miércoles, 2 de marzo de 2016

Por suerte, el año lectivo comienza con conflictos

por matías rótulo

En estos días, la palabra "conflicto" volvió a ser noticia por la ausencia de él. Nos contentamos porque el año lectivo en la educación pública y privada comienza "sin conflictos". No habrá paros, y con eso alcanza para algunos actores que se refieren a la educación teniendo en cuenta un sólo conflicto, cuando la educación es en sí el conflicto llevado a la máxima expresión.

El año pasado una estudiante me esperó a la salida de clase. Le vi la cara de angustia, sus manos estrujaban un pobre cuadernito que parecía el ahorcado culpable de un pecado mortal.


Ella me vino a plantear que no entendía un tema que había dado minutos antes en mi clase. Me lo planteó con temor a un posible enojo de ese profesor que tantas veces buscó en el conflicto, una forma de debate intelectual. "Estuve en su clase pero no entendí". Le expliqué que el hecho de haberse preocupado por no entender indicaba que hizo el esfuerzo intelectual por entender y tomé su queja con alegría, además de asumir parte de la culpa. Le conté que yo me preocupaba mucho en algunas clases en las que estuve como estudiante, porque le había perdido interés a lo que decía el profesor. No hacía el esfuerzo por entender. Dibujaba cosas en mi cuadernos: autitos, árboles, mandalas, etc.

Ella me confirmó que no era su caso: "me interesa su clase pero no entiendo" Y agregó "usted me hace pensar en mí porque nos pelea". A ese conflicto me refiero, al de hacer ver al otro que es parte de un todo conflictivo.

Sería muy arrogante de mi parte que mi estudiante entendiera todo lo que digo en una clase, siendo que nada mejor que un conflicto con el otro, un conflicto intelectual que posibilite el diálogo. El no entender al interlocutor, abre la posibilidad de cuestionarlo.

Según la Real Academia Española, la palabra conflicto significa:

1. m. Combate, lucha, pelea. U. t. en sent. fig.
2. m. Enfrentamiento armado.
3. m. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
4. m. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia, de jurisdicción.
5. m. Psicol. Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
6. m. desus. Momento en que la batalla es más dura y violenta.

Cuando nos referimos a "conflicto" en la educación ¿A qué tipo de conflicto nos referimos? Algunos consideran que la educación es un motín de guerra, donde las armas es dejar como rehenes de guerra a unos u otros para después pasarlo al paredón de la muerte. El año pasado nos decían: hacen paros y los estudiantes no aprenden. Tan simplista es esa afirmación como "sino hacemos paro, los estudiantes aprenderán mal".

Otros piensan que se trata de un combate, una lucha o pelea, o la coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo. Pero los que celebran que "no hay conflicto" se quedan con el significado sexto: "Momento en que la batalla es más dura y violenta", uso en desuso (tal como lo aclara la RAE) pero muy utilizado en la jerga periodística. 

Quienes estamos inmersos en el mundo de la educación vivimos en constante conflicto. Me refiero al conflicto que no le importa al que titula el diario, o al político que se pone desde su batallar conflictuando lo conflictuado.

Hay otros conflictos, los internos de los individuos. Esos conflictos son necesarios para que la educación transcurra en un andar de idas y vueltas, de regresos y partidas.
Los conflictos individuales se cruzan con los conflictos colectivos porque andan en un ir y venir elemental y cerrado. 

El conflicto lo viven los estudiantes cuando ingresan a una nueva institución, o a una institución conocida pero a un nivel diferente. Se los ve ansiosos, construyendo el conflicto personal de la decisión y la incertidumbre. Entrar a primer año de liceo genera pasar administrativamente al mundo de la adolescencia, como si uno de diciembre a marzo creciera en algún punto desconocido e invisible a ese dolor y conflicto constante llamado "adolescencia".
Quienes fueron estudiantes de tercero hasta diciembre, en marzo dejan el uniforme, entran a la libertad controlada, pero más libre que en el ciclo básico, tienen que decidir en pocos meses la orientación a seguir en quinto, pasan de liceos pequeños a edificios monumentales... De diciembre a marzo pasaron de ser adolescentes niños, a adolescentes casi adultos. ¿Cómo fue ese proceso? Vaya a saber uno cómo fue.¡Qué conflicto hermoso! Es el conflicto del crecimiento.

Conocer la escuela o estar a punto de irse de ella es un conflicto único e irrepetible  si es que uno lo mira desde afuera. Los estudiantes de sexto, tercero de liceo y sexto de liceo saben que se viene el cambio. Algunos, por ejemplo los de tercero y sexto tendrán que decidir su futuro ¿Eso no genera un conflicto interno e íntimo? 

El conflicto también los vivimos los docentes y los no docentes. ¿Usted sabe el trabajo que pasaron las personas que desde principios de enero arman los horarios de decenas de profesores? Esos horarios fueron elegidos en condiciones de precariedad absoluta y los secretarios tuvieron que hacer que no se choquen con los horarios de otros liceos. Algunos horarios no se sabían a la hora de ser elegidos, los profesores y maestros, -profesionales de la educación- pasaron horas y horas parados en lugares sin asientos, asentándose en el fatigoso calor veraniego. Mi conflicto a la hora de elegir horas fue ¿Por que no me habré dedicado a otra cosa donde el buscar trabajo no implique una larga tortura?

A mí me tocó elegir horas en el liceo Miranda donde las personas agobiadas y ante las pocas horas ofrecidas en algunas materias, preferían irse abandonando la posibilidad de comenzar el año lectivo. En ese momento, el trabajador estuvo en conflicto consigo mismo, intentando no desesperarse y en el conflicto de irse sin tener trabajo. El conflicto debería ser cuál es el mejor lugar para trabajar de acuerdo a mis deseos y proyectos, dónde seré más útil, pero no, el conflicto es si tendremos trabajo para alimentar a nuestras familias.

Quienes conseguimos trabajo entramos en un nuevo conflicto: los que queríamos quedarnos en el liceo donde trabajamos, de un día para el otro vino otro compañero con todo el derecho del mundo a elegir las horas que queríamos, y que por estar encima en el escalafón se quedó con lo que añorábamos. Eso no le ocurrió a los grados altos (4,5,6 y 7) sino a los que estamos más abajo en el escalafón y los que queremos trabajar en los barrios donde muchos colegas ya no quieren ni asomarse. Porque los conflictos también consisten en dejar de aportar lo que uno sabe a los que más lo necesitan, ya que el conflicto reside en un sistema conflictivo.

Pero vamos a hacer de cuenta -como en mi caso-, que tengo mis horas, mis grupos y mis liceos tomados. Mi conflicto ahora es la planificación del año, previo diagnóstico al grupo. ¿Quiénes serán mis estudiantes? Créame que estoy tan ansioso que no dejo de imaginarme distintos escenarios. ¿Serán estudiosos? ¿Serán poco estudiosos?  ¿Me entenderá? ¿Comprenderán los conflictos que se plantearán?

El conflicto está en el choque cultural, en las ideas que tienen estudiantes y docentes y que encerrados en un salón de clase se proyectan unas sobre otras. Se da el conflicto en las ideologías que se cruzan, en los deseos, gustos, amores y desamores que todos sentimos dentro de una salón de clase. Se da cuanto me pregunto a quién le enseño, por qué le enseño, para qué enseño, quién soy cuando enseño. 

El más hermoso de los conflictos ocurre cuando a pesar de pensar en dichos conflictos, sabemos que estamos vivos, y solamente porque estamos vivos podemos combatir de manera consciente el peor de los conflictos que padecemos: las ideas de un futuro aterrador. ¡Rubén Darío, me planteaste el conflicto!

Amar el conflicto es amar la educación. Ir a clases sin declararse en conflicto con su alma, es cumplir una papel meramente mecánico. Nos declaramos en conflicto cuando vemos que nuestros estudiantes carecen de pautas de comportamiento básico, cuando no logran sostener un lenguaje acorde a su edad, cuando llegan a clase desabrigados y hambrientos, o cuando son nuestros colegas los que generan un conflicto extra educativo.
Entonces el conflicto se transforma en acción, en una respuesta que surge desde el alma del profesor y que nadie se ocupa en titular en un diario. Pues esos conflictos son menores, aunque en el corazón de quienes estamos en los centros educativos, son verdaderas tragedias, cada vez más persistentes y masivas.