella lluvia. No era como antes, cuando la espiaba venir e ir de un lado para el otro, ocupando mi vista, ante su vista esquiva.
Esa tarde todo cambió, yo intentaba abrir la puerta de mi casa. M.: rubia, bajita, de espalda bronceada, de brazos voladores, de pecas imperfectas, me miró sin mirarme. Yo la miré mirándola. 
Caminó tres pasos y cuando me pasó se detuvo en el árbol de los Martínez, a unos diez metros de mí. Se dio vuelta, me lanzó una cuchillada certera, en el pecho, mojando mi frente empapada, escupiendo su odio: "qué me mirás". No fue una pregunta, fue una súplica. Quería que la mirara para descargar en mí su mal... 

PARTE II
Varios años después,
9 de noviembre de 2016

La chica más linda del barrio, yo supongo que ya no es M.  No vivo en el Buceo, y alguien más tendrá la sonrisa clara, como la de M. o más clara.
Hace pocos días la vi en el ómnibus. Me miró y la miré. Ella iba con su hija y yo con mi hijo. Recordé que escribí sobre nuestro encuentro hace muchos años. Llegué a casa y lo busqué. Lo tenia cargado en la computadora como uno de esos textos de mala calidad y sin terminar. Esos textos cortos me permitían practicar mi velocidad en el teclado y los estilos narrativos. Escribía cuando me sentía feliz, cuando conquistaba una chica o leía alguna poesía nueva, de esas que uno envidia por no ser de uno. 
Vuelvo al hoy. La miré y me miró, sin ninguna intención de recordar viejas épocas. Yo -por entonces- tenía 19, M. tenía 16. ¿Por qué uno, aunque no quiera, recuerda aquello que fue importante? 
Pero algunas miradas nos trasladan al pasado, aunque ese pasado esté o no esté escrito en un papel. y verla en el ómnibus me hizo viajar a mi adolescencia. 
 Seguramente me volvió a decir, pero ahora en su mente, ese "qué mirás" que inició la historia de 1999 al lado de un árbol, una tarde de lluvia.
M. me vio pasar, me vio sentarme en otro asiento, y de inmediato nos volvimos a nuestros hijos para atenderlos. Mi Ulises tiene  un año y medio y su Juana (así le dijo) tendrá unos tres años. No pude detenerme en su sonrisa porque mi posición me lo impedía. ¿Sonreirá? 
¿Querría que la mirara en ese ómnibus para descargar en mí su mal? No paso nada, no nos miramos, no nos dijimos nada. ¿Por qué no nos miramos? ¿Será porque después de aquella tarde de 1999, M. volvió a llorar pero ahora en el teléfono, llamándome a mi casa para decirme que todo había terminado?  




Una historia en dos décadas

PARTE I.
Escrito en 1999

La chica más linda de mi barrio se llama M. No es la más linda, simplemente tiene la sonrisa más clara del Buceo. Ayer la vi llorando. Iba caminando rápido entre las gotas de lluvia que se mojaban con sus lágrimas. Transparentes ambas. las gotas de lluvia no giran en la cara de la gente. Las lágrimas hacen su recorrido escalera abajo hasta lanzarse al vacío desde el mentón al suelo.
Ella, M. iba volcando lágrimas, hiriendo en cada paso el piso que la veía pasar desde abajo. Yo me puse un poco celoso del piso hace un tiempo, porque él la espía por debajo de la pollera. Pero ayer de tarde no pensé en eso. Me parecía hasta sucio imaginarla desnuda, siendo que la podía escuchar y verla gritándose para adentro algo que todos evitábamos escuchar. Lloraba por alguien, tal como supe después. 
M. dobló la esquina de Bustamante, y pasó a mi lado como el viento que trajo aquella lluvia. No era como antes, cuando la espiaba venir e ir de un lado para el otro, ocupando mi vista, ante su vista esquiva.
Esa tarde todo cambió, yo intentaba abrir la puerta de mi casa. M.: rubia, bajita, de espalda bronceada, de brazos voladores, de pecas imperfectas, me miró sin mirarme. Yo la miré mirándola. 
Caminó tres pasos y cuando me pasó se detuvo en el árbol de los Martínez, a unos diez metros de mí. Se dio vuelta, me lanzó una cuchillada certera, en el pecho, mojando mi frente empapada, escupiendo su odio: "qué me mirás". No fue una pregunta, fue una súplica. Quería que la mirara para descargar en mí su mal... 

PARTE II
Varios años después,
9 de noviembre de 2016

La chica más linda del barrio, yo supongo que ya no es M.  No vivo en el Buceo, y alguien más tendrá la sonrisa clara, como la de M. o más clara.
Hace pocos días la vi en el ómnibus. Me miró y la miré. Ella iba con su hija y yo con mi hijo. Recordé que escribí sobre nuestro encuentro hace muchos años. Llegué a casa y lo busqué. Lo tenia cargado en la computadora como uno de esos textos de mala calidad y sin terminar. Esos textos cortos me permitían practicar mi velocidad en el teclado y los estilos narrativos. Escribía cuando me sentía feliz, cuando conquistaba una chica o leía alguna poesía nueva, de esas que uno envidia por no ser de uno. 
Vuelvo al hoy. La miré y me miró, sin ninguna intención de recordar viejas épocas. Yo -por entonces- tenía 19, M. tenía 16. ¿Por qué uno, aunque no quiera, recuerda aquello que fue importante? 
Pero algunas miradas nos trasladan al pasado, aunque ese pasado esté o no esté escrito en un papel. y verla en el ómnibus me hizo viajar a mi adolescencia. 
 Seguramente me volvió a decir, pero ahora en su mente, ese "qué mirás" que inició la historia de 1999 al lado de un árbol, una tarde de lluvia.
M. me vio pasar, me vio sentarme en otro asiento, y de inmediato nos volvimos a nuestros hijos para atenderlos. Mi Ulises tiene  un año y medio y su Juana (así le dijo) tendrá unos tres años. No pude detenerme en su sonrisa porque mi posición me lo impedía. ¿Sonreirá? 
¿Querría que la mirara en ese ómnibus para descargar en mí su mal? No paso nada, no nos miramos, no nos dijimos nada. ¿Por qué no nos miramos? ¿Será porque después de aquella tarde de 1999, M. volvió a llorar pero ahora en el teléfono, llamándome a mi casa para decirme que todo había terminado?  




Crimen y Castigo: la victoria de Trump


POR MATÍAS RÓTULO

Caminando por San Petesburgo, Rodión Románovich Raskólnikov, el personaje creado por el ruso Fiodor Dostoievski en su novela Crimen y Castigo, maquinaba su propia captura. Había matado a dos mujeres, y ese crimen le generó un castigo más brutal que el que le podía esperar por parte de la policía y la justicia rusa. 

Su mente lo empezó a castigar, viendo a los que lo rodeaban como conocedores de su crimen. Rodión era culpable, de eso no había duda, pero ¿Los otros sabían que era el culpable? El asesino fue y vino de un lado para el otro de la ciudad sin ser atrapado, pero vivió atrapado en la idea de ser un asesino y que a la vuelta de la esquina iba a ser capturado por la policía. 
La brillantez del relato dostoievskiano tiene su mayor punto cuando Raskólnikov es citado por la policía por una falta menor (¿O fue citado como sospechoso de un asesinato?), y la duda sobre las intenciones del policía que lo interroga empieza a carcomer el cerebro del asesino. 

Hoy nos sentimos un poco Rodión Románovich Raskólnikov. ¿Somos culpables de algo? El primer problema no está en si somos culpables o no, sino en las intenciones del policía. ¿Qué intenciones tiene al citarnos? ¿Qué sabe de nosotros?

Pongamos a Donald Trump, el millonario recién electo Presidente de los Estados Unidos, como si fuera aquel policía de Crimen y Castigo. Y nosotros somos los Rodión. ¿Cuál es nuestra primera culpa? ¿Qué delitos cometimos? ¿Quiénes somos "nosotros"?

Voy a contestar la última pregunta primero. Nosotros somos un todo único. Un grupo humano globalizado y único que se siente más que asesino, víctima de una fuerza brutal y maligna, superior e invisible. Somos aquellos que esperan pacientes los terremotos o suaves vientos de la mayor potencia mundial. 

A Rodión Románovich Raskólnikov le ocurrió lo mismo. Fue asesino, pero también fue víctima de una trampa de dudas que él mismo se creó al ser asesino. La policía y la sociedad que lo miraba como asesino (porque él así lo sentía), fue como consecuencia de los golpes que le dio a las dos mujeres hasta matarlas. Se convirtió en una víctima de sí mismo. Su sufrimiento no equilibró al de las mujeres asesinadas, pero la genialidad de Dostoievski logró transmitirnos una angustia hasta piadosa. 

¿Quién fue el creador de Donald Trump? Ahí se contesta la segunda pregunta: ¿Qué delitos cometimos? Nosotros mismos somos los creadores de Donald Trump. Sí, claro, él existía ya como empresario, pero hemos permitido, nosotros, los ciudadanos del mundo, el ascenso de críticos al sistema político, a especuladores de la Democracia, a "policías" como los de la novela de Dostoievski, que ven en las personas extranjeras un posible Rodión Románovich Raskólnikov.

Nuestra primera culpa (aquí se contesta la primera pregunta), fue asesinar el pensamiento, el debate, la participación política y descreer de las instituciones: los partidos, los gremios, las instituciones sociales, etc. Las asesinamos todo el tiempo como si fueran las dos mujeres que mató Rodión. Él las vio como algo ajeno a él, pero ellas eran parte de él. Fueron tan parte de él que su acto lo persiguió hasta desangrarse de carga social, se persiguió cuando nadie lo perseguía (¿O será que lo perseguían?).

La llegada de críticos del sistema político al sistema político, que a su vez son millonarios empresarios, forma parte de una idealización que hacen las sociedades del mundo. El millonario es el que vale más, porque tiene más porque no forma parte de una casta política que ha arruinado al sistema que lo alimenta. ¿No discutía consigo mismo Rodión Románovich Raskólnikov por ser un ruso pobre? 

Esos nuevos políticos ganan en la democracia sus lugares políticos cuestionando los procesos democráticos y a la política en sí. Lamen la mano que los alimenta pero la muerden previamente.

 Tenemos el ejemplo de Trump, Mauricio Macri en Argentina, Sebastián Piñera en Chile, Horacio Cartes en Paraguay, y el nuevo líder político oriental, Edgardo Novick. En el caso del primero, llega al gobierno viendo al mundo no estadounidense como culpable de los males de su sociedad. En el caso del segundo, visualizó una ruptura en dos de un país dividido políticamente, pero se olvidó de hacer la otra división: las tantas argentinas que hay de acuerdo a los tantos pobres que tienen. Entonces los culpables de los males eran los que estaban dividiendo al país por animarse a discutir políticas, democracia e historia. 
En cuanto al chileno y al paraguayo, el primero hizo funcionar a su país como una empresa y el segundo se favoreció de los propios recursos constitucionales (y por ende políticos) de su país que tiró a un Presidente por un asesinato de ocupantes de tierras que todavía sigue castigando a las víctimas. Si no fuera por el juicio político a Lugo, Cartes no estaba en el poder. Por cierto, Cartes, que también renegó de la política ahora busca cambiar a la política para ser reelecto. 

Ellos son los vigilantes que nos hacen ver culpable de lo que somos: pobres, trabajadores, negros, indígenas, latinos, homosexuales... Somos culpables de algo, y por eso nos hacen sentir investigados, perseguidos y castigados. 


¿Quién no tiene un familiar en Estados Unidos? ¿Quién no está tentado a decirle que se venga porque lo pueden maltratar? Rodión Románovich Raskólnikov se veía tentado a escapar, a morir o a entregarse porque temía ser capturado. 
¿Por qué no votaron los latinos y las mujeres a la candidata que manifestaba defender sus derechos? ¿Por qué los pobres apoyaron al rico?
¿No será que el Castigo será consecuencia del Crimen? 

Trump sabe que algo hicimos, nosotros sabemos que algo hicimos. Pero no sabemos sí él sabe de nosotros. Y tampoco estoy seguro de saber cuál fue mi pecado. Seguramente sabe o puede saber algo de nosotros que nosotros no sabemos. En cualquier momento nos atrapará y nos castigará.  

Nuestro delito fue el mismo que cometieron los votantes de otros líderes con discurso emparentado, en otros momentos de la historia. Se dejaron llevar por la idea del asesinato de la política y la democracia. Luego, ellos mismos fueron culpables y perseguidos. Fueron asesinados. 

Por eso, somos los culpables de algo y los que ahora nos sentimos perseguidos. Estados Unidos no deja de ser la policía del Mundo y nosotros somos Rodión Románovich Raskólnikov, inocentes de asesinatos reales, pero culpables de algo... ¿Usted qué me lee? ¿Por qué me lee con esa cara? ¿Hice algo malo?