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EducaSIón: problemas al enseñar español




Enseñar cómo escribir, cómo leer, cómo hablar, es una tarea que comienza con los balbuceos del abuelo diciendo “guau, guau” al bebé cuando ve a un perro en la calle, y continúa con la lucha de maestros y profesores para que los estudiantes logren, por fin, terminar un enunciado. Todo eso lleva, tal vez, 15 años.


Por Matías Rótulo 
En Voces, 11 de junio de 2026

En una reunión escolar de abril, una maestra de tercer año dijo que no se iba a poner a corregir las faltas de ortografía si el trabajo propuesto era de Matemáticas. El profesor Gustavo Martínez, que enseñaba Literatura Española en el IPA (Instituto de Profesores Artigas), un día explicó a sus estudiantes que todos los docentes son alfabetizadores, todos miran por el buen uso del lenguaje. Si en un escrito de literatura un estudiante dice que un autor nació en 1904 y murió en 1940 con 60 años, se debe corregir la falta matemática, aunque el docente enseñe literatura.

Todos los docentes somos alfabetizadores, todos enseñamos lengua, matemáticas, sexualidad, Derechos Humanos y todos somos niñeras. El “Plan Nacional de Lectura” del año 2024, de Primaria, evidencia que “las evaluaciones realizadas en Primaria, y la mirada en territorio, brindan información sobre la dificultad que persiste en los aprendizajes en Lenguaje, especialmente en lo que refiere a la Lectura y Escritura” (palo para las maestras). El Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE 2019) ubicaba a alumnos de tercero y sexto de escuela en Uruguay por encima de la media regional en Lengua, Matemáticas y Ciencias Naturales. Pero el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) concluyó, en 2016, que de primero a sexto año de primaria, en Escuelas de Tiempo Completo, la lectura no se concibe como una práctica “social” y que los docentes se centran en aspectos formativos (otro palito).


La lectura necesaria


En la Sala de Idioma Español 2026*, organizada por la Inspección del área en Secundaria, se enfatizó la necesidad de que la enseñanza del español en el liceo vaya mucho más allá de la gramática tradicional, poniendo el foco en formar usuarios competentes del lenguaje, capaces de comprender, producir y reflexionar sobre textos diversos. Todo esto en un marco de diálogo entre disciplinas, que incluye la educación sexual y los Derechos Humanos. Pero una de las problemáticas más persistentes a la hora de enseñar no surge exclusivamente en el aula, y lo complejo viene de hábitos más profundos. El desafío está cuando debemos competir con pantallas, familias ausentes, hambre, problemas sociales y violencia. Nosotros queremos incorporar la palabra onomatopeya para explicarles que el ruido del pedo que hicieron con la boca en el teatro, además de una guarangada, es una onomatopeya. Sobre las pantallas, un artículo del 8 de abril de 2024 en El País explicó que muchos escolares presentan problemas de baja visión. Allí se cita al investigador Ariel Cuadro (psicólogo), que nos pega un palo a los docentes: “en Uruguay se suele trabajar muy poco en ortografía y es probable que en la pandemia se haya hecho todavía menos énfasis en la escritura: para un padre es más fácil hacer leer al hijo que proponer una redacción y luego corregir lo escrito”. El palo fue para las familias. ¡Qué bueno! 

En esa misma nota se explica que “en diciembre se publicó la tesis doctoral del psicólogo Daniel Costa (que dirigió Cuadro), en la que se concluye que el 19,1% de los escolares entre segundo y sexto grado están ‘en situación de riesgo ortográfico’, lo que aumenta a la quinta parte en sexto”. Eso lo podemos ver a simple vista los docentes de educación media cuando nos ponemos a leer ya no solo textos con errores de ortografía, sino que muchas veces son escuetos mensajes de una o dos palabras que no expresan mucho más que un “sí” o un “no”. Al abandono desde el hogar, que incluye falta de orden para comer, dormir y estudiar en los adolescentes, se debe sumar el no acompañamiento para el desarrollo de la lectoescritura. Los docentes no pueden sustituir lo que ocurre en el hogar, a pesar de ser referentes que, en muchos casos, sabemos más de los hijos de otros que sus mismos padres y madres. El acompañamiento de los estudiantes en el hogar no se basa solamente en el juego (necesario, por cierto) o en los cuidados obligatorios; también debe haber un seguimiento de la trayectoria educativa, que incluye preguntar qué hizo en clase, revisar sus cuadernos, fomentar que haga los deberes y, de vez en cuando, comprarle un libro. Si puede leer un poco con él, mejor. Pero comprarle un libro y no dejarle el celular para que así no joda sería un gran avance. A veces nos preguntan a los docentes las reglas de la ortografía para no tener más faltas, y la respuesta es casi unánime: lea. Leyendo aprende, memoriza, imagina, y esa es la única herencia que los de clase media y baja les pueden dejar a sus hijos.


(*) La Sala anual de Idioma Español, está publicada con libre acceso en el sitio de la Dirección General de Educación Secundaria: https://www.youtube.com/watch?v=mooFjwnJ6bk  


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