por Matías Rótulo*
En Voces, 7 de mayio de 2026Las pruebas Pisa del año 2022 detectaron que nuestros estudiantes de educación media se distraen mucho con los celulares y nos convertimos en subcampeones mundiales de distracción entre 80 países. También le pasa -eso de distraerse viendo la pantalla-, a doctores, arquitectos, feriantes y conductores de vehículos, tal como advirtió en 2025 la Unasev, por los accidentes derivados del uso de celulares.
Según la UNESCO (2023), un estudiante puede tardar hasta 20 minutos en recuperar la concentración tras recibir una notificación en el dispositivo. Dos mensajes de mamá preguntando por el gato y ahí el gurí se perdió la clase entera de geografía.
El uso de las nuevas tecnologías en el aula, siempre fue visto como algo ventajoso aquí, al ser la tierra del Plan Ceibal. Pero el uso del celular, que trae consigo distracciones, trampas con IA (Inteligencia Artificial), delitos (amenazas, divulgación de imágenes, acoso, etc.), nos enfrenta a una realidad desconcertante ante la cuestión de que muchas veces no logramos captar que entre la mochila, la botella, y la campera, hay un celular en uso. Se sacan fotos sin permiso al profe, que después terminan siendo un gracioso sticker para Whatsapp, y ese espacio privado que la pedagogía postdictadura construyó como un sagrado templo llamado “aula”, ahora está siendo vulnerado por grabaciones clandestinas que luego van a parar a las redes.
Primero, en varios colegios privados y ahora también en un liceo de Paysandú, se comenzó a prohibir el uso del celular, incluso en recreos. Hace algunos años, en un colegio de Montevideo (en el cual trabajé), se dieron hechos de amenazas entre estudiantes en la red. Ante las quejas de las familias al colegio (esas mismas familias que les compran los celulares a sus hijos), el colegio decidió poner unas cajas en la puerta, obligar a los estudiantes a dejar sus celulares y así se acabó el problema. En realidad, el problema persiste preso en cajitas de madera dentro de un armario de metal y bajo llave. Las amenazas y peleas que circulan por las redes, se dan fuera del horario escolar.
Es así que se seguía el ejemplo de Bill Gates. Según un artículo de Infobae escrito el 3 de abril pasado por Isabela Durán, "Bill Gates prohibió a sus hijos tener teléfono móvil hasta los 14 años” para que los herederos de Microsoft, no se distrajeran. Acá, en Uruguay, los herederos del almacenero de la esquina, no usan celular en clase para que la Escuela no tenga problemas de violencia puertas adentro.
Si uno de los focos de la Reforma Vareliana, fundadora de nuestra Escuela Pública, fue traer para adentro del aula el problema del gaucho, ya que según Varela “la educación de nuestros gauchos se ha descuidado completamente” (La Revista Literaria-1865), ahora sacamos para afuera el problema del celular. En vez de educar sobre la responsabilidad, las ventajas y desventajas del uso del celular (y otras pantallas), nos liberamos del tema, pensando que como acá no está, acá no existe.
Problemas
Los docentes de aula tenemos varios inconvenientes que afrontar en nuestras clases: los estudiantes no nos escuchan, no nos miran y no nos hablan, porque mientras intentamos enseñarles la metáfora, ellos usan el celular. ¿Será que es más atractivo lo que ven en pantalla que nuestras clases?, ¿no será un problema más de corte didáctico que de adicción al aparatito? Pero si salimos de nuestro triste relegamiento al segundo plano como educadores, los estudiantes tampoco se escuchan, se miran o se hablan entre ellos mismos. En el colegio aquel donde prohibieron el celular, comenzaron a interactuar entre ellos y hubo menos problemas de relacionamiento. Pero como nuestra función es educarlos para la vida en sociedad (la del presente y la del futuro) también deberíamos educarlos (y de paso educarnos), en el uso del celular.
Podemos comprender que esa educación se debería centrar en prevención de abusos, para no ser víctimas de delitos (o victimarios), en poder usar las herramientas con responsabilidad para no caer en el plagio o en el uso indebido de las IA, para poder comunicarnos cara a cara sin que esté la pantalla como distractor.
Debemos educarnos sobre los riesgos que tiene darle el celular a nuestros hijos con uso libre e ilimitado.
Si la maestra utilizará el Mundial de Fútbol para enseñar sobre geografía o historia, ¿por qué nos cuesta tanto utilizar el tema del uso del celular como hecho educativo? Deberíamos poner al celular como objeto de estudio social y cultural, al igual que en mi época de escolar, mis maestras pusieron a la enfermedad del cólera en Uruguay como tema diario.
Los docentes nos quejamos de los celulares, del poco control que tienen nuestros estudiantes, del poco control desde los hogares, y agradecemos que venga una dirección y nos baje la orden de la prohibición como en Paysandú, aunque el director explicó a los medios de comunicación, que habría excepciones para hacer trabajos en el aula. ¿Esa excepción incluye un abordaje formativo sobre el uso responsable de las nuevas tecnologías?
En esta realidad, estamos un poco cansados de luchar contra el celular o contra los efectos de su uso. Abordamos las clases sin entender que contra lo que debemos luchar, es contra la falta de reacción de nosotros mismos ante la nueva realidad.
(*) Docente que prohíbe usar el celular en clases, salvo para uso vigilado de información o realización de tareas.
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Matías Rótulo.