lunes, 21 de mayo de 2012

Sangre

Me besó, y su lengua resultó ser una afilada navaja que desarmó mi paladar, que mutiló mi garganta. 

Corría la sangre, me atoraba. Sentí un coágulo correr por mi interior, y caer como una pesada piedra en mi estómago. Ella me miraba: sus labios estaban teñidos de mi roja existencia. 

Y yo, mientras hacía el esfuerzo por respirar, vi en sus ojos negros la alegría de mi sufrimiento. 
Le dije que la amaba, mis fuerzas desangraban esas dos palabras: "te amo".
Mi voz salió como ahogándose. Escupí sangre, le escupí a los pies una lágrima, transparente, turbia, triste, negra.


POR MATÍAS RÓTULO