miércoles, 15 de abril de 2015

Las literatura que no podremos masticar, ni orinar, ni leer







Por Matías Rótulo (publicado el 27/09/2012 en el Semanario Voces)


La literatura no está en las librerías, ni siquiera en los libros. La literatura está en la lectura. Cuando un libro cierra un ciclo comenzado por el autor que le da vida a una voz narrativa, a un personaje, a un yo poético, a una acción señalada, a una acotación escénica, a una trama y un argumento, a una rima. La literatura no está en un aula, no se encuentra en la imposición de la obra en la voz autorizada (el docente). La literatura está ahí, para hacer con ella lo que nos interese hacer.


Violemos un poema, e intentemos buscarle un tema al más abstracto de los versos vanguardistas. Matemos al autor, pero démosle al Lazarillo un escriba que pase a ser centro de la atención, por encima de la historia que cuenta. Dejemos de leer a Borges por fascista. Odiemos los hermosos versos del Tabaré diciendo que discriminaba al charrúa cuando la palabra discriminación no existía. Consideremos a Dostoievski un atormentado. Pensemos en Delmira como una puta, y a Juana como una gran escritora que con muy poco hizo mucho. 

Entonces, después de hacer todo eso y más, mucho más, volvamos a leer El país de la cola de paja, obra maestra de la crítica social, periodística y uruguaya de Mario Benedetti. Situado en los sesenta, el texto revela que somos un país de cola de paja. Con eso se dice todo. Nadie puede preguntar por qué lo somos, ni qué significa serlo. Todos lo sabemos. Porque además debemos adaptar a Benedetti a nuestro ahora, como arrastrándolo del bigote a nuestras anchas, repitiendo los cliché periodísticos que le recriminan a Benedetti por utilizar clichés de todo tipo.
Todo esto para decir que tenemos que pensar en la literatura uruguaya del futuro. Nos encanta pensar en la literatura como algo libre: como una materia pronta para ser manipulada, masticada, escupida, orinada, insultada, amada, y demás. ¿Tendremos literatura uruguaya en el futuro? Ángel Rama planteó el problema antes que la literatura uruguaya se pusiera a pensarse en sí misma (en la manipulación que hacemos, está la de personificar a la literatura como si ella pudiera pensarse a sí misma como cualquier otro mortal).  ¿Habrá una literatura nativa, siendo esta mezcolanza cultural cada vez más influenciada por los medios masivos? Más aún ¿Habrá literatura?
¿Quedará supeditada la literatura a Internet y los mensajes de texto enviados para un concurso de cuentos organizado por Antel? Hice la prueba de ir a una librería y preguntarle  al librero qué me recomendaría de literatura uruguaya actual. Los nombres son siempre los mismos. Mario Delgado, Benedetti, Galeano, Circe Maia, y alguno hasta me dijo Horacio Quiroga. Quiroga no es actual, su obra tal vez sí, pero igual no es actual.

Otra literatura
Hay otra literatura. Una literatura oculta y sin lugar. Oculta del circuito comercial. Es una literatura del presente pero manifestada en libros editados por algunas editoriales emergentes. Luis Bravo, en Voz y Palabra (publicada por MEC y Estuario, 2012) muestra esa otra literatura, voces fuera del canon, desafiando las leyes de la gravedad que parece ser atractiva para los libros de grandes editoriales, que editan conocidos autores en las grandes nutridas librerías céntricas. La literatura del futuro en Uruguay tendrá ancladas en la memoria colectiva a los escritores que nos han llevado lejos, tras fronteras. Pero soportando, abajo, empujando hacia arriba, estancados en el pantano, estarán los jóvenes escritores que salvo algún fondo concursable o concurso de cuestionable reputación, logren los tan ansiados 3 mil ejemplares editados. Esa literatura marginal pero no al margen, pues mantiene un compromiso con el arte, o con la sociedad. La periferia de la literatura (aquello que no se vende ni se promociona) no lograr llegar al centro para que nosotros, el resto de los lectores, mastiquemos, orinemos, interpretemos, y ayudemos a elevar esa literatura que no logra emerger.
Se acerca una nueva feria del libro y el Bartolomé Hidalgo... Como si la voz aquella, el cantar de Bartolomé fuera comparable a las estrellitas del momento, figuras mediática que además de escribir libros hacen “stand up”. Pero que venden libros. Ahí no estarán los escritores del futuro.