El racismo es tan invisible en Uruguay, que la tesis del año 2024 de Micaela Fernández-Hunziker, -obviamente-, quedó invisibilizada. Así que me puedo atribuir la primicia.
La tesis, titulada “¿El racismo es visible desde la perspectiva de los adolescentes?: un estudio a través de la experiencia educativa de estudiantes de ciclo básico de una institución de enseñanza técnica del barrio Manga”, presentada ante el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar, llega a una conclusión: hay racismo en nuestra educación.
En las instituciones educativas, los actores adultos, estamos atentos a la discriminación en general y eso es innegable. La investigadora concluye que muchas veces, el racismo no es plenamente reconocido como tal por los propios estudiantes, ya que está naturalizado o mezclado con otras formas de violencia.
Por suerte, -para dar el ejemplo-, estamos los docentes ¡Mentira! En 2015, el investigador Oscar Rorra, psicólogo y militante social, citado en la tesis de Fernández-Hunziker, menciona que los profesores son quienes más prejuicios tienen (tenemos) sobre la población afro-uruguaya. Sugiere que las autoridades educativas se enfoquen en modificar este punto porque los docentes son “fundamentales para la construcción identitaria de los estudiantes y la continuidad de sus estudios formales”.
El 10,6% de la población uruguaya (según el Censo 2023) se identifica como afrodescendiente. En Uruguay, más del 28% de la población afrodescendiente está por debajo de la línea de pobreza (la pobreza de 2025 se situaba en el 17,1% en el total de la población) y uno de cada tres niños se encuentra bajo la línea de pobreza. La situación es peor entre las niñas y niños afrodescendientes ya que el 46 % de los menores de 6 años vive en situación de pobreza.
El 26 de julio de 2018, Leticia Castro tituló en La Diaria que “los jóvenes afrodescendientes presentan 18% más de abandono de bachillerato que el resto de la población de su edad”. Los datos presentados en 2025, no son mejores. Según el Mides (julio 2025), la población afrodescendiente presenta peores resultados educativos en todos los indicadores. Solo entre 30% y 35% de los estudiantes afrodescendientes culmina la educación media superior (frente a casi 50% de la población no afro), y entre 35% y 40% presenta rezago educativo, evidenciando brechas persistentes de aproximadamente 15 puntos porcentuales.
No invisibilizar
Los centros educativos se han focalizado en trabajar en la integración de estudiantes extranjeros, en integrar ante la discapacidad, de plantar la bandera de la igualdad ante diversidad sexual. Estas experiencias son variadas y en general exitosas. Pero el racismo se confunde tanto con otras violencias, que las “Bases para la consolidación del Plan Nacional de Convivencia y Participación 2026-2030” de la ANEP, no se menciona como una prioridad a atender: “En el campo educativo, resulta imprescindible atender de manera integral las diversas manifestaciones de violencia que afectan a niñas, niños y adolescentes, entre ellas el acoso sexual, el bullying y las formas emergentes de violencia cibernética”.
Sí se menciona a la afrodescendencia y al racismo como una de las posibilidades de trabajo en horas taller ¿en cuál de todas ellas queda incluida el racismo?
De esta problemática no está exenta la Udelar, autodeclarada “antirracista” en 2023. En abril de este año, Rorra dijo en la presentación del informe “Estudiantes y ascendencia étnico-racial en la Udelar (2024)”, que hay un “retraso histórico” que tanto el Estado uruguayo como la Udelar han demostrado respecto de la discriminación étnico-racial. Como aspecto positivo, la Udelar tiene un “Grupo de trabajo” integrado por varias instituciones sociales para luchar contra el racismo.
Rorra, citado por Fernández, explica que “la primera manifestación de discriminación racial surge en la escuela e inaugura los primeros riesgos en las relaciones con el ámbito escolar, imprimiendo la tensión entre la formación de sujetos plenos de derechos y la educación como herramienta para alcanzar dichos objetivos”.
A causa del racismo recibido -continúa Rorra- “en las instituciones educativas, los niños y niñas muestran un retraimiento en el área afectiva llevando a que se aíslen y que en algunos casos tengan comportamientos agresivos como respuesta a la discriminación racial institucional; lo que se repite en las familias de los niños y niñas”. Por otro lado resalta que “las escuelas no cuentan con espacios donde se hable y reflexione sobre la problemática racial, haciendo que se vuelva un problema individual”.
Pero ¿estamos hablando del tema? No tanto como se merece una preocupación que si no le damos un lugar en el temario diario, parecería que no existiera. Aunque existe.
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Matías Rótulo.