domingo, 11 de diciembre de 2016

Entrevista a Papá Noel



En exclusiva para este blog, el mismo Papá Noel ofreció una entrevista. 

Por Matías Rótulo

Tres de la tarde. Hace calor. No puedo revelar donde estoy. La investigación nos había llevado a lugares tan lejanos y ocultos como la garganta del Intendente de Montevideo que dicen, esconde sus cuerdas vocales en los más profundo de una cueva en el Parque Capurro
Lo cierto es que llegué hasta la casa de Papá Noel, y les relataré como.
Era 22 de diciembre, y estábamos sentados tomando un café con leche, y mirando bombachas de mujeres, ya que nos encontrábamos en la plaza de comidas de Montevideo Shopping, justo debajo de la escalera y así espiábamos a las chicas que subían. 
Entonces se acercó un hombre. Era raro. 

- ¿Usted es el de la televisión?
- Si, salí un par de veces cuando presenté mi libro.
- Perdón, pensé que era un cantante de cumbia

Se retiró el hombre. Fui a buscar una media luna. La traje. Es la media luna con la que voy a desfilar con Yambo Kenia en las llamadas, ya que decidí cargar ese instrumentos al santo botón adelante de las banderas. Mi sueño es llegar a cargar una de esas banderas gigantes y partirle la cabeza a algún niño que me tire de la tela. 
Me fui, entonces, al subirme al taxi, el taxista me preguntó: ¿Usted es de la televisión?  Le dije que no era un cantante de cumbia pero que había escrito un libro, sacando pechera y hablando como que yo fuera un tipo importante porque soy escritor. 
Entonces sacó un palo de golf, y me lo partió en la cabeza. Desperté en una cama. Una luz me iluminaba. 
Tenía ganas de tomar agua, estaba solo, dolorido, vomitado.
Estaba atado.
Y se acercó una persona. Una personita
Pensé en Fermín pero esta personita no tenía la cara de degenerado que tenía el chiquitín de Cacho Bochinche. 

- Santa lo quiere ver
- ¿Gilda? ¿La cantante que murió? -Pregunté asombrado, acordándome que la mina había sido santificada por sus fanáticos-.
- No, Papá Noel.
- ¡Que bien!

Entonces esperé. No volaba una mosca. Volaban tres que se me metían en la boca, me jodían en las orejas, y me hacían cosquillas en la nariz. Una tuvo sexo con la otra justo en mi pómulo derecho. 
El macho eyaculó. Ella fumó un cigarro.  
No sabía que hora era. Que día era. Donde estaba. Me sentía Reynaldo Gargano
Tras un rato, calculo que una hora, la puerta se abrió. Sentí el rechinar. Y de allí una luz apareció. Una luz blanca. Y otro enano me saludó. 

- Hola -me dijo con una voz de enano, finita y nasal-.
- Hola. -le dije yo con mi voz de raptado, gruesa y nasal-.
- Hola. -Repitió-.
- Hola. -Repetí-.

Luego de decirnos 34 veces hola, se fue. 
Al rato misteriosamente me desaté. Tenía ganas de ir al baño, estaba exitado por lo de las moscas. 
Tenía miedo. Temía en convertirme en mosquifilo.
Tal vez mi libro sobre la dictadura había sido muy duro y los comunistas me venían a buscar, ya que como me hablaron de Papá Noel pensé que Eduardo Lorier podría estar vestido como tal para disponerse a leerme sus editoriales de El Popular, los cuales son largas y aburridos, pero era claro que mi libro era más aburrido. 
 Apareció entonces por la puerta el mismo Papá Noel.

- ¿Vos querías hacerme una entrevista?
- Si señor.
- Acá estoy, grabame.

Entonces apreté rec en mi grabador. 

- Papá Noel, ¿Quién es usted?
- ¿Sos boludo? Si te digo pierde la gracia.

Luego de una hora de entrevista, el hombre habló conmigo de cosas muy profundas. 

- Si, si, odio las películas que tratan de mí. Me hacen un gordo bueno y en realidad soy un degenerado. 

Entonces se estrechó un vínculo cercano, amable. 

- Sos un boludo nene, te llamo para entrevistarme y me preguntas como entro a una chimenea, gil de cuarta, hubiera llamado a Neber Araujo, pero me jode porque el hace de Baltasar en Reyes. 

Luego Papá Noel me dijo que no quería hablar más. 

- No voy a hablar más.

Entonces volví a mi casa. El 24 de noche salí a la vereda. Y me fijé en la cara de los niños que felices esperaban a Papá Noel. La ilusión de las fiestas. La ilusión de la Navidad. 
Pensar que yo estuve con él. 
Pensar que esos niños lo sueñan, pero yo prometí no decir nada. 
Gracias a la vida por ese momento único.

Carta de Papá Noel (derecho a réplica)
Querido Matías
Te pedí que no contaras nada y publicaste esta nota. Menos mal que con contaste nada de la orgía y de mi aliento a caña. 
Sin dudas sos un boludo. Te pido que no publiques esta carta tampoco. Quiero que sepas que te elegí luego de haberte visto en la televisión presentando tu libro. Claro que no lo leí, pero me caíste bien hablando con la veterana de Café Versátil. Me haces acordar a un cantante de cumbia

Saludos Papá Noel. Jo jo jo.