sábado, 9 de abril de 2011

La seguridad en los centros educativos


Los centros educativos uruguayos cuentan con diversas herramientas para prevenir el ingreso de personas ajenas a las instituciones. Policías, guardias privados, el apoyo de la comunidad, alarmas en las escuelas y hasta cámaras de seguridad en los colegios privados son algunas de las medidas tomadas para evitar problemas.

Por Matías Rótulo

Liceo Bauzá. Los profesores dtomarán medidas si no se mejora la seguridad.
Liceo Bauzá. Los profesores dtomarán medidas si no se mejora la seguridad.
Escuelas. La figura del casero también busca prevenir.
Escuelas. La figura del casero también busca prevenir.

El terrible hecho ocurrido en Brasil, donde un hombre mató a 12 adolescentes, estudiantes de una institución educativa, nos hace pensar en primer lugar en la cercanía geográfica y en segundo lugar en si estamos o no libres de estos temas.

Como uno de los papeles de los medios de comunicación no es generar alarma, pero sí anticiparnos a las posibles preguntas de nuestro público, LA REPUBLICA consultó a autoridades sobre los planes llevados adelante para garantizar la seguridad de estudiantes, docentes y funcionarios que concurren a las instituciones educativas. Por otro lado, informamos (ver recuadro) sobre la situación ocurrida en el Liceo Bauzá, donde hubo una demanda de los docentes, que el miércoles enviaron una carta a las autoridades en reclamo de que se solucione el problema del ingreso de personas desconocidas a la institución. Motivados por ambos temas, el hecho ocurrido en Brasil y la casual coincidencia de la demanda realizada en el Liceo Bauzá, LA REPUBLICA consultó al consejero Daniel Guasco, del Consejo de Educación Secundaria. "No hay que generar, en primer lugar, una alarma con respecto a lo que ocurrió en Brasil, ya que estamos lejos de realidades como esas", dijo Guasco, que aseguró que "este tipo de acontecimientos se dan generalmente en sociedades desarrolladas donde el consumismo afecta a la población" y que se "replican ciertas prácticas que, como ésta, llevan a una desgracia".

Uruguay cuenta con un millón de personas asistiendo a la educación pública y privada. Cada institución cuenta con su propio servicio de seguridad, pero además la Policía Comunitaria colabora con la seguridad externa de los centros, con el apoyo de la comunidad reunida para colaborar con la tarea de seguridad. "En Uruguay no creo que tengamos un problema como éste. Tampoco nos hemos puesto a investigar ya que la idiosincrasia uruguaya no apunta a ese tipo de cosas y nuestro alumnado no ha dado muestras de esto", agregó Guasco.

En Uruguay, el ingreso a centros educativos no se aleja de la realidad de otras instituciones públicas o privadas en cuanto al acceso de público.

A nivel universitario "nosotros somos los que controlamos las puertas; en algunos centros hay guardias policiales y en otros no, pero no creemos que en Uruguay nos debamos preguntar algo así porque somos diferentes", indicó Juan, funcionario de seguridad de un instituto universitario público.

En la puerta de las instituciones de Formación Docente hay guardias de seguridad privados y, en la noche, en la mayoría de los institutos terciarios hay funcionarios policiales o caseros que se hacen cargo de la seguridad.

ESCUELAS Y PRIVADOS

El director de Educación Católica, Marcelo Fontona, explicó a LAREPUBLICA que "cuando hay ingresos (a los centros) de gente ajena es por el móvil del robo". Fontona dijo que "los colegios con el uniforme logran distinguir a sus alumnos". Además, algunos colegios privados han puesto portero electrónico, "lo que ayuda bastante al control". Explicó que "en una época los centros estaban abiertos de par en par, y eso se dejó de usar".

"Los directores en algunos lugares reciben personalmente a los estudiantes. Algunos centros tienen personas que ayudan en el cuidado. Otras instituciones tienen cámaras que no evitan el ingreso pero dejan filmadas a las personas", señaló Fontona.

El director de Educación Católica pidió que no se haga una contraposición entre los liceos públicos y privados ya que "no se puede decir que en el privado la seguridad es invulnerable y en el público" es vulnerable.

En Primaria invierten dos millones de dólares por año en el servicio 222, tienen alarmas en todas las escuelas y en 60 centros viven caseros, dijo el presidente del Consejo, Oscar Gómez.

El jerarca reconoció "que muchas veces se evitan robos mediante la participación activa de los vecinos, que participan dando aviso a la Policía".

EL UNIFORME

En los liceos públicos también la herramienta del uniforme funciona para distinguir a los estudiantes. En los hechos que marcaron la agenda pública de 2008, con la intervención policial por peleas entre estudiantes en un liceo de La Teja, uno de los reclamos de padres, alumnos y docentes era la intervención de otras personas en el centro educativo, ajenas al liceo.

"Nosotros podemos establecer ciertas medidas pero no podemos asegurar que no entren amigos de los estudiantes, cosas que son actitudes típicas entre adolescentes".

La identificación visual de los estudiantes evita que otros entren a la institución. ¿Pero qué pasa con los adultos que pueden llegar a ingresar?

En las instituciones públicas se trabaja junto a la Policía Comunitaria en la vigilancia de los alrededores.

"Se vigila la puerta y la zona, tenemos el servicio 222, pero lo que queremos es comenzar a sacarlo lentamente y lograr tener un portero que tenga una mayor cercanía con los estudiantes y la comunidad", dijo por su parte Guasco.

La directora María Angela Fernández, de la Escuela Nº 317 de Malvín, frente a la Facultad de Ciencias, explicó que ahí "se trabaja con un policía que tiene un acercamiento con la comunidad".

Algunos centros de estudios le piden a los policías que cumplen con el servicio 222 que no estén vestidos con su uniforme reglamentario, así se genera una cercanía con la población. "Faltan porteros, pero vamos avanzando además en la capacitación de los vecinos y de la propia Policía para ejercer una tarea de seguridad en el centro", explicó Guasco al respecto.


Publicado en el diario La República el 9 de abril de 2011.