Memoria sonora: "Dios de la adolescencia"






Por Matías Rotulo (un adulto que a veces recuerda su adolescencia) 

Hoy fue uno de esos días en los que tuve que escuchar varias veces "Dios de la Adolescencia", de Invisible. 
¿Por qué las canciones que hablan de la adolescencia, me remiten siempre a una mujer? Como si en la  adolescencia no pasara otra cosa. El inicio tardío de mi vida como estudiante, la muerte de mi padre, el taekwondo, mi hermana, el trabajo, la soledad.
Pero siempre se cruza una mujer, o mejor dicho, otra adolescente... o una mujer. ¿Escuchaba esta canción en mi adolescencia? Puede ser. Me había comprado varios discos de Spinetta en una disquera de un shopping. Ahí vino Peluson of Milk, y Bajo Belgrano. Durazno Sangrando entró en aquellos no sé, 80 dólares que gasté. Eran 80 dólares antes de la crísis, por lo que eran 80 dólares más baratos a los actuales. Pero demoré en escuchar el disco. Bajo Belgrano me conquistó antes. 
Un día se me ocurrió conocer Durazno Sangrando. Habrá sido como en 1999 porque recuerdo que no podía dejar de escuchar Abre de Fito Páez que había salido ese año. 
Se ve que en un descanso al disco verde del rosarino, agarré el disco amarillo del belgranense. 
Me pareció extraño, conmovedor, angustiosamente hermoso. Una conquista propia de principio a fin. El segundo tema del disco era el hiper conocido y cada vez más intimista y poético "Durazno Sangrando" (canción que le da nombre al disco). 
Pero las canciones llegaban como un torrente de inspiración. Entonces, esa placa de cinco canciones pero muy largo, terminó con "Dios de la Adolescencia". Era un adolescente (casi adulto), escuchando "Dios de la Adolescencia". Un ateo creyendo en ese Dios. Porque había algo en esas mil estrellas que juzgan que es en vano no creer en algo, en una huella despintada. 
Entonces me acerqué a Valeria y me dijo adiós. Y ella tenía 24 y yo algunos menos. Era una mujer, y yo un adolescente. Y llegué a casa, y si había algo de esperanza en Dios de la Adolescencia, quedó una angustia tremenda. El sonido no fue el mismo de antes de encontrarme con ella. 
Ella solo quiere ser feliz, tropezando está. Porque Dios es caprichoso, tanto como un adolescente.