domingo, 12 de abril de 2015

Paul y yo




Por Matías Rótulo (publicado el año pasado con motivo de la visita de Paul a Montevideo, publicado en este blog originalmente en 2013)

Todos están contando su historia de acercamiento con Paul; la pedicura, la camarera, el cocinero, los niños que se subieron al escenario, los periodistas que lo entrevistaron.

A mí me ocurrió algo asombroso.

El sábado yo estaba algo cansado. Un poco triste porque no sabía si me iban a dar la acreditación para el show. "Matías, está medio complicado para acreditarte" me comentó la encargada de prensa. Llamé a mi hermana y mencionó que su hija Lucía bailaba al ritmo de Paul. Pensé "a mí de chico me ocurría lo mismo" y me contó que su sueño era que su hija cantara con Paul una canción. Fue así que me quedé pensando y llegó el domingo. Fui a la feria de Tristán Narvaja y como una señal, vi un poster de Paul al lado del libro "Las puertas de la Misericordia" en un puesto de venta de libros. Mi hermana me había dicho que ese domingo concurriría a la Catedral de Montevideo y previa comida de chorizo al pan en un carro de Mercedes y Yí, seguí mi rumbo.
En el camino pasó un taxi y sonaba desde adentro la música de Paul.
Me pregunté ¿Dónde estará Paul, un domingo de mañana en Montevideo?
Mi hermana, en la Catedral me empezó a mandar mensajes que no llegaban. Me acordé de las figuras ciegas en la Iglesia de Ensayo sobre la Ceguera. Tal vez una fuerza misteriosa estaba impidiendo que mi hermana me advirtiera. Entonces aceleré mi paso. Agarré 18 y llegué a Ciudadela. Ahí, un par de borrachos me pidieron una moneda y me preguntaron si iba a ver a Paul. "¿Vas a ver a Paul?" ¿Por qué me preguntarían eso los borrachos notando que yo estaba apurado rumbo a la Catedral?
Empecé a correr y mi hermana me llamó por teléfono pero justo ahí fue cuando se me cayó al piso y se me abrió la batería. Me desesperé. Seguí corriendo, crucé la Plaza Matriz, y sonaron las campanas de la Iglesia. En la puerta había una cantidad de autos.
Negros, hombres grandotes parados ahí, como custodiando algo muy importante.
Mi hermana me volvió a llamar y me dijo, "entrá ya a la Iglesia". Me metí desesperado, miré alrededor, y allá lo vi, arrodillado frente a Jesús.
Entonces me acerqué y