Fiestas sin permisos y alcohol: zona de riesgo para adolescentes

En la noche hay problemáticas que están aceptados socialmente aunque son ilegales y que muchas veces cuenta con la complicidad de adultos, algunos de ellos padres de quienes son potencialmente víctimas. Recorrimos la noche montevideana con el equipo de fiscalización de espectáculos públicos del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU) el cual tiene detectado aquellos puntos de ventas de alcohol a menores de dieciocho años y fiestas para adolescentes sin autorización de bomberos, intendencia y el INAU para funcionar.

Por Matías Rótulo (publicado el 5/9/13 en Voces)

Mientras Uruguay espera una ley que regule la venta de alcohol, la cual –se proyecta-, incluirá que los expendedores cuenten con una licencia especial otorgada por el Estado, un mayor control a las ventas y una política enfocada a la salud, uno de cada tres adolescentes sufre un episodio de intoxicación a causa de las bebidas alcohólicas cada fin de semana. A su vez, mientras el trámite político sigue su curso (al parecer algo lento), engorda la lista de uruguayos a los cuales el consumo de alcohol afecta de manera problemática su salud. Estas son unas doscientas sesenta mil personas en nuestro país que tienen una dependencia  a las bebidas con alcohol, según la Junta Nacional de Drogas. Otro dato obtenido de las encuestas es que unos ciento diez mil adolescentes admiten que consumen alcohol habitualmente (casi la mitad de la población que concurre al sistema educativo secundario). La mitad de estos adolescentes suelen abusar de las bebidas alcohólicas siendo más frecuente (y accesible) el consumo de alcohol que de drogas, dándose un inicio de consumo cada vez más temprano en edad que ronda los trece años. El problema es la venta indiscriminada, muchas veces incumpliéndose con la prohibición de vender cerca o en espectáculos deportivos y de entretenimiento, o durante la noche. En el caso de los menores de edad, el problema es que las bebidas alcohólicas son suministradas por mayores de edad sabiendo que quienes la compran no tienen autorización para hacerlo y que los efectos del alcohol es altamente nocivo. En otros casos, la complicidad de los adultos que permiten que esto ocurra hace que se legitime socialmente la compra y consumo de alcohol, inclusive cuando la normativa impide la venta a menores. “La multa de unos 28 mil pesos no me afecta con todo lo que vendo” reconoció al ser entrevistado un empresario de la noche montevideana al cual poco lo importa la ley, los controles y la salud de los adolescentes.
Algunos comercios que trabajan las veinticuatro horas cuentan con un permiso especial otorgado por la Intendencia de Montevideo para vender bebidas con alcohol después de la medianoche bajo la excusa de que ofrecen un servicio de venta de regalos. Esta modalidad  desde Cambadu se ha manifestado como un problema, no solamente por competencia comercial desleal, sino por la “irresponsabilidad social” informaron fuentes de la gremial de baristas y almacenes que llevó adelante una campaña pública para que no se vendiera bebidas alcohólicas a menores de dieciocho años.

Recorrido nocturno
El Código de la Niñez y la Adolescencia en el artículo 186 prohíbe “la concurrencia de personas menores de dieciocho años a casinos, prostíbulos y similares, whiskerías y clubes nocturnos, independientemente de su denominación”. El artículo 187 prohíbe “la venta, provisión, arrendamiento o distribución a personas menores de dieciocho años de armas, municiones bebidas alcohólicas, tabacos, fármacos, pegamentos u otras sustancias que puedan significar un peligro o crear dependencia física o psíquica…” Basándose en este marco normativo, el equipo de inspectores del INAU con Alejandra Pacheco al frente recorre desde las primeras horas de la noche hasta la madrugada acompañados por un equipo dispuesto por el Ministerio del Interior, distintas zonas de Montevideo. La policía entra en acción primero, informando a los comerciantes que están realizando la fiscalización. Muchos de los comercios visitados tienen un largo historial de infracciones, y de hecho, los inspectores no los dejan escapar de su ruta nocturna. En el interior del país así como en Montevideo, los inspectores visitan boliches, almacenes y prostíbulos fiscalizando que se cumpla con la ley. “Controlamos el ingreso de menores a bares que tienen máquinas tragamonedas” aunque “no podemos impedir que los menores entren a una almacén” pero si fiscalizar si se les vende alcohol” enfatizó Pacheco. La fiscalización determina que a diario se detecten serias irregularidades que van desde la venta de alcohol a menores, fiestas sin autorización, explotación sexual infantil, entre otras. En lo que va del año 2013 se detectaron 233 infracciones de las cuales 89 fueron por venta de alcohol.

A la espera
Sábado 24 de agosto de 2013, 2:00 AM. En una esquina del Prado había cerca de treinta adolescentes esperando un ómnibus particular, contratado por un empresario que organizó un baile en los límites de Montevideo y Canelones. En una época, ese empresario organizaba “fiestas responsables” para adolescentes, pero en la última Noche de la Nostalgia la responsabilidad quedó como parte de un pasado remoto. El ómnibus pertenecía a una empresa que recorre las rutas nacionales con frecuencias fijas, pero de ese sábado en la empresa parece que nadie sabe nada. Al llamar a la empresa que opera en la Terminal Tres Cruces para consultar si eran conscientes que trasladaban a menores a una fiesta sin autorización de Bomberos, INAU y la Intendencia, la respuesta del operador fue “señor periodista, lo llaman” pero nunca más hubo un llamado de respuesta. Uno de los factores de irresponsabilidad por parte de los organizadores de la fiesta fue que además del servicio del viaje de ida y vuelta se incluía –según la promoción que circuló por Internet- una bebida alcohólica con el precio de la entrada y pasaje.  Los adolescentes esperaban que el ómnibus llegara aunque ya llevaba una hora de retraso. En la esquina de Castro y Pena con tres grados de temperatura, varias de las adolescentes llevaban heroicamente polleras cortas a pesar del frío. Una camioneta azul que promociona bebidas sin alcohol y papas fritas esperaba junto con los adolescentes mientras les ofrecía algo para tomar. De allí se bajó una muchacha, una promotora que ofreció bebidas sin alcohol a los jóvenes.
Cerca de ahí no había más adultos que los inspectores de INAU, y quienes estaban trabajando en la promoción de los productos dentro de la camioneta. “Mi padre me dejó ir, como es una baile seguro y con permisos…” declaró días después de la fiesta uno de los adolescentes que concurrió a esa fiesta desde el Prado. A él no le dieron cerveza pero “a otros sí. Yo no tomo porque no me gusta, me hace sentir mal” explicó. Al consultarle a los padres del adolescente, estos dieron dos respuestas: “si no está autorizado no pasa nada acá nunca pasa nada” y “nosotros también queríamos salir por la Noche de la Nostalgia y preferíamos que estuviera en un baile que en casa haciendo cualquier cosa”.

No importa
En el Prado, mientras los adolescentes esperaban el ómnibus,  Pacheco y su equipo se aceró a los adolescentes y les entregó la folletería. “Las mujeres, -está comprobado-, tienen menos resistencia al alcohol que los varones porque se asimila de otra manera” le dijo Pacheco a una adolescente. “La idea no es venir a multarlos a ellos, sino que ser replicadores de un mensaje que enseñe, que advierta sobre los riesgos” explicó Pacheco sobre el procedimiento. En ese momento se acercaron tres jóvenes que brindan un servicio pago de intermediación entre la empresa y los adolescentes. Según contó Ramiro, un empresario de la noche “los bailes para adolescentes captan a menores paraqué les hagan promociones, les entregan una tarjeta que después debe ser devuelta en la entrada y les pagan a los intermediarios por cantidad de gente que concurre”. La ganancia “está en la venta de alcohol” explicó Alejandra Pacheco. Ramiro se lamentó de que “uno cumple con todas las reglas, yo no quiero líos pero además tengo una hija de doce años y no me gustaría que me llamen de un lugar porque le pasó algo. Conozco la noche, sé que es peligrosa. Ahora, es inaudito que algunos empresarios con el afán de obtener ganancias estén dispuestos a arruinarle la vida a los gurises”.
Cuando Pacheco se acercó a los jóvenes del Prado, les dijo que iban a concurrir a una fiesta que no tenía ningún tipo de autorización”, los adolescentes encargados de las promociones desconocían que el boliche careciera de las mismas. “Yo sé que no tiene autorizaciones porque soy la encargada de esa área” les respondió Pacheco a los tres jóvenes, frente a la incredulidad de los adolescentes. Uno de los tres jóvenes intermediarios inclusive aceptó durante el diálogo con Pacheco que la cerveza se entregaría al bajar del ómnibus una vez llegado al baile. Una vez que se dio cuenta del fallo, cambió su discurso mientras otro de los jóvenes dijo: “no, para nada, no se dan bebidas con alcohol, es solo para los mayores”. Ese mismo sábado en la Plaza Colón un equipo de inspectores del INAU se quedó cerca del lugar para observar. Fuimos testigos del momento en el cual el ómnibus contratado, (el mismo que fue al Prado) y otro ómnibus también contratado comenzaba su marcha. Ambos colectivos iban al tope de su capacidad con adolescentes, y uno de ellos lucía el logo de la empresa de transporte interdepartamental. Al llamar nuevamente a la empresa contratada que hace pocas semanas tuvo un accidente en una ruta nacional y al plantearle el tema de la responsabilidad, el operador dijo que “una cosa no tiene nada que ver con otra”, y la llamada se cortó misteriosa  y abruptamente. En Suárez y Reyes también el sábado 24 de agosto, dos camionetas, una con matrícula autorizada para transporte de turismo trasladó de igual forma a un grupo de jóvenes al mismo baile.

Responsabilidad de los comerciantes
Alejandra Pacheco, explicó que “se va con un criterio de concientización abordando a los jóvenes planteándole una serie de problemáticas que puede suceder si toman irresponsablemente”. De hecho, los inspectores del INAU llevan folletería, hablan con los vendedores y entregan carteles a los comercios. En una estación de servicio de Pocitos, las inspectoras detectaron que un grupo de tres adolescentes que primero compraron bebidas sin alcohol, regresaron minutos después con una mayor de edad que llevó bebidas alcohólicas.
Mientras salían los ómnibus de Colón, el otro lado de la ciudad, en una estación de servicio ubicada cerca del Montevideo Shopping los inspectores detectaron la venta de bebidas alcohólicas a menores de dieciocho años. A pesar de realizarse un profundo trabajo con el empresario, -según los inspectores del INAU- “siempre hay problemas”. De hecho, tal como pudo constatar Voces mientras no están los inspectores, la estación de servicio sigue vendiendo bebidas sin importarle la edad de los compradores y no solamente de noche sino que todo el día.
Para Pacheco es importante “la responsabilidad que puedan asumir los comerciantes”. En cuanto a los padres, los inspectores del INAU perciben una ausencia de los mismos. El de INAU junto con otras instituciones, como por ejemplo la Junta Nacional de Drogas elaboran campañas de concientización recorriendo las distintas fiestas organizadas todo año. Las celebraciones de carnaval o la temporada alta en el este del país son dos puntos de atención constante por parte de las instituciones. “Uno se puede divertir, y se puede divertir siendo responsable” consideró Pacheco. Mientras tanto, el Estado promueve campañas de responsabilidad al manejar vehículos, control publicitario y de ventas de bebidas alcohólicas. Mientras tanto, la relación de los uruguayos con las bebidas alcohólicas es cada vez más temprana, duradera y problemática. Alejandra Pacheco destacó que “aquellos lugares donde el INAU tiene injerencia se están fiscalizando y en muchos casos hay conciencia por parte de los empresarios”.